POR LA CUENCA DEL ARLANZÓN: Pineda de la Sierra y Villasur de Herreros. -Por Francisco Blanco-.

El río Arlanzón nace en el Pico de San Millán, a 2132 metros de altitud, en plena Sierra de la Demanda y después de recorrer 131 kilómetros por tierras burgalesas, se une al Arlanza poco antes de que este desemboque en el Pisuerga, pertenecientes los tres a la cuenca del Duero.

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Pineda de la Sierra

Una de las primeras localidades que atraviesa es Pineda de la Sierra, un pequeño pueblo serrano a 1200 metros de altura, enclavado  en un espléndido valle rodeado de montañas que superan los 2000, conocido como “El Valle del Sol”, que se puede considerar como uno de los parajes más bellos de la Sierra de la Demanda. Fue repoblado entre finales del siglo X y principios del XI, siéndole concedidos fueros por el conde Sancho García, el de “Los Buenos Fueros”; ya en el 1136, el rey Alfonso VII le concedió jurisdicción de realengo. En sus inmediaciones daba comienzo una cañada que llegó a enlazar con la Cañada Real Segoviana, de ricos y abundantes pastos, origen  de su importante cabaña de ovejas merinas, lo que propició su crecimiento, tanto económico como demográfico, llegando a superar los cuatrocientos habitantes en el siglo XIX.  El pueblo está formado por dos barrios separados por el curso del río y unidos por un viejo puente de piedra. En el del lado derecho se erigen algunas casas de piedra rojiza, con blasones en sus fachadas, construidas entre los siglos XVII y XVIII, la mayoría pertenecientes a ricos ganaderos. El resto de las casas también son de piedra de sillería, con pequeñas ventanas y tejados de dos vertientes, para evitar l acumulación de nieve, que suele ser temprana y abundante. En 1975 se montó la estación de esquí “Valle del Sol” a la que acudían buen número de esquiadores y aficionados a la nieve. Actualmente ha dejado de ser operativa, aunque se siguen conservando los remontes. Según noticias del Ayuntamiento, se han reiniciado gestiones oficiales para su reapertura. Desde aquí deseamos que dicha iniciativa se vea coronada por el éxito.

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El monumento más importante de Pineda es, sin duda, su iglesia románica de San Esteban Protomártir, una bella muestra de la Escuela de la Sierra. Construida posiblemente en el siglo XII, consta de una sola nave de planta basilical, con muros de piedra rojiza de sillería y cubierta con una bóveda de crucería, levantada en el siglo XVI para sustituir la primitiva de madera, rematada por una torre campanario. Destaca la belleza de su galería porticada, con cinco arquivoltas de medio punto a cada lado del arco de entrada, todas rematadas con capiteles decorados con motivos vegetales, destacando las hojas de palmera y acanto. La Iglesia ha sido declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumentos Históricos en el año 1983. También se pueden visitar las Ermitas del Santo Cristo y de San Pedro.

También hubo en Pineda algunas pequeñas explotaciones mineras, en las que se extraía carbón principalmente, además de minerales de cinc, cobre y plomo, que se agotaron muy rápidamente, pero que propiciaron la construcción de una línea de ferrocarril que facilitó el acceso a diferentes pueblos de la zona.

El atractivo turístico de este pintoresco pueblo se completa con la incorporación al incomparable paisaje que ofrece la Sierra de la Demanda y la cuenca del Arlanzón, de dos recientes embalses, el del Arlanzón, que se empezó a construir en el año 1929, siendo inaugurado en el 1933, y el de Urquiza, este más posterior, pues se inauguró a finales de los años ochenta, comenzando a funcionar en 1989. Ambos se construyeron para optimizar el abastecimiento de agua a Burgos y buena parte de su provincia. El de Urquiza, el más grande, se construyó como consecuencia de la insuficiencia del primero, tiene un dique de 56 m. de altura, una capacidad de 75 hm. cúbicos, ocupa una superficie de 313 hectáreas y más de veinte kilómetros de ribera. Bajo sus aguas permanecen sumergidos los restos de tres pueblos: Villorobe, que era el municipio y Urquiza y Herramiel, las entidades menores. El 12 de abril de 1977 sus vecinos se vieron obligados a abandonar sus hogares y sus posesiones y buscarse acomodo en otros lugares. (1)

Naturalmente el impacto paisajístico ha sido enorme, pero también se puede considera positivo. En las aguas de ambos embalses se puede practicar la navegación a vela, así como los deportes acuáticos, la navegación a vela y la pesca, y en sus riberas se han acondicionado zonas de ocio y de recreo, a las que acuden muchas familias, sobre todo durante los suaves y agradables meses del verano, a disfrutar de una plácida jornada campestre.

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Casi colindante a Pineda de la Sierra se encuentra la localidad de Villasur de Herreros, un caserío de estrechas callejas y casas de piedra rojiza de acusado sabor medieval, repoblado en el siglo X por gente procedente de Vasconia, tal como parece indicar su nombre original Villa Assur, el apellido de Herreros se debe a que bajo su románico puente de piedra se instaló una gran forja con yunque y fuelle, en la que, gracias a la calidad de las aguas del río, se templaban numerosos utensilios de hierro, armas incluidas, también disponía de un potro para herrar animales. En el año 1204 el rey Alfonso VIII la concede jurisdicción de abadengo, asignándola al Cabildo de la catedral de Burgos, que será su propietario durante varios siglos, hasta que en el siglo XVIII, con la reestructuración de las provincias, según el Catastro del Marqués de la Ensenada, pasó a formar parte del Alfoz de Burgos. En el siglo XIX se comenzó la explotación de una mina de carbón cuyas galerías llegaban hasta Pineda de la Sierra, lo que supuso un alivio para la economía local, basada en la agricultura y la ganadería. También le ha dado fama una fábrica de escobas de brezo que, a decir de los entendidos, son las mejores de toda la comarca, llegando incluso a venderse en Burgos.

