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PEDROSA DEL PRÍNCIPE. REALIDAD VIRTUAL. 360º. 3D.

 
Puedes visitar la localidad de Pedrosa del Príncipe, con solo unas gafas de realidad virtual.

CARRETERA VIEJA DE PEDROSA DEL PRÍNCIPE

La carretera que parte de Pedrosa del Príncipe a Castrojeriz fue siempre uno de los paseos preferidos por los pedroseños. Antes de su reforma en 2007, lucía este aspecto, jalonada de árboles: entre ellos, chopos, tilos y olmos. Una imagen tremendamente nostálgica.

PEDROSA DEL PRÍNCIPE A VISTA DE PÁJARO. (Imágenes aéreas).

La bellísima localidad burgalesa de Pedrosa del Príncipe, a vista de pájaro.

RUTA DE LAS TRES FUENTES DE PEDROSA DEL PRÍNCIPE. Año 2018.

El día 30 de Diciembre de 2018, los vecinos de Pedrosa del Príncipe realizaron la ruta de las tres fuentes: fuente Larca, fuente del Pinacho  y fuente de Los Colmenares. Todas ellas ubicadas en el páramo de Pedrosa del Príncipe.

 

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CAMISETA DE FIESTAS 2018. PEDROSA DEL PRÍNCIPE.

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POR LA PEÑA AMAYA. LA BATALLA DE ORDEJÓN. —-Por Francisco Blanco—-

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Cerca de la Peña Amaya, al sur de la cordillera Cantábrica, se alza el macizo conocido como la Peña Ureña, en el que actualmente se encuentran dos pequeñas localidades, conocidas como Oredejón de Arriba y Ordejón de Abajo, situadas en un agreste paraje, lleno de peñascos, castros, barrancos y cortados naturales, protegidos por una muralla igualmente natural, en los que todavía se pueden encontrar restos de la Edad de Hierro y también de la época romana y visigótica, pues están muy cercanas a la antigua calzada romana que iba de Clunia y Sasamón a Cantabria. Se trata, pues, de un lugar con unas extraordinarias características defensivas, que le convertían prácticamente en inexpugnable, especialmente para aquellos remotos tiempos a los que nos referimos, en los que se sitúa la legendaria batalla de Ordejón.

También la leyenda ha convertido a Bernardo del Carpio en uno de los prototipos del héroe épico medieval, cuyas hazañas guerreras han sido difundidas en numerosos romances y poemas épicos, destacando especialmente su brillante victoria sobre el rey de los francos Carlomagno y su poderoso ejército, en la conocida como la Segunda Batalla de Roncesvalles, supuestamente acaecida en el año 823 por el Pirineo navarro, en la que encontró la muerte el caballero Roldán, uno de los “Doce Pares de Francia” y sobrino del emperador franco. Esta batalla legendaria fue cantada en numerosos romances:

¡Mala la hubisteis franceses,

en esa de Roncesvalles!

Pero su veracidad histórica es puesta en duda por numerosos medievalistas, que se basan en la falta de documentación auténtica, aunque tiene un defensor en el historiador y sacerdote asturiano Vicente José González García, que afirma que existe una confusión de fechas entre la Primera y la Segunda Batalla de Roncesvalles, que es la razón por la que se duda de su autenticidad.

L0s datos biográficos de Bernardo carecen igualmente de documentación fehaciente, generados principalmente por la leyenda. Se supone que fue un hijo extramatrimonial del conde de Saldaña y mayordomo de Alfonso II, Sancho Díaz y de la infanta asturiana Doña Jimena, hermana del rey de Asturias Alfonso II el Casto, uno de los grandes propulsores de la Reconquista. Lo que nos lleva a suponer que había nacido a finales del sigo octavo en la localidad palentina de Saldaña, en la que todavía se pueden ver las ruinas del castillo de los Condes de Saldaña.

“-Padre fidalgo habéis, fijo,

fidalgo, que non villano.

El Conde don Sancho Díaz,

que en Saldaña es su condado,

os ovo en Doña Ximena

en casa del rey estando.

Y como su hermana era,

por vengarse del agravio,

en el castillo de Luna

puso al Conde aprisionado,

y a vuestra madre también,

reclusa y a buen recaudo,

porque aunque público,

non fue el matrimonio aclarado.”

