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POR LA CUENCA DEL ARLANZÓN: SAN PEDRO DE CARDEÑA. -Por Francisco Blanco-.

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Los orígenes de la actual Castrillo del Val, localidad ribereña del Arlanzón donde se ubica el Monasterio, corresponden a los primeros años de la repoblación del Condado de Castilla. Uno de sus fundadores fue Munio Romaniz, cuyo apellido tiene raíz vasca, y su mujer Fronilda, que cedieron terrenos al Monasterio en tiempos del abad Gómez.

Resulta también evidente la presencia humana por estas tierras desde la Edad de Piedra, como demuestran los últimos descubrimientos arqueológicos realizados en Castrillo del Val y los pueblos cercanos de Cardeña y Cardeñajimeno, a unos 10 kilómetros de la capital burgalesa. Dicha presencia sea posiblemente debida a la abundancia en la zona del agua y la pesca y también de la caza. Esta evidencia resulta reforzada por la cercanía del yacimiento de Atapuerca.

Sobre los orígenes fundacionales del Monasterio no existen demasiados datos fidedignos y sí muchas teorías más o menos fundamentadas y documentadas. Una de ellas apunta la posibilidad de que fueran los visigodos, que también estuvieron en estas tierras, dejando entre otros recuerdos la Ermita de Santa María de las Viñas.

Pero tal vez la fuente más fidedigna que existe sobre los orígenes de Cardeña sea el “Becerro Gótico de Cardeña”, un Cartulario fechado entre los años 899 y 1085, que contiene 372 documentos, de los cuales tan sólo uno se refiere al siglo X, 161 al siglo XI y el resto no están fechados. Son documentos breves, en los que se consignan donaciones a favor del Monasterio, compras y permutas con otros monasterios y también con particulares, incluyendo también trueques, litigios y pactos jurisdiccionales (1).

Coincidiendo con el “Cronicón de Cardeña” y los “Anales Compostelanos”, el historiador burgalés Fray Francisco de Berganza, que fuera Abad del Monasterio durante los primeros años del siglo XVIII (2), afirma que se fundó, por orden del rey Alfonso III de Asturias, en el año 899, tres años más tarde, en el 902, está documentada una donación de tierras hecha al Monasterio por D. Gonzalo Téllez, conde de Lantarón y de Cerezo, y su esposa Doña Flámula, por lo que se les puede considerar como sus verdaderos fundadores. El Conde contó siempre con la confianza de Alfonso III, el último rey de Asturias, que le nombró conde de Cerezo y Lantarón en el año 897, extendiéndose sus dominios desde la ribera del Nervión hasta la Sierra de la Demanda, también aparece como conde de Castilla entre el 901 y el 904. El Conde falleció sin descendencia en el añ0 915 y, posiblemente poco antes de morir, hizo la cesión al Monasterio de Cardeña de un lugarejo llamado Cotar, situado en el valle del río Vena, un afluente del Arlanzón. Finalmente su viuda Flámula, para honrar la memoria de su difunto esposo, en el año 929 donó al Monasterio la villa de Pedernales, lugar de nacimiento del Conde, que corresponde a la actual Villagonzalo de Pedernales.

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Del primitivo templo románico queda en pie la conocida como Torre del Cid ó Torre de Doña Jimena, levantada entre las postrimerías del siglo X y los comienzos del XI. Esta torre defensiva quedó adosada al nuevo templo gótico y para acceder a sus pisos superiores se  construyó una escalera de caracol de gran belleza arquitectónica; en el siglo XV se le incorporó un cuarto cuerpo en el que se instaló el campanario, rematado por cuatro pináculos góticos decorados con gárgolas y un escudo del Monasterio. En la parte baja de la torre, sobre todo en las columnas y los capiteles de sus ventanas, todavía se pueden apreciar algunos elementos de carácter simbólico con motivos animales y vegetales, utilizados en el arte visigótico.

El nombre de la Torre rememora la estancia en ella de Doña Jimena, esposa del Cid, que vivió acompañada de sus dos hijas, María y Cristina, mientras duró el destierro de su esposo D. Rodrigo, expulsado de Castilla por el rey Alfonso VI; desde sus ventanas saeteras, Doña Jimena oteaba diariamente el horizonte con la esperanza de ver regresar al desterrado. Esto ocurría en la segunda mitad del siglo XI, siendo San Sisebuto abad del Monasterio (3), que para entonces ya se había convertido en un importante foco de cultura, con gran poder tanto económico como político, además de jurisdiccionalmente independiente. Los monjes amanuenses de  su famoso “Scriptorium Caradignense” elaboraron numerosos manuscritos, como la “Regla de San Benito”, “Los Diálogos” y “Los Morales”, de S. Gregorio Magno, aunque tal vez los más famosos sean “El Beato de Cardeña”, obra del siglo XI y “La Biblia de Burgos” del siglo XII, verdaderas obras de arte, bella y profusamente decorados, escritos con artísticas letras azul y oro; se elaboraron otros muchos “Códices”, que contribuyeron a difundir la cultura religiosa y literaria durante toda la Edad Media.

Abderramán III, primer Califa omeya del Al-Andalus, fue un verdadero “Señor de la Guerra”, el Califato de Córdoba se convirtió, bajo su impulso, en una de las potencias militares más poderosas y temibles de la época. Sus favoritas y principales víctimas lógicamente fueron los reinos cristianos de la península. De sus incursiones de saqueo, castigo y conquista no se libraron ni los Condados catalanes, ni Aragón, Navarra, La Rioja, Extremadura, Galicia ni, por supuesto, el Condado de Castilla, por cuyas tierras se internó en más de una ocasión, hasta que en el año 939 fue derrotado en la famosa batalla de Simancas por una coalición cristiana encabezada por el rey de León Ramiro II. Esta victoria cristiana abrió paso a un periodo de relativa tranquilidad que permitió afianzar y reforzar las fronteras cristianas al norte del Duero.

Cinco años antes, en el 934, Abderramán había encabezado una dura campaña de castigo que asoló Navarra, La Rioja y Álava, penetrando después en Burgos hasta llegar a Clunia, Huerta del Rey y Osma, en la actual provincia de Soria.

Aunque los datos documentales existentes no son demasiado fiables, parece ser que fue durante el transcurso de esta expedición, en el mes de agosto, cuando Abderramán y sus huestes saquearon y quemaron el Monasterio cisterciense de Cardeña, asesinando despiadadamente a sus 200 monjes, después de haberles martirizado.

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Los Santos Mártires, cuyos restos fueron enterrados en el claustro del Monasterio, fueron canonizados en el 1603 por Clemente VIII. A partir de su canonización, en torno a los Santos Mártires se va a producir una gran devoción y una enorme demanda de reliquias, al tiempo que comienza a difundirse la fama del Monasterio, que empieza a recibir la visita de numerosos devotos y peregrinos, que llegan a depositar sus exvotos y adquirir sus reliquias. Felipe III de España, también conocido como el Rey Piadoso y su esposa Doña Margarita de Austria, fueron fieles devotos de los Santos Mártires, acudiendo en más de una ocasión a visitar el Monasterio. Precisamente durante su reinado, siendo Abad D. Gaspar de Medina, los 200 monjes fueron canonizados.

Sobre esta trágica y célebre matanza se extendió la leyenda de que, cada aniversario del suceso, las losas del claustro donde fueron enterrados los monjes inmolados aparecían cubiertas de sangre, como prueba de que el dolor causado seguía vivo en la memoria del Monasterio. La sangre dejó de aparecer en el año 1492, coincidiendo con la total expulsión de los moros del territorio español por los Reyes Católicos.

La matanza de los 200 monjes ha sido también objeto de polémica entre diferentes historiadores, especialmente sobre la fecha del suceso y también sobre el número de monjes asesinados. Sánchez Albornoz mantiene la fecha del 934 como la más probable y en cuanto al número, resulta muy plausible pensar que las noticias de la razzia de Abderramán por las tierras vecinas indujera a muchos anacoretas que habitaban por los alrededores a buscar refugio seguro en el recinto monacal (4).

Gracias a los favores y privilegios concedidos por Condes y Reyes, el dominio abacial no dejó de crecer geográficamente, de norte a sur entre las márgenes del Ebro y el Duero y también por las estribaciones de la Cordillera Ibérica, teniendo como eje el curso del río Arlanzón. El territorio sobre el que ejercía jurisdicción Cardeña llegó a estar integrado por 76 villas y lugares.

