HACE 25 AÑOS: EDU MARCA EL GOL NÚMERO 100 DEL REAL BURGOS EN PRIMERA DIVISIÓN. -Por Jesús Ignacio Delgado Barriuso-.

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SUPUSO EL MERECIDO EMPATE DE LA ESCUADRA “FRANJIPARDA”, ANTE EL MEDIÁTICO SEVILLA FC DE MARADONA, EN EL ESTADIO “RAMÓN SÁNCHEZ PIZJUÁN”

Por: Jesús Ignacio Delgado Barriuso    

En el día de hoy conmemoramos el 25º aniversario de la consecución del gol número cien en la División de Honor del Real Burgos, único club de fútbol de nuestra ciudad y provincia vivo y en activo que ha militado en la  máxima categoría del deporte rey en España.  El celebrado tanto lo materializó el burgalés Eduardo Velez Díez, el día 13 de junio de 1993 en un marco espléndido: el histórico, emblemático y precioso Estadio “Ramón Sánchez Pizjuán” y ante un potentísimo equipo: el Sevilla FC de Maradona.  Edu marcó de cabeza en el minuto 89, rematando un medido centro de José Manuel Lito  en la izquierda del área grande, tras excelente pase desde el centro del campo del jugador  -cedido por el Real Madrid “B”-  Juan José Vallina (no confundir con el guineano José Antonio Ballina, que fichó por el cuadro franjipardo  la temporada siguiente procedente del Palamós CF). El combinado pardicarmesí, entrenado por Miguel Sánchez (tercer técnico de la temporada, sin contar la interinidad de Manzanedo en dos partidos) desarrolló el mejor partido de todo el Campeonato de Liga 1992/93 fuera de casa. En el segundo tiempo por ocasiones y superioridad la escuadra rojipardilla mereció la victoria.

Con un calor sofocante (35º) la ciudad de Sevilla presentaba sus mejores galas, tras el  espaldarazo de la Expo´92. Un año después, volvía a convertirse en centro de atención mundial con la visita del Papa Juan Pablo II para clausurar el 45 Congreso Eucarístico Internacional, durante los días 12 y 13 de junio de 1993.  Esa misma mañana del 13 de junio de 1993, fecha en la que el Real Burgos cincelaba una efeméride más que aportaba a su brillante historia, que continúa siendo propia y auténtica,  se habían congregado más de  600.000 personas en la Plaza de la Feria para participar en la ceremonia que presidía Su Santidad Juan Pablo II.

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Se disputaba la jornada 37ª y el “Sanchez Pizjuán” registró una entrada de 29.000 espectadores. Las alineaciones que presentaron ambos contendientes, son las que siguen:

Sevilla FC: Unzue, Del Campo, Martagón, Jiménez, Diego, Rafa Paz, Simeone, Suker, Conte (Carvajal, m.83), Maradona (Pineda, m.53) y Monchu. Entrenador: Carlos Salvador Bilardo

Real Burgos CF: Elduayen, Herrera, Del Val, Alejandro, Limperger, Edu, Joseba Aguirre,  Lito,  Emilio (Boerebach, m.66), Fenoll (Vallina, m.58) y Loren.

Arbitro: Carmelo Rodríguez Martel (Colegio Canario).

Tarjetas amarillas: Martagón; Joseba Aguirre y Herrera. El gol sevillista anotado por Monchu, en el minuto 35.

Maradona fue sustituido en el minuto 8 de la segunda parte, arrojando el brazalete de capitán al suelo, e insultando al entrenador sevillista, su compatriota Carlos Salvador Bilardo(con el que se había proclamado campeón en el Mundial de México´86). Y se marchó con su familia sin esperar a que terminase el encuentro y sin comparecer en rueda de prensa, como hacía habitualmente después de cada partido.  El actual Secretario del Consejo de Administración del Real Burgos CF·SAD, Eduardo Canas conoce más detalles del monumental cabreo del crack argentino, pues fue testigo directo desde el banquillo. Ese  partido ante el Real Burgos fue prácticamente el último como profesional en un Campeonato importante del “pelusa” Maradona, pues con el conjunto sevillista, ni siquiera integró la convocatoria para la jornada final de la Liga 1992/93, y luego en Argentina con el CA Newell´s Old Boys de Rosario solo jugó cinco encuentros.

El Sevilla FC, presidido por Luis Cuervas, tenía objetivos muy importantes para la temporada 1992/93. Tras varios meses de negociaciones, el cuadro de Nervión consigue el espectacular y mediático fichaje de Diego Armando Maradona, el cual con 32 años, se encontraba en el ocaso de su carrera y rodeado de múltiples escándalos por sus adicciones y sus comprometidas “relaciones sociales napolitanas”. El club hispalense abonó 7 millones y medio de dólares al Nápoles FC por el traspaso. Junto al crack argentino, el  Sevilla FC se encontraba repleto de figuras como: Unzue, Jiménez, Martagón, Rafa Paz, Simeone, Conte y Pineda, dirigidas por el referido Campeón del Mundo Bilardo.  El inesperado pinchazo ante el Real Burgos, ya descendido, supuso el estrepitoso fracaso de la entidad sevillista, que finalmente quedó en 7ª posición y no se clasificó para la UEFA (actual Europa League), beneficiándose de esa coyuntura el Atlético de Madrid.

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Entre otros acontecimientos destacables, el día 13 de junio de 1993, Miguel Induráin ganaba su segundo Giro de Italia, mientras que Felipe González había sido reelegido por cuarta vez como Presidente del Gobierno, una semana antes, el día 6 de junio de 1993 en las Elecciones Generales anticipadas.

Volviendo al protagonista principal del acontecimiento que hoy rememoramos, Edu anotó un total de once goles en las ocho temporadas que militó en el Real Burgos (la campaña 1989/90 estuvo cedido al Atlético Marbella de Segunda “B” entrenado por el ex-técnico rojipardo Sergio Kresic, donde marcó dos veces).  De los cuales dos fueron enormemente señalados.

