POR EL VALLE DE TOBALINA:CILLAPERLATA, EL CASTILLO DE TEDEJA Y TRESPADERNE. -Por Francisco Blanco-

Después de traspasar el desfiladero de la Horadada para abandonar el valle de Valdivielso  y antes de penetrar en el valle de Tobalina, se encuentra el pequeño pueblo de Cillaperlata, escondido entre bosques y montañas y encaramado a un peñasco, está situado al pie de la Sierra de la Llana, en el margen derecho del Ebro, que hace un recodo donde se forma un pequeño embalse. En la actualidad está  habitado por una treintena de personas y pertenece al partido judicial de Villarcayo, dentro de la Merindad de Villarcayo, aunque anteriormente había formado parte de la Merindad de Cuesta Urría; a unos cinco kilómetros se encuentra la localidad burgalesa de Trespaderne. Este pintoresco pueblo, como veremos a continuación, está cargado de historia y también de misterio.

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Todo parece indicar que los orígenes de Cillaperlata están directamente relacionados con el desaparecido Monasterio visigodo de San Juan de la Hoz, uno de los primeros y más importantes monasterios del norte de la península, fundado por el abad Alejandro Quellino; de dicho Monasterio existen datos documentados desde el año 790. Este Monasterio, que fue femenino hasta el siglo XI, se convirtió en uno de los principales orígenes de la repoblación del Condado de Castilla y también ejerció jurisdicción de abadengo sobre Cillaperlata, lo que lleva a la conclusión de que el pueblo es más antiguo que el Monasterio. En el año 1011 el Conde de Castilla Sancho García el de los Buenos Fueros, nieto de Fernán González, y su mujer Urraca, fundan en Oña el Monasterio de San Salvador, para mayor gloria de su hija Trigidia, que se convirtió en su primera Abadesa, trasladándose desde el Monasterio de San Juan de la Hoz, donde era  monja profesa, acompañada de toda la comunidad. El pueblo de Cillaperlata fue una de las donaciones que hizo el Conde al nuevo Monasterio: Cella perllata, cum integritate” Ambos monasterios pasaron, al poco tiempo, a ser masculinos.

Su mismo nombre de Cillaperlata ha dado lugar a más de una conjetura; la palabra Cilla indica habitación o espacio reducido, mientras que la palabra prealatus indica lo contrario, espacio extenso y vasto, lo que hace pensar, al ir unidas, en un sitio grande, en el que existen muchas cuevas pequeñas, de hecho, en la pared del acantilado sobre el que se levanta el pueblo se abren dos cuevas: la Cueva Pequeña y la Cueva Grande. También por toda esta zona, y otras cercanas, es frecuente este tipo de toponimia. Para otros, sin embargo, la palabra está relacionada con la celda del prelado, en alusión a los numerosos eremitas que vinieron a refugiarse en las también abundantes cuevas diseminadas por los valles  del alto Ebro, sin ir más lejos, en la cercana Tartalés de Cilla existe una iglesia rupestre en el interior de una cueva de amplias dimensiones.

El pueblo estaba formado por dos núcleos urbanos diferenciados, el Barrio de Arriba, hoy inexistente, en el que todavía se pueden ver las ruinas del Monasterio de San Juan de la Hoz, destruido por la acción conjunta del tiempo, el abandono, la devastación provocada por la invasión napoleónica y poco más tarde por la primera guerra carlista y finalmente la Desamortización de Mendizabal (1); también en el mes de julio de 1837 dos mil soldados carlistas cruzaron el Ebro, precisamente por Cillaperlata, con la intención de evitar el enfrentamiento con la guarnición de Burgos, que les estaba esperando fuertemente armada. En las inmediaciones del Barrio de Arriba todavía se conserva una necrópolis altomedieval con 84 tumbas antropomórficas. En el Barrio de Abajo viven los escasos habitantes actuales con que cuenta el pueblo; se encuentra a las orillas de un embalse, el más antiguo de la provincia de Burgos, donde se remansan las aguas del Ebro, y que sirve para suministrar energía eléctrica a las vecinas provincias de Álava y Vizcaya.

