POR LA RUTA DE LA LANA. CLUNIA. —Por Francisco Blanco—.

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La primitiva Clunia era una ciudad celtíbera de los arévacos, situada en el Alto de Castro, a más de mil metros de altitud y protegida por una muralla defensiva, muy próxima al cauce del río Arandilla, afluente del Duero. En la actualidad, sus restos forman parte del  término municipal de Peñalba de Castro, integrado en “La Ruta de la Lana”. Visitar sus importantes restos arqueológicos, que ocupan una extensión aproximada de 130 hectáreas,  puede resultar una grata experiencia para el viajero que se pasee por ellos. Se sitúan entre Coruña del Conde y Huerta del Rey, en la carretera de Aranda de Duero a Salas de los Infantes, a 91 km. de la capital burgalesa.

La ciudad arévaca fue destruida por Pompeyo en el año 72 a. C. tras más de 20 años de cercos y asedios por parte de diferentes caudillos romanos, siendo el escenario de los civiles enfrentamientos entre Pompeyo y Quinto Sertorio. También sufrió acosos por parte de Metelo, en su enfrentamiento con los vacceos, aliados de los arévacos, dentro del contexto de las Guerras Celtibéricas. Años después fue refundada por el emperador Tiberio, pasando a formar parte de la provincia romana “Hispania Citerior Tarraconensis”, convirtiéndose,  poco después, en la capital del “Conventus Juridicus Cluniensus”, alcanzando gran importancia como ciudad, en la que se instaló una Ceca en la que se llegaron a acuñar “ases, semises y dupondios”, monedas fraccionarias de la época en las que aparecía la efigie del emperador Tiberio. Su máximo esplendor llegó con la presencia de Servio Sulpicio Galba, que se había rebelado contra el emperador Nerón. Cuando Galba tuvo conocimiento de la muerte de Nerón, en el año 68 del siglo I, se auto coronó emperador, convirtiéndose Clunia en la capital del Imperio. A partir de aquí se llamó “Colonia Clunia Sulpicia”. Galba fue asesinado en el Senado Romano en enero del año 69, dejando el imperio sumido en una desastrosa guerra civil. En los años siguientes de la dominación romana el esplendor de Clunia todavía se mantuvo durante los dos primeros siglos de la Era Cristiana, llegando a tener alrededor de 30.000 habitantes, convirtiéndose en “Conventus”, centro administrativo, jurídico y religioso de un amplio territorio, dotado de importantes vías de comunicación, que comprendía la cuenca alta del Ebro hasta el Cantábrico y las cuencas alta y media del Duero. Asimismo, estaba dotada de Teatro, Termas, Foro, otros edificios públicos y numerosas casas señoriales, decoradas con hermosos mosaicos y de gran  solidez arquitectónica.

Su importancia empieza a decrecer a partir de los siglos III y IV, coincidiendo con la paulatina decadencia del Imperio Romano de Occidente y la aparición de los francos en la península, que llegaron a saquearla e incendiarla. La Ceca ó fábrica de moneda desaparece y la arquitectura urbana empieza a decaer y degradarse, aunque sigue conservando la capitalidad del “Conventus” hasta que los visigodos, ya instalados en Toledo, su capital, fundan una sede episcopal en la cercana ciudad de Uxama Argaela, también de origen celtibérico, que se corresponde con la actual ciudad soriana del Burgo de Osma (1).

La invasión de la península por parte de los árabes provocó, en el año 713, una nueva destrucción de la ciudad cluniacense, esta vez a cargo del general bereber Tarik ibn Ziyad, de la que ya no se recuperó. Durante la segunda mitad del siglo VIII, según la “Crónica de Alfonso III”, el rey de Asturias, Alfonso I, arrebató numerosas plazas a los árabes, entre ellas Mave, Amaya, Oca, Miranda, Revenga, Osma y Clunia, provocando al mismo tiempo, en la cuenca septentrional del Duero, una amplia franja semi-desértica o tierra de nadie, conocida como los “Campos Góticos, que se convirtió en la frontera entre el reino musulmán de los Omeyas y el emergente Condado de Castilla.

Según los “Anales Castellanos Primeros”, en el año 912, fue repoblada, junto a Aza y San Esteban de Gormaz, por el Conde burgalés Gonzalo Fernández (2), que desplazó su emplazamiento hasta la actual Coruña del Conde, donde todavía se encuentran numerosos restos de la antigua ciudad romana, convirtiéndose poco después en la cabeza del Alfoz de Clunia. A finales del siglo X, tras la “profiliación” de Espeja por el conde García Fernández y su esposa Doña Aba, el Alfoz de Clunia se convirtió en el más extenso de Condado de Castilla, abarcando un territorio que llegaba desde el Arlanza hasta el Duero. En el año 994 el caudillo árabe Almanzor se apoderó de las plazas de Clunia y San Esteban de Gormaz, que fueron recuperadas después de su muerte por el conde Sancho García, hijo de García Fernández.

En las ya abandonadas ruinas de la primitiva Clunia se mantuvo en pie, aunque ya bastante deteriorada, la ermita de Nuestra Señora de Castro, con una hospedería anexa, levantada sobre los restos de las antiguas construcciones romanas. Se trata de un pequeño templo de estilo románico, muy sencillo, posiblemente construido en el siglo XI durante la repoblación de que fue objeto Clunia por parte del Conde de Castilla Sancho García, nieto de Fernán González y bisnieto de Gonzalo Fernández. La fachada principal está formada por tres arcos de medio punto, que sirven de soportal. En el interior destaca un retablo barroco del siglo XVIII, en cuyo centro se encuentra una talla del siglo XII representando la Virgen con el Niño, éste de pie sobre sus rodillas, en lugar de sentado como es lo habitual. El retablo fue una donación de los jerónimos de Espeja en el año 1718 (5). También se encuentra en el Altar mayor la imagen de Santo Domingo de Guzmán, gran devoto de la Virgen, que visitó la ermita en varias ocasiones mientras fue Canónigo Regular de la catedral de Osma.  Actualmente la talla original de la Virgen y el  Niño se encuentra en la iglesia de Peñalba de Castro.

En los siglos XVI y XVIII fue objeto de importantes restauraciones, lo que motivó el aumento del culto y devoción a la Virgen. En el año 1989 se derribó la hospedería, quedando en pie la ermita, aunque su estado es de gran deterioro. No obstante, el culto a la Virgen continua vivo en la comarca. Cada año se organiza una popular y devota romería, que se encamina en procesión a rendir culto a su Virgen del Castro.