 Uno de los grandes favorecedores del Monasterio fue García Fernández “El de las Manos Blancas”, hijo de Fernán González y Conde independiente de Castilla, quien en el año 972 marcó los primeros términos jurisdiccionales  del Monasterio, dotándole de fueros y privilegios; a su muerte, ocurrida en el año 995 en Medinaceli mientras era prisionero de Almanzor, sus restos fueron recuperados por su hijo Sancho García y enterrados en el Monasterio. En uno de los manuscritos encontrados figuraba la siguiente leyenda: “…fue preso e lanceado, e al quinto día fue muerto e levaron moros a Córdoba e después traxerónle a este Monasterio…”.

Otro personaje íntimamente ligado con la historia de Cardeña es el Cid Campeador, que partió de allí en el año 1081, camino del destierro, dejando a su mujer Jimena y sus hijas al cuidado de los monjes. El Cid murió en Valencia el año 1099. Tres años después, en mayo del 1102, sus restos, acompañados por Doña Jimena y escoltados por sus huestes, llegaron a Cardeña, donde fueron inhumados de nuevo, depositándose en la capilla de San Sisebuto.

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En el año 1735 en el lado derecho de la iglesia se construyó una capilla barroca, llamada del Cid,  en cuyo centro se instaló el doble sepulcro del Cid y Doña Jimena, fallecida hacia el año 1116 y enterrada igualmente el Monasterio. Este sepulcro, formado por las estatuas yacentes de los  dos esposos, fue construido en el siglo XVI. Durante la invasión napoleónica su tumba fue profanada y expoliada, trasladándose algunos restos al Paseo del Espolón. En 1840, recogidos en una urna, fueron trasladados a una dependencia de la Casa Consistorial de Burgos, allí permanecieron hasta que, en el 1921, los restos de ambos fueron solemnemente depositados  bajo una gran losa en el crucero central de la catedral de Burgos.

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La iglesia actual, de sobria fachada gótica, construida con piedra de sillería procedente de la cercana cantera de Hontoria, se construyó en el siglo XV sobre los restos de la primitiva iglesia románica. Consta de tres naves, adosándose posteriormente una capilla barroca, conocida como la  Capilla del Cid ó Capilla de los Héroes, pues en ella se encuentran 29 nichos con inscripciones de descendientes del Campeador y otros personajes históricos. Popularmente a esta capilla se la conocía como “El Escorial Burgalés”, debido a que entre los parientes del Cid figuran varios monarcas. Su interior resulta igualmente de gran sobriedad, destacando sus cinco ventanales góticos y los cuatro pilares de gran diámetro, de los que arrancan las nervaduras de los arcos, en cuyas dovelas aparecen escudos policromados.

Al fondo de una gran explanada, por cuyo lado derecho se deslizan las aguas del Arlanzón, se divisa la monumental fachada de entrada al Monasterio, con un gran portalón en el centro, sobre el que destaca la estatua barroca en piedra policromada del Cid “matamoros”, flanqueada por los escudos del Monasterio y Castilla y León.

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En el lado izquierdo de esta explanada se puede contemplar un monumento funerario levantado en homenaje a “Babieca”, famoso caballo del Cid que, según el “Cantar del mío Cid”, transportó el cadáver de su amo desde Valencia a Cardeña, donde murió un año después sin que nadie volviera a montarlo, siendo enterrado muy cerca de donde descansaban los restos de su amo. Unas excavaciones realizadas en el año 1949 no hallaron ningún tipo de restos.

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La vida monacal de Cardeña se vio interrumpida en 1836, como consecuencia de las leyes de exclaustración y desamortización dictadas por Mendizábal, quedando abandonado y dedicado a un sinfín de actividades que le causaron una importante degradación arquitectónica, a pesar de que hubo, en 1862, 1880 y 1901 algunos intentos de recuperarlo para el culto por parte de los benedictinos y los escolapios que no tuvieron resultado. En el 1905 se establecieron un grupo de capuchinos franceses que lo abandonaron en el 1921. En 1931 la República lo declaró Bien de Interés Cultural, incluyéndole en el Tesoro Artístico Nacional y en el 1933 llega un grupo de monjes cistercienses procedentes del cercano Monasterio palentino de San Isidro de Dueñas, aunque la actividad religiosa de la nueva comunidad se vio interrumpida en 1936, como consecuencia del estallido de la Guerra Civil. Hasta 1940 fue utilizado como campo de concentración de los prisioneros del ejército franquista.

Finalmente, en abril de 1942 regresaron los monjes palentinos del Monasterio de San Isidro de Dueñas, recuperando la categoría de priorato dependiente de la Abadía de Nuestra Señora de los Mártires y reanudando la vida monacal bajo la Regla de S. Benito de Nursia, dentro de la “Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia”. Unos años más tarde, en 1945 la comunidad cisterciense vuelve a ser Abadía y a tener un nuevo Abad en la persona de D. Jesús Álvarez Álvarez.

La vida de los monjes volvió a recuperar su tradicional tranquilidad, cumpliendo con su lema de “Ora et Labora”, dedicados a la oración, la explotación agrícola de sus ricas huertas y la elaboración en su antiquísima bodega de un excelente vino tinto de crianza, llamado “Valdevegón” , además del “Tizona”, famoso licor elaborado mediante la lenta maceración de hierbas autóctonas. Cuentan también con una sobria y tranquila Hospedería que dispone de 24 habitaciones, donde los viajeros amantes de la paz y la soledad podrán encontrar descanso para el cuerpo y relajación para el espíritu.

En enero de 1967 los 32 monjes del Monasterio, con su abad a la cabeza, tuvieron que luchar denodadamente contra un devastador incendio que se declaró en la techumbre, destruyéndola parcialmente, para ayudar a sofocarlo contaron con la ayuda de los bomberos de Burgos del Monasterio y de cinco camiones con soldados del Regimiento de Infantería San Marcial, que consiguieron extinguirlo por completo. Actualmente dicha techumbre está totalmente restaurada.

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NOTAS 

  • Véase la obra del P. Luciano Serrano “Fuentes para la Historia de Castilla” Tomo III (Valladolid 1910)
  • Fray Francisco de Berganza (1663-1738) era natural de Santibañez-Zarzaguda y escribió “Crónica del Real Monasterio de Cardeña”. Fue Abad del Monasterio durante doce años.
  • En el Poema del “Mío Cid” San Sisebuto, muerto en el 1086, aparece como el abad Sancho.
  • Sobre el tema se puede consultar a Claudio Sánchez Albornoz “Despoblación y repoblación del valle del Duero” y al burgalés Ismael García Rámila “Los Mártires de Cardeña”.

Autor: Paco Blanco, Barcelona, noviembre 2016

POR LA CUENCA DEL ARLANZÓN: Arlanzón y la Comarca de Juarros. -Por Francisco Blanco-.

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Al igual que las cercanas Villasur de Herreros y Urrez, Arlanzón también fue repoblada por vascones entre finales del siglo IX y principios del X, siendo Arlançón su nombre original. El municipio está integrado por cuatro entidades menores: Agés, Galarde, Santovenia de Oca y Zalduendo, a las que hay que añadir el barrio de Villalbura y el lugar de Villamórico, como se puede apreciar, en casi todas ellas se halla presente igualmente la toponimia vasca. Está situada en el curso medio del río de su mismo nombre, a una altitud inferior a los 1000 metros y a medio camino entre la montaña y el llano, separada de la capital burgalesa por apenas 20 kilómetros. Por cierto que dentro del término de Ages, el 15 de setiembre del año 1051 tuvo lugar la famosa batalla de Atapuerca, en la que el conde Fernando Sánchez I de Castilla derrotó a su hermano el rey García Sánchez III de Pamplona, en la que encontró la muerte. Con esta victoria, en la que participó activamente del lado castellano Diego Laínez,  padre del Cid, el Conde de Castilla recuperó los territorios que se habían anexionado los navarros.