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Su modesta iglesia parroquial es del siglo XVI, está construida con parte de los restos románicos del Monasterio de San Juan de la Hoz y de la iglesia de San Juan Bautista del Barrio de Arriba, está consagrada a Nuestra Señora de Covadonga y en su interior se guarda un pequeño tesoro de inapreciable valor, único en toda España, igualmente procedente de las ruinas del Monasterio de San Juan de la Hoz: se trata de una talla visigótica de madera policromada, que representa a la Virgen de Covadonga con el Niño en su regazo, cuyo origen se remonta al siglo V y que posiblemente se trata de una fiel reproducción de la famosa Santina asturiana que se le apareció a D. Pelayo, aquel noble toledano que inició la Reconquista desde las montañas de Asturias. La imagen original que se conservaba en el santuario asturiano fue destruida por un incendio en el siglo XVII, siendo sustituida por otra imagen similar pero más moderna y distinta. La pregunta surge espontáneamente ¿cómo es posible que una imagen similar a la Santina se encuentre en la modesta iglesia de un pequeño pueblo burgalés, a más de doscientos kilómetros de distancia de la Cueva de Covadonga? La respuesta todavía pertenece al mundo de los misterios, aunque aún queda alguno más por resolver en este misterioso pueblo de Cillaperlata.

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Entre Cillaperlata y Trespaderne, en medio de un espeso pinar, se encuentra la ermita de la Virgen de Encinillas, en torno a la cual se ha tejido una curiosa leyenda, que la relaciona directamente con los inicios de nuestra Reconquista. Según la leyenda, en el lugar en que se levanta la ermita tuvo lugar en el siglo VIII un terrible enfrentamiento entre moros y cristianos, conocido como la “Batalla del Negro Día”, que acabó con la aplastante victoria de los godos sobre los árabes:”…. que dice fue aquí una grande batalla y victoria que hubo de los árabes el Infante Don Pelayo, el año de setecientos y veinte y seis, a nueve de Agosto”. Siempre según la leyenda, en esta batalla perdieron la vida entre 7000 y 8000 árabes, que dejaron además grandes riquezas en el campo de batalla, siendo los cristianos muy inferiores en número de combatientes. La lucha debió de ser tan encarnizada y larga, que amenazaba con caer la noche sin que hubiera un claro vencedor, viéndose los cristianos superiores y con moral de victoria, rogaron a la Virgen de Encinillas añadiese unas horas más de luz, para poder así eliminar por completo al ejército enemigo. La Virgen alargó el día y se produjo la resonante victoria cristiana. Por ese motivo, también se la conoce como la “Virgen del Negro Día” y cada año por el mes de setiembre, se celebra en la ermita una popular romería para conmemorar dicha batalla. Posteriormente, la imagen de la Virgen fue trasladada a la iglesia de Cillaperlata. D. Pelayo, el gran vencedor, mandó enterrar los cristianos muertos en la batalla, alrededor de 400, por las cercanías de la ermita, donde todavía se pueden ver más de cuatrocientas tumbas señaladas con losas; uno de los jefes godos muertos en la batalla, parece ser que fue el Duque de Cantabria.

Con motivo de la celebración del centenario de la consagración del Santuario de Covadonga, la imagen viajó al Arzobispado de Oviedo, donde fue objeto de una cuidadosa restauración. Ni que decir tiene que son muchos los asturianos que, atraídos por la devoción y la curiosidad, visitan la iglesia de Cillaperlata para contemplar con detenimiento y admiración la que puede ser la verdadera imagen de su venerada Santina, es decir, la Virgen de Covadonga.

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Las ruinas de la  fortaleza de Tedeja, encaramadas en la Sierra de la Tesla, sobre un cerro calcáreo a 720 metros de altura, son como un viejo centinela que domina el cañón de la Horodada, el Valle de Tobalina, el curso del Ebro, el Nela y el Jerea y vigila de cerca el pueblo de Trespaderne, perteneciente a la Merindad de Cuesta Uría (2). Son de origen romano, entre finales del siglo IV y mediados del siglo V, seguramente construido durante la guerra contra los cántabros, pero sobre ellas, a comienzos del siglo XI se levantó el famoso castillo de Tedeja, el primero de la línea de castillos defensivos que protegieron la repoblación del Condado de Castilla, a los que debe su nombre. En el siglo X aparece citado el alfoz de Tedeja o Tetelia en el Cartulario de San Millán, pasando en el siglo XII, con la llegada de los monjes cluniacenses, a depender del Monasterio de San Salvador de Oña, con jurisdicción de abadengo, en el año 1270 pasa a denominarse alfoz de Cuesta Úrría, bajo el señorío de Alvaro de la Cuesta Úrria y García López de la Cuesta Úrria. Finalmente, en el siglo XIV, durante el reinado de Juan I de Castilla, al igual que Trespaderne, pasa a tener jurisdicción de señorío y a ser propiedad de los Velasco. También parece que hubo algunos intentos de fusionarse con Cillaperlata.