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Resulta casi increíble de creer, pero los valiosos restos de la ciudad cluniacense estuvieron abandonados durante varios siglos, a merced de toda clase de depredadores. Las primeras tareas de investigación y excavación de estas importantes y valiosas ruinas del Alto del Castro no tienen lugar hasta mediados del siglo XVIII, corriendo a cargo del canónigo del Burgo de Osma D. Juan Loperráez, que empieza a localizar los abundantes restos dispersos por los pueblos de alrededor, en especial las piedras de la desaparecida muralla, que se utilizaron para construir diferentes edificios privados y también religiosos, principalmente en la cercana Peñalba de Castro. También comienza las excavaciones del lugar donde se levantaba el teatro romano, del que traza un detallado plano.

Pero es en el año 1931 cuando Blas Taracena (3) inicia unas metódicas excavaciones del lugar, que duran hasta 1934, fecha en que las ruinas son declaradas Monumento Nacional y el Estado se hace cargo de su cuidado y conservación, pasando a depender de la Comisaría del Patrimonio Artístico y Cultural.

Desde el año 1958 es la Diputación Provincial de Burgos la que se hace cargo de los trabajos de excavación, bajo la dirección del Arqueólogo D. Pedro de Palol (4). Esta etapa dura hasta 1995 y en ella quedaron visibles los yacimientos del Foro, las Termas, el Edificio Flavio, la Casa nº 3 y parte del Teatro.

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A partir de esta fecha, los trabajos continúan a cargo de la Diputación burgalesa, que se hace con la propiedad del Yacimiento, procediendo a vallarlo y crear una infraestructura adecuada para la investigación y conservación del mismo, basado en un Plan Director redactado por la Junta de Castilla y León. En el 2009 se crea el “Consorcio Parque Arqueológico Ciudad Romana de Clunia”, que es quien actualmente gestiona el funcionamiento del Yacimiento.

Muchos restos escultóricos, así como gran cantidad de monedas, objetos de cerámica y documentos epigráficos se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y también en el de Burgos.

NOTAS 

  • En 1788 se publicó la obra de Juan Loperráez “Descripción Histórica del Obispado de Osma”
  • Gonzalo Fernández, conde de Burgos, era el padre de Fernán González. Por las mismas fechas, Osma fue repoblada por Gonzalo Téllez, Conde de Lantarón y de Cerezo.
  • Blas Taracena es un reputado arqueólogo soriano, nacido en 1895, director del Museo Numantino de Soria y también del Museo Arqueológico Nacional.
  • Pedro de Palol, Catedrático de Arqueología de la Universidad de Barcelona y Director del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación de Burgos.
  • El Monasterio jerónimo de Espeja en Soria fue fundado en 1403, pasando en el 1525 a ser propiedad de la Casa de Avellaneda. Fue abandonado en 1809, durante la Guerra de la Independencia, desapareciendo definitivamente durante la desamortización de Madoz.

Autor:  Paco Blanco, Barcelona octubre 2016

CEREZO DE RÍO TIRÓN Y SAN VÍTORES. -Por Francisco Blanco-.

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En el curso medio del río Tirón que, después de su nacimiento en la Sierra de la Demanda a más de 1800 metros de altura, recorre 30 kilómetros por tierras burgalesas antes de entrar en La Rioja, se encontraba la antigua frontera que separaba Segisamunculum,  la última ciudad de los autrigones,  de Lybia, primera ciudad de los beronos, dos tribus celtíberas que habitaron estas tierras allá por la Edad del Hierro. La primera es la actual localidad burgalesa de Cerezo de Río Tirón y la segunda es la riojana Herramélluri. Algunos restos de los siglos IV y III a. d. C. se conservan en el Museo Arqueológico de Burgos.

Los romanos llegaron hacia el siglo I a. d. C., utilizando la Calzada Romana que unía Tarragona con Astorga, y en el mismo emplazamiento fundaron la ciudad de Cesarea, en honor al emperador Augusto, que posiblemente acampó en ella durante alguna de sus campañas contra los cántabros.  Como muestra dejaron los dos soberbios puentes romanos de San Ciprián y San García. La Calzada Romana también fue aprovechada posteriormente por los numerosos peregrinos que desde Francia se dirigían a Santiago y  eran atendidos en el Monasterio-Hospital de San Jorge, fundado por el conde Gonzalo Téllez y su esposa Flámula en el año 913, dejándolo a cargo del abad Belasio.

De la estancia visigótica por estas tierras se tiene poca constancia, aunque parece ser que mientras estuvieron bajo el dominio del Conde Casio, de la familia de los Banu Qasi, confraternizaron con los primeros árabes que llegaron hasta el norte de la península, convirtiéndose en una plaza defensiva de los territorios del valle del Ebro que ya habían conquistado y estaban protegidos por las cercanas fortalezas musulmanas de Ibrillos, Grañón y Pazuengos, estas dos últimas ya en tierras riojanas. En el año 754 el rey Alfonso I de Asturias, que ya había arrebatado numerosos territorios a los árabes aprovechándose de la desbandada berebere, sobre el cerro más alto del pueblo mandó construir un castillo defensivo de forma triangular, con foso, muralla y torre del homenaje, que alcanzó un gran valor estratégico en los siglos siguientes, y tuvo que resistir, primero las embestidas de los árabes, especialmente por parte de Abderramán I y Abderramán III durante los siglos IX y X y, posteriormente, en el siglo XI, diferentes acosos por parte de navarros y castellanos que pretendían su posesión, hasta que en el año 1054, tras la batalla de Atapuerca, ganada por el conde Fernando I, pasó definitivamente a formar parte del Condado de Castilla. Posteriormente, en el siglo XV, durante el reinado de Juan II de Castilla, pasó a ser propiedad de los Velasco, Condes de Haro y más tarde Condestables de Castilla. Pocos años después empezó a sufrir un lento pero inexorable deterioro, acabando totalmente arruinado a mediados del siglo XIX. Actualmente tan solo son unos tristes restos arqueológicos que fotografían los turistas.

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A finales del siglo IX, durante el reinado de Alfonso III el Magno, se incorpora al reino de León bajo el nuevo nombre de Cerasio, de donde procede el gentilicio Cerezano. A la época visigótica también pertenecen unas cuevas excavadas en los cerros circundantes, como el de Valdemoro, que fueron utilizadas como eremitorios.

La repoblación medieval de Cerezo se inició, por orden del rey García I de León (1), entre los últimos años del siglo IX y los primeros del X y estuvo a cargo de Gonzalo Téllez, Conde de Lantarón, que la convierte en la cabeza de su condado, siendo nombrado también por el Rey leonés Conde de Cerezo. De esta forma puede decirse que comenzó la expansión territorial hacia el Duero de lo que pronto iba a ser el poderoso Condado de Castilla.