Desde el siglo XII hasta el Censo de Floridablanca, a finales del XVIII, en el que pasó a formar parte de la Intendencia de Burgos, fue la cabeza de un Alfoz integrado por unas 45 villas que formaban una Comunidad. Desde el año 1192 tuvo  jurisdicción de abadengo y su propietaria era la abadesa del burgalés Monasterio de las Huelgas, que era quien nombraba su alcalde pedáneo y la que cobraba los correspondientes tributos, aunque también disfrutaban de algunos privilegios, como el de pastazgo y portazgo para su numerosa cabaña ganadera, base de su economía junto con la agricultura. Lógicamente, el fundador de las Huelgas, el rey Alfonso VIII, también fue un gran protector de la villa, a la que dotó de varios molinos harineros, lo que ha dado origen a una jota popular:

“¡Ay Lucía, Lucía, Lucía!
¡Qué polvo tiene el camino!
¡Qué polvo la carretera!
¡Qué polvo tiene el molin
¡Qué polvo la molinera!

 

También parece que durante algún tiempo sirvió como centro defensivo de la comarca, pues en lo alto de San Miguel quedan huellas de un emplazamiento militar, donde, posteriormente, en el siglo XII, se construyó la monumental iglesia románica del mismo nombre.

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                                                            Iglesia de San Miguel

La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, situada a orillas del río Arlanzón, es de planta basilical con una sola nave y muros de piedra de sillería. Entre los siglos XVI y XVIII se le fueron añadiendo diferentes edificaciones, como la torre campanario con una escalera de husillo para su acceso, o la sacristía, adosada al presbiterio. Tiene un ábside muy notable, de planta semicircular, dividida en cinco tramos con sus respectivas ventanas, rematadas con canecillos y separadas por columnas adosadas con capiteles decorados con motivos geométricos y vegetales, que le confieren una gran esbeltez.

La cubierta actual es de bóveda de crucería, aunque es muy posible que la original fuese de madera. La portada principal, situada en el muro norte, está precedida por un pórtico; actualmente está parcialmente tapada, sólo se accede por un vano de tres arquivoltas de medio punto. La portada del costado es mucho más sencilla, sin columnas y con tres arquivoltas de medio punto, la última rematada con artísticos  canecillos. En el interior destaca una arquería ciega que recorre el muro parcialmente. El presbiterio absidal está cubierto por un retablo barroco del siglo XVIII, de madera policromada con columnas salomónicas, es de grandes dimensiones, con banco, tres calles y una gran hornacina central, atribuido a Policarpo de Lanestrosa, que también es autor de algún retablo del Monasterio de las Huelgas; tanto en el muro norte como en el muro sur existen otros dos retablos de una sola calle, de madera  sin policromar. En realidad, todo el conjunto del templo recuerda bastante al de otras iglesias de la zona, como la de San Pedro de Tejada, San Juan de Ortega o la de Monasterio de Rodilla.

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                                                                   Ábside de la iglesia.

La fiesta patronal se celebra el 29 de setiembre, en honor de su patrono San Miguel Arcángel. En el mes de junio se organiza una Romería popular hasta la cercana San Juan de Ortega. También cuenta con gran arraigo la festividad de San Isidro Labrador, el 15 de mayo. Como atractivo turístico cuenta con la “Vía Verde de la Sierra de la Demanda”, que ofrece muchos itinerarios para practicar el senderismo y conocer más de cerca la agreste belleza de esta atractiva sierra burgalesa.

La Comarca de Juarros se encuentra en las estribaciones de la Sierra de la Demanda y está bañada por numerosos ríos y riachuelos, todos ellos pertenecientes a la cuenca del Arlanzón.  Juarros, en euskera “Xuarros”, significa olmos, en alusión a la abundancia de dicho árbol por toda la Comarca. La base de su economía, además de su natural riqueza forestal, la integran la ganadería y la agricultura, sin menospreciar la abundancia de pesca en su amplia cuenca fluvial. Por añadidura, la proximidad de la capital burgalesa y su estratégica situación geográfica la proporciona millones de visitantes a lo largo del año. El Camino Francés, uno de los más utilizados de de la Ruta Jacobea, la atraviesa de Este a Oeste desde el siglo XII, utilizando actualmente como eje la carretera N-120.

A partir de los comienzos de la repoblación de la zona, especialmente tras la formación de los Concejos, que pronto vieron la importancia y la necesidad de agruparse para velar y defender sus intereses comunes, se crea “La Junta de Juarros”, un organismo de carácter superior, con sus propias ordenanzas y con capacidad para dirimir pleitos e intervenir en litigios. Estaba presidida por un Alcalde Mayor, asistido por Alcaldes y Procuradores Generales y un Corregidor representando la autoridad real. Parece que la Institución fue aprobada y validada en el año 1145 por el rey Alfonso VII, aunque la primera relación documentada de su composición y propiedades es mucho más posterior y procede del Monasterio de Santa María de Bujedo. Los pueblos que se citan en dicha relación son los siguientes: Mozoncillo, Salgüero, Brieva, Santa Cruz, Cueva, San Millán, San Andrés, Ibeas, Cuzcurrita y Espinosa.

Hoy en día la “Junta de Juarros” sigue vigente, con alguna variación en lo referente a los pueblos que la integran, que son los siguientes: Ibeas, San Millán, Mozoncillo, Salgüero, San Adrián con su barrio Brieva, Santa Cruz, Cabañas, Matalindo, Cueva, Santa María de Bujedo, Espinosa y Cuzcurrita, ostentando todos ellos el apellido Juarros. Ni que decir tiene que su patrimonio Histórico-Artístico es impresionante y su ruta está jalonada de monasterios, ermitas, iglesias y hospitales, además de puentes, fuentes y calzadas, que la confieren un especial sabor medieval.

Santa María la Real de Bujedo de Juarros es uno de los primeros Monasterios que la Orden del Cister levantó en España y también uno de los más desconocidos, no sólo en España, sino incluso en la misma provincia de Burgos. También es cierto que se presta a confusión, puesto que existe otro con el mismo nombre en la localidad burgalesa de Bujedo de Candepajares, muy cercana a Miranda de Ebro y a la frontera con La Rioja, fundado por monjes premostratenses.

Para llegar a él hay que ir hasta Ibeas de Juarros, cruzar el río Arlanzón y recorrer unos 15 kilómetros por las estribaciones de la Sierra de la Demanda. Lo fundaron en la segunda mitad del siglo XII un grupo de monjes franceses encabezados por el Abad Fortunato, procedentes de la abadía francesa de Scala Dei. Su carta fundacional está fechada en el año 1182.

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Monasterio de Bujedo de Jaurros.

Tal vez el hecho de ser un cenobio con rentas modestas condicionó su desarrollo posterior y su rápida decadencia y abandono, que se aceleró a partir de las leyes desamortizadoras de 1835, quedando sometido al abandono y la rapiña. En 1931 la República le declaró Bien de Interés Cultural, sin embargo, el periodista burgalés Eduardo Ontañón en su libro “Estampa de Burgos”, nos cuenta como el complejo monástico estaba ocupado por familias y la iglesia se utilizaba como establo y almacén. Otro historiador y poeta burgalés, el sacerdote Bonifacio Zamora, nos dejó reflejadas sus impresiones sobre las ruinas del monasterio en una bella poesía:

“Pero tremenda realidad. Bugedo

no me recuerda nada,

sino desolación, espanto y miedo.

La iglesia abandonada,

los raros ventanales sin vidrieras,

la bóveda sembrada de goteras

y la nave crujiendo en las ojivas

han venido a parar, después de tanto

artístico esplendor, de templo santo

en un oscuro corralón de chivas…. ”

Finalmente, los restos del semiderruido complejo monástico se convirtieron en propiedad privada, al ser adquiridos por el jurista, financiero y ex Consejero del Banco Español de Crédito, D. Rafael Pérez Escolar, con vocación de mecenas, que llevó a cabo una magnífica restauración que en 1981 fue premiada por la Asociación “Europa Nostra”. A pesar de seguir siendo propiedad privada, los amantes de visitar nuestras joyas arquitectónicas lo pueden visitar domingos y festivos.

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Iglesia de San Martín.