 

“Bastardo me llaman, rey,

siendo hijo de tu hermana.

Tu y los tuyos lo dicen,

que ninguno otro no osaba;

cualquiera que de tal dicho

ha mentido por la barba,

que ni mi padre es traidor

ni mala mujer tu hermana,

 que cuando yo fui nacido,

ya mi madre era casada”.

 

Fragmentos de la “Primera Crónica General de España” de Alfonso X el Sabio. 

Según parece, esta unión no fue del agrado del rey asturiano, tal vez porque iba contra sus castas costumbres ó porque tenía otros planes para su hermana. El caso es qué, lleno de indignación, encerró al conde en una mazmorra del castillo de Luna en León, y a su hermana la internó en un monasterio. Sin embargo, a Bernardo, el fruto de esta unión carnal, no le causó ningún daño, más bien al contrario, pues se lo llevó consigo a la Corte asturiana, que se había trasladado a León, protegiéndole y tratándole casi como a un hijo, además de proporcionarle una esmerada educación y convertirle en uno de los principales caballeros del reino astur, pero sin informarle nunca de su origen, ni del encierro de sus padres.

La primera mención sobre estos hechos, supuestamente legendarios, se encuentra en la “Primera Crónica General” de Alfonso X, que dedica los capítulos 617 al 655 a narrar la vida y proezas del héroe palentino.

Los hechos que provocaron la Batalla de Ordejón, tampoco tienen ninguna base histórica, por lo que su relato se basa en una o varias leyendas, cuyo origen es igualmente desconocido.

Parece ser que en el año 843, reinando en Asturias Alfonso III el Magno, las tropas francas, acaudilladas por el caballero franco Don Bueso, habían penetrado en Castilla causando numerosos desmanes, por lo que el rey asturiano, que ya dominaba algunos condados castellanos, envió a su encuentro un poderoso ejército, al mando del caballero Bernardo, con el objetivo de frenar su avance. Asturianos y franceses se encontraron en las cercanías de la localidad burgalesa de Amaya, que por entonces pertenecía al Ducado de Cantabria, precisamente en el pueblo de Ordejón, que parece corresponde al actual Ordejón de Abajo, en un terreno en el que ambas tropas tropezaban con enormes dificultades geográficas para maniobrar. El choque fue muy duro y violento, empleándose ambas partes con desatada furia, pero sin que ninguna de ellas consiguiera hacer retroceder a la otra, hasta que los dos caudillos se encontraron frente a frente, entablando un singular combate a muerte. Primero se embistieron a caballo, lanza en ristre, hasta que ambos quedaron descabalgados, continuando luchando pie a tierra, a espadazo limpio, hasta que Bernardo, con un terrible mandoble, acabó con la vida de su oponente.

A la vista de su caudillo, tendido muerto en el suelo, las tropas francas abandonaron precipitadamente el campo de batalla, emprendiendo una veloz retirada.

La primera reseña escrita sobre esta legendaria batalla aparece también en la “Primera Crónica General” de Alfonso X el Sabio, en el siglo XIII, unos cinco siglos después y lo hace de la siguiente forma:

“Andado VII annos del regnado d’este rey don Alfonso el Magno— et fue esto en la era de DCCC et LXXX e I anno, et andava otrossí estonces ell anno de la Encarnatión del Sennor en DCCC et XLIII, et el dell imperio de Lotario emperador de Roma en VII— el rey don Alfonso cuedando ya estar en paz, llegaron las nuevas de cómo un alto omne de Francia, que avie nombre Bueso, le era entrado en la tierra con grand hueste, et que gela andava destruyendo, et faziendo en ella quantos males podie. El rey don Alfonso, luego que estas nuevas sopo, llegó su hueste et grand poder, et fue contra él, et falláronse, et ovo el rey don Alfonso su batalla con éll en Ordejón, que es en tierra de Castiella cerca’l castiello que dixen Amaya, et murieron ý muchos de cada parte. Et dizen algunos en sus cantares segund cuenta la estoria que este francés Bueso que so primo era de Bernaldo. El lidiando assí unos con otros oviéronse de fallar aquel Bueso et Bernaldo; et fuéronse ferir un por otro tan rezio que fizieron crebar las lanças por medio; et desí metieron mano a las espadas et dávanse muy grandes golpes con ellas; mas al cabo venció Bernaldo et mató ý a Bueso. Los franceses, cuando vieron so cabdiello muerto, desampararon el campo et fuxieron”. 