La joya arquitectónica de Villasur, además de la Ermita de San Roque, es la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, construida en el siglo XII, de  estilo románico tardío con elementos góticos, tiene planta basilical y una sola nave, con muros de piedra de sillería y bóvedas de crucería. La portada se encuentra en el lado sur, formada por un sencillo arco de medio punto. El interior está formado por dos tramos separados por un arco fajón sostenido por tres columnas, finalizando en un ábside circular con dos capillas adosadas, sobre una de ellas se levanta la torre campanario. Dentro del recinto de la iglesia se pueden admirar hasta cuatro retablos barrocos de madera policromada, con detalles churriguerescos, realizados durante los años finales del siglo XVII y la segunda mitad del siglo XVIII. En sus hornacinas se pueden ver diferentes imágenes, destacando un Cristo en la Cruz y las tallas de la Virgen del Rosario, San Juan, San Roque y San Miguel Arcángel. El principal autor de la imaginería parece que fue el cántabro Martín de Perujillo, de la escuela Herreriana. En  la cercana Ermita de San Roque, recientemente restaurada, se ha instalada el Museo del Tren Minero, en el que se exponen muestras de la ctividad minera de la comarca relacionadas con la línea férrea Villafría-Monterrubio de la Demananda.

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Actualmente, los días 15 y 16 de agosto tienen lugar dos populares y concurridas romerías, la primera a la iglesia de la Asunción, con motivo de la festividad de la Virgen, y la segunda a la Ermita de San Roque. Tanto la imagen de la Virgen como la de San Roque son paseadas en andas por los vecinos, la de la Virgen por las mujeres y la del Santo por los hombres. Las Fiestas Patronales, sin embargo, se celebran el 24 de setiembre en honor de la Virgen de la Merced, patrona del lugar.

Urrez es una pedanía de Villasur de Herreros que también conserva su toponimia vasca, lo que hace suponer que su repoblación fue simultánea a o muy cercana. Se halla situada en el fondo de un valle, rodeada de viejos robles, hayas y cerezos, que además de recrear la vista, invitan a la relajación y el descanso. Es también el punto de partida de numerosas excursiones por la Sierra.

NOTAS 

  • Sobre el tema se puede consultar el libro de Elías Rubio Marcos, “Los pueblos del silencio” (año 2000)

Autor: Paco Blanco, Barcelona noviembre 2016

POR LA RUTA DE LA LANA-3. CABAÑA REAL DE CARRETEROS. -Por Francisco Blanco-.

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“Ya se van los pastores a la Extremadura,
ya se queda la sierra triste y oscura.
Ya se van los pastores, ya se van marchando
más de cuatro zagalas quedan llorando.
Ya se van los pastores hacia la majada,
ya se queda la sierra triste y callada.
Ya se van los pastores, volverán cantando,
los amores que dejan ahora llorando.”
(Canción popular)

La actividad de la trashumancia se fue intensificando a medida que los reinos cristianos iban ensanchando sus fronteras hasta apoderarse de toda la Península. Su máximo esplendor lo alcanzó con los Reyes Católicos y se prolongó hasta el siglo XVIII. Naturalmente la actividad de la trashumancia también dejó su huella en el paisaje, que sufrió una fuerte deforestación, debido a la necesidad de crear nuevos y frescos pastos con que alimentar los inmensos rebaños de ovejas trashumantes. Solamente por la Sierra de la Demanda burgalesa se movían más de 200.000 ovejas de la raza merina.

El comercio de la lana y su transporte se convirtió en una importante fuente de riqueza, creándose  ranchos de esquileo, molinos de lavado, almacenes y fábricas textiles, además de las cañadas reales por las que transitaba el ganado, con trazados de larga distancia que atravesaban la península de norte a sur, algunas de las cuales aún se conservan. La provincia de Burgos la atravesaba la Cañada Real Segoviana, de 500 km. que arrancaba en la Sierra de Neila, por tierra de pinares, y acababa en Badajoz.

El transporte de la lana, desde los lavaderos y secaderos, se hacía por medio de carretas de madera tiradas por bueyes, su principal destino, en principio, era la ciudad de Medina del Campo, en cuya Feria tenía lugar el mayor número de transacciones y  contrataciones textiles de la península, hasta que, a partir del 1300, la ciudad de Burgos se convirtió en el principal centro de recogida y distribución de la lana, de donde salía para su embarque en los puertos de Santander, Castro Urdiales  y Laredo, a los que más tarde, a partir de su fundación en el 1301 por el burgalés D. Diego López de Haro, se añadió Bilbao. Para potenciar y controlar este importante tráfico comercial, en 1493 los Reyes Católicos crearon en Burgos el Consulado del Mar, que se convirtió en el centro administrativo de dicho tráfico, desde donde se realizaban todas las exportaciones de lana, tanto a Flandes como a Inglaterra. Unos años más tarde, en el 1497, instituyeron también la “Cabaña Real de Carreteros, Trajineros y Cabañiles”, una especie de gremio o hermandad que incluía todos los carreteros de España, a la que se concedieron muchos privilegios, llegando a monopolizar prácticamente todo el transporte nacional de mercancías, tanto públicas como privadas, ocupando la lana un lugar destacado. La hermandad de Burgos-Soria, una de las más importantes, llegó a superar las 5000 carretas, con sus correspondientes bueyes. Estaba integrada por 12 poblaciones de Burgos y Soria, todas pertenecientes a la Tierra de Pinares. En 1821, durante el “Trienio Liberal”, le fueron suspendidos sus privilegios, finalmente, en 1836 durante el reinado de Isabel II, fue suprimida definitivamente.

El importante negocio de la lana, en el que participaban ganaderos, transportistas, feriantes, mercaderes, cambistas y banqueros que endosaban créditos y giraban letras de cambio, alcanzó su máximo apogeo a mediados del siglo XVIII, en que empezó a disminuir la cabaña trashumante y se abrieron nuevas rutas, como la de Orduña, que desviaba el tráfico de mercancías hacia los puertos de Santander y Vizcaya. A partir de aquí da comienzo, de forma paulatina pero inexorable, la decadencia de la capital burgalesa.

La Ruta de la Lana burgalesa incluye las siguientes poblaciones: Hinojar del Rey,Quintanarraya, Huerta del Rey, Arauzo de Miel, Manolar, Santo Domingo de Silos, Santibañez del Val, Retuerta, Covarrubias, Mecerreyes, Hontoria de la Cantera, Revillarruz y Saldaña de Burgos. Muchas de ellas están también incluidas en “La Ruta del Cid”, que señala el camino que siguió Rodrigo Díaz de Vivar cuando tuvo que abandonar el reino de Castilla, desterrado por su rey D. Alfonso VI. 