Eduardo Vélez Edu,  firmó el 31/03/1991 el legendario gol en el  “Bernabéu” del Real Burgos  -y del fútbol burgalés- propiciando que el triunfo pardicarmesí sea el único de un club burgalés en el Coliseum “madridista”. Lo materializa Edu en el minuto 54.  La jugada se  inicia con Ayúcar, que combina con Barbaric, y este lanza un pase en profundidad sobre el canterano, que se cuela entre Solana y Villarroya, marcando dentro del área grande por medio de un templado disparo a media altura con su pierna izquierda, ante la salida de Buyo. Eduardo Vélez lograba así su segundo gol con la camiseta rojipardilla.

Pero en la temporada 1988/89 (Segunda “A”) Edu consiguió el gol de la sonada victoria del Real Burgos ante el CD Tenerife (0-1) en el “Heliodoro Rodríguez López” (repleto hasta casi reventar), el 11/06/1989 en la antepenúltima jornada de Liga.  Fantástico gol del jugador de Torrepadre desde fuera del área. El “heliodorazo” complicó el ascenso directo a Primera a los chicharreros, que finalmente ascenderían en la promoción.

En la temporada 1992/93 (1ª) además de perforar las redes sevillistas con el gol que conmemoramos, marcó dos más, ante la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao. En la Liga 1991/92 (1ª) anotó ente el Athletic de Bilbao. Y en la campaña 1993/94, obtuvo cinco goles (2ª “A”): RCD Español, SD Compostela, Atlético Marbella, SD Eibar y CD Toledo y en la Copa del Rey al Elche CF

En el minuto 2´32 del video adjunto podemos visionar el centenario gol del Real Burgos CF·SAD en Primera División.

¡¡AUPA REAL BURGOS!! ¡¡ADELANTE MATAGIGANTES!!

Texto y documentación: Jesús Ignacio Delgado Barriuso

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LA GASTRONOMÍA CON LOS ROMANOS Y LOS VISIGODOS. -Por Francisco Blanco-.

“Cada época de la historia modifica el fogón y cada pueblo come según su alma, antes tal vez que según su estómago. Hay platos de nuestra cocina nacional que no son menos curiosos ni menos históricos que una medalla, un arma o un sepulcro”

(Doña Emilia Pardo Bazán)

Antes de la llegada de los romanos, el territorio que comprendía la actual provincia de Burgos estaba habitado por diferentes tribus celtas, como los vacceos, los verones, los arévacos y los celtíberos, que habitaban en pueblos amurallados, situados en los altos de los cerros para facilitar su defensa y vivían prácticamente de la caza, la ganadería y una muy escasa agricultura. Hacia el siglo II antes de Cristo empezaron a aparecer los romanos y comenzaron a surgir los problemas de convivencia, que se rompió definitivamente con la caída de Numancia en el 133 a.C., tras un asedio que duró nada menos que 20 años. La romanización fue progresiva, hasta que se completó en tiempos del emperador Augusto, pasando los territorios conquistados a formar parte de las provincias romanas de Lusitania y Tarraconensis.

Las huellas de los romanos en nuestra provincia son todavía abundantes, destacando los yacimientos arqueológicos hallados en  Roa (Rauda), Valdeande (Ciella), Baños de Valdearados, pero especialmente las ruinas romanas de Clunia Sulpicia, (actualmente Peñalba de Castro), que llegó a ser capital del Imperio en tiempos del emperador Tiberio. Son especialmente destacables su impresionante teatro romano y numerosas  “termas” y “domus”  decorados con bellos mosaicos perfectamente conservados. En el Museo de Burgos también se pueden admirar varias piezas procedentes de diferentes lugares de la provincia.

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Roma, a partir del siglo II antes de Cristo, en que empezaron a extender sus colonias por todo Oriente, dejó de ser un pueblo austero y frugal, para convertirse en un pueblo poderoso, que había recibido de Grecia una valiosa herencia cultural, y que  alcanzó igualmente un gran esplendor en todos los órdenes, incluido naturalmente el gastronómico. Las clases populares siguieron alimentándose a base de tres comidas diarias, de las que la más importante era la cena, pero con el esplendor y la riqueza aparecieron también las grandes diferencias sociales, que a su vez establecieron grandes diferencias en la forma de vivir de los romanos, incluida su forma de alimentarse.

Las grandes victorias militares que propiciaron la expansión de Roma por la mayor parte del mundo conocido, fueron aprovechadas por las clases dominantes para amasar grandes fortunas, que les permitieron llevar un fastuoso tren de vida. El lujo, la ostentación y el despilfarro estaban a la orden del día en la opulenta sociedad aristocrática romana.

Esta opulencia no dejó de sentirse en la comida, que se volvió mucho más abundante y sofisticada, incorporando un gran número de productos exóticos procedentes de los países conquistados. Los platos eran cada vez más complicados y requerían una larga elaboración, lo que dio lugar a que los cocineros alcanzaran una gran valoración.

A la poderosa capital del Imperio llegaban, aparte de numerosas clases de pescados que se fueron aclimatando a las aguas del Mediterráneo, las trufas que se traían de Libia, los melocotones y los melones de Persia, los rábanos y las ciruelas de Siria, los albaricoques de Armenia, los vinos de Siracusa y de Hispania.

Los ciudadanos más poderosos y acaudalados de Roma competían entre ellos en ofrecer a sus invitados los banquetes más sofisticados y suntuosos que se puedan imaginar.

Entre los más famosos se encontraban los que ofrecía Lucio Licinio Lúculo, político y militar durante los últimos años de la República, que acumuló una gran fortuna mientras estuvo en activo y que al abandonar la política se construyó una señorial mansión en el monte Pincio, cercano a Roma, dotada entre otras cosas de diez comedores o triclinios, en los que acogía a sus invitados según su número, ofreciéndoles delicados y exquisitos banquetes, que le convirtieron en el arquetipo del perfecto anfitrión.

Estos fastuosos banquetes romanos de las clases acomodadas, pasaron a tener de dos a tres partes: la entrada o “gustatio”, el plato fuerte o “primae mensae” y el postre o “secundae mensae”. El “gustatio” o “promulsis” se correspondía con nuestro actual aperitivo y consistía en pequeñas pero numerosas raciones de alimentos ligeros, como las aceitunas, las almejas, las ostras, los caracoles y algún otro pequeño molusco. Se acompañaba con el “mulsum”, una bebida hecha con vino y miel, servida fresca, y también con el “hipocrás”, que consistía en vino con azúcar, canela y otras especies que tenía efectos tonificantes. El plato fuerte o “primae mensae”, consistía en carnes o pescados, generalmente asados y acompañados con una gran profusión de guarnición. Para beber se servía vino rebajado con agua, debido a su alta graduación alcohólica, que podía alcanzar los 18 grados. Finalmente llegaban los postres o “secundae mensae”, en los que sobresalían una gran variedad de frutas, como los higos, los dátiles y las nueces, así como pasteles hechos con harina de trigo y bañados en miel. En esta parte final se servía el “passum”, vino dulce y fuerte hecho con pasas. 