Se desconocen también los motivos o las razones por las que se originó y se divulgó la leyenda de la Batalla de Ordejón, es posible que se basara en otros acontecimientos militares que tuvieron lugar por esta zona de Amaya, que durante buena parte de los  siglos VIII y IX  sufrió numerosas acometidas por parte  de los árabes, que utilizaron la calzada romana de Clunia a Cantabria, arrasándola y saqueándola en más de una ocasión, llegando incluso hasta La Rioja y Álava. En este sentido existe una hipótesis elaborada por el historiador abulense D. Claudio Sánchez Albornoz.

Los éxitos militares del caballero Bernardo al lado del rey Alfonso III no se limitaron a la citada batalla de Ordejón, luchó también contra una rebelión de los vascones, venciendo y capturando a su caudillo Eylon, a quien el rey encerró por el resto de sus días, también participó activamente en una campaña por Extremadura y en la conquista de Zamora y de Toro. Por tan leales servicios y sus importantes acciones de guerra, Bernardo se ganó la confianza y agradecimiento de su rey, que le nombró señor del Carpio, una población salmantina donde construyó su propio castillo.

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Pero las relaciones entre el rey y su vasallo no tardaron en deteriorarse, hasta llegar a la ruptura total entre ambos. ¿Las causas?: Como en todos los acontecimientos en los que la Leyenda y la Historia se entremezclan y cofunden, llegar a establecer las verdaderas causas por las que estos se producen suele convertirse en complicada tarea, por lo que hay que contentarse con recurrir a las posibles hipótesis. Lo más probable es suponer que enterado Bernardo de su verdadero origen y del triste destino que sufrieron sus padres, pues su padre había muerto, ciego y enfermo y su madre continuaba enclaustrada, exigiera al rey Alfonso explicaciones sobre lo sucedido y alguna reparación oficial de la injusticia cometida, lo que no sentó muy bien al monarca, que acabó desterrándole de su reino, refugiándose Bernardo en su castillo del Carpio.

A partir de aquí las iras de Bernardo se volvieron contra su antiguo señor, contra el que emprendió numerosas acciones de hostigamiento.

El P. Mariana en su “Historia de España” lo cuenta así: “hacia cabalgadas en las tierras del rey, robaba, saqueaba y talaba ganados y campos. Por otra parte los moros, a su instancia, molestaban grandemente las tierras de cristianos”.

También sobre este tema escribieron otros autores, como el obispo leonés Lucas de Tuy, también conocido como “el Tudense”, en su “Crónica Tudense” y el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada, también conocido por “el Toledano, en su obra “De Rebus Hispanie”, la primera escrita a finales del siglo XII y la segunda a principios del XIII, unos siglos después de que supuestamente ocurrieran los hechos.

Bernardo tuvo una larga vida, pues parece que falleció a los 82 años, una edad muy superior a la media de vida de aquellos tiempos, que oscilaba sobre los 50, aproximadamente. Sus restos, junto con su espada, siempre siguiendo la leyenda, fueron enterrados en una cueva del Monasterio de Santa María la Real en Aguilar de Campoo, por tierras palentinas, convirtiéndose rápidamente en motivo de veneración y lugar de peregrinaje durante los siglos siguientes. Incluso el Emperador Carlos V la visitó en más de una ocasión. La última ocurrió en el año 1522, con motivo de su proclamación como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, visita que aprovechó para llevarse la legendaria espada del héroe palentino, que hoy se puede ver en la Armería del Palacio Real de Madrid.

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También en los orígenes del Monasterio de Santa María la Real se mezclan la historia y la leyenda, pues existe una en la que se afirma que su fundación se debe a dos eremitas burgaleses, los hermanos Opila y Alpidio, que habitaban en una ermita situada en las Hoces del Alto Ebro, muy cerca del pueblo de Tablada de Rudrón, quienes en una de sus correrías de caza por la zona, descubrieron las cuevas sobre las que posteriormente se levantó el monasterio.