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El conde Gonzalo Téllez, según el “Cartulario de Valpuesta”, falleció sin sucesión sobre el año 919 ó tal vez antes. Le sucedió Fernando Díaz como conde de Álava, Lantarón y Cerezo. Este nuevo Conde luchó junto con los reyes Ordoño II de León y Sancho Garcés I de Pamplona por el dominio total de las tierras de La Rioja, que permanecían en poder de los árabes, cosa que se consiguió totalmente hacia el año 924. Su sucesor fue Álvaro Herrameliz, que ya había participado junto a Ordoño II en la conquista de Nájera y Viguera. Su mandato fue corto, pues murió hacia el año 932, al implicarse en una lucha fratricida entre los hermanos Alfonso IV y Ramiro II de León, fieramente enfrentados por ocupar el trono leonés. A partir de aquí Fernán González, que ya era conde de Burgos, se convirtió también en conde de Castilla, Álava, Lantarón y Cerezo. Comenzaba la hegemonía del Condado de Castilla.

En el Barrio de Arriba, frente a las ruinas del Castillo, también se pueden contemplar los restos de la iglesia de Nuestra Señora de Villalba, levantada en el siglo XVI, de estilo gótico tardío, de la que se mantiene la torre con el reloj. Al parecer la iglesia tenía un interesante retablo flamenco, cuyas valiosas tablas se encuentran en paradero desconocido.

Otra iglesia de la que sólo quedan unas tristes ruinas es la de Nuestra Señora de la Llana, románica del siglo XII, cuya magnífica portada se puede admirar en el Paseo de la Isla de la capital burgalesa. Fue la iglesia parroquial en cuyo entorno se configuró el antiguo casco urbano del pueblo. Su abandono y consecuente deterioro comenzó a principios del siglo XIX, quedando reducida en la actualidad a un montón de piedras. Además del retablo, milagrosamente recuperado, en el Museo de los Claustros de Nueva York se encuentra un artístico grupo de cuatro relieves que representan la Adoración de los Reyes Magos.

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La actual iglesia parroquial del pueblo, única que se conserva en pie, es la de San Nicolás de Bari, de estilo neoclásico, construida a finales  del siglo XVIII sobre los restos de otra del mismo nombre. La obra se dio por finalizada en el año 1804. Se trata de un templo de grandes dimensiones, con tres naves de cuatro tramos, linterna, sacristía y antesacristía. En su decoración se  emplearon diferentes retablos y elementos procedentes de las ruinas de otras iglesias, ermitas o monasterios cercanos. En la nave principal se encuentra el Altar Mayor, cuya cabecera la cubre una bóveda semiesférica sostenida por pechinas, detrás se encuentra la sacristía y al fondo el coro. Las naves laterales se cubren con bóvedas de ladrillo. Bajo el actual suelo de losas de mármol se encuentran numerosas sepulturas, algunas procedentes de la iglesia anterior. Todavía a la calle que está detrás de la iglesia se la conoce como la de “La Cementería”.

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A Cerezo de Río Tirón también le cabe el honor de ser la patria de San Vítores, un santo ermitaño nacido hacia el año 800, que pasó muchos años de su vida en soledad, viviendo y ocultándose  de la vecindad de los árabes en las cuevas de los alrededores, hasta que se decidió a abandonar esta vida de eremita y, tal vez inducido por la aparición de un ángel que le mostró su nuevo camino, se puso a predicar la fe cristiana, tan perseguida por aquellos tiempos, y lo hizo precisamente en su pueblo natal, que a la sazón estaba sitiado por los moros, instalándose en la ermita de Villalba, que después se convertiría en la iglesia parroquial del pueblo. Sus arengas, cargadas de vehemencia y de fe, levantaron el ánimo de los atemorizados cristianos, afianzándoles, al mismo tiempo, en sus creencias cristianas, consiguiendo incluso más de una conversión. Una leyenda le llega a atribuir la conversión de la princesa Coloma, hija del rey de Gaza. Tales actividades provocaron muy pronto la persecución de las autoridades árabes, que consiguieron capturarle mientras predicaba en el cercano pueblo de Quintanilla de las Dueñas, siendo de inmediato sometido a tormento. Fue atado y colgado de un madero en forma de cruz, y abandonado a la intemperie para que muriese lentamente de hambre, sed y frío y para que sirviera de advertencia y escarmiento a los que habían escuchado sus arengas. Pero Vítores, como si estuviera subido a un púlpito, siguió predicando sin cesar, como si nada le ocurriese, arengando a sus paisanos a mantenerse en la fe de Cristo y animándoles a luchar contra el moro invasor. Al cabo de tres días sin parar de rezar y predicar, fue descolgado y decapitado, este hecho parece que ocurrió el día 26 de agosto del año 850 y al santo se le empezó a representar predicando con la cabeza en la mano.

Poco después del martirio de San Vítores, hacia mediados del siglo IX, la zona quedó libre del acoso musulmán, y muchos árabes se convirtieron y bautizaron, pasando a formar parte de la comunidad cristiana. Los restos de San Vítores recibieron sepultura en un  sepulcro cavado en la piedra de una cueva cercana a Cubillas, dentro del término de Cerezo de Río Tirón. En el año 1446 los Condestables de Castilla mandaron construir en su honor el Convento de San Vítores (2), en la cercana localidad de Fresno de Río Tirón. Allí fueron trasladados los restos del santo, que fueron depositados en un arca situada en el retablo del Altar Mayor, convirtiéndose rápidamente en un lugar de veneración popular al que, cada 26 de agosto, acuden en romería numerosos vecinos de los pueblos de la comarca y también de La Rioja, Navarra y Cantabria, a rendir homenaje a su santo patrón. Los franciscanos, que habían ocupado el Convento desde 1625, lo abandonaron tras la Desamortización llevada a cabo por Mendizábal en el siglo XIX, pero el culto al santo todavía se mantiene gracias a la “Asociación Pueblos de San Vítores”, integrada por más de una veintena de pueblos, principalmente de Burgos y La Rioja.

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En la actualidad Cerezo de Río Tirón pertenece al partido judicial de Briviesca, en la comarca Demanda-Oca-Tirón, dentro de la zona geográfica conocida como “La Riojilla Burgalesa”, integrada por los siguiente pueblos: Bascuñana, Eterna, Castildelgado, Fresneña, Ibrillos, Redecilla del Camino, Redecilla del Campo, Viloria de Rioja, Cerezo de Río Tirón, Fresno de Río Tirón, Avellanosa de Rioja, Quintanilla del Monte en Rioja, Villamayor del Río, Sotillo de Rioja, San Pedro del Monte, San Cristóbal del Monte, Quintanilla de las Dueñas y Belorado, al que se considera la capital de la zona. Todos ellos comparten con los pueblos riojanos viejas costumbres y muchos siglos de cultura e historia.

En 1994 se constituye la “Mancomunidad de la Riojilla Burgalesa”, en la se agrupan los siguientes municipios: Bascuñana, Castildelgado, Fresneña, Ibrillos, Redecilla del Camino, Redecilla del Campo, San Vicente del Valle y Viloria de Rioja, la patria chica de Santo Domingo de la Calzada.