Los invitados comían recostados en una especie de diván, llamado “lectus inclinaris”, en el que se podían acomodar hasta tres comensales y se repartían en forma circular alrededor de la mesa o “mensa”. Las mujeres, que durante mucho tiempo no pudieron estar presentes, comían separadas, sentadas en sillas. El servicio corría a cargo de los esclavos, que se ocupaban de partir y servir el pan, cortar las viandas y preparar y escanciar las bebidas, todo lo cual se encontraba en mesas auxiliares.

Antes de dar comienzo al banquete, que generalmente se celebraba por la noche, los comensales estaban obligados a lavarse las manos y los pies. Los alimentos los cogían con los dedos, que se volvían a lavar después de cada bocado, para limpiarse la boca utilizaban las servilletas o “nápae”. Durante su transcurso eran frecuentes las libaciones que se hacían en honor de los dioses y los invitados, perfumados y con las cabezas coronadas de flores, acostumbraban a entablar animadas conversaciones sobre temas filosóficos o literarios, pero también, durante toda su duración, estaba amenizado por acróbatas, bailarines, músicos y poetas.

También, para celebrar grandes acontecimientos, como triunfos militares, juegos deportivos, ceremonias religiosas, funerales o el regreso a Roma de algún militar victorioso, tenían lugar grandes banquetes públicos, que podían ser de dos tipos: el “recta cenae”, que tenía lugar en sitios públicos, y el “sportula”, que consistía en ofrecer a los asistentes cestas conteniendo los alimentos.

Uno de los más famosos, considerado como el más grande de la historia, fue el que ofreció Julio César a su victorioso regreso de sus campañas por Oriente. Se alargó durante varios días consecutivos, en los que se dio de comer a más de 200.000 personas.

Otro ilustre ciudadano romano, Caius Apicius, dejó una importante obra literaria sobre Gastronomía: “De re coquinaria libri decem” (los diez libros de cocina), consistente en diez libros de cocina escritos en griego, cada uno sobre un tema distinto (1).

Otro famoso político y literato romano fue Cayo Petronio, también conocido como “Arbiter elegantiae”, que se encargaba además de organizarle unos orgiásticos banquetes al emperador Nerón, muy aficionado a darse grandes comilonas. Su obra “Libri Satiricón”, compuesta por varios episodios de carácter satírico y festivo, entre los que destaca “El banquete de Trimalción”, se puede considerar como la primera novela picaresca de la historia, precursora de la posterior novela picaresca tanto en Europa como en España. Al perder el favor del emperador, Petronio decidió quitarse la vida, cortándose las venas sumergido en la bañera.

Tanto desenfreno tuvo como resultado la inapelable decadencia del imperio romano, que fue invadido, conquistado y sometido por los llamados “pueblos bárbaros” procedentes del norte de Europa, que no tardaron en llegar a España, imponiendo a su paso una nueva civilización que se impuso en todos los órdenes de la sociedad, incluido el gastronómico. Naturalmente esto tuvo un impacto demoledor sobre la vieja cultura grecorromana, provocando la destrucción o la desaparición de numerosos escritos y documentos, quedando abandonada igualmente cualquier clase de instrucción.

A principios del siglo V España en general estaba completamente romanizada, tanto en las zonas urbanas como las rurales, con la excepción de algunas franjas del norte de la península, en las que se resistían cántabros y vascones, que se mantuvieron al margen de la romanización, aunque en algunos puntos de Cantabria se empezaba a hablar en latín.

En el aspecto religioso, por el contrario, España estaba prácticamente cristianizada, salvo entre los vascones, que siguieron manteniendo sus tradiciones paganas. En el siglo IV por el noroeste peninsular las doctrinas un tanto heterodoxas del priscilianismo, que provocaron  serias disensiones en el seno de la iglesia católica, y una despiadada persecución contra su fundador el obispo Prisciliano (2), que acabó siendo detenido, declarado hereje y decapitado públicamente. El priscilianismo también fue suprimido en el III Concilio de Toledo.

Esta caótica situación en España se prolongó prácticamente hasta principios del siglo VII, con la celebración en el año 619 del III Concilio de Toledo, durante el cual se declaró el Cristianismo como religión oficial del reino visigodo, relegando definitivamente el arrianismo al olvido. De aquí viene el profundo sello eclesiástico que ha caracterizado desde entonces a la monarquía española como una institución al servicio de la Iglesia. A partir de aquí, la instrucción y la cultura durante varios siglos estuvieron exclusivamente en manos de los conventos, monasterios, iglesias y el resto de las entidades religiosas que fueron apareciendo durante la Alta Edad Media, que en parte impidieron que desapareciesen totalmente los rastros de la vieja cultura romana y griega.

En el plano cultural el principal responsable y promotor de esta recuperación de la cultura grecolatina fue sin duda San Isidoro de Sevilla, que presidió el III Concilio toledano, en el que se establecieron toda una serie de nuevas reglas que se consolidaron en el IV Concilio de Toledo del año 633. Este Doctor de la Iglesia, que había nacido en Cartagena el año 556, fue también el autor de “Las Etimologías”, una extensa y erudita recopilación de todos los conocimientos de la época, que la convirtieron en la enciclopedia del saber más importante y completa de todo el Medievo. En ellas su autor hace gala de su enciclopédico saber, haciendo referencia a  casi 160 autores y abordando de forma magistral todas las materias del saber de su época, escrita además en un lenguaje claro y conciso. La obra consta de 448 capítulos, agrupados en 20 libros, de los cuales el vigésimo está dedicado a las provisiones, los utensilios domésticos y agrícolas y el mobiliario.

Básicamente, divide la ciencia en tres partes: 1. La Física, que a su vez la divide en otras tres: geometría, aritmética y música. 2. La Lógica, formada por la gramática, la dialéctica y la retórica. 3. La Ética, que incluye la justicia, la prudencia y la fortaleza.