La realidad es que las primeras noticias documentadas sobre el monasterio, que era una Abadía Premonstratenese en la que convivían “Frates y Sorores” (monjes y monjas),  proceden del “Cartulario de Aguilar” y datan de principios del siglo XI, aunque su construcción se prolongó durante casi un siglo, dándose por finalizado en el año 1169, en el que se finalizó la construcción de la iglesia.

Este Monasterio, que luego fue benedictino, está considerado como una de las muchas joyas del arte románico palentino. En la actualidad es la sede del “Centro de Estudios del Románico”,  aunque a lo largo de los siglos ha pasado por numerosas vicisitudes desfavorables y situaciones de total abandono, especialmente a raíz de la Desamortización de Mendizábal, abandono que continuó a pesar de que en el 1866 fuera declarado Monumento Nacional por uno de los últimos gobiernos de Isabel II. En el 1958 fue intervenido por la Dirección General de Bellas Artes, que se hizo cargo del mantenimiento y conservación del mismo hasta el 1958, aunque su definitiva restauración no se llevó a cabo hasta el año  1978, gracias fundamentalmente a la inestimable labor realizada por la “Asociación de Amigos del Monasterio de Aguilar”, entre los que se encontraba el famoso arquitecto cántabro “Peridis”. Dentro del recinto del Monasterio funciona una Escuela Taller, que se ocupa de continuar la labor conservadora, celebrar actos culturales y dar conferencias de carácter Histórico-Arqueológico. También está instalado un Instituto de Educación Secundaria y una Escuela de Idiomas. Además, ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de Monumento Histórico Artístico.

Las nuevas actividades que se desarrollan en el monasterio están coordinadas actualmente por la “Fundación Santa María la Real”, una fundación privada creada en el año 1994, formada por un grupo de profesionales dedicados a promocionar y dar a conocer no sólo el patrimonio y la riqueza artística de la Fundación “Santa María la Real”, sino también de todo el patrimonio histórico de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, incluyendo sus monumentos, paisajes y personajes.

Una vasta pero interesante labor, que sin duda abrirá nuevos horizontes en el mundo cultural de Castilla y León, merecedora de toda clase de éxitos.

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De la supuesta tumba de Bernardo del Carpio no queda ningún resto, aunque aparece registrada en el “Diccionario Geográfico-Estadístico” que redactó Pascual Madoz en el año 1850. A principios del siglo XX, sin embargo, en su obra “Andanzas y Visiones Españolas”, Miguel de Unamuno nos habla de su estancia en Aguilar de Campoo y de su visita a la tumba en la cueva del Monasterio, en cuya lápida se leía el siguiente epitafio: “Aquí yace sepultado el noble y esforzado caballero Bernardo del Carpio………”, aunque también la califica de “ruina de la historia”, poniendo en duda su autenticidad.

Tampoco en la “Crónica del Monasterio” se menciona la existencia de dicha tumba, por lo que su pertenencia a la historia o la leyenda seguirá siendo un misterio.

Autor Paco Blanco, Barcelona noviembre del 2017

 

POR EL CAMINO DE SANTIAGO: EL OBISPADO DE OCA. -Por Francisco Blanco.-.

En la ermita pre-románica de la Virgen de Oca, situada en las cercanías de la población burgalesa de Villafranca Montes de Oca, se puede contemplar una talla del siglo XII que representa la imagen de San Indalecio, discípulo de Santiago Apóstol, mártir y primer obispo de Auca, según una antigua tradición popular. También una antigua leyenda asegura que fue martirizado cerca de la citada ermita, y en el lugar en que se derramó su sangre apareció un manantial con sus aguas teñidas de rojo. Todo esto ocurriría hacia el siglo III de nuestra era.

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Actualmente el lugar se conoce como el Pozo de San Indalecio y en las piedras del fondo de su pileta todavía se aprecian unas pequeñas motas rojas, semejantes a gotas de sangre. La realidad puede ser que estas aguas son muy ricas en hierro y las motas pueden ser causadas por su oxidación, pero la leyenda sigue alimentando la devoción por San Indalecio y la Virgen de Oca, muy presente en las comarcas burgalesas de La Bureba y La Riojilla (1). Muy cerca del manantial se encuentran las fuentes del río Oca, cuyas aguas se embalsan un poco más adelante para abastecer a la comarca.