NOTAS 

  • García I fue el primer rey de León y era hijo de Alfonso III el Magno, último rey de Asturias.
  • Antes de la llegada de los franciscanos el Convento estuvo a cargo de la Orden de Predicadores.

Autor Paco Blanco, Barcelona setiembre 2016

LA NOCHE DE LOS CELTAS: Algunos apuntes sobre Halloween. -Un artículo del burgalés, Eduardo Nabal-.

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UnHeimlich (Lo siniestro en Freud): Secreto, oculto, de modo que otros no puedan advertirlo, querer disimular algo; Unheimlich e inmóvil, como una estatua de piedra» En cuanto a lo siniestro evocado por el retorno de lo semejante y a la manera en que dicho estado de ánimo se deriva de la vida psíquica infantil, no puedo más que mencionarlo en este conexo, remitiéndome en lo restante a una nueva exposición del tema, en otras relaciones, que ya tengo preparada. Me limito, pues, a señalar que la actividad psíquica inconsciente está dominada por un automatismo o impulso de repetición (repetición compulsiva), inherente, con toda probabilidad, a la esencia misma de los instintos, provisto de poderío suficiente para sobreponerse al principio del placer; un impulso que confiere a ciertas manifestaciones de la vida psíquica un carácter demoníaco, que aún se manifiesta con gran nitidez en las tendencias del niño pequeño, y que domina parte del curso que sigue el psicoanálisis del neurótico. Lo siniestro (Sigmund Freud 10 consideraciones…)

Para explicar esta conversación debe mencionarse que en el centro de la mejilla izquierda de Georgiana había una marca singular profundamente entrelazada, por así decirlo, con la textura y sustancia de su rostro. En el estado habitual de su tez (una lozanía saludable aunque delicada) la marca tenía un tono carmesí profundo. Cuando se sonrojaba perdía gradualmente definición hasta que desaparecía en el torrente triunfante de sangre que bañaba con brillo la mejilla entera. Pero si alguna emoción cambiante la hacía palidecer, allí estaba de nuevo la marca, una mancha carmesí sobre la nieve, con una claridad que a Aylmer le parecía a veces casi temible. Su forma guardaba no poca similaridad con una mano humana, aunque del tamaño más diminuto. Los enamorados de Georgiana acostumbraban a decir que en el momento de su nacimiento algún hada había puesto su mano diminuta sobre la mejilla de la recién nacida, dejando allí esa huella en señal de los dones mágicos que le daban ese dominio sobre todos los corazones.

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Nataniel Hawthorne “La marca de nacimiento” (Cuentos góticos)

Leo que el obispado de Cádiz le declara este  año guerra a la noche de Halloween.  También la Iglesia española a lo de esparcir las cenizas en público o en privado. No sabemos si le quita público o fervor, o lo sustituye. Si se temen que cale el laicismo a pesar del triunfo de la derecha. Pero las hostias contra las calabazas es todo un caramelo funesto y delirante. Una locura que viene de antiguo y que hoy no tiene mucho sentido cuando la frivolidad y la desdicha, la sobriedad y la opulencia conviven sin estorbarse en nuestras calles pavorosas o desoladas, como las casillas de Hacienda destinadas a la Iglesia o a muchas ONG financiadas por…, truco o trato.

Hoy día parece que se ha puesto de moda lo de celebrar “La noche de Halloween”, en Europa y, más en concreto, en España. Aunque ofrendas a los muertos se llevan haciendo de forma cristiana desde que uno conoce estas tierras y las de ancestros. En autobuses llamados “Cementerio” Pero hay un giro ¿festivo? Disfrazarse de criaturas de la noche, lo de las bromas queda en un terreno impreciso y ambiguo, mas para el cine de miedo que para una realidad sociopolítica que es ya es de por sí  una broma de pésimo gusto con obispos y sin ellos.  Algunos, irritados, piensan que es otra importación cultural colonialista del Imperio Estadounidense. Y en lo que se refiere a su parafernalia, al circo que la acompaña, lo es. Pero no, se equivocan en lo que no se refiere a sus origen, no se equivocan en la forma de la carísima, siniestra  y grotesca campaña del Pato Donald  Trump, con la que EEUU nos castiga este año.

Celebrar la noche de difuntos de forma festiva no deja de tener su aquel, es una forma lúdica de entrar en contacto con el tabú sempiterno de la muerte. Pero debemos aclarar que “Haloween” no procede de ninguna festividad norteamericana, nunca fue una exportación yankee sino que es el resultado de algunos ritos de los Pueblos Celtas en la antigüedad, coincidiendo con el fin de la cosecha (buena o mala) y con el comienzo de la “estación oscura”. En esa noche para los celtas la línea que separa a la vida de los muertos se desdibujaba, de ahí que también se haya asociado a la brujería y el temor a los difuntos. También en esta España, en este estado maltrecho que ya da miedo por otros motivos.

Los celtas estuvieron en Irlanda, Britania y País de Gales (hoy Inglaterra) y también se establecieron en partes de Galicia o País Vasco. La celebración el 31 de octubre del fin de la cosecha y la noche de difuntos persistió sobre todo en áreas rurales. Pero la Iglesia Cristiana emergente y metomentodo intento, en vez de suprimirla, apropiarse de esta festividad pagana convirtiéndola en “El día de todos los santos” que fue seguida del “Día de las Ánimas”, para vender flores, tumbas y fervor religioso allí donde había festividad pagana y hasta hereje. Aunque esto ha calado en nuestro adoctrinamiento y en la fecha indicada los ritos de la víspera de la noche de difuntos, hogueras, ofrendas a los muertos etc. no cesaron sino que se sucedieron ignorando las sucesivas maniobras eclesiales. Por su parte en Latinoamérica tenían sus propios días de los muertos (México) pero el imperialismo colonizador ha convertido la noche de Halloween en una fiesta consumista y mimética de la que vende EEUU. Domesticada a lo Walt Disney y la “caza de brujas”, un antecedente bondadoso de Trump, sin sus fantasías racistas, sexistas y genocidas de aniquilación tal vez porque entonces esas “minorías” aún no se habían sublevado del todo.