 

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San Isidoro, además de Arzobispo de Toledo y consejero de Recaredo, fue también uno de los hombres más sabios de su época, considerado como el “Maestro de La Edad Media”, dejó una ingente obra escrita cuya influencia se extendió por España y Europa, llegando hasta el Renacimiento, durante el que sus “Etimologías” fueron reimpresas en varias ocasiones durante los siglos XV y XVI. En Sevilla creó una gran biblioteca en la que figuraban numerosas obras de autores romanos y también de los Padres de la Iglesia. Esta biblioteca fue destruida por los árabes, pero su contenido había sido divulgado por conventos y monasterios, extendiéndose también por los barrios mozárabes. Murió de forma ejemplar el 4 de abril del año 636, después de haber repartido todo lo que poseía entre los más necesitados. Fue enterrado en Sevilla, pero en el año 1063 sus restos fueron trasladados a la basílica de San Isidoro de León, construida por orden expresa del rey de León y conde de Castilla Fernando Sánchez I, sus restos reposan en un panteón dedicado a su memoria.

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Los pueblos bárbaros o germánicos que llegaron a la península fueron los suevos, que se establecieron en Galicia y los visigodos, que se establecieron por toda la Hispania romana. Eran pueblos nómadas, eminentemente guerreros, que vivían de la caza y el pastoreo, que practicaban el pillaje como un modo natural de subsistencia. Como ésta se volvía cada día más difícil, se vieron obligados a practicar la agricultura, principalmente el cultivo de la avena, que se convirtió en un alimento tanto para las personas como para los animales.

Lógicamente el arte culinario sufrió un considerable retroceso, principalmente en la preparación y abundancia de los condimentos, que bajaron en calidad y cantidad. Pero a medida que estos pueblos bárbaros se fueron asentando en los territorios conquistados, estableciéndose de forma estable, construyendo sus hogares y viviendo en sociedad, fueron recuperando las ganas de comer bien y abundante, lo que propició la aparición de una nueva gastronomía, en la que los guisos eran abundantemente sazonados con toda clase especies. Uno de sus banquetes favoritos consistía en asar un buey entero. Sin embargo, este nuevo arte culinario y sus condimentos nunca llegaron a alcanzar el refinamiento de los ágapes romanos. También, con estos cambios en sus costumbres, fueron romanizándose lentamente, aprovechando el enorme legado cultural que la tradición romana les legaba, lo que supuso un refinamiento de su forma de vida y una mejora de su alimentación.

También se fueron consolidando las diferentes clases sociales, que quedaron clasificadas en nobles, libres, semi-libres y esclavos; entre la nueva nobleza también se  integró la antigua nobleza hispano-romana, convirtiéndose en la nueva clase dominante de la sociedad hispano-goda. Esta clase dominante empezó a consumir básicamente los mismos alimentos que en la época romana, predominando los cereales, como el trigo,  el mijo y otras variedades que se utilizaban para elaborar diferentes papillas, así como un pan de baja calidad, el cibarius, que se daba a los siervos. También se elaboraban diferentes labores de pastelería, en las que predominaba la miel, ya que el azúcar no se conocía. Preferían la carne al pescado, siendo la de cerdo la más estimada, aunque también consumían la de vaca y la de oveja en todas sus variantes. Las legumbres, las hortalizas y las frutas también figuraban en su dieta, y según algunos historiadores, introdujeron las alcachofas, las espinacas y el lúpulo, con el que empezaron a elaborar grandes cantidades de cerveza. Como además  eran grandes bebedores, protegieron y promocionaron la fabricación de sidra a partir de la fermentación del zumo de la manzana. En cuanto al vino, le dieron gran importancia, protegiendo las numerosas viñas que habían dejado los romanos y promulgando leyes para su conservación y ampliación. Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que los visigodos fueron unos grandes bebedores, propiciando la cultura del vino y también la de la sidra. En la zona que actualmente se conoce como la Ribera del Duero, además de cuidar y conservar los viñedos obra de los romanos, implantaron un gran número de nuevas cepas.

También supieron aprovechar y utilizar las infraestructuras que había levantado los romanos, tales como calzadas, caminos, puentes y acueductos, así como la arquitectura urbana, como los templos, lo teatros, los baños y demás edificios públicos, pero sin demasiadas aportaciones propias.

Pero, en los primeros años del siglo VIII, los invasores visigodos fueron desplazados por otro pueblo invasor, con otra cultura, otra lengua, otra religión………….Naturalmente estamos hablando del Islam, pero eso ya es otra historia.


NOTAS

Sus títulos son:

  1. “Epimeles”: Reglas culinarias, remedios caseros y especies.
  2. Artopus”: Estofados y picados
  3. “Cepuros” : Hierbas para cocinar
  4. “Pandecter” : Generalidades
  5. “Osprión” : Sobre las verduras
  6. “Tropherter” : De las aves”
  7. “Polyteles” : Excesos y exquisiteces
  8. “Tetrapus” : De los cuadrúpedos
  9. “Thalassa” : Del mar
  10. Del pescado y sus variedades.
  • Prisciliano había nacido en la provincia romana de Galaecia el año 340, en el 385 fue detenido por hereje y trasladado a Tréveris, capital de la Renania-Palatinado, donde fue decapitado en la plaza pública.

Autor Paco Blanco, Barcelona, abril 2018

DESCÁRGATE COMO TONO DE MÓVIL LAS CAMPANAS DEL HIMNO A BURGOS Y TAMBIÉN LOS TIMBALES.

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Tono Timbales

 

2018. PROGRAMA FIESTAS SAN PEDRO Y SAN PABLO. BURGOS.

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1. INTRODUCCIÓN AL BUEN YANTAR: LAS MIGAS DE PASTOR. -Por Francisco Blanco-.

El ilustre jurista, político y gastrónomo francés Jean Anthelme Brillat-Savarín afirmaba lo siguiente: “Los animales pacen, los hombres comen; sólo el hombre de talento sabe comer bien”.