La existencia de Santa Cruz de Juarros, como prácticamente la totalidad de los pueblos de la comarca se remonta al siglo X, aunque las primeras actas documentales que la mencionan son del año 1032, en el que ya aparece como cabeza del Alfoz de Juarros, dependiente de la Merindad de Castrojeriz, en lugar de a la de Burgos, mucho más cercana. Como cabeza de Alfoz disponía de un castillo defensivo, en el que residía el “Tenente”, jefe político y militar. En el siglo XII llegaron los monjes cistercienses del Monastario de Santa María, que tuvieron fuero propio. El castillo está prácticamente desaparecido, al igual que el barrio de Celada y otros muchos lugares cercanos, actualmente el pueblo está formado por los barrios de Cabañas y Matalindo. Durante el reinado de Alfonso XI pasó a depender del Monasterio de las Huelgas, a quien estaba obligado a pagar en el mes de noviembre, por la festividad de San Martín, los tributos en especie y en moneda conocidos como martiniega y fonsadera.

También la poderosa familia de los Velasco poseía varios solares. La agricultura y la ganadería bovina, especialmente la oveja merina, fueron las dos bases fundamentales de su economía, propiciada por la riqueza y abundancia de sus pastos y su cauce fluvial, que le permitió tener varios molinos y una estación de esquileo y lavado de la lana.

Además de la iglesia parroquial de San Martín, de estilo románico con muchos elementos góticos, levantada en el siglo XIV, a la que posteriormente, en el siglo XVII, se le añadió una torre barroca, cuenta con las ermitas de San Blas, San Pedro, levantada sobre las ruinas del viejo castillo, y Nuestra Señora de las Mercedes.

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A 15 kilómetros de burgos, en pleno Camino de Santiago, está enclavada la localidad de Ibeas de Juarros, puerta de acceso a la Sierra de la Demanda y también a los Yacimientos Arqueológicos de la Sierra de Atapuerca, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en el año 2000.

Como prácticamente toda la Comarca de Juarros, Ibeas fue repoblada en el siglo X, su primera referencia documental es del año 921 y procede del “Cartulario de Cardeña”, se trata de un acta de donación que hace el conde Gonzalo Díaz al Monasterio de San Pedro Cardeña (1) de unos terrenos situados en Ibeas, refiriéndose a ella como Ebegias, palabra de origen vascuence que quiere decir valle, En el año 1352 la propiedad del término se dividía entre D. Juan Estébanez de Burgos, perteneciente a la corte de Alfonso XI, y el Monasterio de San Cristóbal de Juarros, del que apenas quedan algunos restos  dispersos por los terrenos que actualmente ocupa el cementerio. A finales del siglo XVI, con el nombre de Aueas pasa a formar parte del Alfoz de Santa Cruz de Juarros que, curiosamente, pertenecía a la Merindad de Castrogeriz, pasando a tener jurisdicción de realengo. Su proximidad a la por entonces importante ciudad de Burgos, a la que suministraba productos agrícolas, además de intermediar en el floreciente comercio de la lana, ocasionará un importante desarrollo económico. Actualmente, su privilegiado enclave geográfico la proporciona una extraordinaria afluencia de visitantes, que acuden a disfrutar de su paisaje, sus monumentos y su gastronomía.

Su iglesia parroquial de San Martín es un templo de finales del siglo XV ó principios del XVI, de estilo tardo gótico con planta de cruz latina, cubierta con bóveda de crucería. La portada, situada en el muro sur está protegida por un pórtico del siglo XIX.

Cabe destacar también su Cruz de Canto, un mojón medieval que marcaba la separación del Condado de Castilla del reino de Navarra.

Claro que actualmente su principal atractivo son los cercanos yacimientos arqueológicos de Atapuerca. Ibeas es paso obligado para visitarlos y en el pueblo, desde principios de los años 90 se encuentra el “Aula Emiliano Aguirre” (2), una especie de Museo en el que se expone información sobre los yacimientos. Además, en el año 2009 se inauguró la sede de la “Fundación Atapuerca”. También son famosas sus apetitosas y brillantes alubias rojas, que se cultivan en los huertos de la ribera del Arlanzón y que son la base, junto con los productos derivados de la matanza del cerdo, de la riquísima “Olla Podrida de Burgos”, una de las indiscutibles joyas de la gastronomía de la Comarca de Juarros. En el centro de Ibeas, casi a la orilla de la N-120 y con amplia zona de aparcamiento, se encuentra un restaurante de tipo familiar, llamado “Los Claveles”, en el que degustar su especialidad, que es la “olla podrida”, se puede convertir en un verdadero acontecimiento gastronómico. (3)

NOTAS

  • El conde Gonzalo Díaz era hijo del conde Diego Rodríguez Porcelos, uno de los fundadores de la ciudad de Burgos.
  • Emiliano Aguirre es un paleontólogo que dirigió las excavaciones de Atapuerca desde 1978 hasta 1990 en que se jubiló.
  • Sobre la gastronomía de la zona se puede consultar el libro de Mari Carmen Zarzalejos “La Cocina del Camino de Santiago”, de Alianza Editorial.

Autor: Paco Blanco, Barcelona noviembre 2016

POR LA CUENCA DEL ARLANZÓN: Pineda de la Sierra y Villasur de Herreros. -Por Francisco Blanco-.

El río Arlanzón nace en el Pico de San Millán, a 2132 metros de altitud, en plena Sierra de la Demanda y después de recorrer 131 kilómetros por tierras burgalesas, se une al Arlanza poco antes de que este desemboque en el Pisuerga, pertenecientes los tres a la cuenca del Duero.

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Pineda de la Sierra

Una de las primeras localidades que atraviesa es Pineda de la Sierra, un pequeño pueblo serrano a 1200 metros de altura, enclavado  en un espléndido valle rodeado de montañas que superan los 2000, conocido como “El Valle del Sol”, que se puede considerar como uno de los parajes más bellos de la Sierra de la Demanda. Fue repoblado entre finales del siglo X y principios del XI, siéndole concedidos fueros por el conde Sancho García, el de “Los Buenos Fueros”; ya en el 1136, el rey Alfonso VII le concedió jurisdicción de realengo. En sus inmediaciones daba comienzo una cañada que llegó a enlazar con la Cañada Real Segoviana, de ricos y abundantes pastos, origen  de su importante cabaña de ovejas merinas, lo que propició su crecimiento, tanto económico como demográfico, llegando a superar los cuatrocientos habitantes en el siglo XIX.  El pueblo está formado por dos barrios separados por el curso del río y unidos por un viejo puente de piedra. En el del lado derecho se erigen algunas casas de piedra rojiza, con blasones en sus fachadas, construidas entre los siglos XVII y XVIII, la mayoría pertenecientes a ricos ganaderos. El resto de las casas también son de piedra de sillería, con pequeñas ventanas y tejados de dos vertientes, para evitar l acumulación de nieve, que suele ser temprana y abundante. En 1975 se montó la estación de esquí “Valle del Sol” a la que acudían buen número de esquiadores y aficionados a la nieve. Actualmente ha dejado de ser operativa, aunque se siguen conservando los remontes. Según noticias del Ayuntamiento, se han reiniciado gestiones oficiales para su reapertura. Desde aquí deseamos que dicha iniciativa se vea coronada por el éxito.

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El monumento más importante de Pineda es, sin duda, su iglesia románica de San Esteban Protomártir, una bella muestra de la Escuela de la Sierra. Construida posiblemente en el siglo XII, consta de una sola nave de planta basilical, con muros de piedra rojiza de sillería y cubierta con una bóveda de crucería, levantada en el siglo XVI para sustituir la primitiva de madera, rematada por una torre campanario. Destaca la belleza de su galería porticada, con cinco arquivoltas de medio punto a cada lado del arco de entrada, todas rematadas con capiteles decorados con motivos vegetales, destacando las hojas de palmera y acanto. La Iglesia ha sido declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumentos Históricos en el año 1983. También se pueden visitar las Ermitas del Santo Cristo y de San Pedro.

También hubo en Pineda algunas pequeñas explotaciones mineras, en las que se extraía carbón principalmente, además de minerales de cinc, cobre y plomo, que se agotaron muy rápidamente, pero que propiciaron la construcción de una línea de ferrocarril que facilitó el acceso a diferentes pueblos de la zona.