Una de ellas es la pequeña localidad de Mamolar, donde nace el río Lobos a más de mil metros de altitud, perteneciente a la Sierra de la Demanda. Durante algún tiempo en el pueblo existió una “carretería” o fábrica de carretas para el transporte.

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Muy próximo a Burgos se encuentra el pueblo de Saldaña de Burgos, en el que vale la pena visitar el Palacio de Saldañuela, construido entre los siglos XV y XVI con la piedra extraída de Hontoria de la Cantera, otro pueblo perteneciente a la Ruta de la Lana. Lo mandó construir la burgalesa Doña Isabel de Osorio, descendiente de D. Pedro de Cartagena, señor de Olmillos de Sasamón. Esta dama fue durante muchos años amante de Felipe II quién, en 1556, la había financiado con 6.800 ducados la compra de una extensa finca regada por el río Ausín, que incluía terrenos de Saldaña, Sarracín, Olmos Albos y Cojóbar. El Palacio se construyó adosado a una Torre-fortaleza ya existente y posiblemente fue obra del burgalés Juan de Vallejo ó alguno de sus discípulos; quedó terminado en 1560 y  allí se retiró Doña Isabel, a consolarse de su amor imposible, aunque parece ser que las relaciones con sus vecinos no fueron lo que se dice apacibles, pues pronto empezaron a referirse al Palacio como “la casa de la puta del Rey”.

En 1678 el palacio pertenecía al Marqués de Cañizares, D. Juan Felipe de Borja y Palafox Bermúdez de Castro, por esta época sufrió un devastador incendio que lo destruyó en gran parte. Ya en el siglo XX fue adquirido por Caja Burgos, que encargó su restauración al arquitecto  D.  Vicente Lampérez y Romea. De estilo Renacimiento italo-español, se trata de una de las más notables muestras de la arquitectura civil burgalesa. Destaca especialmente el pórtico de la fachada principal, visible desde la carretera de Burgos a Salas de los Infantes, con sus seis columnas cilíndricas con capiteles corintios, que soportan una galería con arcos y una bella balaustrada de piedra.

Volviendo al pueblo de Saldaña, situado en la orilla izquierda de la carretera que conduce a Soria y a la Tierra de Pinares, parece que su fundación, en el año 884, se debe al conde Diego Rodríguez, el mismo que fundara la ciudad de Burgos, de la cual dista apenas 10 kilómetros, a cuyo Alfoz pertenece. Actualmente lo forman dos barrios, Saldaña de Burgos y Las Ventas de Saldaña; también existió otra población llamada Saldañuela, propiedad del Monasterio de San Pedro de Cardeña, que en siglo XVI se convirtió en el Señorío de Saldañuela, que actualmente corresponde al ya mencionado Palacio de Saldañuela, propiedad de Doña Isabel de Osorio. No obstante, los conflictos jurisdiccionales entre el Monasterio y la señora de Saldañuela y sus herederos han durado hasta bien entrado el siglo XVIII. En el término municipal de Saldaña confluyen el Ausín con el Modúbar. En las afueras del pueblo se levanta un viejo molino que tal vez fue utilizado para el lavado de lana.

Paco Blanco, Barcelona, julio 2016

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RAFAEL SÁNCHEZ-GRANDE MORENO. -Escritor-

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Nació en 1965 en Madrid. Se licenció en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad, trabaja de bibliotecario en un bibliobús de la Junta de Castilla-La Mancha, que presta servicio a los pueblos de la provincia de Guadalajara. Es autor de varias novelas, cuentos, comics y poesías. Fue finalista en el Certamen Internacional de Poesía Generación del 27, celebrado en Ciudad de la Plata (Argentina) y en un Concurso de Comics sobre el deporte, convocado en 1999 por la Diputación Provincial de Jaén. Tiene autoeditado en la plataforma Blurb la novela “Un pequeño bache en mi camino”.

En 2016, y a través de la editorial burgalesa Dossoles, amplió su amor por la literatura publicando la novela: “El árbol solitario del páramo”. Se trata de una novela breve (110 pags.) de intriga y misterio, con toques sobrenaturales, cuya acción transcurre en las misteriosas y frías parameras del norte de Burgos, y que por fin vio la luz, tras años de esfuerzo. Todo empezó hace 30 años, durante un viaje por el páramo burgalés, cuando el autor quedó tan cautivado por tan desolado pero bello paisaje que le  inspiró esta historia.

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Puedes adquirir AQUÍ la novela.

SINOPSIS:  Mitad de la década de los años 80. Rafael, un joven escritor madrileño en plena crisis de creatividad, viaja hasta una remota aldea, perdida en los fríos páramos del norte de la provincia de Burgos, en busca de reposo. Pero algo romperá allí su ansiado descanso: unos extraños acontecimientos, que involucrarán al forastero en un antiguo misterio. Porque a veces, algo más poderoso que las leyes humanas e incluso que las de la propia naturaleza, es capaz de enfrentarse y vencer a la tiranía del tiempo.

El árbol solitario del páramo, es una novela de intriga, donde el desolado pero bello paisaje de la paramera burgalesa es un protagonista más de esta emocionante historia.

POR LA RUTA DE LA LANA. CLUNIA. —Por Francisco Blanco—.

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La primitiva Clunia era una ciudad celtíbera de los arévacos, situada en el Alto de Castro, a más de mil metros de altitud y protegida por una muralla defensiva, muy próxima al cauce del río Arandilla, afluente del Duero. En la actualidad, sus restos forman parte del  término municipal de Peñalba de Castro, integrado en “La Ruta de la Lana”. Visitar sus importantes restos arqueológicos, que ocupan una extensión aproximada de 130 hectáreas,  puede resultar una grata experiencia para el viajero que se pasee por ellos. Se sitúan entre Coruña del Conde y Huerta del Rey, en la carretera de Aranda de Duero a Salas de los Infantes, a 91 km. de la capital burgalesa.