Actualmente el municipio de Trespaderne, donde se encuentran las ruinas del castillo de Tedeja, está integrado por siete entidades menores, que son: Arroyuelo, Cadiñanos, Palazuelos de Cuesta Urria, Santotís, Tartalés de Cilla, Trespaderne y Virués. Sus orígenes son del siglo XI y dependía del cercano monasterio de Oña, cuyo abad era quien nombraba su alcalde pedáneo, integrándose en el siglo XIII en la Merindad de Cuesta Urria, dentro de la Merindad de Castilla la Vieja, aunque la capitalidad del alfoz de Tedeja la ostentaba Nofuentes, que era donde se reunía el Concejo hasta el siglo XVIII, en que recuperó su independencia gracias a la segregación de la Merindad de Cuesta Urria, pasando a depender del Partido Judicial de Villarcayo. El pueblo se agrupa en torno al puente medieval sobre el río Nela, destacando su iglesia parroquial de San Vicente Mártir, de estilo neoclásico levantada en el siglo XVII, destacando su magnífico retablo principal, también cuenta con algunas casas señoriales, como la de los Condes de la Revilla o el palacio de los Fernández de Campo.

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Trespaderne es también un enclave geográfico importante pues prácticamente se encuentra equidistante de Burgos, Bilbao, Vitoria, Logroño y Miranda de Ebro, el segundo núcleo urbano de la provincia de Burgos, igualmente cargado de historia, al que nos vamos a dirigir a continuación, pues su visita es imprescindible.

Autor Paco Blanco, Barcelona, mayo 2017

POR EL VALLE DE VALDIVIELSO : QUECEDO, ARROYO, SAN PEDRO DE TEJADA Y VALDENOCEDA. -Por Francisco Blanco-.

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En Quecedo, capital de la Merindad de Valdivielso, desde el siglo XIII el Concejo, que representaba a todos los pueblos del valle, se reunía a celebrar sus Juntas y Consejos en torno a una vieja y monumental encina que se alzaba en el centro de la Dehesa, estaba presidido por el alcalde y siete vocales, asistiendo también los alcaldes pedáneos de todos los pueblos. Antes de implantarse este sistema administrativo,  habían llegado al valle numerosos eremitas que acondicionaron cuevas por los alrededores para vivir en soledad, pero también construyeron pequeños templos, que se fueron convirtiendo en monasterios repartidos por todo el valle, a cuyo cobijo fueron apareciendo pequeños pueblos que se integraron armónicamente en el agreste paisaje, mediante una arquitectura popular que utilizaba la madera y la piedra, por otra parte tan abundantes, como los principales elementos de construcción; más adelante fueron apareciendo las casonas, palacios y torres defensivas, propiedad de los grandes señores  que acabaron imponiendo su autoridad en el valle, siempre compartida con la jerarquía eclesiástica de los centros monásticos, especialmente el de San Salvador de Oña y el de San Pedro de Tejada, muy cercano a Quecedo. Según nos cuenta el “Becerro de Behetrías”, a mediados del siglo XIV muchos de estos pueblos se habían convertido en Señoríos de estas familias, como los Fernández Manrique, los Velasco, los Villalobos, los Huidobro, los Díaz, todas bajo la autoridad del Merino Mayor, que era nombrado por el Rey.

El pequeño, pero atractivo, pueblo de Quecedo es de origen medieval, formado por calles estrechas agrupadas en torno a su calle principal, sobresalen históricas y blasonadas casonas como la de los Huidobro o los Gómez de Quecedo, de los siglos XV y XVI, con artísticas y blasonadas fachadas y torres almenadas. Su iglesia parroquial de Santa Eulalia es de estilo gótico con planta de cruz latina, fue construida en el siglo XV, incorporándosele, en el XVI, una portada rematada con un monumental arco.

Saliendo de Quecedo con dirección a Arroyo de Valdivielso, en plena Sierra de la Tesla, el viajero se encontrará con el sobrecogedor paraje natural de Los Cárcabos, una serie de formaciones rocosas con un aspecto realmente impresionante. En los alrededores, a mil cien metros de altitud, en un paraje solitario se encuentran la ermita de Pilas y unos antiguos eremitorios; también en las cercanías se pueden ver las Cabañas de los Moros, de bastante difícil acceso, consistentes en una serie de oquedades excavadas en la roca, con una plataforma sobre la que se habrían asentado cuatro o cinco viviendas habitadas por ermitaños en la Alta Edad Media, también se conservan catorce nichos altomedievales, excavados verticalmente en la roca. Actualmente el acceso  estas tumbas está totalmente restringido, por lo que no se pueden visitar, aunque hay una iniciativa del Ayuntamiento de Merindad de Valdivielso  para limpiar los accesos al yacimiento y realizar un estudio arqueológico del mismo.