El atractivo turístico de este pintoresco pueblo se completa con la incorporación al incomparable paisaje que ofrece la Sierra de la Demanda y la cuenca del Arlanzón, de dos recientes embalses, el del Arlanzón, que se empezó a construir en el año 1929, siendo inaugurado en el 1933, y el de Urquiza, este más posterior, pues se inauguró a finales de los años ochenta, comenzando a funcionar en 1989. Ambos se construyeron para optimizar el abastecimiento de agua a Burgos y buena parte de su provincia. El de Urquiza, el más grande, se construyó como consecuencia de la insuficiencia del primero, tiene un dique de 56 m. de altura, una capacidad de 75 hm. cúbicos, ocupa una superficie de 313 hectáreas y más de veinte kilómetros de ribera. Bajo sus aguas permanecen sumergidos los restos de tres pueblos: Villorobe, que era el municipio y Urquiza y Herramiel, las entidades menores. El 12 de abril de 1977 sus vecinos se vieron obligados a abandonar sus hogares y sus posesiones y buscarse acomodo en otros lugares. (1)

Naturalmente el impacto paisajístico ha sido enorme, pero también se puede considera positivo. En las aguas de ambos embalses se puede practicar la navegación a vela, así como los deportes acuáticos, la navegación a vela y la pesca, y en sus riberas se han acondicionado zonas de ocio y de recreo, a las que acuden muchas familias, sobre todo durante los suaves y agradables meses del verano, a disfrutar de una plácida jornada campestre.

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Casi colindante a Pineda de la Sierra se encuentra la localidad de Villasur de Herreros, un caserío de estrechas callejas y casas de piedra rojiza de acusado sabor medieval, repoblado en el siglo X por gente procedente de Vasconia, tal como parece indicar su nombre original Villa Assur, el apellido de Herreros se debe a que bajo su románico puente de piedra se instaló una gran forja con yunque y fuelle, en la que, gracias a la calidad de las aguas del río, se templaban numerosos utensilios de hierro, armas incluidas, también disponía de un potro para herrar animales. En el año 1204 el rey Alfonso VIII la concede jurisdicción de abadengo, asignándola al Cabildo de la catedral de Burgos, que será su propietario durante varios siglos, hasta que en el siglo XVIII, con la reestructuración de las provincias, según el Catastro del Marqués de la Ensenada, pasó a formar parte del Alfoz de Burgos. En el siglo XIX se comenzó la explotación de una mina de carbón cuyas galerías llegaban hasta Pineda de la Sierra, lo que supuso un alivio para la economía local, basada en la agricultura y la ganadería. También le ha dado fama una fábrica de escobas de brezo que, a decir de los entendidos, son las mejores de toda la comarca, llegando incluso a venderse en Burgos.

La joya arquitectónica de Villasur, además de la Ermita de San Roque, es la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, construida en el siglo XII, de  estilo románico tardío con elementos góticos, tiene planta basilical y una sola nave, con muros de piedra de sillería y bóvedas de crucería. La portada se encuentra en el lado sur, formada por un sencillo arco de medio punto. El interior está formado por dos tramos separados por un arco fajón sostenido por tres columnas, finalizando en un ábside circular con dos capillas adosadas, sobre una de ellas se levanta la torre campanario. Dentro del recinto de la iglesia se pueden admirar hasta cuatro retablos barrocos de madera policromada, con detalles churriguerescos, realizados durante los años finales del siglo XVII y la segunda mitad del siglo XVIII. En sus hornacinas se pueden ver diferentes imágenes, destacando un Cristo en la Cruz y las tallas de la Virgen del Rosario, San Juan, San Roque y San Miguel Arcángel. El principal autor de la imaginería parece que fue el cántabro Martín de Perujillo, de la escuela Herreriana. En  la cercana Ermita de San Roque, recientemente restaurada, se ha instalada el Museo del Tren Minero, en el que se exponen muestras de la ctividad minera de la comarca relacionadas con la línea férrea Villafría-Monterrubio de la Demananda.

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Actualmente, los días 15 y 16 de agosto tienen lugar dos populares y concurridas romerías, la primera a la iglesia de la Asunción, con motivo de la festividad de la Virgen, y la segunda a la Ermita de San Roque. Tanto la imagen de la Virgen como la de San Roque son paseadas en andas por los vecinos, la de la Virgen por las mujeres y la del Santo por los hombres. Las Fiestas Patronales, sin embargo, se celebran el 24 de setiembre en honor de la Virgen de la Merced, patrona del lugar.

Urrez es una pedanía de Villasur de Herreros que también conserva su toponimia vasca, lo que hace suponer que su repoblación fue simultánea a o muy cercana. Se halla situada en el fondo de un valle, rodeada de viejos robles, hayas y cerezos, que además de recrear la vista, invitan a la relajación y el descanso. Es también el punto de partida de numerosas excursiones por la Sierra.

NOTAS 

  • Sobre el tema se puede consultar el libro de Elías Rubio Marcos, “Los pueblos del silencio” (año 2000)

Autor: Paco Blanco, Barcelona noviembre 2016

POR LA RUTA DE LA LANA-3. CABAÑA REAL DE CARRETEROS. -Por Francisco Blanco-.

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“Ya se van los pastores a la Extremadura,
ya se queda la sierra triste y oscura.
Ya se van los pastores, ya se van marchando
más de cuatro zagalas quedan llorando.
Ya se van los pastores hacia la majada,
ya se queda la sierra triste y callada.
Ya se van los pastores, volverán cantando,
los amores que dejan ahora llorando.”
(Canción popular)

La actividad de la trashumancia se fue intensificando a medida que los reinos cristianos iban ensanchando sus fronteras hasta apoderarse de toda la Península. Su máximo esplendor lo alcanzó con los Reyes Católicos y se prolongó hasta el siglo XVIII. Naturalmente la actividad de la trashumancia también dejó su huella en el paisaje, que sufrió una fuerte deforestación, debido a la necesidad de crear nuevos y frescos pastos con que alimentar los inmensos rebaños de ovejas trashumantes. Solamente por la Sierra de la Demanda burgalesa se movían más de 200.000 ovejas de la raza merina.

El comercio de la lana y su transporte se convirtió en una importante fuente de riqueza, creándose  ranchos de esquileo, molinos de lavado, almacenes y fábricas textiles, además de las cañadas reales por las que transitaba el ganado, con trazados de larga distancia que atravesaban la península de norte a sur, algunas de las cuales aún se conservan. La provincia de Burgos la atravesaba la Cañada Real Segoviana, de 500 km. que arrancaba en la Sierra de Neila, por tierra de pinares, y acababa en Badajoz.

El transporte de la lana, desde los lavaderos y secaderos, se hacía por medio de carretas de madera tiradas por bueyes, su principal destino, en principio, era la ciudad de Medina del Campo, en cuya Feria tenía lugar el mayor número de transacciones y  contrataciones textiles de la península, hasta que, a partir del 1300, la ciudad de Burgos se convirtió en el principal centro de recogida y distribución de la lana, de donde salía para su embarque en los puertos de Santander, Castro Urdiales  y Laredo, a los que más tarde, a partir de su fundación en el 1301 por el burgalés D. Diego López de Haro, se añadió Bilbao. Para potenciar y controlar este importante tráfico comercial, en 1493 los Reyes Católicos crearon en Burgos el Consulado del Mar, que se convirtió en el centro administrativo de dicho tráfico, desde donde se realizaban todas las exportaciones de lana, tanto a Flandes como a Inglaterra. Unos años más tarde, en el 1497, instituyeron también la “Cabaña Real de Carreteros, Trajineros y Cabañiles”, una especie de gremio o hermandad que incluía todos los carreteros de España, a la que se concedieron muchos privilegios, llegando a monopolizar prácticamente todo el transporte nacional de mercancías, tanto públicas como privadas, ocupando la lana un lugar destacado. La hermandad de Burgos-Soria, una de las más importantes, llegó a superar las 5000 carretas, con sus correspondientes bueyes. Estaba integrada por 12 poblaciones de Burgos y Soria, todas pertenecientes a la Tierra de Pinares. En 1821, durante el “Trienio Liberal”, le fueron suspendidos sus privilegios, finalmente, en 1836 durante el reinado de Isabel II, fue suprimida definitivamente.