La ciudad arévaca fue destruida por Pompeyo en el año 72 a. C. tras más de 20 años de cercos y asedios por parte de diferentes caudillos romanos, siendo el escenario de los civiles enfrentamientos entre Pompeyo y Quinto Sertorio. También sufrió acosos por parte de Metelo, en su enfrentamiento con los vacceos, aliados de los arévacos, dentro del contexto de las Guerras Celtibéricas. Años después fue refundada por el emperador Tiberio, pasando a formar parte de la provincia romana “Hispania Citerior Tarraconensis”, convirtiéndose,  poco después, en la capital del “Conventus Juridicus Cluniensus”, alcanzando gran importancia como ciudad, en la que se instaló una Ceca en la que se llegaron a acuñar “ases, semises y dupondios”, monedas fraccionarias de la época en las que aparecía la efigie del emperador Tiberio. Su máximo esplendor llegó con la presencia de Servio Sulpicio Galba, que se había rebelado contra el emperador Nerón. Cuando Galba tuvo conocimiento de la muerte de Nerón, en el año 68 del siglo I, se auto coronó emperador, convirtiéndose Clunia en la capital del Imperio. A partir de aquí se llamó “Colonia Clunia Sulpicia”. Galba fue asesinado en el Senado Romano en enero del año 69, dejando el imperio sumido en una desastrosa guerra civil. En los años siguientes de la dominación romana el esplendor de Clunia todavía se mantuvo durante los dos primeros siglos de la Era Cristiana, llegando a tener alrededor de 30.000 habitantes, convirtiéndose en “Conventus”, centro administrativo, jurídico y religioso de un amplio territorio, dotado de importantes vías de comunicación, que comprendía la cuenca alta del Ebro hasta el Cantábrico y las cuencas alta y media del Duero. Asimismo, estaba dotada de Teatro, Termas, Foro, otros edificios públicos y numerosas casas señoriales, decoradas con hermosos mosaicos y de gran  solidez arquitectónica.

Su importancia empieza a decrecer a partir de los siglos III y IV, coincidiendo con la paulatina decadencia del Imperio Romano de Occidente y la aparición de los francos en la península, que llegaron a saquearla e incendiarla. La Ceca ó fábrica de moneda desaparece y la arquitectura urbana empieza a decaer y degradarse, aunque sigue conservando la capitalidad del “Conventus” hasta que los visigodos, ya instalados en Toledo, su capital, fundan una sede episcopal en la cercana ciudad de Uxama Argaela, también de origen celtibérico, que se corresponde con la actual ciudad soriana del Burgo de Osma (1).

La invasión de la península por parte de los árabes provocó, en el año 713, una nueva destrucción de la ciudad cluniacense, esta vez a cargo del general bereber Tarik ibn Ziyad, de la que ya no se recuperó. Durante la segunda mitad del siglo VIII, según la “Crónica de Alfonso III”, el rey de Asturias, Alfonso I, arrebató numerosas plazas a los árabes, entre ellas Mave, Amaya, Oca, Miranda, Revenga, Osma y Clunia, provocando al mismo tiempo, en la cuenca septentrional del Duero, una amplia franja semi-desértica o tierra de nadie, conocida como los “Campos Góticos, que se convirtió en la frontera entre el reino musulmán de los Omeyas y el emergente Condado de Castilla.

Según los “Anales Castellanos Primeros”, en el año 912, fue repoblada, junto a Aza y San Esteban de Gormaz, por el Conde burgalés Gonzalo Fernández (2), que desplazó su emplazamiento hasta la actual Coruña del Conde, donde todavía se encuentran numerosos restos de la antigua ciudad romana, convirtiéndose poco después en la cabeza del Alfoz de Clunia. A finales del siglo X, tras la “profiliación” de Espeja por el conde García Fernández y su esposa Doña Aba, el Alfoz de Clunia se convirtió en el más extenso de Condado de Castilla, abarcando un territorio que llegaba desde el Arlanza hasta el Duero. En el año 994 el caudillo árabe Almanzor se apoderó de las plazas de Clunia y San Esteban de Gormaz, que fueron recuperadas después de su muerte por el conde Sancho García, hijo de García Fernández.

En las ya abandonadas ruinas de la primitiva Clunia se mantuvo en pie, aunque ya bastante deteriorada, la ermita de Nuestra Señora de Castro, con una hospedería anexa, levantada sobre los restos de las antiguas construcciones romanas. Se trata de un pequeño templo de estilo románico, muy sencillo, posiblemente construido en el siglo XI durante la repoblación de que fue objeto Clunia por parte del Conde de Castilla Sancho García, nieto de Fernán González y bisnieto de Gonzalo Fernández. La fachada principal está formada por tres arcos de medio punto, que sirven de soportal. En el interior destaca un retablo barroco del siglo XVIII, en cuyo centro se encuentra una talla del siglo XII representando la Virgen con el Niño, éste de pie sobre sus rodillas, en lugar de sentado como es lo habitual. El retablo fue una donación de los jerónimos de Espeja en el año 1718 (5). También se encuentra en el Altar mayor la imagen de Santo Domingo de Guzmán, gran devoto de la Virgen, que visitó la ermita en varias ocasiones mientras fue Canónigo Regular de la catedral de Osma.  Actualmente la talla original de la Virgen y el  Niño se encuentra en la iglesia de Peñalba de Castro.

En los siglos XVI y XVIII fue objeto de importantes restauraciones, lo que motivó el aumento del culto y devoción a la Virgen. En el año 1989 se derribó la hospedería, quedando en pie la ermita, aunque su estado es de gran deterioro. No obstante, el culto a la Virgen continua vivo en la comarca. Cada año se organiza una popular y devota romería, que se encamina en procesión a rendir culto a su Virgen del Castro.

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Resulta casi increíble de creer, pero los valiosos restos de la ciudad cluniacense estuvieron abandonados durante varios siglos, a merced de toda clase de depredadores. Las primeras tareas de investigación y excavación de estas importantes y valiosas ruinas del Alto del Castro no tienen lugar hasta mediados del siglo XVIII, corriendo a cargo del canónigo del Burgo de Osma D. Juan Loperráez, que empieza a localizar los abundantes restos dispersos por los pueblos de alrededor, en especial las piedras de la desaparecida muralla, que se utilizaron para construir diferentes edificios privados y también religiosos, principalmente en la cercana Peñalba de Castro. También comienza las excavaciones del lugar donde se levantaba el teatro romano, del que traza un detallado plano.