En realidad, el hombre no empezó a cocinar hasta que aprendió a dominar el fuego, pero desde entonces, afortunadamente para los innumerables aficionados a la buena mesa, cada individuo se ha convertido potencialmente en cocinero. Este hecho provocó además que los individuos de ambos sexos empezaran a reunirse en torno al fuego, no solo para dialogar y calentarse, sino también para comer, al comprobar que el fuego podía transformar por completo tanto el aspecto como el sabor de todo lo que hasta entonces comían. Posteriormente se fueron creando los recipientes de cerámica con sus múltiples aplicaciones culinarias, que permitieron la selección de los alimentos y su preparación de forma variada. ¡Eran los principios de la Gastronomía!

Las primeras referencias gastronómicas se remontan a unos cuatro mil años antes de Cristo, y proceden principalmente de los pueblos orientales. En los “Li Ki”, libros sagrados chinos, aparecen diferentes recetas de cocina, así como las normas de comportamiento a observar durante las comidas. En las “Sagradas Escrituras” también se pueden encontrar referencias gastronómicas, pero únicamente relativas a los tipos de alimentos que consumían, como una especie de código alimentario de los alimentos permitidos y de los prohibidos, pero no a su forma de condimentarlos. También se pueden encontrar referencias gastronómicas en los bajorrelieves, pinturas murales, monumentos funerarios y en las artes cerámicas decorativas, como vasos, ánforas y vasijas de los primitivos pueblos orientales.

“Media vida es la candela,

Pan y vino la otra media”

Lógicamente, la historia de la comida y la historia del vino van íntimamente ligadas. El vino muy pronto se hizo presente presidiendo todas las mesas en las que se celebraban grandes acontecimientos gastronómicos, siendo su presencia indispensable en todos los banquetes y celebraciones más famosos de la Historia.

En el tercer milenio antes de Cristo los chinos y los egipcios ya plantaban viñas y sabían extraer el mosto de la uva, que después fermentaban añadiéndole diferentes sustancias; pero fueron los griegos durante el I Milenio antes de Cristo, especialmente a partir de las conquistas de Alejandro Magno, los que introdujeron en Occidente el cultivo de la vid, que se extendió rápidamente por Italia, Sicilia, el sur de Francia y toda la ribera del Mediterráneo.

En la provincia de Burgos, muy cercana a Aranda de Duero, capital de la Comarca de La Ribera del Duero, se encuentra la pequeña localidad de Baños de Valdearados, en la que se puede admirar una de las primeras referencias vinícolas de la zona: se trata de unos espectaculares y amplios mosaicos con una extensión total de unos sesenta metros cuadrados, erigido por los romanos  hacia el siglo IV después de Cristo. Están configurados por tres estancias, la central está destinada al dios Baco, la segunda a la diosa Ceres, acompañada de otras cuatro figuras representando las Cuatro Estaciones y la tercera, en forma de T, representa el Triclinium o comedor romano. Fueron descubiertas de forma totalmente casual en el mes de noviembre del año 1972, mientras se hacían unas excavaciones en la Villa romana de Santa Cruz, cerca de la ciudad romana de Clunia Sulpicia. Lamentablemente, en el año 2011 la estancia central dedicada a Baco, el dios romano del vino, fue objeto de una violenta agresión por parte de unos desalmados aún sin identificar, que la destruyeron parcialmente. El mayor destrozo lo sufrió la zona en la que se representaba la exaltación de la figura del dios Baco y otras dos escenas menores. Afortunadamente, gracias a las nuevas tecnologías, estos mosaicos se han podido reproducir con una gran fidelidad y estos magníficos mosaicos pueden ser visitados y admirados de nuevo.

En esta localidad ribereña cada año, por el mes de agosto, se celebran unas populares y concurridas fiestas en honor del dios Baco, en las que el vino de la Ribera corre con profusión.

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La Comarca de la Ribera del Duero cuenta con más de dos mil años de antigüedad y está configurada por territorios pertenecientes a las actuales provincias de Burgos, Valladolid, Soria y Segovia, aunque alrededor del ochenta por ciento de su superficie corresponde a la provincia de Burgos.

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Desde los lejanos tiempos del Medievo por Burgos y sus tierras el negocio del buen comer ha sido un importante objetivo para la mayoría de los burgaleses, obligados a cuidar su alimentación, entre otros factores, por la extrema dureza de su meteorología.

Indudablemente, la actual cocina tradicional burgalesa se ha ido generando a lo largo de nuestra existencia como pueblo, basándose principalmente en los productos propios de nuestra tierra, aunque también se hayan incorporado productos foráneos. El resultado ha sido la aparición de una rica cultura propia sobre el arte del buen comer y el buen beber. Actualmente, a esta cocina tradicional burgalesa, en la que predominan los alimentos sólidos y sustanciosos, se ha incorporado la conocida como “Nueva cocina”, un nuevo arte de cocinar, más variado y creativo, que ha incorporado nuevos y apetitoso platos a nuestro acerbo gastronómico, más en consonancia con los modernos tiempos en que vivimos,  pero sin arrinconar  nuestros famosos platos típicos.

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Sobre estos últimos, tal vez deberíamos empezar hablando del modesto yantar de los pastores burgaleses, que pastoreaban sus rebaños por la inmensa planicie burgalesa. Estos personajes, en cuyo honor se ha levantado un monumento en el pueblo burgalés de Ameyugo, muy cerca de Pancorbo, una de las puertas de Castilla, eran gentes de carnes magras, piel curtida por el sol y el viento, ojos claros como los días, pero siempre avizor, cubiertos por vestiduras viejas y descoloridas, tocados con boina o pasamontañas, dependiendo de la estación, un cayado en la mano izquierda y el zurrón a la espalda, flanqueados por uno o dos perros, según el tamaño del rebaño, tan magros como ellos, pero siempre atentos a sus órdenes. Ligero de equipaje camina el pastor al frente de su rebaño, como los hombres de la mar, de la mar inmensa de la meseta castellana. En su zurrón unas pocas vituallas para alimentarse, tan básicas y sencillas como el pan de hogaza de varios días, el tocino fresco o curado, la sal, un poco de cecina, un trozo de jamón muy curado, algún ajo, alguna cebolla, un frasco con aceite de oliva, tal vez como único lujo, la bota con vino de la tierra y un trozo de queso de oveja curado. Con sólo estos sencillos alimentos, el pastor tiene que prepararse su diario refrigerio ¿cómo lo hace para que resulte medianamente sustancioso?, pues con la combinación de dos virtudes: el cariño y la paciencia, cariño a lo que se posee, como si fuera lo mejor del mundo y paciencia para encontrar el punto de condimento adecuado. Seguro que los pastores burgaleses ponían las dosis suficientes de estos dos últimos ingredientes para que su condimento resultase muy reconfortante.