Es muy posible que los primeros pobladores de estas tierras fueran los autrigones, una de las tribus celtas que poblaron el norte de la península durante la Edad de Hierro; tenían como vecinos a los cántabros y los vascones por el norte, no muy amistosos por cierto, los caristios y los berones estaban por el este y los turmódigos por el sur; algunas de sus ciudades principales eran Tritium, Virovesca, Segisamunculum y Auca (2). Finalmente, el territorio autrigón acabó integrándose en la primitiva Bardulia, cuna de la futura Castilla, donde nació el castellano.

Los romanos también anduvieron por estas tierras, fortificando los pasos estratégicos para proteger a sus legiones en sus largas campañas por la península, especialmente en sus guerras contra los cántabros. Todavía se pueden ver restos de su presencia en los castros de Somoro y la Pedrera, a más de mil metros de altitud, situados en las márgenes derecha e izquierda del río Oca.

Hasta finales del siglo VI no se consolidó la presencia de los visigodos en Hispania, gracias, especialmente, a la política de reunificación llevada a cabo por el rey Leovigildo, que pretendía también implantar el arrianismo como religión oficial de la monarquía visigoda, a lo que se opuso su hijo y sucesor Hermenegildo, que se había convertido al cristianismo. Finalmente, tras un duro enfrentamiento entre padre e hijo, en el año 586 el trono pasa a poder de su otro hijo Recaredo, que conseguirá la unidad religiosa del reino visigodo teniendo como base el catolicismo.

Una de sus sedes episcopales se estableció en la Auca romana, que pasó a llamarse Oca.

El obispo Asterio estuvo presente en el III Concilio de Toledo del año 589 y también en el de Zaragoza del 592 y también en el IV Concilio de Toledo del 597. Firmaba como “Asterias Aucensis Ecclesiae Episcopus suscripsi”. Otros obispos de Oca, que también estuvieron presentes en los sucesivos concilios toledanos, fueron Amamungo (589-597); Litorio (649-656); Stercopio (675-688) y por último Constantino, que estuvo presente en XVI Concilio de Toledo del año 693, firmando como “Constantinus Aucensis Sedis Episcopus subscripsi”. Después se produjo la invasión musulmana que se apoderó rápidamente de la zona, quedando la sede episcopal de Oca abandonada durante un largo periodo de tiempo.

Es de destacar que durante este periodo de ocupación musulmana, en el mes de abril del año 759, en plena ebullición del poder de los árabes, en un lugar cercano a Oca, situado entre los actuales pueblos de Pradoluengo y Belorado, se crea el Monasterio de San Miguel de Pedroso, uno de los primeros conventos femeninos de España. En él se instalaron 28 religiosas presididas por su Abadesa, Doña Nonna Bella, que también fue su fundadora, que además aportó a la comunidad un molino de su propiedad. Por entonces, en Asturias reinaba Fruela I y en la carta fundacional del Monasterio se menciona al obispo Valentín, pero sin hacer referencia a su sede episcopal. Entre los años 1028 y 1035 fue abadesa del Monasterio Doña Mayor García de Castilla, la cuarta de las hijas de los Condes de Castilla García Fernández, “el de las manos blancas” y su esposa Ava de Ribagorza. Esta abadesa, que anteriormente había estado casada con Ramón IV, Conde del Pallars Subirá, que la repudió, posiblemente por razones de parentesco, además de gobernar el Monasterio tuvo parte activa en la corte navarra de su cuñado, el rey Sancho III, al que apoyó en su política anexionista.

Este Monasterio, actualmente desaparecido salvo algún trozo de la tapia, siguió siendo femenino hasta el año 1041 en el que desaparecieron las monjas y el rey García Sánchez III de Navarra, que se había apoderado del Condado de Castilla tras el asesinato en León de su sobrino, el conde García Sánchez, lo donó al Monasterio de San Millán de la Cogolla, que le puso a cargo de un Prior.

