POR EL VALLE DEL EBRO: FRÍAS -Por Francisco Blanco-.

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La espectacular y un poco fantasmagórica silueta del castillo de  Frías, erigido en lo alto del cerro de La Muela, se dibuja en el horizonte desde muy lejos. Se trata de un castillo roquero del que hay documentación desde mediados del siglo IX, aunque los restos actuales son de finales del siglo XII y principios del XIII, durante el reinado de Alfonso VIII, pasando a formar parte de una línea defensiva de castillos que defendían al incipiente reino de Castilla no solo de las aceifas musulmanas, sino también de los belicosos navarros, que aspiraban a incrementar su territorio.

De hecho, tras el asesinato en León del conde de Castilla García Sánchez, ocurrido en el año 1028, el rey navarro, Sancho Garcés III el Mayor, pasó a regir el Condado castellano, al estar casado con Doña Muniadona, hermana mayor del conde asesinado. Tras la batalla de Atapuerca en el  1054, los territorios anexionados, entre los que se encontraba Frías, fueron recuperados por el conde Fernando Sánchez, su segundo hijo, que acabaría siendo rey de León y de Castilla. A pesar de esta reunificación, las discrepancias y los enfrentamientos entre los reinos de Navarra y de Castilla se prolongaron durante los siglos siguientes. La línea defensiva castellana se completaba con los castillos de Santa Gadea, Tedeja y Petralata, además del consolidado y reforzado castillo de Pancorbo. Del castillo de Frías destaca su imponente torre del Homenaje,  y en los restos de sus fachadas se pueden ver ventanas ojivales decoradas con capiteles románicos, también quedan restos de una muralla almenada. A lo largo de su historia, la torre del homenaje ha sufrido tres derrumbamientos parciales, el último y más grave fue el de 1830, que causó 30 víctimas mortales, según parece, la causa de este derrumbe hay que achacarla a la estancia de las tropas francesas en Frías durante la invasión napoleónica, en la que se hicieron algunas voladuras que afectaron seriamente su estructura.

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La fundación de Frías se remonta al año 867, como señalan algunos documentos, coincidiendo con la repoblación de estas tierras llevada a cabo por Alfonso III de Asturias. Su primitivo nombre era Aguas Frías, seguramente por encontrarse prácticamente a orillas del Ebro. De esta época se conservan algunos sepulcros rupestres por las cercanías de la iglesia parroquial de San Vicente, en cuyos terrenos se hallaba situado el cementerio. Esta iglesia de San Vicente, situada en la zona este del cerro, debajo del castillo, es un templo gótico construido entre los siglos XIII y XIV, con tres naves góticas y dos capillas laterales, la del Cristo de las Tentaciones, del siglo XIV y la de la Visitación, del siglo XVI. Su portada fue trasladada a principios del siglo XX al Museo de Claustros de Nueva York. Se desplomó en el 1906 y se reconstruyó mediante una amalgama de estilos arquitectónicos.  También se pueden ver la portada de la iglesia de San Vitores, de la misma época y los conventos de Santa María del Vadillo, del siglo XIII, de estilo gótico con posteriores elementos renacentistas, que también cumplía las funciones de Hospital, y el de San Francisco, del XIV.

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Los primeros fueros de Frías fueron concedidos en el siglo XII por el rey castellano Alfonso VIII, verdadero impulsor durante su largo reinado del desarrollo militar y económico de la zona del Alto Ebro y las Merindades, otorgando también fueros y privilegios a otras villas cercanas, como Miranda de Ebro, Trespaderne, Medina de Pomar o Villarcayo. Fue también el creador de la Merindad Mayor de Castilla la Vieja, lo que supuso una mayor descentralización administrativa y política de un extenso territorio que llegaba desde Santoña y Laredo hasta Álava y La Rioja, cuyos antiguos y caducos alfoces comenzaron a tener una mayor autonomía, que favoreció notablemente su modernización y desarrollo, alcanzando sus campesinos la condición de “hombres libres”. Este crecimiento demográfico y geográfico contó con la declarada oposición no solo del rey navarro Sancho VII el Fuerte, sino también del cercano Monasterio de Oña, que veía peligrar sus numerosos privilegios, con el que entabló varios pleitos, la mayoría de los cuales se resolvieron a favor del monasterio, al que Frías tuvo que ceder varios lugares que estaban bajo su jurisdicción; también tuvo la oposición de un hombre de su plena confianza, el tenente de La Bureba  don Diego López de Haro el Bueno, a quien en el año 1204 reconoció como Señor de Vizcaya, pasando a ser este territorio patrimonio hereditario de la familia López de Haro.