A continuación vamos a trascribir una receta de cómo se pueden preparar unas ricas migas de pastor:

Preparación : Cortar el pan en rodajas finas como si fuéramos a hacer sopas. Aparte, en una sartén con aceite de oliva o manteca, freiremos el tocino y el jamón cortados en tacos muy pequeños, añadiendo los ajos pelados y machacados, cuando se empiecen a dorar añadir el pan y que se vaya rehogando, dando vueltas sin parar al conjunto, añadir el pimentón dulce y seguir rehogando. Para evitar que se pegue se puede añadir un poco de agua, dándole un pequeño hervor, añadir la sal y unas pequeñas arandelas de guindilla, si deseamos que queden picantes, después servir muy calientes.
Un vino: Acompañar siempre las migas con un vino joven, preferentemente tinto, de la zona donde vayamos a degustar las migas, cualquiera resultara adecuado.
Un postre: Sin duda, para rematar esta comida serrana se presta un buen queso curado, puro de oveja, seco como la tierra, con un punto picante que se pega al paladar y reclama el alivio de un buen trago de la bota. Este queso en Burgos se puede encontrar prácticamente en todos los puntos de su geografía, aunque puestos a elegir, yo eligiría el de Sasamón. ¡Buen provecho!.

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El gran maestro Brillat-Savarin en su obra “Fisiología del gusto” escribe lo siguiente: “El placer de la mesa es para todas las edades, para todas las condiciones, para todos los países y para todos los días. Puede asociarse  todos los placeres y se queda el último para consolarnos de la pérdida de los otros”.

Autor Paco Blanco, Barcelona abril 2018

CONCLUSIÓN FINAL: LA DECADENCIA DE ESPAÑA. -Por Francisco Blanco-.

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“De entre tus piedras seculares, tumba

de rememoranzas del ayer glorioso,

de entre tus piedras recogió mi espíritu

fe, paz y fuerza…

……Ara gigante, tierra castellana…

Castilla, Castilla, Castilla,

madriguera de viejos hombres,

tus castillos nuerden el polvo……”

(Miguel de Unamuno)

Naturalmente, la derrota comunera en Villalar sacó de la órbita de la influencia imperial a la mayor parte de las ciudades castellanas que se habían enfrentado a D. Carlos V, el nuevo y flamante Emperador de Alemania, cargo que consiguió gracias, en gran parte, al dinero que aportaron sus súbditos castellanos, y que prácticamente acaparaba toda su atención, pasando su reino de España a un segundo plano. Muchas ciudades españolas comenzaron a padecer una lenta pero inexorable decadencia, por el contrario, alguna, como Madrid, se convirtió en la capital y Corte de los reinos de España, iniciando una gran prosperidad y engrandecimiento a todos los niveles, siendo favorecida igualmente por Austrias y Borbones. Burgos, lamentablemente, se encontraba entre las primeras y aunque su participación al final de la guerra, apoyando al emperador, fue decisiva para el triunfo de la causa imperial, y el emperador la recompensó con algunas concesiones, a partir del rígido centralismo impuesto por su hijo Felipe II desde El Escorial, se inicia una larga fase de decadencia política, económica y social de la que no ha podido recuperarse. Casi se podría decir que se convirtió en una ciudad de paso: De paso para Madrid, de paso para Valladolid, de paso para el norte, principalmente para La Rioja y el país vasco. De paso….., nuestros visitantes siempre estaban de paso.

Otras muchas ciudades castellanas, como Ávila, Segovia y Palencia también viven sumidas en su pasado esplendor, a la sombra de sus históricos y glorioso monumentos, que causan, eso sí, la admiración de sus visitantes.

Tal vez por eso, actualmente Castilla agoniza, vive soñando en glorias pasadas, adormecida por el continuo tañer de las viejas campanas de sus infinitas iglesias, que marcan el ritmo del adormecido caminar de sus gentes, antiguamente libres y activas, hoy adormiladas y sometidas. Hay que volver la vista y la memoria hacia atrás, hacia el lejano pasado que fue nuestro inicio, y recuperar la figura de Fernán González, aquél conde castellano que, en el siglo X, hizo de Castilla un estado libre y soberano, poderoso y activo, cuna y origen de una nación, España, que también ha sido grande, respetada y poderosa, pero injusta y secularmente maltratada por la ineptitud, la falta de escrúpulos, la corrupción  y la ambición personal de sus gobernantes………

Pero aquellas gentes valientes, tenaces y luchadoras que hace siglos poblaron, fundaron e imprimieron carácter y personalidad a Castilla ya no existen, las que aun quedan se marchan en busca de nuevos horizontes con mejor porvenir. Por eso hace años que Castilla perdió su independencia y casi está perdiendo su identidad, para impedirlo hay que dejar de entonar el “Dios salve a Castilla” y ponerse a trabajar, sustituir el tañido de las campanas por el de la expansión social, económica y cultural, priorizar el interés general de Castilla sobre los viejos y caducos intereses caciquiles y de clase. Hay que seguir luchando por recuperar la ”Unidad del Pueblo Castellano”, solo así conseguiremos restaurar la pasada grandeza de Castilla.

Entre los siglos XVI y XVII, en la “Corte de los Milagros”, como se conocía Madrid, hizo eclosión un inesperado esplendor cultural, que elevó el arte literario, especialmente la poesía, el teatro y también la novela a cotas impensables hasta entonces. Esta insólita eclosión cultural ha pasado nuestra historia con el merecido nombre de “Siglo de Oro Español”.

Los orígenes de este periodo tan brillante, conocido universalmente como el Renacimiento, hay que atribuirlos, entre otros, a la aparición de la imprenta, que revolucionó el mundo del libro, permitiendo editar y difundir a gran escala las obras de los clásicos, facilitando al mismo tiempo el conocimiento y la lectura de las obras de los modernos autores. El máximo apogeo del libro se alcanzó en Bélgica y Holanda, que estaban libres de la terrible censura eclesiástica impuesta por la Iglesia Católica, que condenaba cualquier publicación que no contase con su obligada autorización.

