Archivo de la categoría: Pintores y Escultores

DIBUJO DE LA PLAZA SAN JUAN DE BURGOS EN 1850 REALIZADO POR VALENTÍN CARDERERA Y SOLANO.

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Dibujo de la plaza de San Juan en Burgos datado en 1850 y creado por Valentín Carderera y Solano. Se encuentra expuesto en el museo Lázaro Galdiano, una sala-museo de coleccionismo que abrió sus puertas en 1951, y que se encuentra ubicada en el 122 de la calle Serrano de Madrid.

Valentín Carderera y Solano nació en Huesca en 1796 y falleció en Madrid en 1880. Fue escritor, pintor y coleccionista de arte. Fue nombrado por la reina Isabel II pintor de cámara. De estilo claramente academicista, fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando así como de la Real Academia de la Historia. Cultivó los dibujos alegóricos, los retratos y los paisajes de España.

RUFO CRIADO -Pintor-.

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RUFO CRIADO. Aranda de Duero (Burgos) 1952. La obra de este pintor
arandino se caracteriza por las formas geométricas, las estelas
contemplativas y los fondos cromáticos, que son, al fin y al cabo, una
translación y exteriorización de  la dialéctica que mantiene con su
propio interior.

El uso de medios digitales se inspira tanto en el propio ser humano,
como en la observación meditada de la naturaleza. El misticismo, el
pensamiento y el humanismo son constantes en su obra pictórica aunque
utilice diferentes formatos para expresarlos y darles contenido.

En la exposición instalada durante 2015 en el Museo de Burgos se valió
de la obra  perteneciente al sepulcro mural del matrimonio
Sarmiento-Mendoza (1958), obra acabada en alabastro y piedra caliza
que se ubica permanentemente en el salón de actos de ese museo, y la
confrontó con ‘Itinerario’, de su propia factura, y en la que trabaja
con materiales de origen industrial.

La conclusión es la contemplación de dos maravillosas realizaciones
que responden fielmente  al tiempo de cada una, a su realidad y a la
necesidad de identificarlas con la belleza y el pensamiento
intemporal.

Es miembro fundador de A UA CRAG Colectivo de Acción Artística
(1985-1996), del que forma parte hasta 1994. Dirigió el Centro de Arte Caja de Burgos, CAB, desde su apertura en 2003 hasta finales de 2006.
Su obra figura en la publicación “100 artistas españoles” de EXIT
Publicaciones, y en el Archivo Documental de Artistas de Castilla y
León (ADACYL) del MUSAC de León.

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SEBASTIAN VELASCO NAVARRO. -Pintor-

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SEBAS VELASCO (nombre artístico). Burgos 1988. Vive y trabaja en Bilbao, donde actualmente cursa un Máster en Pintura en la Universidad del País Vasco a través de la cual se licenció en Bellas Artes en 2011. Posteriormente realizó estudios superiores de ilustración en la escuela Massana de Barcelona.

En 2013 obtuvo la Beca Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores (Córdoba), donde comenzó a desarrollar el proyecto “Around the Wall”, una investigación pictórica en la que toma como referente los espacios y elementos provenientes del ámbito de los escritores de graffiti.

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Su trabajo como pintor ha sido reconocido por diversos galardones: primer premio en el certamen Climent Muncunil para Jóvenes Artistas de Manresa, selección para la muestra itinerante de Artes Visuales Ertibil Bizkaia 2015 o un Accésit y una Mención de Honor en el premio AXA Catedral de Burgos. Ha participado en becas y cursos como la de Paisaje de la Academia de San Quirce en Segovia o la Cátedra extraordinaria de Albacete, impartida por Antonio López. Ha realizado exposiciones en galerías de España, Alemania y Estados Unidos.

De manera paralela a su trabajo en el estudio, desde el año 2004 ha mantenido una continua actividad en l acalle, que le ha llevado a pintar murales dentro y fuera de Europa.

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MARCOS MESA. -Pintor-

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Marcos Mesa (Burgos, 1981) es pintor formado en Barcelona (estudios de Ilustración y licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona), pero cuya obra está orientada conceptual y espiritualmente por la “losofía animista.

Consecuentemente, los materiales (añadiendo tierras y ensamblando maderas y elementos metálicos, al lado del óleo y del acrílico) y los contenidos marcan siempre una interpretación animista del paisaje, que es el principal referente “gurativo de estas obras.

Así pues, lo que Marcos Mesa busca a través de sus acrílicos ligeros (realizados sobre lienzo) o mediante los densos empastes de sus óleos (realizados sobre tabla) es darnos su versión poética del Alma del Mundo, la cual provoca la reducción de la totalidad a la unidad, en la que todo está entrelazado, mezclado armónicamente por el demiurgo mítico de las ideas y de la materia, de la esencia de lo Mismo y de lo Otro. Jose Marín Medina, licenciado en Filología por la Universidad de Granada y diplomado en Documentación por la Biblioteca Nacional de Madrid.

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ISIDRO GIL GAVILONDO. -Artista plástico y fotógrafo-.