Pero es en el año 1931 cuando Blas Taracena (3) inicia unas metódicas excavaciones del lugar, que duran hasta 1934, fecha en que las ruinas son declaradas Monumento Nacional y el Estado se hace cargo de su cuidado y conservación, pasando a depender de la Comisaría del Patrimonio Artístico y Cultural.

Desde el año 1958 es la Diputación Provincial de Burgos la que se hace cargo de los trabajos de excavación, bajo la dirección del Arqueólogo D. Pedro de Palol (4). Esta etapa dura hasta 1995 y en ella quedaron visibles los yacimientos del Foro, las Termas, el Edificio Flavio, la Casa nº 3 y parte del Teatro.

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A partir de esta fecha, los trabajos continúan a cargo de la Diputación burgalesa, que se hace con la propiedad del Yacimiento, procediendo a vallarlo y crear una infraestructura adecuada para la investigación y conservación del mismo, basado en un Plan Director redactado por la Junta de Castilla y León. En el 2009 se crea el “Consorcio Parque Arqueológico Ciudad Romana de Clunia”, que es quien actualmente gestiona el funcionamiento del Yacimiento.

Muchos restos escultóricos, así como gran cantidad de monedas, objetos de cerámica y documentos epigráficos se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y también en el de Burgos.

NOTAS 

  • En 1788 se publicó la obra de Juan Loperráez “Descripción Histórica del Obispado de Osma”
  • Gonzalo Fernández, conde de Burgos, era el padre de Fernán González. Por las mismas fechas, Osma fue repoblada por Gonzalo Téllez, Conde de Lantarón y de Cerezo.
  • Blas Taracena es un reputado arqueólogo soriano, nacido en 1895, director del Museo Numantino de Soria y también del Museo Arqueológico Nacional.
  • Pedro de Palol, Catedrático de Arqueología de la Universidad de Barcelona y Director del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación de Burgos.
  • El Monasterio jerónimo de Espeja en Soria fue fundado en 1403, pasando en el 1525 a ser propiedad de la Casa de Avellaneda. Fue abandonado en 1809, durante la Guerra de la Independencia, desapareciendo definitivamente durante la desamortización de Madoz.

Autor:  Paco Blanco, Barcelona octubre 2016

CEREZO DE RÍO TIRÓN Y SAN VÍTORES. -Por Francisco Blanco-.

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En el curso medio del río Tirón que, después de su nacimiento en la Sierra de la Demanda a más de 1800 metros de altura, recorre 30 kilómetros por tierras burgalesas antes de entrar en La Rioja, se encontraba la antigua frontera que separaba Segisamunculum,  la última ciudad de los autrigones,  de Lybia, primera ciudad de los beronos, dos tribus celtíberas que habitaron estas tierras allá por la Edad del Hierro. La primera es la actual localidad burgalesa de Cerezo de Río Tirón y la segunda es la riojana Herramélluri. Algunos restos de los siglos IV y III a. d. C. se conservan en el Museo Arqueológico de Burgos.

Los romanos llegaron hacia el siglo I a. d. C., utilizando la Calzada Romana que unía Tarragona con Astorga, y en el mismo emplazamiento fundaron la ciudad de Cesarea, en honor al emperador Augusto, que posiblemente acampó en ella durante alguna de sus campañas contra los cántabros.  Como muestra dejaron los dos soberbios puentes romanos de San Ciprián y San García. La Calzada Romana también fue aprovechada posteriormente por los numerosos peregrinos que desde Francia se dirigían a Santiago y  eran atendidos en el Monasterio-Hospital de San Jorge, fundado por el conde Gonzalo Téllez y su esposa Flámula en el año 913, dejándolo a cargo del abad Belasio.

De la estancia visigótica por estas tierras se tiene poca constancia, aunque parece ser que mientras estuvieron bajo el dominio del Conde Casio, de la familia de los Banu Qasi, confraternizaron con los primeros árabes que llegaron hasta el norte de la península, convirtiéndose en una plaza defensiva de los territorios del valle del Ebro que ya habían conquistado y estaban protegidos por las cercanas fortalezas musulmanas de Ibrillos, Grañón y Pazuengos, estas dos últimas ya en tierras riojanas. En el año 754 el rey Alfonso I de Asturias, que ya había arrebatado numerosos territorios a los árabes aprovechándose de la desbandada berebere, sobre el cerro más alto del pueblo mandó construir un castillo defensivo de forma triangular, con foso, muralla y torre del homenaje, que alcanzó un gran valor estratégico en los siglos siguientes, y tuvo que resistir, primero las embestidas de los árabes, especialmente por parte de Abderramán I y Abderramán III durante los siglos IX y X y, posteriormente, en el siglo XI, diferentes acosos por parte de navarros y castellanos que pretendían su posesión, hasta que en el año 1054, tras la batalla de Atapuerca, ganada por el conde Fernando I, pasó definitivamente a formar parte del Condado de Castilla. Posteriormente, en el siglo XV, durante el reinado de Juan II de Castilla, pasó a ser propiedad de los Velasco, Condes de Haro y más tarde Condestables de Castilla. Pocos años después empezó a sufrir un lento pero inexorable deterioro, acabando totalmente arruinado a mediados del siglo XIX. Actualmente tan solo son unos tristes restos arqueológicos que fotografían los turistas.

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A finales del siglo IX, durante el reinado de Alfonso III el Magno, se incorpora al reino de León bajo el nuevo nombre de Cerasio, de donde procede el gentilicio Cerezano. A la época visigótica también pertenecen unas cuevas excavadas en los cerros circundantes, como el de Valdemoro, que fueron utilizadas como eremitorios.

La repoblación medieval de Cerezo se inició, por orden del rey García I de León (1), entre los últimos años del siglo IX y los primeros del X y estuvo a cargo de Gonzalo Téllez, Conde de Lantarón, que la convierte en la cabeza de su condado, siendo nombrado también por el Rey leonés Conde de Cerezo. De esta forma puede decirse que comenzó la expansión territorial hacia el Duero de lo que pronto iba a ser el poderoso Condado de Castilla.