En España funcionaba la no menos terrible Inquisición, que levantó una infranqueable barrera para impedir la entrada de libros en nuestro país, cosa que se convirtió en un acto de alto riesgo, que  muy pocos se atrevían a realizar.

El Renacimiento, como tantas otras cosas, llegó tarde a España, en cuyo imperio no se ponía el sol, concentrándose prácticamente en Madrid y su corte. Los españoles, a pesar de las inmensas riquezas que periódicamente llegaban procedentes de las colonias americanas, pero que invariablemente salían destinadas a financiar los enormes gastos que ocasionaban las agotadoras guerras religiosas que manteníamos en Europa, éramos un país pobre. Los campesinos humildes, acosados por los impuestos,  apenas podían mal vivir. Las ciudades estaban llenas de mendigos, desarrapados y famélicos, que se agolpaban a las puertas de las iglesias o vagabundeando por las calles a la espera de que cayese en sus escuálidas manos un simple pedazo de pan que llevarse a la boca. Los valores dominantes eran la honra, el orgullo y la hidalguía, aderezados con grandes dosis de hipocresía. El trabajo era mal visto, era una mancha, un atentado al orgullo de clase y la hidalguía, era preferible pasar hambre y conservar las apariencias y el orgullo. En “El lazarillo de Tormes”, una de las joyas de nuestro “Siglo de Oro”, se puede leer lo siguiente:”Un hidalgo no debe a otro que a Dios, al rey nada”. Un triste espectáculo para un país en cuyo imperio nunca se ponía el sol.

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En la corte madrileña los mendigos y los hidalgos pobres proliferaban más que en  ninguna otra parte, deambulando y pidiendo los primeros, luciendo su pureza de sangre, su pobreza y su hidalguía los segundos. Estas dos lacras sociales, que Quevedo definió como la “Cultura latiniparda”, propiciaron el auge del género literario conocido como la “Novela picaresca”, que dio como resultado una serie de obras inmortales en las que queda perfectamente reflejada la miseria, la ignorancia y el disimilo reinantes en aquella sociedad española de los gloriosos años del imperio.

Entre otras muchas, vamos a mencionar algunas especialmente notables, como “La Celestina”, cuya editio princep se publicó en Burgos el año 1499, en la imprenta de D. Fadrique de Basilea, aunque a lo largo del siglo XVI se publicaron numerosas ediciones más, esta genial novela, atribuida al bachiller Alejandro de Rojas, se convirtió en la referencia de la posterior literatura picaresca y costumbrista; también fueron importantes  el “Lazarillo de Tormes”, “La vida del buscón don Pablos”, el “Guzmán de Alfarache”, “La vida y obra de Estebanillo González”, “El Diablo cojuelo” y otras muchas más.

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A principios del año 1605 D. Miguel de Cervantes publica la primera parte de su D. Quijote de la Mancha con el título de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, en la que desmitificaba y ridiculizaba la vida caballeresca y la grotesca imagen que ofrecían aquellos estrafalarios hidalgos arruinados y famélicos. En el 1615, en vista del éxito obtenido con la primera parte, publicó su “Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”, en la que se completaba la vida del hidalgo manchego. No sé si entraba en las previsiones de Cervantes mientras escribía las aventuras y desventuras de aquel pobre hidalgo manchego, empeñado en emular las hazañas y aventuras de los legendarios caballeros andantes, pero lo cierto que su novela y su protagonista alcanzaron una gran fama e influencia en toda la posterior narrativa europea, incluida la española, siendo considerada como la primer novela moderna y una de las mejores obras de la historia.

De hecho, se convirtió en un icono universal del modernismo que rechazaba el medievalismo arcaico y oscurantista y apostaba por la cultura y el progreso que proponía el modernismo renacentista.

La figura de D. Quijote ha sido utilizada en numerosas ocasiones en España por políticos, intelectuales, filósofos, literatos y artistas como símbolo de la lucha de la España progresista contra la España decadente, oscurantista y clerical.

Además de en la novela, también destacaron en nuestro Siglo de Oro grandes poetas y autores de teatro, que han legado a la posteridad verdaderas obras maestras de la Literatura Universal. Muchos fueron los artistas que brillaron con luz propia en el firmamento literario de este Parnaso español, por lo que vamos a citar únicamente algunos que  alcanzaron con sus obras una merecida inmortalidad, como son: Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Miguel de Cervantes, Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, Fray Juan de la Cruz, Fray Luis de Granada, Teresa de Jesús, Mateo Alemán, Gutierre de Cetina, Vicente Espinel, Baltasar Gracián, Lope de Rueda, Juan Ruiz de Alarcón, Juan Luis Vives, Luis Vélez de Güevara……..Muchos son los nombres famosos que se podrían añadir a esta lista, que sólo pretende reflejar la importancia que ha tenido nuestro Siglo de Oro en el desarrollo de la posterior literatura universal.

Ya en los umbrales del siglo XX, una gran crisis patriótica se desencadenó en España en  1898, como consecuencia de la humillante derrota sufrida por nuestra armada en la corta guerra contra los Estados Unidos, con la consiguiente pérdida de los restos de nuestro imperio colonial en Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, provocando que un nutrido grupo de intelectuales españoles iniciara un importante movimiento de protesta, de carácter regeneracionista, conocido como “La Generación del 98”, que pretendía sacar a España del marasmo social, político, económico y cultural, en el que la habían sumido sus gobernantes, utilizando para ello un modelo histórico y romántico de nuestra historia, comenzando por diferenciar la España real, pobre, oprimida e inculta, de la España oficial, falsa, retórica y triunfalista, tratando de recuperar, al  mismo tiempo, la verdadera identidad de lo español, mediante el debate que denominaron: “Ser de España”. Entre sus propósitos entraba el de que la cultura europea entrase también en España y con ella la modernización del país y su integración en las nuevas corrientes culturales y de todo tipo que estaban apareciendo. Para ello recuperaron nuestra literatura popular, comenzando por el Romancero, al tiempo que revalorizaban nuestras tradiciones, nuestras costumbres, nuestro paisaje y nuestro paisanaje, volviendo a poner de moda lo castizo, rechazando lo amanerado y retórico, al tiempo que intentaban también que entraran en España las corrientes dominantes que corrían por Europa. Anhelo que refleja Antonio Machado en unos hermosos versos:

 

“Una España implacable y redentora,

España que alborea,

con un hacha en la mano vengadora,

España de la rabia y de la idea

 

La figura de don Quijote se convirtió en el símbolo por antonomasia del español iluso, que sueña con empresas imposibles, ajeno por completo a la realidad; en contraposición aparece la figura de Sancho Panza, atento a la dura realidad, que pisa con los pies en el suelo e intenta imprimir sentido común a sus actos, aunque las disparatadas fantasías de su amo le llegan en ocasiones a deslumbrar, haciéndole perder el sentido de la realidad.