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ISIDRO GIL GAVILONDO (Azcoitia 1842-Burgos 1917) fue uno de los principales protagonistas de la sociedad de la vieja Caput Castellae en la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX; destaca el papel relevante que juega en el ámbito artístico de la ciudad castellana, inmersa en un interesante renacimiento cultural.

Hijo de un prestigioso médico arandino, Bonifacio Gil Rojas, y de Josefina Gil Gavilondo, natural de la localidad guipuzcoana de Vergara; tras residir los primeros años de su vida en Azcoitia, recala con su familia en Burgos, ciudad en la que cursa sus estudios de bachillerato en el instituto, y en la que se establece definitivamente tras realizar su licenciatura de Derecho en Madrid.

La biografía de Isidro Gavilondo, en el ámbito personal, está marcada por su matrimonio con la barcelonesa Elvira Gardyne Baüier, hija de un conocido militar que había sido destinado a tierras de Castilla y con la que tuvo dos hijos, Federico y María Eleuteria, y residen todos ellos en la Plaza Huerto del Rey.

La historia de la vida de Isidro Gil nos habla de la diversidad de intereses que marcan sus días. Participa en diferentes organismos y sociedades de la ciudad en la que, pese a tener formación jurídica, no se dedica a la abogacia como profesión y encamina su profesión a diversas actividades como la empresarial, la administrativa en el Ayuntamiento, la artística en calidad de pintor y dibujante, o la docente como profesor.

El Ayuntamiento de Burgos, en el que ocupó durante más de 20 años, el puesto de secretario; el Museo de Burgos; la Academis Provincial de Dibujo; el Instituto de Segunda Enseñanza o la Cámara de Comercio ven brillar su actividad profesional, que completa con su presencia en destacados foros locales como el Salón de Recreo.

En Burgos desarrola Isidro Gil una importante actividad artística, que inició en Madrid, en su vertiente creadora de la que deja notables testimonios en pintura, dentro de una corriente tardorromántica a la que se adscriben La Independencia de Castilla y Mazepa. Estética que comparte con otros coétaneos y amigos suyos como Evaristo Marrio y Juan Antonio Cortés y Quevedo. +

Como ilustrador, su producción traspasa incluso los límites provinciales y participa en diversas exposiciones Nacionales, donde deja gran muestra de su quehacer en revistas de importante resonancia nacional como El Bazar y La Ilustración Española y Americana, así como en la ilustración de libros de tema literario o histórico.

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El interés por el mundo del arte se menifiesta también en otras dos actividades desarrolladas a lo largo de su vida. En primer lugar, su actividad docente en la Academia de Dibujo desde 1875 hasta 1896 y su labor como profesor de Dibujo en el Instituto  Provincial de Segunda Enseñanza, donde es nombrado Catedrático Interino en 1893, cargo que desempeña hasta 1903. Sus trabajos muestran el talante renovador de sus métodos de enseñanza que aprenderán insignes artistas de generaciones posteriores como Luis Manero o Marceliano Santamaría.

En segundo lugar, la protección y el desvelo por el patrimonio artístico, a través de la participación en la Comisión Provincial de Monumentos de Burgos, de la dirección del Museo Arqueológico durante un periodo de cinco años, de su actuación como académico correspondiente de Bellas Artes y de la historia, o de su producción literaria o gráfica.

El Instituto Conde Diego Porcelos, heredero junto con el Instituto Cardenal López de Mendoza del centro de Segunda Enseñanza en que ejerció como profesor, preserva algunos objetos de su legado particular. Él mismo nos habla de otro de sus múltiples intereses personales, el ejercicio de la fotografía, que también interesa a otros personajes de la época como Juan Antonio Cortés y Alfonso Vadillo.

Fotografía, dibujo y pintura son tres ejes de la creación artistica de Isidro Gil, apreciada notablemente en el resto de España y recuperada recientemente por Montserrat Fornells en la exposición Pintores Románticos Guipuzcoanos.

La muerte del artista el mes de marzo de 1917, fue hondamente sentida en la ciudad, como señalan dos crónicas de El Castellano y Diario de Burgos, que glosan sus méritos y que destacan su valía y afabilidad, lo que le granjeó múltiples simpatías entre sus contemporáneos.

En marzo de 2015 se exhibe una exposición en Burgos que lleva por título Hojas de mi álbum, y que hace un recorrido por su actividad artística, profesional y privada.

Texto de: José Matesanz del Barrio.

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REFLEJOS TRANSITORIOS – Exposición de pintura de Mariángel González-

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Fechas: 13 – 30 de marzo de 2015.
Horario de visitas: de lunes a sábado de 10.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 21.00 horas./ Entrada libre.

REFLEJOS TRANSITORIOS Es una reflexión crítica acerca de la naturaleza como elemento delator que lo único relevante parece ser ese turbio rastro y reflejo que dejamos a lo largo de nuestra existencia bajo nuestros pasos. Todo ello sin su energía, que nos atrapa,nos desplaza e incluso para permanecer eternamente…Eso explicaría nuestras estelas de lo que somos y de lo que hemos sido. Suelo…ese testigo mudo del paso del tiempo.