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Para llegar a Arroyo de Valdivielso hay que atravesar la garganta de las Canalejas, formada por unos impresionantes murallones de piedra que caen a pico sobre el desfiladero. De nuevo en el valle, pronto nos encontramos con Arroyo de Valdivielso, otro pequeño pueblo, típico del valle, con pequeñas callejuelas agrupadas en torno a su calle mayor, en la que también se pueden ver algunas casonas de piedra con sus fachadas blasonadas, prueba del alto linaje de sus primitivos propietarios.

Al final de esta larga calle mayor el viajero se encontrará con la carretera que le llevará de nuevo a Quecedo, distante apenas dos kilómetros.

Otra opción que se puede elegir es la de dirigirse al también cercano pueblo de Puente Arenas, que se encuentra a unos tres kilómetros, donde podrá visitar detenidamente el magnífico Monasterio de San Pedro de Tejada, una de las más preciadas joyas del Románico burgalés.

¡Vale la pena!

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Desde mediados del siglo IX, lenta pero incesantemente, fueron apareciendo por estas tierras  grupos repobladores que se fueron extendiendo por todo el valle. Uno de estos grupos, formado, según algún historiador, por treinta y tres monjes, diáconos y subdiáconos, sometidos a la disciplina comunal del abad Rodanio, fundaron el Monasterio de San Pedro de Tejada, como homenaje a las reliquias de San Pedro y San Pablo: “En nombre de Cristo se han reunido abades, padres y laicos católicos bajo el nombre de Hermandad de Tejada y en torno a las reliquias de San Pedro y San Pablo; así quedan marcados los nombres de los que en adelante poseerán la vida eterna. Amén”

Según el Cartulario del Monasterio de San Millán de la Cogolla: “Facta carta in era DCCCC, regnante Roderico comité in Castiella” (Hecha la carta en la era 900, gobernando el conde Rodrigo en Castilla), es de suponer que la fundación tuvo lugar a mediados o finales del siglo IX, aunque en un principio estos cenobitas vivieron dispersos por cuevas o en chozas muy primitivas.

El lugar donde se construyó el primitivo monasterio pre-románico, que acabaría convirtiéndose en un priorato del de San Salvador de Oña, se erigió, durante mucho tiempo, en el Monasterio más importante de la naciente Castilla, participando activamente en  su repoblación. El constante avance de las fronteras castellanas fue la causa de que pasase a un segundo plano, quedando a la sombra del cenobio de Oña, que gozaba además de la protección de condes y reyes.

Actualmente se puede admirar la iglesia de San Pedro de Tejada, una verdadera joya del arte románico burgalés, que se construyó durante la segunda mitad del siglo XI, precisamente bajo el patrocinio del Abad de Oña.

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Para llegar a esta singular iglesia hay que dirigirse primero al pueblo burgalés de Valdenoceda, situado en la entrada del valle de Valdivielso, que pertenece al Partido de Arriba, uno de los cuatro que forman la Merindad de Valdivielso, en el que se puede admirar la Torre-castillo de los Salinas, construida en el siglo XIII, que posteriormente pasaría a manos de los Velasco, y la iglesia de San Miguel Arcángel, otra bella muestra del románico burgalés.

De Valdenoceda hay que dirigirse al cercano pueblo de Puente Arenas, llamado así por su magnífico puente de siete arcos, construido en el siglo XVI,  después de cruzar el Ebro por dicho puente hay que coger un camino ligeramente empinado, que acaba justo ante la portada occidental de San Pedro de Tejada, de una sobria sencillez, en la que destaca la armonía y perfección de la decoración ajedrezada de su dintel, con cinco arcos  de medio punto con sus respectivas columnas, luciendo diversos adornos vegetales. En el cuerpo superior se aprecia un tetramorfos representando a los cuatro evangelistas y también una figura de Cristo departiendo con los doce Apóstoles, que aparecen con los brazos en alto.