El pueblo de Oca fue  reconquistado a finales del siglo IX por el conde de Castilla Diego Rodríguez Porcelos (3), al parecer por orden del monarca asturiano Alfonso III. De nuevo en poder de los cristianos, la sede episcopal de Oca fue restaurada en la actual localidad de Villafranca Montes de Oca. Esta restauración se llevó a cabo entre los años 873 y 880, aunque en el Cartulario de San Millán de la Cogolla aparecen unos documentos con fechas anteriores, referidas a los años 863, 864 y 869 que, a juicio de algunos historiadores están antedatados, pues ninguno de ellos lleva la confirmación ni del Rey asturiano ni del Conde castellano. Sí que aparece la firma del obispo Sancho, que es muy posible fuera el primer obispo de la sede restaurada (4).

Según la “Crónica Najerense”, el 31 de enero del año 885, el conde Diego Rodriguez Porcelos cayó asesinado en la localidad burebana de Cornuta, la actual Cornudilla, al parecer a manos de varios miembros de la poderosa familia navarra de los Banu Qasi. Sus restos, según la tradición, fueron enterrados en el Monasterio románico  de San Felices de Oca, que él mismo fundara en Villafranca Montes de Oca y al que concedió numerosos privilegios y donó diversas iglesias y heredades que quedaron bajo su jurisdicción, llegando a alcanzar cierta prosperidad en la comarca. En el año 1049 el anteriormente citado rey de Navarra, García Sánchez III, hizo también donación de este Monasterio a los monjes de San Millán de la Cogolla. Estaba situado al nordeste de Villafranca, en pleno Camino de Santiago, pero actualmente tan sólo quedan unos pobres vestigios arquitectónicos de lo que fue. Después de la muerte del monarca navarro Sancho Garcés III, estos territorios siguieron perteneciendo a Navarra, hasta que, como consecuencia de la batalla de Atapuerca, en la que resultó vencedor el Conde de Castilla, Fernando I, fueron recuperados para el Condado castellano.

Durante los siglos IX y X, hasta el año 1075, ya en el siglo XI, en el Condado de Castilla coexistirán las sedes episcopales de Oca, Valpuesta, Amaya, Oña, Muñó, Sasamón y Gamonal, a partir de este año, por decisión del rey Alfonso VI, la sede de Burgos se convertirá en hegemónica, desapareciendo las restantes, Simeón, el último obispo de Oca, pasó a hacerse cargo de la diócesis de Burgos. El traslado fue aprobado en el 1095 por el papa Urbano II.

Como dato curioso cabe añadir que el obispado de Oca siguió siendo un título honorífico y uno de sus últimos titulares, entre el 1992 y el 1998, fue el Arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio, posteriormente elegido Papa de Roma con el nombre de Francisco, se supone que para honrar a Francisco de Asís, un santo que también estuvo por estas tierras burgalesas.

Domingo García y Juan de Ortega, dos santos burgaleses nacidos respectivamente en Viloria de Rioja y Quintanaortuño, los años 1019 y 1081, fueron dos grandes impulsores de lo que se conoce como el Camino de Santiago burgalés, por el que desfilaba una multitud de peregrinos, procedentes del otro lado de los Pirinéos, que tenían que cruzar el Ebro, ya en tierras del Condado de Castilla, para continuar su devoto peregrinaje hacia la tumba del Apóstol, recién descubierta en tierras gallegas.

Villafranca Montes de Oca, por su situación estratégica era paso obligado, pero complicado y peligroso, para los numerosos peregrinos procedentes de la riojana localidad de Santo Domingo de la Calzada con destino a Burgos, que tenían que atravesarlo, al ser la intrincada y boscosa sierra de los Montes de Oca un lugar solitario, refugio de bandoleros y salteadores de caminos, dispuestos a apoderarse de los escasos bienes que portaban consigo. El nombre de Villafranca se debe a las numerosas franquicias y privilegios reales que se tuvieron que conceder a sus habitantes, entre los que había muchos francos, para consolidar su permanencia en la población.