LA ACADEMIA DE DIBUJO -Por Francisco Blanco-

En el año 1443 Burgos era una de las ciudades más florecientes del reino de Castilla, gracias al mecenazgo de numerosas familias del alto clero y la nobleza, y  de no menos numerosas y poderosas familias de mercaderes, enriquecidas éstas con el  mercado de la lana; por si esto no fuera suficiente, contaba con el favor del monarca, D. Juan II de Castilla, y del obispo burgalés, D. Alonso de Cartagena, grandes mecenas ambos, impulsores del desarrollo, no solo del comercio, sino también de las artes y las letras.

Precisamente fue el Gremio de Comerciantes de Burgos el que, en ese mismo año, fundó la Universidad de Mercaderes, cuyo  ámbito de acción abarcaba toda Castilla y que actuaba como tribunal mercantil, encargándose, igualmente, de desarrollar las funciones de defensa y representación de los comerciantes burgaleses en Brujas, donde estableció una institución paralela, en forma de consulado, que daba cobertura legal tanto a los comerciantes como a sus representantes en las ciudades flamencas.

En 1494, la reina Isabel I de Castilla, también conocida como la “Católica”, a pesar de que en la pasada guerra de sucesión por el trono de Castilla, la ciudad de Burgos se había mantenido fiel a su rival, Doña Juana la “Beltraneja”, no le negó su favor y decidió fomentar su potencial económico y cultural creando el “Real Consulado del Mar”, en el que se integraría la Universidad que, no obstante, seguiría desarrollando sus funciones, tal como queda reflejado en una de sus ordenanzas: “Primeramente ordenamos que este nuestro gremio y república sea llamada y nombrada como antiguamente lo era y es Universidad”.  

La prosperidad de Burgos y sus Instituciones se mantuvo durante todo el siglo XVI, en el que alcanzó su máximo esplendor y desarrollo, pero empezó a decaer paulatina, pero inexorablemente, a lo largo de todo el siglo XVII. El rígido centralismo político y administrativo impuesto por los Austrias y sus interminables y onerosas guerras religiosas, fueron las causas más directas de la decadencia de numerosas ciudades y pueblos españoles, esquilmados por las numerosas levas y tributos a que se vieron sometidos por el absolutismo de la nueva dinastía reinante. Tan solo se salvó Madrid y su Corte de los milagros.

En el año 1785 el rey Carlos III, en vista de la escasa actividad del Consulado del Mar de la capital burgalesa, quiso suprimirlo, pero los pocos socios que aun quedaban consiguieron, no se sabe con que razones, que aplazara su disolución. Gracias a este aplazamiento, al año siguiente, 1786, patrocinada por el Consulado, nacía la “Academia Patriótica de Dibujo”, que acabaría llamándose “Academia Provincial de Dibujo”, cuya actividad artística se ha mantenido sin decaer hasta nuestros días. Finalmente, el Consulado del Mar burgalés, inútil e inactivo, desapareció por completo el año 1829, durante el reinado de Fernando VII.

La nueva Academia, cuyo primer domicilio fue un local arrendado en la Llana de Afuera, a la sombra de la fachada de la capilla de los Condestables de la Catedral, nació con el noble objetivo de promocionar en la ciudad burgalesa la enseñanza del dibujo, la pintura y las artes plásticas, impartiendo clases de dibujo lineal, imaginativo y al natural, pintura y modelado en barro, yeso y cerámica. Pocos años más tarde, en 1794, el Consulado del Mar compró un solar en los terrenos que se liberaron al derruirse la muralla contigua al arco de Santa María, puerta principal de la ciudad medieval. En este solar, el arquitecto municipal D. Manuel Eraso, levantó un edificio de sobrio estilo neoclásico, donde se instaló lo que aun quedaba del Consulado, que hasta entonces había permanecido en el Hospital de San Juan, y la nueva Academia de Dibujo. En la actualidad, de dicho edificio se conserva la elegante fachada de sillería, en cuyo frontón todavía se puede apreciar el ancla símbolo del Real Consulado, situada en lo que posteriormente se convirtió en el Paseo del Espolón, el más popular, céntrico y concurrido de la ciudad. En 1833, desaparecido ya el Consulado, la Academia pasó a depender económicamente de la Diputación Provincial de Burgos y en el mismo edificio se instalaron también el Archivo y la Biblioteca Provincial.

El primer curso se inició con 63 alumnos inscritos, siendo su director artístico el mismo arquitecto, el aragonés D. Manuel Eraso; el Prior del Real Consulado era por entonces el marqués de Fuentepelayo.

A partir de aquí, la vida artística burgalesa ha estado íntimamente ligada a la actividad de la Academia, en la que han brillado ilustres profesores, cuyas enseñanzas han dado como resultado la aparición de notables artistas, que han vuelto a proporcionar renombre y lustre a nuestra ciudad.