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El conde Gonzalo Téllez, según el “Cartulario de Valpuesta”, falleció sin sucesión sobre el año 919 ó tal vez antes. Le sucedió Fernando Díaz como conde de Álava, Lantarón y Cerezo. Este nuevo Conde luchó junto con los reyes Ordoño II de León y Sancho Garcés I de Pamplona por el dominio total de las tierras de La Rioja, que permanecían en poder de los árabes, cosa que se consiguió totalmente hacia el año 924. Su sucesor fue Álvaro Herrameliz, que ya había participado junto a Ordoño II en la conquista de Nájera y Viguera. Su mandato fue corto, pues murió hacia el año 932, al implicarse en una lucha fratricida entre los hermanos Alfonso IV y Ramiro II de León, fieramente enfrentados por ocupar el trono leonés. A partir de aquí Fernán González, que ya era conde de Burgos, se convirtió también en conde de Castilla, Álava, Lantarón y Cerezo. Comenzaba la hegemonía del Condado de Castilla.

En el Barrio de Arriba, frente a las ruinas del Castillo, también se pueden contemplar los restos de la iglesia de Nuestra Señora de Villalba, levantada en el siglo XVI, de estilo gótico tardío, de la que se mantiene la torre con el reloj. Al parecer la iglesia tenía un interesante retablo flamenco, cuyas valiosas tablas se encuentran en paradero desconocido.

Otra iglesia de la que sólo quedan unas tristes ruinas es la de Nuestra Señora de la Llana, románica del siglo XII, cuya magnífica portada se puede admirar en el Paseo de la Isla de la capital burgalesa. Fue la iglesia parroquial en cuyo entorno se configuró el antiguo casco urbano del pueblo. Su abandono y consecuente deterioro comenzó a principios del siglo XIX, quedando reducida en la actualidad a un montón de piedras. Además del retablo, milagrosamente recuperado, en el Museo de los Claustros de Nueva York se encuentra un artístico grupo de cuatro relieves que representan la Adoración de los Reyes Magos.

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La actual iglesia parroquial del pueblo, única que se conserva en pie, es la de San Nicolás de Bari, de estilo neoclásico, construida a finales  del siglo XVIII sobre los restos de otra del mismo nombre. La obra se dio por finalizada en el año 1804. Se trata de un templo de grandes dimensiones, con tres naves de cuatro tramos, linterna, sacristía y antesacristía. En su decoración se  emplearon diferentes retablos y elementos procedentes de las ruinas de otras iglesias, ermitas o monasterios cercanos. En la nave principal se encuentra el Altar Mayor, cuya cabecera la cubre una bóveda semiesférica sostenida por pechinas, detrás se encuentra la sacristía y al fondo el coro. Las naves laterales se cubren con bóvedas de ladrillo. Bajo el actual suelo de losas de mármol se encuentran numerosas sepulturas, algunas procedentes de la iglesia anterior. Todavía a la calle que está detrás de la iglesia se la conoce como la de “La Cementería”.

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A Cerezo de Río Tirón también le cabe el honor de ser la patria de San Vítores, un santo ermitaño nacido hacia el año 800, que pasó muchos años de su vida en soledad, viviendo y ocultándose  de la vecindad de los árabes en las cuevas de los alrededores, hasta que se decidió a abandonar esta vida de eremita y, tal vez inducido por la aparición de un ángel que le mostró su nuevo camino, se puso a predicar la fe cristiana, tan perseguida por aquellos tiempos, y lo hizo precisamente en su pueblo natal, que a la sazón estaba sitiado por los moros, instalándose en la ermita de Villalba, que después se convertiría en la iglesia parroquial del pueblo. Sus arengas, cargadas de vehemencia y de fe, levantaron el ánimo de los atemorizados cristianos, afianzándoles, al mismo tiempo, en sus creencias cristianas, consiguiendo incluso más de una conversión. Una leyenda le llega a atribuir la conversión de la princesa Coloma, hija del rey de Gaza. Tales actividades provocaron muy pronto la persecución de las autoridades árabes, que consiguieron capturarle mientras predicaba en el cercano pueblo de Quintanilla de las Dueñas, siendo de inmediato sometido a tormento. Fue atado y colgado de un madero en forma de cruz, y abandonado a la intemperie para que muriese lentamente de hambre, sed y frío y para que sirviera de advertencia y escarmiento a los que habían escuchado sus arengas. Pero Vítores, como si estuviera subido a un púlpito, siguió predicando sin cesar, como si nada le ocurriese, arengando a sus paisanos a mantenerse en la fe de Cristo y animándoles a luchar contra el moro invasor. Al cabo de tres días sin parar de rezar y predicar, fue descolgado y decapitado, este hecho parece que ocurrió el día 26 de agosto del año 850 y al santo se le empezó a representar predicando con la cabeza en la mano.

Poco después del martirio de San Vítores, hacia mediados del siglo IX, la zona quedó libre del acoso musulmán, y muchos árabes se convirtieron y bautizaron, pasando a formar parte de la comunidad cristiana. Los restos de San Vítores recibieron sepultura en un  sepulcro cavado en la piedra de una cueva cercana a Cubillas, dentro del término de Cerezo de Río Tirón. En el año 1446 los Condestables de Castilla mandaron construir en su honor el Convento de San Vítores (2), en la cercana localidad de Fresno de Río Tirón. Allí fueron trasladados los restos del santo, que fueron depositados en un arca situada en el retablo del Altar Mayor, convirtiéndose rápidamente en un lugar de veneración popular al que, cada 26 de agosto, acuden en romería numerosos vecinos de los pueblos de la comarca y también de La Rioja, Navarra y Cantabria, a rendir homenaje a su santo patrón. Los franciscanos, que habían ocupado el Convento desde 1625, lo abandonaron tras la Desamortización llevada a cabo por Mendizábal en el siglo XIX, pero el culto al santo todavía se mantiene gracias a la “Asociación Pueblos de San Vítores”, integrada por más de una veintena de pueblos, principalmente de Burgos y La Rioja.

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En la actualidad Cerezo de Río Tirón pertenece al partido judicial de Briviesca, en la comarca Demanda-Oca-Tirón, dentro de la zona geográfica conocida como “La Riojilla Burgalesa”, integrada por los siguiente pueblos: Bascuñana, Eterna, Castildelgado, Fresneña, Ibrillos, Redecilla del Camino, Redecilla del Campo, Viloria de Rioja, Cerezo de Río Tirón, Fresno de Río Tirón, Avellanosa de Rioja, Quintanilla del Monte en Rioja, Villamayor del Río, Sotillo de Rioja, San Pedro del Monte, San Cristóbal del Monte, Quintanilla de las Dueñas y Belorado, al que se considera la capital de la zona. Todos ellos comparten con los pueblos riojanos viejas costumbres y muchos siglos de cultura e historia.