Con la gran hambruna en Irlanda a principios de siglo muchos se fueron a EEUU en busca de un trabajo, un pariente lejano o una oportunidad. Por supuesto solo una minoría lo consiguió, y no siempre de forma honorable. Hubo formas de vandalismo, legales o no. Y allí siguieron celebrando la fiesta de la cosecha y aquella en la que había que hacer ofrendas a los muertos o por lo menos no enfadarlos ni sacarlos de sus casillas. Lo de llevarlos flores hoy en un tranvía llamado “cementerio” es lo mismo disfrazado de acción piadosa, no enfadar a los antepasados. Pero la historia viene de antes de todo esto.  Se llevaron la leyenda en los pisos bajos de los barcos con destino al llamado país de las “oportunidades”. Pronto sus representantes fueron mendigos y luego niños que pedían caramelos a los habitantes, a cambio de librarles de maldición y mala suerte, de los malos augurios y los ancestros airados, que no encontraron cobijo bajo la estatua de la libertad, esa señorita tan poco sincera. No obstante, tanto en Europa como en EEUU, la fiesta se les fue de las manos a los más tradicionalistas y se convirtió en un día de bromas pesadas que llegaron a formas extremadas de gamberrismo que incluía el descarrilamiento de trenes y la apertura de los corrales en las granjas, entre otras lindezas. Viendo que la cosa no iba a cesar el mercado de EEUU se fue apropiando de “La noche de Halloween”, del fuego, los niños llamando a las puertas y la calabaza, dándole un sentido más blanco, civilizado, candoroso y sobre todo lucrativo para grandes empresas que organizaban eventos, construían parques temáticos y vendían disfraces para los peques o no tan peques. También para Haloween. Las costumbres de EEUU, que varían por países, incluyendo la violencia primitiva y el individualismo, vienen de culturas próximas o del desarrollo de las ciudades grandes frente a los terrenos agrícolas y los latifundios. Hoy día nos da rubor que las discotecas hayan convertido algo así en un negocio espectacular, igual que los vendedores de disfraces y accesorios de adorno. Hay muchas historias por contar acerca de los mitos de Halloween, que en definitiva, viene del Shamain céltico pero al menos esto nos reconcilia con una fiesta que si bien hoy se ha convertido en una horterada (no mucho mayor que las Navidades) nunca tuvo su origen al otro lado del óceno, sino en la Europa de estos pueblos poco conocidos que llegaron hasta Galicia con sus hogueras y sus meigas susurrantes despertando iras de inquisidores, fanáticos de varias creencias  y juegos religiosos de los antiquísimos  puritanos oriundos de varias regiones de muchos sitios variopintos .
El director John Carpenter añadió algo de leña y sangre al fuego furioso de la fiesta con una película de terror de cierta- tampoco excesiva- calidad y bajísimo presupuesto donde un joven psicópata se escapa del psiquiátrico y  vuelve a su pueblo natal la noche anterior a Halloween.  Un pueblo del centro de EEUU, ochentero y conservador, que aparentemente relaja sus costumbres en forma de fiesta juvenil. Carpenter retrata esos pueblos provincianos, esas universidades frívolas, esos/as jóvenes descerebrados ajustando cuentas, como Myers, con una sociedad banal  por la que nunca ha demostrado demasiado afecto ni empatía. Sobre ellos volcó la ira de una herida juvenil en forma de trauma porque detrás de toda celebración mentirosa y forzada hay un ser, infeliz y desesperado, un solitario, marginado o no, buscando respuestas.

Carpenter supo además apuntar sin nombrar la herida sociológica e histórica sobre los EEUU del pasado de los puritanos que reprimieron aquellas corrientes de subversión venida de Europa o que ya existía en el México de los muertos como fiesta rutilante. Como vemos en la narrativa de pioneros como Hawthorne (“La marca de nacimiento”, “La letra escarlata”, “El velo del ministro”) el rechazo social, el estigma, la marca tiene un origen social, además de unas connotaciones económicas y sexuales mucho más complejas de las que puede comprender la dimensión de un psiquiatra, aunque sea de película. De ahí que las fuerzas médicas no puedan cazar a Jason, ni sus balas matarlo. Jason no existe, representa, figura,  no es un cuerpo, es una fuerza, no es un no-muerto, ni un muerto viviente, es el pasado sofocado que brota, como el agua por una tubería rota en los EEUU de principios de los ochenta y la era del neopuritanismo además de la adolescencia, la juventud y el descubrimiento de la sexualidad en pandilla o en solitario/asilamiento (en fiesta o reclusión, en fiestas o cuidando niños/as de terceros) cuando todas ellas se reprimen, se festejan,  se sufren o disfrutan  a la vez que se confunden.

Es la mujer estigmatizada, el loco, el chico voyeur, el sociópata en el colegio estúpido , el gay reprimido, la lesbiana oculta, la trans tras las cortinas de la ducha (como un heredero de Norman Bates) , el hermano incestuoso, los celos extramatrimoniales, el fetichismo, los impulsos que se quieren convertir en perversos pero no lo son. Los inocentes sacrificados, los polimorfos, las sombras de lo cotidiano cuando se vuelve siniestro bajo una luz distinta. El autómata que cobra vida.  La respiración entrecortada, que parece impaciente ante las risas tontas y las conversaciones banales. Impaciente por matar, vengarse, explicar que sucedió realmente o que no sucedió nunca.  El pasado que nunca fue pasado, el presente que vuelve a ser pasado, el pasado que vuelve a ser presente, el presente que vuelve a ser pasado.

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MAQUETA DEL MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE RIOSECO. -Por Fernando de Miguel Hombría-.

EL MONASTERIO. (Pulsa)

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SASAMÓN Y EL CASTILLO DE OLMEDILLOS. -Por Francisco Blanco-.

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Los turmogos fueron uno de los pueblos celtíberos que habitaron el N. de la Península Ibérica durante la Edad del Hierro, hasta que fueron expulsados o dominados y colonizados por los romanos. Los pueblos fronterizos eran los cántabros y astures por el Norte, con los que mantenían muy hostiles relaciones, los autrigones por el Este, hasta la Sierra de la Demanda y los Montes de Oca; los pelendones por el Sur, con la línea que marca la ribera del Arlanza, y los vacceos por el Oeste, hasta la Peña Amaya.

Plinio el Joven los llama Segisamonenses, refiriéndose, seguramente, a que su capital era Segisama, “la más fuerte”, la actual Sasamón, en la que, a principios del siglo I a. C. Octavio Augusto instaló su cuartel general para dirigir sus campañas militares contra cántabros y astures. Durante el dominio romano la ciudad fue dotada con puentes, calzadas, baños y termas públicos, teatro y foro.

Después de  sufrir dos invasiones, primero por parte de los visigodos a principios del siglo V, y tres siglos después, por los musulmanes, a comienzos del siglo VIII, en los que la devastación y el saqueo fue la política más utilizada por los invasores, en los primeros años del Medievo, al mismo tiempo que avanzaba la Reconquista dio comienzo una lenta repoblación de la zona, iniciada precisamente por astures, cántabros y vascones, que eran los pueblos menos romanizados y más autóctonos de la península.

A partir de la destrucción de la Sede episcopal de Oca por los árabes en el siglo VIII, situada en la localidad burgalesa de Villafranca Montes de Oca, habrá obispos en Amaya, Valpuesta, Muñó, Sasamon, Oña y Gamonal, hasta que en el año 1075 el rey Alfonso VI restaura la antigua sede episcopal de Oca, asignándola a la iglesia de Gamonal, que acaba integrándose en la Diócesis de Burgos, que aún no tenía catedral, acto que fue confirmado por el papa Urbano II en el año 1095. También cede su palacio de Burgos al obispo Simón, para que en sus terrenos se empezara a edificar la primera catedral románica, a partir de aquí la sede burgalesa fue adquiriendo cada día mayor importancia, hasta que en el año 1574 el papa Gregorio XIII la convirtió en Arzobispado.