En los albores del pasado siglo XX Burgos era una ciudad de unos 30.000 habitantes, regía el Consistorio el alcalde D. Juan José Arroyo, presidía la Diputación D. Eustasio Fernández Villarán y era arzobispo el franciscano D. Gregorio María Aguirre, que pronto sería nombrado Primado de España y Arzobispo de Toledo. La Academia Provincial de Dibujo funcionaba a pleno rendimiento y contaba como profesores a destacados artistas, como Isidro Gil, Evaristo Barrio, Saturnino López, Juan Antonio Cortés, el gran Marceliano Santa María, Luis Manero, Fortunato Julián, Julio del Val, Manuel Izquierdo, Laureano Ruiz, Luis Gallardo.……, saliendo de sus clases alumnos tan destacados como Eduardo Miguel, Justo del Río, Alberto Retes, Leoncio García, Manuel Mata Villanueva, los hermanos Valentín y Paco García de la Revilla, Mariano Pedrero, León Camarero y José Arija, ilustrador de la revista semanal “Blanco y Negro”; más recientemente Luis Sáez, Fernando Arahuetes y Rigoberto Arce, todos ellos en dibujo y pintura. Además, cabe citar a Simón Calvo, Eulogio Valladolid, Julián García, Eusebio González, los hermanos Pepe y Pedro Prieto, Félix Alonso, Pablo Remacha y Ambrosio González en escultura, grabado y modelado, el orfebre y fotógrafo Eustasio Villanueva y el orfebre Saturnino Calvo, más conocido como maese Calvo.

En el año 1916 se inicia paralelamente un curso para señoritas, que también produce artistas tan notables como Paca Calvo, hermana de Simón Calvo, Teodora Asensio, Teresa Santa María o la monja del Monasterio de Madres Benedictinas de San Pedro de la Fuente, Lucía Martínez, extraordinaria pintora y dibujante; más recientes son Lucía Solana, Paula Sampelayo y María Milagros Casado.

Semblanzas: La labor realizada por la Academia de Dibujo del Consulado reactivó la actividad artística de la ciudad burgalesa, bastante aletargada durante los dos últimos siglos, impulsando el amor al dibujo, la pintura, la escultura, la cerámica, la orfebrería, y las artes en general, de numerosas generaciones de jóvenes artistas burgaleses. Especialmente, durante la segunda mitad del siglo XIX y todo el pasado siglo XX,   alcanzó un inusitado esplendor, gracias al genio de numerosos artistas, cuya obra ha creado escuela, se ha paseado por Europa y ha dado prestigio internacional a nuestra ciudad. Son numerosos los artistas que deberían aparecer en la breve semblanza que a continuación se ofrece, pero incluirlos a todos sería una tarea imposible de acometer. Se han seleccionado aquellos cuyos datos sobre su vida y su obra me han sido más accesibles, aunque el homenaje que intenta ofrecer este modesto trabajo es para todos:

Isidro Gil Gabilondo fue un personaje polifacético que nació el año 1843 en la guipuzcoana villa de Azcoitia, pero que, finalizada su carrera de Derecho en Madrid, se trasladó a Burgos, donde desarrolló toda su actividad artística, política e intelectual. Fue pintor, ilustrador, escritor, historiador, abogado y político. En esta última actividad llegó a ser Secretario del Ayuntamiento y Presidente de la Cámara de Comercio de la capital burgalesa.

Como pintor, se le puede considerar uno de los principales exponentes de la pintura burgalesa del siglo XIX, destacando especialmente en la denominada  “Pintura Histórica”. Además de su extensa obra pictórica, con la que obtuvo numerosos premios y medallas, fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En Burgos, durante más de veinte años fue profesor y director de la Academia Provincial de Dibujo, dando clases de dibujo y pintura, entre otros destacados alumnos, a Marceliano Santamaría, del que hablaremos más adelante. También  estuvo al frente del Museo Arqueológico. Sus dibujos se publicaban con asiduidad en “La Ilustración Española y Americana”. Sus trabajos como historiador y arqueólogo se centran principalmente en Burgos y su provincia. El año 1868 participa como ilustrador en uno de los primeros estudios serios realizados sobre la Sierra de Atapuerca, conocido como “Descripción con planos de la Cueva llamada Atapuerca”. Son igualmente obras suyas “Descripción histórica y pintoresca del Templo de San Pablo, de Burgos”, publicado en 1878 y las “Memorias históricas de Burgos y su provincia” de 1913. Falleció en Burgos en marzo de 1917.

Evaristo Barrios nació en Zaragoza el año 1841, pero desarrolló toda su polifacética capacidad creativa, al igual que su coetáneo Isidro Gil, en la capital burgalesa. Su primera vocación fue la militar, graduándose de alférez y siendo su primer destino  Marruecos, donde fue herido en acción de guerra, lo que le decidió a cambiar las armas por la paleta de pintor.  Su obra es muy extensa y está bastante dispersa, por lo que tal vez no haya sido apreciado en todo su valor su talento pictórico. Destacó especialmente, al igual que su coetáneo Isidro Gil, en la “Pintura Histórica”, siendo famoso su cuadro “El Cid”, en el que aparece el héroe de Vivar, aun muy joven, ofreciéndole a su padre, Diego Laínez, la cabeza de su gran enemigo, el legendario conde Lozano, supuesto padre de Doña Jimena. En 1874 fue nombrado Académico de la Real Academia de San Fernando y en 1875 obtuvo la plaza de profesor de dibujo en la Academia Provincial de Burgos, en la que permaneció el resto de su vida, llegando a ser su director en el año 1886. En 1899, junto con su colega de la Academia, Isidoro Gil, diseñaron la figura de los “Gigantillos”, ataviados con los típicos trajes castellanos del alcalde y la alcaldesa. La obra fue llevada a cabo por el artesano burgalés Fernando Hernando, popularmente conocido como “Cardeñita”.