Este movimiento modernista, que provocó la aparición del sindicalismo y potenció el republicanismo,  tiene su continuación en la segunda decena del siglo XX con la entrada en acción de la llamada “Generación del 27”, integrada por un importante grupo de intelectuales españoles que optaron por pasar del Regeneracionismo encabezado por Joaquín Costa y los del 98, a un movimiento revolucionario en lo social y lo económico y democrático en lo político, que convirtiera España en una sociedad libre y moderna. Se crea la conjunción republicano socialista con el firme propósito de acabar con el régimen monárquico.

No queremos dejar sin mencionar alguno de los nombres que dieron fama y gloria tanto a la “Generación del 98”, como a los de la “Generación del 27”. Entre los primeros brillan con luz propia Unamuno, Azorín, Ganivet, Machado, Baroja, Pardo Bazán, Valle Inclán, Pérez Galdós, Pereda, “Clarín” y muchos otros. A la “Generación del 27” pertenecen: Ortega y Gasset, Marañón, Tuñón de Lara, Madariaga, Azcárate, Pedro Garfías, Juan Rejno,  Sender, García Lorca, Rafael Alberti, Teresa León y otros muchos que voy a dejar de mencionar por no alargar demasiado esta lista.

Los continuos errores cometidos por D. Alfonso XIII y sus diferentes gobiernos propiciaron que una nueva Dictadura de carácter militarista y conservador,  encabezada por el general Primo de Rivera y un grupo de generales se hiciera con el poder en el año 1921, aunque eso sí, con la tácita aceptación del propio monarca.

El 12 de abril del 1931, con el general Primo de Rivera desposeído del poder, se celebran en toda España unas elecciones municipales que son decisivas para el futuro inmediato del país. Su resultado, 39.000 concejales republicanos por 41.000 concejales monárquicos, sin embargo, en los grandes núcleos urbanos la mayoría republicana es arrolladora lo que pone de manifiesto la profunda división que impera en el país. A la vista de los resultados, el rey, en una de sus más acertadas decisiones, presenta su dimisión, coge a su familia y se marcha al exilio. El 14 de abril en España se proclama la II Republica española.

Pero su vida, tal como ocurriera con la primera, también fue corta: España seguía dividida entre los conservadores, que aspiraban a recuperar sus antiguos privilegios y el autoritarismo monárquico, y los progresistas, que luchaban por sacar al país de su secular atraso y crear un estado moderno y progresista, para lo cual, mientras gobernaron, pusieron en marcha una serie de medidas encaminadas a reformar la educación, mejorar la economía, especialmente la de los menos favorecidos y democratizar nuestra sociedad. ¡Pero, una vez más, no pudo ser!. En julio de 1936, un grupo de generales y oficiales, apoyados por la aristocracia terrateniente, la oligarquía económica y caciquil y la bendición de la Iglesia Católica, dieron un golpe de estado que provocó una larga y cruenta guerra civil, de tres años de duración, que acabó con la desaparición de la república y la supresión de la democracia, dando paso a una larga dictadura de carácter policíaco-militar que duró cuarenta años, arruinó España y relegó a los españoles a la categoría de súbditos.

En el año 1978, casi en las postrimerías del siglo XX, España vuelve a tener una Constitución democrática, esta vez sin enfrentamientos militares, y se crea el Estado de las Autonomías, España se integra en Europa y los españoles vuelven a recuperar su categoría de ciudadanos, con libertad para votar, pensar y expresarse libremente.

Actualmente, en pleno siglo XXI, el cambio experimentado por el país ha sido considerable, pero todavía queda mucho camino hacia adelante por recorrer.

Paco Blanco, Barcelona enero 2018.

ALEJANDRO LÓPEZ LAZ. -Álex López- -Jugador de baloncesto-

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ALEJANDRO LÓPEZ LAZ, conocido en el mundo del baloncesto como Álex López. La Laguna (Tenerife), 08/05/1991. Llegó a Burgos procedente de Breogán en la temporada 2016-17. Tras pasar un año en Leb con San Pablo Inmobiliaria; temporada en la que cuajó un gran trabajo consiguiendo el ascenso a ACB, fue en la primera en esta categoría en la que dio un rendimiento y una entrega excepcionales convirtiéndose en uno de los jugadores más queridos por la afición burgalesa.

Trayectoría.

Categorías inferiores. CB Nuryana.
2006-07. CB Unelco. Cadete.
2007-08. CB Unelco. Junior.
2008-09. La Caja de Canarias. Junior y EBA.
2009-10. La Caja de Canarias. EBA. Juega un partido en ACB con el Gran Canaria 2014
2010-11. UB La Palma. LEB Oro. Abandona el equipo en febrero
Feb. 2011. Gran Canaria 2014. ACB y Eurocup.
2011-12. UB La Palma, La Isla Bonita. LEB Oro. Disputa un partido en Liga Endesa con el Gran Canaria 2014
2012-13. Cáceres Patrimonio de la Humanidad. LEB Oro.
2013-14. Ribeira Sacra Breogán Lugo. LEB Oro.
2014-15. Ribeira Sacra Breogán Lugo. LEB Oro.
2015-16. Cafés Candelas Breogán. LEB Oro.
2016-17. San Pablo Inmobiliaria Burgos. LEB Oro.

Palmarés

2008-09. La Caja de Canarias. Nike International Junior Tournament Roma. Campeón
2014-15. Ribeira Sacra Breogán. Copa Príncipe. Subcampeón
2016-17. San Pablo Inmobiliaria Burgos. Copa Princesa. Subcampeón
2016-17. San Pablo Inmobiliaria Burgos. LEB Oro. Campeón del Playoff

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