Sesamón se erigió en obispado el año 1059 y su iglesia declarada catedral, siendo confirmado por el rey Sancho II (1) el veintidós de marzo del 1071, figurando como obispo D. Munio ó Muño, que firmaba como el “Segocense”, por ser natural de Segovia. En el 1100 el titular era el obispo Pedro Paramón, un burgalés de Pedrosa del Páramo que fue quien acabó de edificar la primitiva catedral románica sobre la cual, en el siglo XIII, se levantó la monumental Colegiata de Santa María la Real, una de las joyas del gótico burgalés. En el año 1128 el rey Alfonso VII disuelve el obispado de Sasamón, trasladándolo a Burgos, aunque durante algún tiempo sus titulares se llamaban Obispos de Burgos y Sasamón. A pesar de esto, el auge de Sasamón no decae y pocos años después aparecen los poderosos Templarios, que levantan en sus cercanías un monumental Hospital de Peregrinos, al que empezaron a acudir numerosos viajeros procedentes del cercano Camino de Santiago. A partir de aquí puede decirse que comenzó el esplendor de Sasamón, que aumentó cuando, en el año 1200, se empezó a construir la Iglesia-Catedral y muchos peregrinos se desviaban de la cercana Ruta Jacobea para acercarse a venerar la imagen de Santa María. Este esplendor continuó y fue aumentando durante los tres siglos posteriores.

En el año 1068 la condesa Muniadona de Castilla cede al obispo de Sasamón el Monasterio cisterciense de de San Miguel de Mazoferrario: “in Maçoferrario concedo monasterium S. Michaelis”, situado en lo que hoy se conoce como Mazaferreros, a un kilómetro escaso de Sasamón, en el camino que conduce a Villahizán de Treviño, donde parece también existió un pequeño asentamiento romano. Este monasterio románico, del que apenas quedan huellas ni reseña arqueológica alguna, según se puede deducir por sus cimientos parece que era de grandes dimensiones, con triple cabecera y tres naves, empezó a ser desmantelado durante el siglo XV, coincidiendo con el éxodo de los escasos habitantes del poblado, en el que parece que había una ferrería, hasta desaparecer  casi por completo en el siglo XVI. Gran parte de su sillería fue a parar a la Catedral de Santa María la Real de Sasamón. Los franceses que se instalaron en la zona entre 1808 y 1812, arrasaron lo poco que quedaba en pie.

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Lo único que actualmente queda en pie es una pétrea portada, rodeada de cardos, brezos, espinos y malas hierbas, como una puerta abierta y perdida en el campo, que no conduce a ningún sitio, pero que intenta mantener, a pesar de su ruinoso estado,  un aire entre sagrado y altivo. (2)

En torno a este desaparecido Monasterio se ha generado el misterio de que existe una cripta oculta, que da paso a un pasadizo subterráneo que llega hasta Sasamón y se comunica con su Iglesia-Catedral y con las desaparecidas instalaciones de los Templarios.

El principal monumento de Sasamón sin duda es la Iglesia-Catedral de Santa María la Real, que se empezó a construir a mediados del siglo XIII sobre la iglesia románica que mandara construir Alfonso VII, finalizándose en el XVII. Sus grandes dimensiones la convierten en el tercer mayor templo de Burgos y provincia, tan sólo superada por la Catedral y la Iglesia de la Asunción de Melgar de Fernamental. Lógicamente mantiene algunos elementos románicos, pero su estilo predominante es el gótico. Entre sus principales artífices se encuentran los arquitectos burgaleses Juan de Colonia, su hijo Simón y su nieto Francisco, que finalizó el claustro en el siglo XVI. Su portada principal es, sin duda, una réplica de la del Sarmental de la Catedral de Burgos, en la que igualmente se representa un Cristo en Majestad rodeado por el Tretamorfos.

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                                  Colegiata de Santa María la Real

En el lado sur de la Iglesia se encuentra la portada de San Miguel, levantada en el año 1504, al parecer costeada por los vecinos que habían llegado de Mazarreros, agradecidos por la buena acogida que habían recibido de los segisamonenses. En ella aparecen  las estatuas con dosel de San Juan Bautista, San Juan Evangelista, el obispo de Burgos Pascual de Ampudia (3), los Reyes Católicos Isabel y Fernando, destacando sobre todas la de San Miguel. Por esta puerta se accede actualmente al Museo Parroquial.

Es de destacar el esfuerzo y la aportación personal de todos los vecinos del pueblo por conservar, mejorar y engrandecer este monumental templo gótico, que tantas y violentas agresiones ha tenido que soportar, incluso por parte de sus propios habitantes, a lo largo de su ya larga historia, aunque el mayor ensañamiento lo sufrió durante los cuatro años de la ocupación militar francesa. Gracias a su generosa entrega pueden actualmente sus visitantes disfrutar plenamente de esta valiosa joya de la arquitectura gótica burgalesa  y de su valioso contenido.

Otro monumento religioso digno de ser visitado es la Ermita de San Isidro, formada por tres tramos de distintas épocas, con cuatro pilares y bóveda de crucería.  Se empezó a construir a principios del siglo XVI y se fue ampliando posteriormente, hasta que se finalizó en el siglo XVIII. Dentro del primer tramo destaca la extraordinaria Cruz del Humilladero, un gran árbol de piedra de cuatro piezas, en el que se representa la historia de la Salvación y la Redención del Hombre, desde el Pecado Original hasta la Anunciación de la Virgen María. Se trata sin duda de uno los más destacados y ricos cruceros de toda España. Tiene más de seis metros de altura y su estilo se corresponde con la escuela burgalesa de los Colonia.  Una inscripción señala el año 1521 como fecha de su construcción.

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                                              Cruz del Humilladero

La plaza Mayor, de reducidas dimensiones, es del año 1781, aunque fue prácticamente destruida durante la ocupación francesa, en ella destaca el edificio del Ayuntamiento, pero también se pueden admirar algunas antiguas casas blasonadas, como el palacio de los Osorio y Villegas, conocido también como la Casona de Santa Teresa, en la que habitaron ilustres familias de Sasamón, como los Ayala Calderón y los Osorio y Villegas; en su sobria fachada principal destaca el escudo heráldico de las citadas familias.

A finales del año 1808, como consecuencia de la desastrosa derrota que el día 10 de noviembre el ejército realista sufrió ante los franceses en Gamonal, a las puertas de Burgos, Sasamón tuvo que soportar la presencia en su pueblo de una guarnición francesa, que se prolongó nada menos que hasta el 21 de julio de 1812.