La labor que estos dos artistas desarrollaron en la Academia de Dibujo burgalesa puede calificarse de altamente fecunda, que fructificó en una pléyade de artistas burgaleses que han configurado el marco artístico de Burgos durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, en el que aun se siente su impulso. Evaristo Barrio murió en Burgos el año 1924.

Marceliano Santa María Sedano nació en Burgos el 18 de junio de 1866. Su innata habilidad para el dibujo, mostrada desde que era muy pequeño, pronto despertó su vocación por la pintura, vocación que fue fomentada por su tío, D. Ángel Sedano, canónigo beneficiario de la Catedral, que  siempre le alentó y le allanó el camino para que pudiera desarrollar sus magníficas cualidades como pintor. Resulta interesante destacar que su tío era un personaje destacado de la sociedad burgalesa de aquellos años, que en el 1883 fundó, con la ayuda financiera de la mecenas burgalesa, doña Petronila Casado, popularmente conocida como “la Cieguecita” y la de otros comerciantes de la ciudad, el Círculo Católico de Obreros de Burgos, actualmente conocido como “Caja Círculo”.

El joven artista compartió los estudios de Bachillerato con los de Dibujo y Pintura en la Academia Provincial de Dibujo, donde tuvo como profesores a D. Isidro Gil y D. Evaristo Barrio. Posteriormente, entre los años 1891 y 1895, financiado por la Diputación burgalesa, amplió sus estudios en Italia; de esta época es su impresionante cuadro “El Triunfo de la Santa Cruz”, pintura histórica que rememora la victoria cristiana de las Navas de Tolosa-no hay que olvidar que sus dos profesores eran maestros de la Pintura Histórica-. De regreso en Burgos, la vena artística de D. Marcelino le permite desarrollar una extraordinaria y amplia actividad pictórica en otros temas,     pues aunque continua con la pintura histórica y religiosa,  también es un destacado paisajista, que mereció ser calificado como el “Pintor de Castilla” y un consumado maestro del retrato.

En 1925 el Consistorio burgalés acuerda por unanimidad concederle el título honorífico de “Hijo Predilecto de Burgos”.

En 1934, ya con sesenta y ocho años, es nombrado Director de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, por lo que se ve obligado a marchar a la capital. En este mismo año es galardonado con la Medalla de Honor de la Academia Nacional de Bellas Artes. A partir de aquí, su actividad como pintor va decayendo paulatinamente y su salud también. Murió en Madrid el 12 de octubre de 1952.

Desde 1963 existe en Burgos un Museo con su nombre dedicado exclusivamente a exponer su obra. Está situado en el antiguo Monasterio de San Juan, junto a la iglesia de San Lesmes y los restos del antiguo Hospital de San Juan.

Luis Manero Miguel nació en Burgos el 29 de abril de 1876. Tal vez la profesión de su padre, D. Toribio Manero Zamora, que era delineante, fue determinante en la afición del pequeño Luis por el dibujo, pues fue precisamente su progenitor quien le dio las primeras lecciones. En 1888, con tan solo doce años,  se inscribe en la Academia Provincial de Dibujo del Paseo del Espolón de Burgos, donde ya impartían sus enseñanzas los maestros D. Isidoro Gil y D. Evaristo Barrio y en la que compartió clases con otros discípulos aventajados, como Marceliano Santa María y Julio del Val. Su trayectoria como pintor de gran talento resulta bastante accidentada debido a la falta de medios económicos familiares y de subvenciones oficiales, lo que le impidió completar su formación artística como él mismo deseaba. Durante unos cuantos años estuvo instalado en Madrid, donde se ganó la vida impartiendo clases de dibujo y concurriendo a numerosas exposiciones en las que obtuvo numerosos premios y medallas. En 1899 presenta su obra “Campiña de Burgos” en la Exposición Internacional de París, mereciendo una Mención Honorífica.

Finalmente, en 1903 la Diputación burgalesa le concede  una subvención de 3.000 pesetas anuales, con la que marcha a Roma para completar su formación; su estancia en la Ciudad Eterna dura tres años, durante los cuales se dedica a visitar sus numerosos  Museos y dibujar los bocetos de sus próximos cuadros. En 1906 regresa a España y se instala en Burgos, reemprendiendo una intensa actividad creadora y presentando de  nuevo  su obra en numerosas exposiciones, en las que sigue cosechando premios y medallas. En 1909 consigue por oposición una plaza de profesor de dibujo en la Academia Provincial de Dibujo, donde comparte la docencia con alguno de sus antiguos condiscípulos, como Marceliano Santa María, Julio del Val y Laureano Ruiz de Collado. Durante los años siguientes alterna sus clases en la Academia con la realización de muchos encargos procedentes de Organismos públicos y también de particulares; monta, además, su propia academia de pintura en la calle de Alonso Martínez y sigue componiendo sus propios cuadros.