El importante negocio de la lana, en el que participaban ganaderos, transportistas, feriantes, mercaderes, cambistas y banqueros que endosaban créditos y giraban letras de cambio, alcanzó su máximo apogeo a mediados del siglo XVIII, en que empezó a disminuir la cabaña trashumante y se abrieron nuevas rutas, como la de Orduña, que desviaba el tráfico de mercancías hacia los puertos de Santander y Vizcaya. A partir de aquí da comienzo, de forma paulatina pero inexorable, la decadencia de la capital burgalesa.

La Ruta de la Lana burgalesa incluye las siguientes poblaciones: Hinojar del Rey,Quintanarraya, Huerta del Rey, Arauzo de Miel, Manolar, Santo Domingo de Silos, Santibañez del Val, Retuerta, Covarrubias, Mecerreyes, Hontoria de la Cantera, Revillarruz y Saldaña de Burgos. Muchas de ellas están también incluidas en “La Ruta del Cid”, que señala el camino que siguió Rodrigo Díaz de Vivar cuando tuvo que abandonar el reino de Castilla, desterrado por su rey D. Alfonso VI. 

Una de ellas es la pequeña localidad de Mamolar, donde nace el río Lobos a más de mil metros de altitud, perteneciente a la Sierra de la Demanda. Durante algún tiempo en el pueblo existió una “carretería” o fábrica de carretas para el transporte.

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Muy próximo a Burgos se encuentra el pueblo de Saldaña de Burgos, en el que vale la pena visitar el Palacio de Saldañuela, construido entre los siglos XV y XVI con la piedra extraída de Hontoria de la Cantera, otro pueblo perteneciente a la Ruta de la Lana. Lo mandó construir la burgalesa Doña Isabel de Osorio, descendiente de D. Pedro de Cartagena, señor de Olmillos de Sasamón. Esta dama fue durante muchos años amante de Felipe II quién, en 1556, la había financiado con 6.800 ducados la compra de una extensa finca regada por el río Ausín, que incluía terrenos de Saldaña, Sarracín, Olmos Albos y Cojóbar. El Palacio se construyó adosado a una Torre-fortaleza ya existente y posiblemente fue obra del burgalés Juan de Vallejo ó alguno de sus discípulos; quedó terminado en 1560 y  allí se retiró Doña Isabel, a consolarse de su amor imposible, aunque parece ser que las relaciones con sus vecinos no fueron lo que se dice apacibles, pues pronto empezaron a referirse al Palacio como “la casa de la puta del Rey”.

En 1678 el palacio pertenecía al Marqués de Cañizares, D. Juan Felipe de Borja y Palafox Bermúdez de Castro, por esta época sufrió un devastador incendio que lo destruyó en gran parte. Ya en el siglo XX fue adquirido por Caja Burgos, que encargó su restauración al arquitecto  D.  Vicente Lampérez y Romea. De estilo Renacimiento italo-español, se trata de una de las más notables muestras de la arquitectura civil burgalesa. Destaca especialmente el pórtico de la fachada principal, visible desde la carretera de Burgos a Salas de los Infantes, con sus seis columnas cilíndricas con capiteles corintios, que soportan una galería con arcos y una bella balaustrada de piedra.

Volviendo al pueblo de Saldaña, situado en la orilla izquierda de la carretera que conduce a Soria y a la Tierra de Pinares, parece que su fundación, en el año 884, se debe al conde Diego Rodríguez, el mismo que fundara la ciudad de Burgos, de la cual dista apenas 10 kilómetros, a cuyo Alfoz pertenece. Actualmente lo forman dos barrios, Saldaña de Burgos y Las Ventas de Saldaña; también existió otra población llamada Saldañuela, propiedad del Monasterio de San Pedro de Cardeña, que en siglo XVI se convirtió en el Señorío de Saldañuela, que actualmente corresponde al ya mencionado Palacio de Saldañuela, propiedad de Doña Isabel de Osorio. No obstante, los conflictos jurisdiccionales entre el Monasterio y la señora de Saldañuela y sus herederos han durado hasta bien entrado el siglo XVIII. En el término municipal de Saldaña confluyen el Ausín con el Modúbar. En las afueras del pueblo se levanta un viejo molino que tal vez fue utilizado para el lavado de lana.

Paco Blanco, Barcelona, julio 2016

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POR LA RUTA DE LA LANA. CLUNIA. —Por Francisco Blanco—.

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La primitiva Clunia era una ciudad celtíbera de los arévacos, situada en el Alto de Castro, a más de mil metros de altitud y protegida por una muralla defensiva, muy próxima al cauce del río Arandilla, afluente del Duero. En la actualidad, sus restos forman parte del  término municipal de Peñalba de Castro, integrado en “La Ruta de la Lana”. Visitar sus importantes restos arqueológicos, que ocupan una extensión aproximada de 130 hectáreas,  puede resultar una grata experiencia para el viajero que se pasee por ellos. Se sitúan entre Coruña del Conde y Huerta del Rey, en la carretera de Aranda de Duero a Salas de los Infantes, a 91 km. de la capital burgalesa.

La ciudad arévaca fue destruida por Pompeyo en el año 72 a. C. tras más de 20 años de cercos y asedios por parte de diferentes caudillos romanos, siendo el escenario de los civiles enfrentamientos entre Pompeyo y Quinto Sertorio. También sufrió acosos por parte de Metelo, en su enfrentamiento con los vacceos, aliados de los arévacos, dentro del contexto de las Guerras Celtibéricas. Años después fue refundada por el emperador Tiberio, pasando a formar parte de la provincia romana “Hispania Citerior Tarraconensis”, convirtiéndose,  poco después, en la capital del “Conventus Juridicus Cluniensus”, alcanzando gran importancia como ciudad, en la que se instaló una Ceca en la que se llegaron a acuñar “ases, semises y dupondios”, monedas fraccionarias de la época en las que aparecía la efigie del emperador Tiberio. Su máximo esplendor llegó con la presencia de Servio Sulpicio Galba, que se había rebelado contra el emperador Nerón. Cuando Galba tuvo conocimiento de la muerte de Nerón, en el año 68 del siglo I, se auto coronó emperador, convirtiéndose Clunia en la capital del Imperio. A partir de aquí se llamó “Colonia Clunia Sulpicia”. Galba fue asesinado en el Senado Romano en enero del año 69, dejando el imperio sumido en una desastrosa guerra civil. En los años siguientes de la dominación romana el esplendor de Clunia todavía se mantuvo durante los dos primeros siglos de la Era Cristiana, llegando a tener alrededor de 30.000 habitantes, convirtiéndose en “Conventus”, centro administrativo, jurídico y religioso de un amplio territorio, dotado de importantes vías de comunicación, que comprendía la cuenca alta del Ebro hasta el Cantábrico y las cuencas alta y media del Duero. Asimismo, estaba dotada de Teatro, Termas, Foro, otros edificios públicos y numerosas casas señoriales, decoradas con hermosos mosaicos y de gran  solidez arquitectónica.

Su importancia empieza a decrecer a partir de los siglos III y IV, coincidiendo con la paulatina decadencia del Imperio Romano de Occidente y la aparición de los francos en la península, que llegaron a saquearla e incendiarla. La Ceca ó fábrica de moneda desaparece y la arquitectura urbana empieza a decaer y degradarse, aunque sigue conservando la capitalidad del “Conventus” hasta que los visigodos, ya instalados en Toledo, su capital, fundan una sede episcopal en la cercana ciudad de Uxama Argaela, también de origen celtibérico, que se corresponde con la actual ciudad soriana del Burgo de Osma (1).

La invasión de la península por parte de los árabes provocó, en el año 713, una nueva destrucción de la ciudad cluniacense, esta vez a cargo del general bereber Tarik ibn Ziyad, de la que ya no se recuperó. Durante la segunda mitad del siglo VIII, según la “Crónica de Alfonso III”, el rey de Asturias, Alfonso I, arrebató numerosas plazas a los árabes, entre ellas Mave, Amaya, Oca, Miranda, Revenga, Osma y Clunia, provocando al mismo tiempo, en la cuenca septentrional del Duero, una amplia franja semi-desértica o tierra de nadie, conocida como los “Campos Góticos, que se convirtió en la frontera entre el reino musulmán de los Omeyas y el emergente Condado de Castilla.