Esta larga ocupación, a la que hay que sumar los diferentes asedios sufridos por parte de los “brigantes” ó jefes guerrilleros Salazar, Pinto, Longa y Padilla, que luchaban contra los franceses, llegando a provocar en el pueblo hasta tres incendios. La guarnición francesa, que nunca llegó a superar los 100 soldados, estaba al mando del teniente Lafite. Desde el primer día estableció su cuartel general en la Iglesia-Catedral de Santa María, que gozaba de una privilegiada situación estratégica. El claustro se convirtió en lugar de fusilamiento y también en cementerio; en la sacristía llegó a instalarse un burdel para uso de la tropa. Los vecinos de Sasamón también se dividieron, una buena parte del vecindario, bien de grado ó por fuerza, se decidió a colaborar con los franceses, eran los llamados “afrancesados”, destacando el propio párroco del pueblo D. Miguel López Calvo; también se creó una “Guardia Cívica”, al mando de D. Nicolás Saiz Villegas, que colaboró con la guarnición francesa en el mantenimiento del orden público y en perseguir a los vecinos sospechosos de colaborar con los guerrilleros.

En la primavera de 1812 comenzó el asedio final por parte de los guerrilleros ya citados, que acorralaron a los franceses en la Iglesia, provocando devastadores incendios que destruyeron la mayor parte de las casas del pueblo, también hubo muertos y heridos en los dos bandos, aunque la mayor mortandad se produjo entre los guerrilleros.

El ataque final tuvo lugar el 4 de mayo y estuvo a cargo del brigadier Juan Díaz Porlier, también conocido como “El Marquesito”, al frente de 4000 experimentados granaderos y cazadores, procedentes de los regimientos “Laredo” y “1º Cántabro” que, tras destruir las pocas casas de alrededor que aun se mantenían en pie,  nuevamente acorralaron a los franceses en la Iglesia-Catedral, que fue bombardeada pero resultó inexpugnable (4).

Dos meses tardo aun la guarnición francesa en abandonar Sasamón en dirección a Burgos, cosa que hicieron el día 21 de julio de 1812, les acompañaban los más destacados afrancesados de la localidad, entre ellos el párroco Miguel Calvo, que se llevó consigo un valioso botín, y el jefe de la Guardia Cívica Nicolás Saiz Villegas, los cuales habían sido nombrados por el rey José I Bonaparte Caballeros de la Real Orden de España. El pueblo estaba semiderruido y saqueado pero, al día siguiente, 22 de julio, fue nuevamente invadido, esta vez por las huestes del guerrillero palentino Santos Padilla, que acabaron de rematar la faena, cebándose esta vez en Santa María la Real, destrozando a culatazos retablos, cuadros e imágenes de santos, también destruyeron el órgano, la sillería y se apoderaron de todas las piezas de valor que habían dejado los franceses, procediendo finalmente a incendiar el templo. Todo esto lo hicieron Santos Padilla y sus guerrilleros como venganza contra los vecinos de Sasamón, a los que acusaban de “afrancesados” y de haber colaborado voluntariamente con el enemigo. No satisfecha su sed de venganza y destrucción, Padilla y los suyos se dirigieron a la cercana Olmillos de Sasamón, apoderándose de su castillo, al que también pegaron fuego, no sin antes haber expoliado o destruido cuanto de valor encontraron en su interior, que no era poco.

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El Castillo de Olmillos posiblemente sea la joya más valiosa de la arquitectura militar burgalesa, aunque no fue construido para la guerra, sino como palacio-casa fuerte, residencia de Señorío. La primera piedra se colocó a mediados del XV, hacia el 1446, por iniciativa de D. Pedro de Cartagena (5), regidor de la ciudad de Burgos y sobrino del obispo D. Pablo de Santamaría, un judío converso llamado Salomón Ha-Leví, que antes de su conversión había sido Rabino Mayor de Burgos, fundador de la dinastía de los Cartagena, cuyos miembros tanto impulsaron el desarrollo de las artes, las letras y las ciencias por todo el país, pero especialmente en la capital burgalesa. La Flor de Lis, emblema de los Cartagena, destaca en cada una de las esbeltas torres del castillo. En el siglo XVI, por vía matrimonial la propiedad del casillo pasa de los Cartagena a los Vizcondes de Viloria, que la conservan hasta principios del siglo XIX en que, de nuevo por vía matrimonial, pasa a ser la residencia de los Duques de Gor. Finalmente pasó a poder del conde de Arteche (6) y la familia San José, que hicieron una importante inversión en la magnífica restauración del Castillo. En la actualidad se ha convertido en un importante complejo hotelero, cuya titularidad la ostenta la empresa Turconsa SA.

El poeta sacerdote burgalés D. Bonifacio Zamora Usabel le ha dedicado un bello poema que trascribimos:

“Castillo señorial. Palacio airoso.

Escándalo elegante de la piedra,

que a los mordiscos flébiles del tiempo

aun se resiste en torres y en almenas.

 

Redondos cubos, paredones fuertes,

que a sol y sombra en los pinceles juega.

Murallas descarnadas bajo el ampo

de la nieve, velando incultas quiebras.

 

Luz cenital de día luminoso

después de la nevada.

Cartagena llorará al verlo. Pero así mirado,

Isidro Gil lo trajo a su paleta.”

El pueblo de Sasamón, después de la terrible experiencia de la ocupación francesa y la devastadora actuación de los guerrilleros, sufrió un alto grado de decadencia en todos los ámbitos, de la que ha tardado muchos años en rehacerse. Su reconstrucción y vuelta a la cotidiana y moderna normalidad se debe, en gran medida, al extraordinario esfuerzo realizado por la totalidad de sus vecinos por devolverle una gran parte de su antiguo esplendor, consiguiendo sobradamente que el Sasamón de hoy sea digno de ser visitado, ofreciendo a sus visitantes numerosos atractivos tanto históricos, como monumentales, culturales y gastronómicos. No en vano su conjunto ha sido declarado como Bien de Interés Cultural y en el año 1969 consiguió el primer premio del Concurso Provincial de Embellecimiento.

No se puede dar por finalizada esta visita a Sasamón sin hablar de su estrella gastronónica: EL QUESO. Existe una pequeña pero moderna empresa familiar, llamada “Quesos de Sasamón”, que elabora de forma totalmente tradicional y artesana, una serie de variedades de quesos de leche de oveja, mantecosos ó curados, capaces de deslumbrar los más exigentes y sofisticados paladares. Todos se elaboran a partir de la leche cruda de oveja, pasando después cada uno por un cuidadoso proceso de maduración. Destaca el “Peña Amaya”, de intenso aroma y delicado color amarillo, cuya degustación produce sensaciones difíciles de olvidar. Para los amantes de los quesos fuertes ofrecen el “Don Pepito”, curado en grandes vasijas de barro durante todo un año. Probarlo resulta una experiencia inolvidable. Una vez curados, los quesos se alinean en grandes baldas, dándoles manualmente la vuelta cada ocho días.