En 1994 se constituye la “Mancomunidad de la Riojilla Burgalesa”, en la se agrupan los siguientes municipios: Bascuñana, Castildelgado, Fresneña, Ibrillos, Redecilla del Camino, Redecilla del Campo, San Vicente del Valle y Viloria de Rioja, la patria chica de Santo Domingo de la Calzada.

NOTAS 

  • García I fue el primer rey de León y era hijo de Alfonso III el Magno, último rey de Asturias.
  • Antes de la llegada de los franciscanos el Convento estuvo a cargo de la Orden de Predicadores.

Autor Paco Blanco, Barcelona setiembre 2016

LA NOCHE DE LOS CELTAS: Algunos apuntes sobre Halloween. -Un artículo del burgalés, Eduardo Nabal-.

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UnHeimlich (Lo siniestro en Freud): Secreto, oculto, de modo que otros no puedan advertirlo, querer disimular algo; Unheimlich e inmóvil, como una estatua de piedra» En cuanto a lo siniestro evocado por el retorno de lo semejante y a la manera en que dicho estado de ánimo se deriva de la vida psíquica infantil, no puedo más que mencionarlo en este conexo, remitiéndome en lo restante a una nueva exposición del tema, en otras relaciones, que ya tengo preparada. Me limito, pues, a señalar que la actividad psíquica inconsciente está dominada por un automatismo o impulso de repetición (repetición compulsiva), inherente, con toda probabilidad, a la esencia misma de los instintos, provisto de poderío suficiente para sobreponerse al principio del placer; un impulso que confiere a ciertas manifestaciones de la vida psíquica un carácter demoníaco, que aún se manifiesta con gran nitidez en las tendencias del niño pequeño, y que domina parte del curso que sigue el psicoanálisis del neurótico. Lo siniestro (Sigmund Freud 10 consideraciones…)

Para explicar esta conversación debe mencionarse que en el centro de la mejilla izquierda de Georgiana había una marca singular profundamente entrelazada, por así decirlo, con la textura y sustancia de su rostro. En el estado habitual de su tez (una lozanía saludable aunque delicada) la marca tenía un tono carmesí profundo. Cuando se sonrojaba perdía gradualmente definición hasta que desaparecía en el torrente triunfante de sangre que bañaba con brillo la mejilla entera. Pero si alguna emoción cambiante la hacía palidecer, allí estaba de nuevo la marca, una mancha carmesí sobre la nieve, con una claridad que a Aylmer le parecía a veces casi temible. Su forma guardaba no poca similaridad con una mano humana, aunque del tamaño más diminuto. Los enamorados de Georgiana acostumbraban a decir que en el momento de su nacimiento algún hada había puesto su mano diminuta sobre la mejilla de la recién nacida, dejando allí esa huella en señal de los dones mágicos que le daban ese dominio sobre todos los corazones.

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Nataniel Hawthorne “La marca de nacimiento” (Cuentos góticos)

Leo que el obispado de Cádiz le declara este  año guerra a la noche de Halloween.  También la Iglesia española a lo de esparcir las cenizas en público o en privado. No sabemos si le quita público o fervor, o lo sustituye. Si se temen que cale el laicismo a pesar del triunfo de la derecha. Pero las hostias contra las calabazas es todo un caramelo funesto y delirante. Una locura que viene de antiguo y que hoy no tiene mucho sentido cuando la frivolidad y la desdicha, la sobriedad y la opulencia conviven sin estorbarse en nuestras calles pavorosas o desoladas, como las casillas de Hacienda destinadas a la Iglesia o a muchas ONG financiadas por…, truco o trato.

Hoy día parece que se ha puesto de moda lo de celebrar “La noche de Halloween”, en Europa y, más en concreto, en España. Aunque ofrendas a los muertos se llevan haciendo de forma cristiana desde que uno conoce estas tierras y las de ancestros. En autobuses llamados “Cementerio” Pero hay un giro ¿festivo? Disfrazarse de criaturas de la noche, lo de las bromas queda en un terreno impreciso y ambiguo, mas para el cine de miedo que para una realidad sociopolítica que es ya es de por sí  una broma de pésimo gusto con obispos y sin ellos.  Algunos, irritados, piensan que es otra importación cultural colonialista del Imperio Estadounidense. Y en lo que se refiere a su parafernalia, al circo que la acompaña, lo es. Pero no, se equivocan en lo que no se refiere a sus origen, no se equivocan en la forma de la carísima, siniestra  y grotesca campaña del Pato Donald  Trump, con la que EEUU nos castiga este año.

Celebrar la noche de difuntos de forma festiva no deja de tener su aquel, es una forma lúdica de entrar en contacto con el tabú sempiterno de la muerte. Pero debemos aclarar que “Haloween” no procede de ninguna festividad norteamericana, nunca fue una exportación yankee sino que es el resultado de algunos ritos de los Pueblos Celtas en la antigüedad, coincidiendo con el fin de la cosecha (buena o mala) y con el comienzo de la “estación oscura”. En esa noche para los celtas la línea que separa a la vida de los muertos se desdibujaba, de ahí que también se haya asociado a la brujería y el temor a los difuntos. También en esta España, en este estado maltrecho que ya da miedo por otros motivos.

Los celtas estuvieron en Irlanda, Britania y País de Gales (hoy Inglaterra) y también se establecieron en partes de Galicia o País Vasco. La celebración el 31 de octubre del fin de la cosecha y la noche de difuntos persistió sobre todo en áreas rurales. Pero la Iglesia Cristiana emergente y metomentodo intento, en vez de suprimirla, apropiarse de esta festividad pagana convirtiéndola en “El día de todos los santos” que fue seguida del “Día de las Ánimas”, para vender flores, tumbas y fervor religioso allí donde había festividad pagana y hasta hereje. Aunque esto ha calado en nuestro adoctrinamiento y en la fecha indicada los ritos de la víspera de la noche de difuntos, hogueras, ofrendas a los muertos etc. no cesaron sino que se sucedieron ignorando las sucesivas maniobras eclesiales. Por su parte en Latinoamérica tenían sus propios días de los muertos (México) pero el imperialismo colonizador ha convertido la noche de Halloween en una fiesta consumista y mimética de la que vende EEUU. Domesticada a lo Walt Disney y la “caza de brujas”, un antecedente bondadoso de Trump, sin sus fantasías racistas, sexistas y genocidas de aniquilación tal vez porque entonces esas “minorías” aún no se habían sublevado del todo.