En el siglo XIV Frías pierde su jurisdicción de realengo, pasando a convertirse en Señorío de los Velasco, que se aposentaron en su castillo y comenzaron a exigir el pago de nuevos impuestos. El pueblo se divide en dos barrios, el de arriba, apiñado bajo el castillo, con sus pintorescas casas colgantes orientadas al sur, en las que, según cuentan, existía un pasadizo subterráneo que permitía a sus moradores defenderse o escapar de sus posibles atacantes. El de abajo, más cómodo y resguardado de las inclemencias climáticas, fue el lugar de acomodo de loa numerosos forasteros que iban llegando, entre los que se encontraba un buen número de judíos, tal como aparece reflejado en el cartulario de Santa María del Vadillo. En este barrio se levantó la iglesia de San Vitores, que se hundió a principios del siglo XIX, fue reconstruida a mediados de siglo, recuperando sus funciones de parroquia con el nuevo nombre de la Purísima Concepción, del templo primitivo  tan sólo se conserva su bella portada sur de un sobrio estilo gótico.

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Los Velasco dividieron la Merindad Mayor de Castilla la Vieja en 8 merindades menores, cuyos merinos y alcaides nombraban los mismos Duques, convirtiéndose Frías en la capital del Valle de Tobalina, integrado por 45 aldeas, manteniendo esta capitalidad hasta el año 1728, que pasa a Quintana Martín Galíndez, quedándose Frías únicamente con Tobera y Quintanaseca.

El abuso de poder, la pérdida de sus privilegios y la subida de impuestos, especialmente en el cerro de La Muela, practicado por los Velasco, provocaron la unánime protesta popular contra el despotismo abusivo de los Duques, reclamando la supresión de tantos impuestos y la recuperación de su anterior status de realengo, pero sin conseguir que los Duques atendieran ninguna de sus reclamaciones. Actualmente, para conmemorar este alzamiento popular se celebra la conocida como “Fiesta del Capitán” (1). Hasta principios del siglo XIX Frías no recuperó los antiguos fueros municipales que le concediera Alfonso VIII en el año 1202, cuyo artículo primero decía lo siguiente: “Sea notorio y manifiesto a los presentes y futuros cómo yo, Alfonso, por la gracia de Dios rey de Castilla y Toledo, junto con mi mujer la reina Leonor y con mi hijo Fernando, doy y concedo a vosotros el concejo de Frías, presente y futuro, el fuero de Logroño para que perpetuamente lo tengáis”.

A mediados del siglo XIV, Frías participó de forma activa en la lucha fratricida por el trono de Castilla, que se desató entre el rey Pedro I de la casa de Borgoña, que había nacido en Burgos en el 1334, y sus hermanastros los Trastamara, encabezados por su primogénito Enrique, conde de Noreña. Unas veces tomó bando por el rey y otras por su oponente. La contienda finalizó el 14 de marzo del 1369 en la batalla de Montiel, en la que el Trastamara dio muerte con sus propias manos a su hermanastro el rey Pedro I, proclamándose, acto seguido, nuevo rey de Castilla con el nombre de Enrique II el de las Mercedes, también conocido como el Fratricida. De esta forma se instalaba en el trono de Castilla la dinastía de los Trastamara, que lo conservó hasta la llegada de los Austrias, unos siglos después.

Enrique II tuvo que enfrentarse en primer lugar a la reconstrucción del país, asolado y empobrecido por la larga guerra civil, para lo cual empezó por fortalecer las economías de las grandes familias, entre las que se encontraban los Velasco, para ganarse el apoyo de la alta nobleza, a la que colmó de donaciones, rentas y privilegios, conocidos como las “mercedes enriqueñas”. Naturalmente, para realizar tantas concesiones tuvo que convocar Cortes en varias ocasiones, en Burgos las reunió en el 1373 y el 1377, en las que tuvo que solicitar la ayuda económica del resto de los estamentos de la nación. También estableció alianzas matrimoniales entre sus hijos y los de los reyes de Navarra, Aragón y Portugal, dando paso a un periodo de paz que también favoreció el resurgimiento económico del reino.

A su muerte, ocurrida de forma repentina en Santo Domingo de la Calzada el 29 de mayo del 1379, le sucedió su hijo Juan I.

También en el siglo XIV, sobre los restos de un puente romano que unía las dos orillas del Ebro, se levanta un monumental puente medieval, en cuyo centro se yergue una majestuosa torre defensiva, destinada no sólo a su defensa, sino también a efectuar el cobro del portazgo, un impuesto que afectaba a todas las personas que lo cruzaban y a las mercancías que transportaban. Tiene 143 metros de longitud y es uno de los principales pasos para acceder de la meseta a Cantabria y al País Vasco.

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En el año 1435 otro rey Trastamara, D. Juan II, que también fue un gran protector de la ciudad de Burgos, donde está enterrado, concede a Frías el título honorífico de ciudad, convirtiéndola en la más pequeña del reino, aunque tal vez sea la más pintoresca. Fue este monarca quien nombró señor de Frías a D. Pedro Fernández de Velasco, Conde de Haro, de quien se decía “un rico hombre que decían Don Velasco” .En el año 1473 el rey Enrique IV nombra Condestable de Castilla a D. Pedro Fernández de Velasco, título que pasa a ser hereditario hasta su extinción en el siglo XVIII, con motivo de “La Guerra de Sucesión española, siendo el último Condestable de Castilla D. José Fernández de Velasco y Tovar. En el 1492 los Reyes Católicos confirmaron a la ciudad de Frías todos los fueros que tenía concedidos y conceden a los Velasco el Ducado de Frías (2), confirmándoles como una de las familias más influyentes y poderosas del reino. El tercer duque de Frías, D. Iñigo Fernández de Velasco y Mendoza, durante la Guerra de los Comuneros que mantuvo Carlos I con los Comuneros castellanos, estaba al frente de los ejércitos realistas en la célebre y decisiva batalla de Aralar, que tuvo lugar el 23 de abril del 1521.