Según los “Anales Castellanos Primeros”, en el año 912, fue repoblada, junto a Aza y San Esteban de Gormaz, por el Conde burgalés Gonzalo Fernández (2), que desplazó su emplazamiento hasta la actual Coruña del Conde, donde todavía se encuentran numerosos restos de la antigua ciudad romana, convirtiéndose poco después en la cabeza del Alfoz de Clunia. A finales del siglo X, tras la “profiliación” de Espeja por el conde García Fernández y su esposa Doña Aba, el Alfoz de Clunia se convirtió en el más extenso de Condado de Castilla, abarcando un territorio que llegaba desde el Arlanza hasta el Duero. En el año 994 el caudillo árabe Almanzor se apoderó de las plazas de Clunia y San Esteban de Gormaz, que fueron recuperadas después de su muerte por el conde Sancho García, hijo de García Fernández.

En las ya abandonadas ruinas de la primitiva Clunia se mantuvo en pie, aunque ya bastante deteriorada, la ermita de Nuestra Señora de Castro, con una hospedería anexa, levantada sobre los restos de las antiguas construcciones romanas. Se trata de un pequeño templo de estilo románico, muy sencillo, posiblemente construido en el siglo XI durante la repoblación de que fue objeto Clunia por parte del Conde de Castilla Sancho García, nieto de Fernán González y bisnieto de Gonzalo Fernández. La fachada principal está formada por tres arcos de medio punto, que sirven de soportal. En el interior destaca un retablo barroco del siglo XVIII, en cuyo centro se encuentra una talla del siglo XII representando la Virgen con el Niño, éste de pie sobre sus rodillas, en lugar de sentado como es lo habitual. El retablo fue una donación de los jerónimos de Espeja en el año 1718 (5). También se encuentra en el Altar mayor la imagen de Santo Domingo de Guzmán, gran devoto de la Virgen, que visitó la ermita en varias ocasiones mientras fue Canónigo Regular de la catedral de Osma.  Actualmente la talla original de la Virgen y el  Niño se encuentra en la iglesia de Peñalba de Castro.

En los siglos XVI y XVIII fue objeto de importantes restauraciones, lo que motivó el aumento del culto y devoción a la Virgen. En el año 1989 se derribó la hospedería, quedando en pie la ermita, aunque su estado es de gran deterioro. No obstante, el culto a la Virgen continua vivo en la comarca. Cada año se organiza una popular y devota romería, que se encamina en procesión a rendir culto a su Virgen del Castro.

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Resulta casi increíble de creer, pero los valiosos restos de la ciudad cluniacense estuvieron abandonados durante varios siglos, a merced de toda clase de depredadores. Las primeras tareas de investigación y excavación de estas importantes y valiosas ruinas del Alto del Castro no tienen lugar hasta mediados del siglo XVIII, corriendo a cargo del canónigo del Burgo de Osma D. Juan Loperráez, que empieza a localizar los abundantes restos dispersos por los pueblos de alrededor, en especial las piedras de la desaparecida muralla, que se utilizaron para construir diferentes edificios privados y también religiosos, principalmente en la cercana Peñalba de Castro. También comienza las excavaciones del lugar donde se levantaba el teatro romano, del que traza un detallado plano.

Pero es en el año 1931 cuando Blas Taracena (3) inicia unas metódicas excavaciones del lugar, que duran hasta 1934, fecha en que las ruinas son declaradas Monumento Nacional y el Estado se hace cargo de su cuidado y conservación, pasando a depender de la Comisaría del Patrimonio Artístico y Cultural.

Desde el año 1958 es la Diputación Provincial de Burgos la que se hace cargo de los trabajos de excavación, bajo la dirección del Arqueólogo D. Pedro de Palol (4). Esta etapa dura hasta 1995 y en ella quedaron visibles los yacimientos del Foro, las Termas, el Edificio Flavio, la Casa nº 3 y parte del Teatro.

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A partir de esta fecha, los trabajos continúan a cargo de la Diputación burgalesa, que se hace con la propiedad del Yacimiento, procediendo a vallarlo y crear una infraestructura adecuada para la investigación y conservación del mismo, basado en un Plan Director redactado por la Junta de Castilla y León. En el 2009 se crea el “Consorcio Parque Arqueológico Ciudad Romana de Clunia”, que es quien actualmente gestiona el funcionamiento del Yacimiento.

Muchos restos escultóricos, así como gran cantidad de monedas, objetos de cerámica y documentos epigráficos se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y también en el de Burgos.

NOTAS 

  • En 1788 se publicó la obra de Juan Loperráez “Descripción Histórica del Obispado de Osma”
  • Gonzalo Fernández, conde de Burgos, era el padre de Fernán González. Por las mismas fechas, Osma fue repoblada por Gonzalo Téllez, Conde de Lantarón y de Cerezo.
  • Blas Taracena es un reputado arqueólogo soriano, nacido en 1895, director del Museo Numantino de Soria y también del Museo Arqueológico Nacional.
  • Pedro de Palol, Catedrático de Arqueología de la Universidad de Barcelona y Director del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación de Burgos.
  • El Monasterio jerónimo de Espeja en Soria fue fundado en 1403, pasando en el 1525 a ser propiedad de la Casa de Avellaneda. Fue abandonado en 1809, durante la Guerra de la Independencia, desapareciendo definitivamente durante la desamortización de Madoz.

Autor:  Paco Blanco, Barcelona octubre 2016

CEREZO DE RÍO TIRÓN Y SAN VÍTORES. -Por Francisco Blanco-.

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En el curso medio del río Tirón que, después de su nacimiento en la Sierra de la Demanda a más de 1800 metros de altura, recorre 30 kilómetros por tierras burgalesas antes de entrar en La Rioja, se encontraba la antigua frontera que separaba Segisamunculum,  la última ciudad de los autrigones,  de Lybia, primera ciudad de los beronos, dos tribus celtíberas que habitaron estas tierras allá por la Edad del Hierro. La primera es la actual localidad burgalesa de Cerezo de Río Tirón y la segunda es la riojana Herramélluri. Algunos restos de los siglos IV y III a. d. C. se conservan en el Museo Arqueológico de Burgos.

Los romanos llegaron hacia el siglo I a. d. C., utilizando la Calzada Romana que unía Tarragona con Astorga, y en el mismo emplazamiento fundaron la ciudad de Cesarea, en honor al emperador Augusto, que posiblemente acampó en ella durante alguna de sus campañas contra los cántabros.  Como muestra dejaron los dos soberbios puentes romanos de San Ciprián y San García. La Calzada Romana también fue aprovechada posteriormente por los numerosos peregrinos que desde Francia se dirigían a Santiago y  eran atendidos en el Monasterio-Hospital de San Jorge, fundado por el conde Gonzalo Téllez y su esposa Flámula en el año 913, dejándolo a cargo del abad Belasio.

De la estancia visigótica por estas tierras se tiene poca constancia, aunque parece ser que mientras estuvieron bajo el dominio del Conde Casio, de la familia de los Banu Qasi, confraternizaron con los primeros árabes que llegaron hasta el norte de la península, convirtiéndose en una plaza defensiva de los territorios del valle del Ebro que ya habían conquistado y estaban protegidos por las cercanas fortalezas musulmanas de Ibrillos, Grañón y Pazuengos, estas dos últimas ya en tierras riojanas. En el año 754 el rey Alfonso I de Asturias, que ya había arrebatado numerosos territorios a los árabes aprovechándose de la desbandada berebere, sobre el cerro más alto del pueblo mandó construir un castillo defensivo de forma triangular, con foso, muralla y torre del homenaje, que alcanzó un gran valor estratégico en los siglos siguientes, y tuvo que resistir, primero las embestidas de los árabes, especialmente por parte de Abderramán I y Abderramán III durante los siglos IX y X y, posteriormente, en el siglo XI, diferentes acosos por parte de navarros y castellanos que pretendían su posesión, hasta que en el año 1054, tras la batalla de Atapuerca, ganada por el conde Fernando I, pasó definitivamente a formar parte del Condado de Castilla. Posteriormente, en el siglo XV, durante el reinado de Juan II de Castilla, pasó a ser propiedad de los Velasco, Condes de Haro y más tarde Condestables de Castilla. Pocos años después empezó a sufrir un lento pero inexorable deterioro, acabando totalmente arruinado a mediados del siglo XIX. Actualmente tan solo son unos tristes restos arqueológicos que fotografían los turistas.