Pero la suerte le vuelve a ser adversa y, en abril de 1917, después de una larga y penosa enfermedad fallece a los 39 años su esposa, doña Elvira Andrade Barreno. La situación económica del pintor vuelve a ser crítica, lo que le obliga a vender sus cuadros a bajo precio, para lo cual inserta un anuncio en el “Diario de Burgos”. Después de superar unos años difíciles, en los que no deja de trabajar y realizar encargos, como el de los Padres Carmelitas de la desaparecida iglesia del Carmen, y varios carteles para el Ayuntamiento anunciando las “Fiestas de San Pedro de Burgos”. En 1923 vuelve a casarse con doña Josefa Tejada Valpuesta, rehaciendo su vida familiar. En 1936 es nombrado director de la Academia Provincial de Dibujo, pero dura poco en el cargo, pues falleció poco después, el 21 de agosto de 1937.

Luis Manero fue un pintor muy personal y difícil de catalogar o encajar en una escuela concreta, de hecho pasó de las corrientes modernistas de su época, y tan sólo en alguno de sus últimos cuadros se pueden apreciar algunos toques impresionistas, sin embargo, su pintura, aunque no del todo reconocida y valorada, es de una gran calidad plástica y un sorprendente realismo. Se le incluye entre los grandes pintores burgaleses de Pintura Histórica, pero su obra más importante son los paisajes. Luis Manero es un destacado paisajista de Burgos y sus alrededores, sobresaliendo cuadros como “El Parral”, “La Fuente del Prior”, “La Huerta del Morco”, “El Camino de la Plata”………, también aparecen con frecuencia imágenes internas y externas de la Catedral. Su extensa y dispersa obra se completa con bodegones, retratos y carteles conmemorativos.

Luis Gallardo Pérez nació en Burgos el año 1868. Abogado de profesión y político, durante la Dictadura del general Primo de Rivera llegó a ser alcalde de Burgos entre octubre de 1923 y abril de 1924. Su verdadera vocación, sin embargo, fue la pintura, formándose en la Academia Provincial de Dibujo de Burgos, en la que eran profesores los ya citados Isidoro Gil y Evaristo Barrio, compartiendo clases con Marceliano Santa María, con el que mantuvo una excelente amistad y colaboración artística y que, muy posiblemente, le trasmitió su afición por el paisaje castellano, aunque también recibió la influencia de otro pintor y amigo, el madrileño Eduardo Chicharro, discípulo de Sorolla, tal vez por eso los paisajes castellanos de Gallardo son composiciones llenas de  luz y de contrastes. En 1905 fundó en Burgos la fábrica de tapices “La Cartuja”, dedicada a la fabricación artesana de delicados y lujosos tapices, alfombras y reposteros, que pronto se hizo con una selecta y fiel clientela. Murió en Burgos el año 1937.

Justo del Río Velasco nació en Burgos el 14 de mayo de 1894. Su primera vocación parece que fue el dibujo y la pintura, por lo que su padre le mandó a formarse a Paris y después le matriculó en la Academia Provincial de Dibujo, donde recibió clases de cerámica y modelado. Pronto, sin embargo, fueron apareciendo nuevas aficiones en el espíritu inquieto y curioso del joven. Una de ellas, compartida por cierto con el ceramista Simón Calvo, fue el ciclismo, siendo uno de los fundadores, en el año 1916, del Club Ciclista Burgalés; del ciclismo saltó al motorismo y al automovilismo, siendo uno de los primeros privilegiados burgaleses en disponer de coche propio, con el que se dedicó, en compañía de sus amigos, a visitar los numerosos y antiguos pueblos de la provincia. En estos viajes de recreo practicaba otra de sus aficiones: la fotografía, en la que llegó a ser un experto, pues tenía su propio taller de revelado. Profesionalmente, había instalado en Burgos su propio negocio como pintor-decorador. En el año 1922 se casa con una burgalesa aficionada al canto, que no tardó en contagiar a su marido su afición a la música, entrando a formar parte del Orfeón Burgalés, dirigido por entonces por el malogrado Antonio José Martínez Palacios, en el  que llegó a actuar como barítono. Su afición a la música, a los viajes y a la fotografía fueron los tres  ingredientes que crearon el poderoso elixir que le despertó su gran vocación: el folklorismo. Desde entonces, sus viajes se convirtieron en una búsqueda incesante de los restos de la cultura folklórica tradicional burgalesa, creando un pequeño grupo de danza para interpretar las piezas rescatadas, que acabó convirtiéndose en el Grupo de Danzas del Orfeón Burgalés. También puso en marcha las que denominó “Escenas Castellanas”, en las que las danzas se completaban con la interpretación de las viejas canciones populares, también recuperadas. Con el propósito de devolver a los abandonados pueblos de la provincia alguna de sus viejas y olvidadas tradiciones, puso en marcha las “Romerías Castellanas”, engalanando las gentes, los pueblos y las plazas a la antigua usanza, y recuperando el esplendor de las misas solemnes, las procesiones y las fiestas populares.