Los reyes Alfonso VI y Alfonso X fueron, a su vez, grandes protectores de este tramo del Camino e Santiago. El primero, después de apoderarse de La Rioja en el 1076, donó para la construcción del camino numerosas propiedades, depositando toda su confianza en el burgalés Domingo García, que ya había llevado a cabo una intensa tarea de colonización y reconstrucción de lo que después se llamó Santo Domingo de la Calzada. Domingo, con la posterior ayuda de Juan de Ortega, taló bosques, roturó tierras, tendió nuevos puentes, sustituyendo los de madera por otros de piedra, iniciando también la construcción de una nueva calzada  entre la riojana Nájera y la burgalesa Redecilla del Camino, que se convirtió en la ruta principal del Camino. También se ocuparon los dos santos burgaleses de mejorar  las condiciones de los peregrinos, creando alberges y hospitales a lo largo de la nueva Ruta Jacobea, que proporcionaron mucha más seguridad a los indefensos caminantes. A partir de aquí, Villafranca se convirtió en parada obligatoria para los peregrinos y sitio de descanso antes de emprender la escabrosa travesía de los Montes de Oca, que concluía después de atravesar el duro puerto de la Pedraja con sus 1130 metros de altitud.

En el 1283, el rey de Castilla Alfonso X, a instancia de su esposa Doña Violante de Aragón, mando construir el Hospital de Valdefuente y la iglesia de la Magdalena, destinados a la acogida de peregrinos. Actualmente ambos están totalmente desaparecidos, salvo algunos restos del ábside de  la iglesia. Unos cien años más tarde, en el 1380, se fundó el Hospital de San Antonio Abad, esta vez gracias al mecenazgo de Doña Juana Manuel, reina consorte de Castilla al estar casada con Enrique II, el primer rey de la Casa Trastamara,  conocido como el de la Mercedes, por los muchos favores que tuvo que hacer a los que le ayudaron a ceñirse la corona de Castilla, también fue un gran benefactor de Burgos y otras poblaciones, como Frías, a la que concedió el rango de ciudad. El Hospital de San Antonio Abad fue reformado durante los siglos XV y XVI, y fue siempre una institución consagrada al servicio de los peregrinos que hasta él llegaban. En la actualidad sigue funcionando como albergue de peregrinos.

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Actualmente, en Villafranca Montes de Oca se levanta la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, un templo renacentista del siglo XVIII, en cuyo interior se venera una imagen del Apóstol con un relicario sobre el pecho. Como pila bautismal se utiliza una gran vieira traída de Filipinas.

La oca, el ánsar, el ganso, el pato, son diferentes aves acuáticas cuyas imágenes fueron muy utilizadas como elementos decorativos por canteros y constructores del arte románico, en especial del románico que configura la Ruta Jacobea, apareciendo grabadas principalmente en los sillares de iglesias, ermitas y monasterios, como si fueran la firma de sus autores, o bien una esotérica simbología del misterio del Camino, que encerraba unos valores espirituales totalmente desconocidos hasta entonces. Esta simbología aparece repetidamente por la cuenca del Oja, los Montes de Oca, Tardajos, Castrojeriz, la Sierra de Ancares, como si fuera un juego de la oca, en el que los peregrinos se veían obligados a participar.

El Villafranca Montes de Oca de hoy es un pueblo tranquilo con apenas 500 habitantes, paso obligado entre Santo Domingo de la Calzada y Burgos, en pleno Camino de Santiago, que pertenece al Partido judicial de Belorado, otro pueblo de la Ruta.

NOTAS

  • Actualmente La Riojilla Burgalesa es una mancomunidad integrada por ocho municipios de la zona: Bascuñana, Castildelgado, Fresneña, Ibrillos, Redecilla del Campo, Redecilla del Camino, San Vicente del Valle y Viloria de Rioja. La sede se encuentra en Castildelgado y el objetivo principal de la agrupación es la gestión común del abastecimiento de agua a la zona.
  • Actualmente son Monasterio de Rodilla, Briviesca, Cerezo de Río Tirón y Villafranca Montes de Oca.
  • Diego Rodríguez era hijo del primer conde de Castilla D. Rodrigo. Fue Conde de Castilla entre el 873 y el 885. En el 884 fundó la ciudad de Burgos.
  • Para D. Gonzalo Martínez Díaz los documentos de San Millán son falsos, mientras que Fray Justo Pérez de Urbel los considera auténticos.

Autor Paco Blanco, Barcelona junio 2017