El poderío de los Velasco llegó a ser tan grande que fue reflejado en una popular coplilla:

“Antes que Dios fuera Dios

y los peñascos peñascos,

los Quirós eran Quirós

y los Velsaco Velaso” 

A partir del siglo XVIII, con la llegada de los Borbones al trono de España, comienzan a gobernar los llamados “Ilustrados”, que intentan llevar a cabo reformas políticas, económicas, sociales y administrativas, como las llevadas a cabo por el marqués de la Ensenada y el conde de Floridablanca, en cuyo censo del 1789 Frías y sus barrios de Tobera y  Quintanaseca se incluyen dentro del Partido de Castilla la Vieja, en la lista de “pueblos solos”, sometido al señorío secular del Duque de Frías. Ya en el siglo XIX, durante la invasión napoleónica y el reinado de José I Bonaparte, el XIII Duque de Frías, Diego Fernández de Velasco y Pacheco fue un destacado afrancesado, que llegó a ocupar el cargo de Mayordomo mayor del rey intruso, participando activamente en la redacción de la Constitución de Bayona del 1808. Con la derrota de los franceses tuvo que exilarse a París. Le sucedió su hijo Bernardino Fernández de Velasco Enriquez de Guzmán, XIV Duque de Frías, que en el 1808 estaba destinado en Portugal como teniente del ejército francés, pero al estallar la Guerra de la Independencia desertó para unirse a la resistencia española. Con Fernando VII fue consejero de Estado y embajador en Londres.

Con el fin del “Antiguo Régimen” Frías se convierte en Ayuntamiento constitucional, perteneciente al partido judicial de Briviesca, provincia de Burgos, en la región de Castilla la Vieja. Actualmente el título de XIX Duque de Frías lo ostenta D. Francisco de Borja y Moreno-Santamaría, junto con los de XX Duque de Escalona, XXI Marqués de Villena y XXIII Conde de Haro. Actualmente, D. Francisco de Borja Soto y Moreno- Santamaría es el XIX duque de Frías, XX duque de Escalona, XXI marqués de Villena y XXIII conde Haro.

A menos de un kilómetro de Frías se encuentra el pequeño núcleo urbano de Tobera, en el que se levanta, tallada en la roca y rodeada por un macizo farallón rocoso de frondosa vegetación, la ermita gótica de Santa María de la Hoz, del siglo XIII, lugar de peregrinaje en cuya balconada posterior se albergaban los peregrinos, a sus pies el Santuario del Cristo de los Remedios, barroco del siglo XVIII y  lugar de oración y recogimiento, que guarda en su interior una talla de Cristo Crucificado. Este Santuario da paso a un pequeño puente medieval sobre el río Molinar, cuyo curso, después de servir de lavadero hasta época muy reciente, acaba formando un profundo desfiladero en los Montes Obarenes, cuyas aguas acaban despeñándose en el Ebro, formando una espectacular y torrencial cascada.

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Todo este conjunto, enmarcado en un entorno espectacular y agreste, forman un paisaje de una belleza difícil de describir, que los viajeros que hayan tenido el privilegio de visitar, tardarán mucho tiempo en olvidar.

Para los viajeros que quieran descansar, disfrutar del paisaje y también de la excelente gastronomía de la zona, está disponible la “Posada Rural de las Merindades”, con auténtico sabor medieval.

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Quintanaseca es el otro núcleo urbano de Frías, situado a orillas del Ebro, dista un kilómetro y medio del casco urbano de Frías y se llega por una carretera que bordea el macizo montañoso, en medio de un espectacular paisaje de rocas, árboles como el boj y el roble, todo en medio de una exuberante vegetación. De la transparente y fresca agua que mana de su fuente se dice que “sabiéndola beber, sabe a vino”. Fue fundado por Alfonso VIII en el siglo XIII.

En la actualidad el núcleo urbano de la ciudad ha sido declarado “Conjunto Histórico Artístico”. Administrativamente, Frías es la cabecera de un municipio que pertenece al partido judicial de Villarcayo, dentro de la comarca de las Merindades, tiene 3 núcleos de población: Frías, Tobera y Quintanaseca en los que viven unos 300 habitantes. Está gobernada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

NOTAS

  • La Fiesta del Capitán se celebra el 24 de junio para conmemorar la rebelión del pueblo de Frías contra el abuso del poder feudal de los Velasco, Duques de Frías. En esta fiesta se elige un capitán que recorre las calles ondeando una bandera y acompañado por un grupo de danzantes.

(2)       El primer Duque de Frías, título creado por los Reyes Católicos en el 1492, fue

 Bernardino de Velasco y Mendoza (1454-1512), que también era III Conde de Haro y Condestable de Castilla.

Autor Paco Blanco, Barcelona, agosto 2017

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