La recopilación de toda esta enorme labor de investigación queda reflejada en parte en su obra “Danzas típicas burgalesas”. Ya en plena madurez artística, crea la “Asociación de Danzas Burgalesas Justo del Río”, en la que sigue desarrollando una intensa y extraordinaria labor de investigación de las tradiciones y el folklore burgalés. Su muerte, ocurrida en Burgos el 6 de junio de 1986, produjo una multitudinaria manifestación de duelo en la capital castellana, siendo su féretro conducido a hombros por miembros de su grupo hasta la iglesia de San Cosme y San Damián, donde se oficiaron unos solemnes funerales, en los que se entonó la “jota burgalesa”.

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Luis Sáez Díez nació el año 1925 en la pequeña localidad burgalesa de Mazuelo de Muñó, muy cercana a la ciudad de Burgos, donde la familia se trasladó siendo aun muy niño, instalándose en la calle Santa Clara. Su padre era dulzainero, pero la posición económica de la familia no debía de ser muy boyante, pues pronto tuvo que empezar a trabajar como botones en el Casino de Burgos. Un vecino suyo, el escultor Julio Sáiz Quintanilla parece ser que descubrió sus aptitudes para el dibujo y consiguió que acudiera a las clases nocturnas de la Academia Provincial de Dibujo, que  estaba situada muy cerca del Casino, en el mismo Paseo del Espolón. Otro pintor burgalés, célebre y laureado, D. Marceliano Santa María, se interesó por el joven artista y se convirtió en su protector, consiguiendo que la Diputación de Burgos le concediera una beca para estudiar en la madrileña Academia Superior de Bellas Artes de San Fernando, donde conoció a otros pintores y se familiarizó con la pintura contemporánea. Su primera exposición la realizó en Burgos, el año 1952,  y a partir de aquí su carrera de pintor alcanzó una gran proyección nacional e internacional. En Burgos compartió su actividad de pintor con la de librero, pues era copropietario, junto con Menchu Gil,[] de la Galería-Librería Mainel, situada en la céntrica calle Vitoria, donde se expusieron obras de los pintores más vanguardistas, el catalán Antoni Tapies entre otros. En el año 2009 donó 400 de sus obras al Museo de Burgos para su exposición permanente. Murió en Burgos el 18 de mayo de 2010.

En noviembre de 2011 el Ayuntamiento le nombra “Hijo Adoptivo de la ciudad de Burgos”.

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Simón Calvo Gutiérrez nació en el burgalés barrio de San Pedro de la Fuente, el 28 de octubre de 1898. Sus primeras letras las cursó en el colegio de Saldaña y después en la Escuela Nacional de la calle San Lorenzo, pero en 1910, a los doce años, ingresa en la Academia Provincial de Dibujo, donde recibe clases de dibujo, modelado y cerámica, siendo sus profesores D. Manuel Izquierdo y D. Luis Manero. A partir de aquí, y hasta 1926, en que abandona definitivamente la Academia, alternó su formación con el trabajo en el alfar de su padre, el alfarero Francisco Calvo González, en el que también trabajaron sus hermanos Simón y Manolo, alumnos igualmente de la Academia y, posteriormente, su hermana Paca, que también fue alumna distinguida de la Academia, obteniendo, durante los años 1922 a 1924, las más altas calificaciones.

Durante su larga estancia en la Academia Simón alternó los trabajos de modelaje con los de pintura y dibujo, materias en las que obtuvo el Gran Premio de Honor, creado especialmente para él. Los numerosos premios obtenidos a lo largo de estos años le convierten en el artista más premiado de la historia de la Academia. Personaje reconcentrado y tímido, aparte de su afición por la bicicleta, dedicó toda su vida a la creación artística y al trabajo en el alfar familiar, rechazando abandonar su ciudad natal, por la que sentía verdadera pasión, a pesar de las  numerosas y tentadoras ofertas que recibió, no sólo de diferentes puntos de España, sino también de Europa y Sudamérica.

En el alfar familiar, situado en la calle Alfareros, trabajaron su padre Francisco-hijo a su vez de alfarero-hasta su muerte en 1939, que era el responsable de la parte industrial, sus hermanos Simón y Manolo y, durante un corto tiempo, su hermana Paca, que acabó siendo una notable diseñadora de Corte y Confección; Simón era el responsable de la parte artística y disponía de su propio estudio, donde desarrollaba su obra personal, y un pequeño cuarto donde pasaba muchas noches. Disponía además de tres hornos para cocer, un amplio espacio para secar y curar el barro, un almacén y una pequeña  cuadra para la caballería. La ingente obra de este singular artista burgalés incluye: Escultura, Pintura, Dibujo, Cerámica y Orfebrería en todas sus variantes. La mayoría corresponde a encargos y está muy dispersa, por lo que resulta difícil de catalogar.

Simón Calvo murió en su casa de la calle San Juan de Burgos, el mes de agosto de 1967.

Félix Alonso González nació en Burgos el año 1907. Se formó como escultor en la Academia Provincial de Dibujo de Burgos y en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid. De su obra artística cabe destacar los trabajos de restauración de varias estatuas de la Catedral, así como el busto del pintor Marceliano Santa María, que se encuentra a la entrada del Paseo del Espolón, muy cerca del Arco de Santamaría; también realizó otro de su amigo y correligionario, el músico burgalés Antonio José Palacios, asesinado por los franquistas en los primeros días de la rebelión militar de 1936.