Con la gran hambruna en Irlanda a principios de siglo muchos se fueron a EEUU en busca de un trabajo, un pariente lejano o una oportunidad. Por supuesto solo una minoría lo consiguió, y no siempre de forma honorable. Hubo formas de vandalismo, legales o no. Y allí siguieron celebrando la fiesta de la cosecha y aquella en la que había que hacer ofrendas a los muertos o por lo menos no enfadarlos ni sacarlos de sus casillas. Lo de llevarlos flores hoy en un tranvía llamado “cementerio” es lo mismo disfrazado de acción piadosa, no enfadar a los antepasados. Pero la historia viene de antes de todo esto.  Se llevaron la leyenda en los pisos bajos de los barcos con destino al llamado país de las “oportunidades”. Pronto sus representantes fueron mendigos y luego niños que pedían caramelos a los habitantes, a cambio de librarles de maldición y mala suerte, de los malos augurios y los ancestros airados, que no encontraron cobijo bajo la estatua de la libertad, esa señorita tan poco sincera. No obstante, tanto en Europa como en EEUU, la fiesta se les fue de las manos a los más tradicionalistas y se convirtió en un día de bromas pesadas que llegaron a formas extremadas de gamberrismo que incluía el descarrilamiento de trenes y la apertura de los corrales en las granjas, entre otras lindezas. Viendo que la cosa no iba a cesar el mercado de EEUU se fue apropiando de “La noche de Halloween”, del fuego, los niños llamando a las puertas y la calabaza, dándole un sentido más blanco, civilizado, candoroso y sobre todo lucrativo para grandes empresas que organizaban eventos, construían parques temáticos y vendían disfraces para los peques o no tan peques. También para Haloween. Las costumbres de EEUU, que varían por países, incluyendo la violencia primitiva y el individualismo, vienen de culturas próximas o del desarrollo de las ciudades grandes frente a los terrenos agrícolas y los latifundios. Hoy día nos da rubor que las discotecas hayan convertido algo así en un negocio espectacular, igual que los vendedores de disfraces y accesorios de adorno. Hay muchas historias por contar acerca de los mitos de Halloween, que en definitiva, viene del Shamain céltico pero al menos esto nos reconcilia con una fiesta que si bien hoy se ha convertido en una horterada (no mucho mayor que las Navidades) nunca tuvo su origen al otro lado del óceno, sino en la Europa de estos pueblos poco conocidos que llegaron hasta Galicia con sus hogueras y sus meigas susurrantes despertando iras de inquisidores, fanáticos de varias creencias  y juegos religiosos de los antiquísimos  puritanos oriundos de varias regiones de muchos sitios variopintos .
El director John Carpenter añadió algo de leña y sangre al fuego furioso de la fiesta con una película de terror de cierta- tampoco excesiva- calidad y bajísimo presupuesto donde un joven psicópata se escapa del psiquiátrico y  vuelve a su pueblo natal la noche anterior a Halloween.  Un pueblo del centro de EEUU, ochentero y conservador, que aparentemente relaja sus costumbres en forma de fiesta juvenil. Carpenter retrata esos pueblos provincianos, esas universidades frívolas, esos/as jóvenes descerebrados ajustando cuentas, como Myers, con una sociedad banal  por la que nunca ha demostrado demasiado afecto ni empatía. Sobre ellos volcó la ira de una herida juvenil en forma de trauma porque detrás de toda celebración mentirosa y forzada hay un ser, infeliz y desesperado, un solitario, marginado o no, buscando respuestas.

Carpenter supo además apuntar sin nombrar la herida sociológica e histórica sobre los EEUU del pasado de los puritanos que reprimieron aquellas corrientes de subversión venida de Europa o que ya existía en el México de los muertos como fiesta rutilante. Como vemos en la narrativa de pioneros como Hawthorne (“La marca de nacimiento”, “La letra escarlata”, “El velo del ministro”) el rechazo social, el estigma, la marca tiene un origen social, además de unas connotaciones económicas y sexuales mucho más complejas de las que puede comprender la dimensión de un psiquiatra, aunque sea de película. De ahí que las fuerzas médicas no puedan cazar a Jason, ni sus balas matarlo. Jason no existe, representa, figura,  no es un cuerpo, es una fuerza, no es un no-muerto, ni un muerto viviente, es el pasado sofocado que brota, como el agua por una tubería rota en los EEUU de principios de los ochenta y la era del neopuritanismo además de la adolescencia, la juventud y el descubrimiento de la sexualidad en pandilla o en solitario/asilamiento (en fiesta o reclusión, en fiestas o cuidando niños/as de terceros) cuando todas ellas se reprimen, se festejan,  se sufren o disfrutan  a la vez que se confunden.

Es la mujer estigmatizada, el loco, el chico voyeur, el sociópata en el colegio estúpido , el gay reprimido, la lesbiana oculta, la trans tras las cortinas de la ducha (como un heredero de Norman Bates) , el hermano incestuoso, los celos extramatrimoniales, el fetichismo, los impulsos que se quieren convertir en perversos pero no lo son. Los inocentes sacrificados, los polimorfos, las sombras de lo cotidiano cuando se vuelve siniestro bajo una luz distinta. El autómata que cobra vida.  La respiración entrecortada, que parece impaciente ante las risas tontas y las conversaciones banales. Impaciente por matar, vengarse, explicar que sucedió realmente o que no sucedió nunca.  El pasado que nunca fue pasado, el presente que vuelve a ser pasado, el pasado que vuelve a ser presente, el presente que vuelve a ser pasado.

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MAQUETA DEL MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE RIOSECO. -Por Fernando de Miguel Hombría-.

EL MONASTERIO. (Pulsa)

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