Estos sustanciosos quesos han obtenido numerosos galardones, tanto a nivel nacional como fuera de España, pudiendo competir con los mejores y más afamados del mundo.

Se pueden probar y adquirir en la misma fábrica. Tampoco es de desdeñar la rica cuajada. Buen provecho.

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NOTAS:

  • Sancho II fue rey de Castilla y León hasta que fue asesinado el 1072 durante el sitio de Zamora por Bellido Dolfos. Le sucedió su hermano Alfonso VI.
  • En 1959 el P. José Pérez Carmona publicó la obra, prologada por Fray Justo Pérez de Urbel, titulada: “Arquitectura y escultura románicas en la provincia de Burgos”, en la que se relacionan números templos románicos de Burgos y provincia en situaciones semejantes al de este de S. Miguel de Mazoferrario.
  • Pascual de Ampudia fue obispo de Burgos entre 1442 y 1512, coincidiendo con el reinado de los Reyes Católicos. Era natural de la localidad palentina de Ampudia.
  • Juan Díaz Porlier era natural de Cartagena de Indias y por su parentesco con el Marqués de la Romana se le conocía como “El Marquesito”. Había participado en la batalla de Trafalgar y en el 1812 había alcanzó el grado de teniente coronel. Formando parte del Ejército de Extremadura, a las órdenes del general Mendizábal, se dirigió a la defensa del norte peninsular, participando en la desastrosa batalla de Gamonal, tras la que los franceses invadieron Burgos. En la guerrilla alcanzó el grado de brigadier y en el 1813 fue ascendido a Mariscal de Campo. Convencido liberal, intentó que se restableciera la Constitución de 1812, derogada por Fernando VII. Fracasado en su intento, fue apresado, procesado por traidor y condenado a morir en la horca. Fue ajusticiado en La Coruña el 3 de octubre de 1815. Tan solo contaba 27 años de edad.

Sobre todo lo que se trata en este modesto ensayo, pueden documentarse con la obra del Historiador burgalés D. Isaac Rilova Pérez, que ha escrito varios libros sobre el tema, entre los que destacan: “Olmillos de Sasamón: Villa, iglesia y fortaleza (1997) y “Sasamón, historia y guía artística” (2005), ésta en colaboración con J. Simón Rey.  

  • Existe otro Pedro de Cartagena, contemporáneo suyo, preclaro poeta cuyas obras todavía se pueden leer en el “Cancionero General”.
  • El primer Conde de Arteche, D. Julio Francisco Domingo de Arteche y Villabaso, era natural de Las Arenas, fue nombrado por Franco el 18 de julio de 1960. También fue distinguido con la Gran Cruz de Isabel la Católica. Fue diputado de las Cortes franquistas y Presidente vitalicio del Banco de Bilbao. Su hermano, D. Antonio de Arteche y Villabaso era el I Marqués de Buniel, nombrado por Alfonso XIII. Fue diputado por Burgos entre 1905 y 1923.

Autor: Paco Blanco, Barcelona setiembre 2016

JOSE LUÍS ARCE CARRASCOSO. -Catedrático de Filosofía-.

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De familia burgalesa, originaria de Villadiego, nace en Toledo el año 1942. Muy pronto, sus padres se instalan en Burgos, donde residirán de forma permanente.

Sus estudios primarios y secundarios los realiza en el Colegio “Liceo Castilla” de la capital, obteniendo siempre excelentes calificaciones. En el año 1960, comienza sus estudios de magisterio en la correspondiente escuela burgalesa, terminándolos en 1962. Seguidamente oposita para el cuerpo de profesores de primera enseñanza, obteniendo destino, con  el número 1 de su promoción, en Roa de Duero.

En el año 1964 comienza sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Oviedo, bajo la dirección especial del catedrático Dr. Gustavo Bueno. Pasa, a continuación, a estudiar la especialidad de Filosofía en la Universidad Complutense, mereciendo los premios extraordinarios de licenciatura y doctorado, así como el accésit de premio nacional.  En dicha universidad madrileña es nombrado profesor ayudante de Metafísica (Crítica), cátedra regida por el Dr. Sergio Rábade Romeo, el año 1969. A continuación obtiene mediante oposición el grado de profesor adjunto numerario para la disciplina de Teoría del conocimiento, donde ejercerá hasta el año 1983, en el que gana por oposición la cátedra de la misma asignatura, para la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona. El año 2012 se jubila al cumplir la edad reglamentaria.

Sus obras principales en materia filosófica son:

“El problema del error en Descartes”. Publicaciones de la U.Complutense.

“Historia de la Filosofía” en colaboración con S.Rábade y otros.G .del  Toro, ed.

“Hombre, conocimiento y sociedad”. P.P.U. Barcelona.

“De la razón pura a la razón interesada” Publicaciones de la Universidad de Barcelona.

“Teoría del conocimiento: sujeto, lenguaje, mundo” Editorial Síntesis.

Por otro lado, a lo largo de su vida académica, ha desarrollado, la actividad como coleccionista y crítico de arte contemporáneo, siendo numerosísimas las publicaciones que al respecto ha llevado a cabo. Entre ellas cabe destacar los libros:

“Salvador Motos Caruda. Pintor de Cuenca”. Diputación de Cuenca.

“Nueve expresiones”. EDIFUR, S.A. Madrid.

“Antoni Gonzalo Lindín”. Diputación de Tarragona.

En  la actualidad sigue vinculado a Burgos, por razones personales y familiares.

Referencias:

(Dialnet,- Raco.- Departamento de filosofía teorética de la Universidad de Barcelona,-”La filosofía española” de Gonzalo Diaz, C.S.I.C.- Revistas Logos de la U.Complutense, y Convivium de la U. de Barcelona.

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NECROLÓGICA DEL EMPRESARIO BURGALÉS, MÁXIMO CUÑADO ALONSO.

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Máximo Cuñado Alonso nació en Mecerreyes (Burgos) el 3 de enero de 1931 y falleció en Madrid el 31 de julio de 2016.

Tras emigrar a Madrid en los años 50 del siglo XX, comenzó como empresario en una negocio de saneamiento. Ese solo fue el principio, pues luego crearía Cuñado y Cia, empresa dedicada a la tubería industrial  que suministró productos innovadores a la industria petrolifera y a  plantas nucleares. A partir de ese éxito, llega un periodo de expansión con filiales en Hispanoamérica, Europa, Asia y Africa. A su muerte, sus empresas dan trabajo a seiscientas familias y facturan quinientos millones de euros.

Fue enterrado en su localidad natal; la villa de Mecerreyes.

 

Fuente: ABC