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A finales del siglo IX, durante el reinado de Alfonso III el Magno, se incorpora al reino de León bajo el nuevo nombre de Cerasio, de donde procede el gentilicio Cerezano. A la época visigótica también pertenecen unas cuevas excavadas en los cerros circundantes, como el de Valdemoro, que fueron utilizadas como eremitorios.

La repoblación medieval de Cerezo se inició, por orden del rey García I de León (1), entre los últimos años del siglo IX y los primeros del X y estuvo a cargo de Gonzalo Téllez, Conde de Lantarón, que la convierte en la cabeza de su condado, siendo nombrado también por el Rey leonés Conde de Cerezo. De esta forma puede decirse que comenzó la expansión territorial hacia el Duero de lo que pronto iba a ser el poderoso Condado de Castilla.

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El conde Gonzalo Téllez, según el “Cartulario de Valpuesta”, falleció sin sucesión sobre el año 919 ó tal vez antes. Le sucedió Fernando Díaz como conde de Álava, Lantarón y Cerezo. Este nuevo Conde luchó junto con los reyes Ordoño II de León y Sancho Garcés I de Pamplona por el dominio total de las tierras de La Rioja, que permanecían en poder de los árabes, cosa que se consiguió totalmente hacia el año 924. Su sucesor fue Álvaro Herrameliz, que ya había participado junto a Ordoño II en la conquista de Nájera y Viguera. Su mandato fue corto, pues murió hacia el año 932, al implicarse en una lucha fratricida entre los hermanos Alfonso IV y Ramiro II de León, fieramente enfrentados por ocupar el trono leonés. A partir de aquí Fernán González, que ya era conde de Burgos, se convirtió también en conde de Castilla, Álava, Lantarón y Cerezo. Comenzaba la hegemonía del Condado de Castilla.

En el Barrio de Arriba, frente a las ruinas del Castillo, también se pueden contemplar los restos de la iglesia de Nuestra Señora de Villalba, levantada en el siglo XVI, de estilo gótico tardío, de la que se mantiene la torre con el reloj. Al parecer la iglesia tenía un interesante retablo flamenco, cuyas valiosas tablas se encuentran en paradero desconocido.

Otra iglesia de la que sólo quedan unas tristes ruinas es la de Nuestra Señora de la Llana, románica del siglo XII, cuya magnífica portada se puede admirar en el Paseo de la Isla de la capital burgalesa. Fue la iglesia parroquial en cuyo entorno se configuró el antiguo casco urbano del pueblo. Su abandono y consecuente deterioro comenzó a principios del siglo XIX, quedando reducida en la actualidad a un montón de piedras. Además del retablo, milagrosamente recuperado, en el Museo de los Claustros de Nueva York se encuentra un artístico grupo de cuatro relieves que representan la Adoración de los Reyes Magos.

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La actual iglesia parroquial del pueblo, única que se conserva en pie, es la de San Nicolás de Bari, de estilo neoclásico, construida a finales  del siglo XVIII sobre los restos de otra del mismo nombre. La obra se dio por finalizada en el año 1804. Se trata de un templo de grandes dimensiones, con tres naves de cuatro tramos, linterna, sacristía y antesacristía. En su decoración se  emplearon diferentes retablos y elementos procedentes de las ruinas de otras iglesias, ermitas o monasterios cercanos. En la nave principal se encuentra el Altar Mayor, cuya cabecera la cubre una bóveda semiesférica sostenida por pechinas, detrás se encuentra la sacristía y al fondo el coro. Las naves laterales se cubren con bóvedas de ladrillo. Bajo el actual suelo de losas de mármol se encuentran numerosas sepulturas, algunas procedentes de la iglesia anterior. Todavía a la calle que está detrás de la iglesia se la conoce como la de “La Cementería”.

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A Cerezo de Río Tirón también le cabe el honor de ser la patria de San Vítores, un santo ermitaño nacido hacia el año 800, que pasó muchos años de su vida en soledad, viviendo y ocultándose  de la vecindad de los árabes en las cuevas de los alrededores, hasta que se decidió a abandonar esta vida de eremita y, tal vez inducido por la aparición de un ángel que le mostró su nuevo camino, se puso a predicar la fe cristiana, tan perseguida por aquellos tiempos, y lo hizo precisamente en su pueblo natal, que a la sazón estaba sitiado por los moros, instalándose en la ermita de Villalba, que después se convertiría en la iglesia parroquial del pueblo. Sus arengas, cargadas de vehemencia y de fe, levantaron el ánimo de los atemorizados cristianos, afianzándoles, al mismo tiempo, en sus creencias cristianas, consiguiendo incluso más de una conversión. Una leyenda le llega a atribuir la conversión de la princesa Coloma, hija del rey de Gaza. Tales actividades provocaron muy pronto la persecución de las autoridades árabes, que consiguieron capturarle mientras predicaba en el cercano pueblo de Quintanilla de las Dueñas, siendo de inmediato sometido a tormento. Fue atado y colgado de un madero en forma de cruz, y abandonado a la intemperie para que muriese lentamente de hambre, sed y frío y para que sirviera de advertencia y escarmiento a los que habían escuchado sus arengas. Pero Vítores, como si estuviera subido a un púlpito, siguió predicando sin cesar, como si nada le ocurriese, arengando a sus paisanos a mantenerse en la fe de Cristo y animándoles a luchar contra el moro invasor. Al cabo de tres días sin parar de rezar y predicar, fue descolgado y decapitado, este hecho parece que ocurrió el día 26 de agosto del año 850 y al santo se le empezó a representar predicando con la cabeza en la mano.

Poco después del martirio de San Vítores, hacia mediados del siglo IX, la zona quedó libre del acoso musulmán, y muchos árabes se convirtieron y bautizaron, pasando a formar parte de la comunidad cristiana. Los restos de San Vítores recibieron sepultura en un  sepulcro cavado en la piedra de una cueva cercana a Cubillas, dentro del término de Cerezo de Río Tirón. En el año 1446 los Condestables de Castilla mandaron construir en su honor el Convento de San Vítores (2), en la cercana localidad de Fresno de Río Tirón. Allí fueron trasladados los restos del santo, que fueron depositados en un arca situada en el retablo del Altar Mayor, convirtiéndose rápidamente en un lugar de veneración popular al que, cada 26 de agosto, acuden en romería numerosos vecinos de los pueblos de la comarca y también de La Rioja, Navarra y Cantabria, a rendir homenaje a su santo patrón. Los franciscanos, que habían ocupado el Convento desde 1625, lo abandonaron tras la Desamortización llevada a cabo por Mendizábal en el siglo XIX, pero el culto al santo todavía se mantiene gracias a la “Asociación Pueblos de San Vítores”, integrada por más de una veintena de pueblos, principalmente de Burgos y La Rioja.

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En la actualidad Cerezo de Río Tirón pertenece al partido judicial de Briviesca, en la comarca Demanda-Oca-Tirón, dentro de la zona geográfica conocida como “La Riojilla Burgalesa”, integrada por los siguiente pueblos: Bascuñana, Eterna, Castildelgado, Fresneña, Ibrillos, Redecilla del Camino, Redecilla del Campo, Viloria de Rioja, Cerezo de Río Tirón, Fresno de Río Tirón, Avellanosa de Rioja, Quintanilla del Monte en Rioja, Villamayor del Río, Sotillo de Rioja, San Pedro del Monte, San Cristóbal del Monte, Quintanilla de las Dueñas y Belorado, al que se considera la capital de la zona. Todos ellos comparten con los pueblos riojanos viejas costumbres y muchos siglos de cultura e historia.

En 1994 se constituye la “Mancomunidad de la Riojilla Burgalesa”, en la se agrupan los siguientes municipios: Bascuñana, Castildelgado, Fresneña, Ibrillos, Redecilla del Camino, Redecilla del Campo, San Vicente del Valle y Viloria de Rioja, la patria chica de Santo Domingo de la Calzada.

NOTAS 

  • García I fue el primer rey de León y era hijo de Alfonso III el Magno, último rey de Asturias.
  • Antes de la llegada de los franciscanos el Convento estuvo a cargo de la Orden de Predicadores.

Autor Paco Blanco, Barcelona setiembre 2016

MAQUETA DEL MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE RIOSECO. -Por Fernando de Miguel Hombría-.

EL MONASTERIO. (Pulsa)

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