Félix Alonso era republicano y pertenecía a la Junta directiva del Ateneo Popular burgalés, asistiendo asiduamente a la tertulia “El Ciprés”, fundada a principios de los años veinte por otro entusiasta burgalés, el escritor, periodista y librero Eduardo Ontañón, en la que, las tardes de los jueves,  se congregaban destacadas personalidades de la vida política, intelectual y artística burgalesa, definida por uno de sus contertulios como verdadero hogar de ingenio y de encuentro intelectual”. También frecuentaban esta tertulia su amigo, el músico Antonio José, el impresor Luis Saez Barrón, el dibujante Ignacio Angel Arroyo, muertos los tres durante la contienda civil; el diputado republicano Moisés Barrio, que marchó al exilio, el orfebre Saturnino Calvo, encarcelado en el 36; el profesor y académico Eloy García de Quevedo,  futuro alcalde republicano de Burgos; el archivero municipal Gonzalo Díez de la Lastra, perteneciente a la Comunión Tradicionalista; el ingeniero Florentino Martínez Mata, miembro del Partido Nacionalista Español del doctor Albiñana, futuro jefe local de Falange, y primer alcalde franquista de la ciudad al finalizar la Guerra Civil. Este insólito pluralismo, que tan pocas veces se da en nuestro país, lo definió así el propio Ontañón: “El Ciprés resultó una reunión inédita, en la que se daban cita gentes variopintas en ideales y artes, una aleccionadora mixtura si la lectura de su amistad se hace conociendo posteriores mediocridades y uniformismos”. Su primer punto de reunión fue el “Café Iris” de la céntrica calle Caño Gordo, pasando después al popular Café Candela de la calle Sombrerería.

Félix Alonso murió en Burgos el año 1997, a la avanzada edad de 90 años.

Eustasio Villanueva Gutiérrez nació en el burgalés pueblo de Villegas el año 1875, aunque su familia procedía de Quintanaortuño, patria de San Juan de Ortega. Su abuelo, Lesmes Villanueva Duque, fue forjador y relojero, dedicándose, desde mediados del siglo XIX, a la construcción de relojes de torre, siendo la segunda fabrica de este tipo que se montaba en España. Su padre, Manuel Villanueva del Cerro, continuó fabricando relojes de torre, que fue perfeccionando y ampliando. A finales del siglo XIX  el auge del negocio, y la necesidad de proporcionar adecuada educación a su numerosa prole, le obligaron a trasladarse a Burgos, instalándose en la calle de la Merced, desde donde continuó fabricando sus relojes de torre, hasta que las necesidades de espacio le obligaron a trasladar el negocio a las Galerías del Teatro Principal, situadas al comienzo del Paseo del Espolón, donde el negocio siguió creciendo sin parar. Con estos antecedentes, al joven Eustasio no le quedó otra alternativa que continuar con el negocio familiar, empezando a compaginar los estudios con el trabajo en la relojería, que consistía en visitar los numerosos pueblos de la provincia, tratando de vender los relojes de torre que fabricaban.

De esta forma, muy pronto entró en contacto, no solo con el paisaje burgalés, sino con los numerosos e históricos monumentos que lo salpicaban, y  que fueron despertando su sensibilidad artística y su afición por el dibujo y la pintura, que le llevaron a matricularse como alumno en la Academia Provincial de Dibujo, situada también en el Paseo del Espolón, muy cerca del negocio familiar. Un viaje a París a principios del siglo XX y una visita a una exposición fotográfica de la Casa Lumiére, despertaron su interés por la fotografía y le hicieron concebir el proyecto de plasmar en placas fotográficas sus experiencias viajeras a lo largo y ancho de la dilatada geografía burgalesa. De regreso a Burgos, su afición por la fotografía no tardó en convertirse en una verdadera pasión que le acompañó el resto de su vida. Sus viajes se intensificaron y en su equipaje nuca faltaban trípodes y cámaras fotográficas de la más alta calidad, con las que fue plasmando la belleza de su tierra. En sus imágenes se van reflejando paisajes, pueblos, calles, plazas, casas, iglesias, conventos, castillos, claustros, patios………y también sus gentes en su quehacer diario, en sus manifestaciones religiosas y en sus fiestas populares. Todo ello confiere a su obra un excepcional valor documental.

Profesionalmente, después de su matrimonio en abril de 1901 con Bernardina Vadillo Gómez, decide desligarse de la industria familiar y montar su propio negocio de relojería, platería y joyería en la Plaza Mayor de la capital burgalesa, casi pegando al edificio del Ayuntamiento. A partir de aquí compartió su actividad como comerciante con su afición a la fotografía de paisajes y monumentos, que representaba la gran pasión de su vida.

En la Exposición Iberoamericana de Sevilla del año 1929, a la que concurrió con una parte de su obra, obtuvo un premio extraordinario. Falleció en Burgos el día 22 de septiembre de 1949, después de una vida de fructífera actividad.

Entre junio y setiembre del año 2001, en el Museo San Isidro de Madrid se celebró una exposición homenaje para divulgar su obra, integrada por más de 2500 fotografías. La iniciativa corrió a cargo del Ayuntamiento de Madrid y del Ministerio de Cultura.

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