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La planta de la iglesia, siguiendo las pautas del románico burgalés, consta de una sola nave con tres tramos: un falso crucero, sobre el que se levanta una imponente torre de dos cuerpos, a la que se puede subir por una escalera de husillo, seguido de un presbiterio rectangular, el ábside semicircular y la portada trasera; todo en una sillería de color rojizo, perfectamente labrada y cortada, que confiere a todo el conjunto un aspecto muy homogéneo y peculiar. En las numerosas ventanas de las fachadas, así como en sus capiteles y canecillos se aprecian numerosos relieves y esculturas con diferentes motivos, como la Última Cena o la Ascensión del Señor, incluyendo además un variado temario iconográfico, en el que se mezclan los motivos lúdicos y eróticos con los puramente religiosos. El ábside está dividido en columnas, sostenidas por contrafuertes. La torre es muy esbelta y consta de dos cuerpos, con ocho vanos ciegos en cada uno. Una imposta ajedrezada recorre los muros y el ábside.

Al penetrar en su interior, cubierto por una bóveda de medio cañón, el visitante recibe la sensación de haber entrado en un recinto alto y esbelto, debido, tal vez, a la rara perfección de sus capiteles, delicadamente tallados y con una variada decoración llena de simbolismo, representando a Cristo en la Oración del Huerto, santos, águilas y aves entrelazadas de bella composición y diáfano dibujo.

Parece ser que a principios del siglo XVI el abad de Oña, Fray Alonso de Madrid, dotó a la iglesia de San Pedro de Tejada con un retablo gótico para cuya colocación hubo necesidad de romper algunos capiteles. Este retablo se encuentra actualmente en el Museo del Retablo de Burgos.

También existe una tradición, según la cual en el año 1603 llegó a San Pedro de Tejada un fragmento de la Vera Cruz, lignum crucis,  reliquia que provocó la llegada masiva de peregrinos a contemplarla, venerarla e invocar su protección, a cambio de pequeños donativos que les debieron venir muy bien a los monjes. En el año 1845 estas reliquias fueron trasladadas al cercano pueblo de Quintana de Valdivielso, posiblemente junto con otros tesoros, sin que se sepa muy bien su destino final.

Con la desamortización de Mendizábal, San Pedro de Tejada, con todo su contenido, pasó a pertenecer a la familia de los Huidobro, originaria de Quecedo de Valdivielso, que actualmente siguen siendo sus propietarios.

Un calvario del siglo XIII, que pertenecía a la iglesia, se encuentra actualmente en el Museo Marès de Barcelona.

El hecho de que esta auténtica joya del románico burgalés sea de propiedad privada, aunque su restauración se hiciera con fondos públicos, hace que el acto de visitarla resulte complicado: Tan solo en determinadas épocas del año y con limitación de los horarios en que se puede visitar.

Durante el presente año han sido los siguientes: Julio y agosto: de 11.30h a 14.00h y de 16.30h a 19.30h; junio y septiembre solo fines de semana. ¡Una pena!……….

El pueblo de Puente Arenas se encuentra diseminado por la ribera del Ebro, destacan algunas casonas señoriales de piedra de sillería y la iglesia parroquial de Santa María, de estilo plateresco, aunque conserva algunos elementos románicos, como la portada del siglo XII.

Vamos a abandonar este singular valle de Valdivielso por el pueblo de Valdenoceda, situado en la cabecera del valle, al cobijo de la Sierra de Tudanca y muy cerca del desfiladero de La Horadada, que abre el paso del valle hacia la cercana Villarcayo. Se trata, por lo tanto, de un lugar estratégico, especialmente para las comunicaciones del valle con Burgos y Cantabria, por el cercano puerto de La Mazorra y también con Álava, Vizcaya y La Rioja.

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Dos edificios singulares captan la atención del viajero al llegar a este pueblo, cabecera del singular valle burgalés de la Merindad de Valdivielso: la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel y la Torre-fortaleza de los Velasco.

La iglesia de San Miguel es de origen románico pero, como tantas otras iglesias del valle, ha sufrido numerosas transformaciones en su estructura original, que solamente han respetado la portada que se abre en el muro sur y la torre sobre el crucero, que guarda cierta similitud con la de San Pedro de Tejada, aunque es de menor tamaño. Su construcción se inició en los comienzos del siglo XIII.

Por el contrario, la Torre de los Velasco, situada enfrente, como un vigilante centinela de le entrada del valle, era la más importante de la comarca, presentando un imponente aspecto, alcanzando los veinte metros de altura y rematada por almenas. Fue construida a finales del siglo XIV por la poderosa familia de los Velasco. Actualmente esta torre, restaurada en los años sesenta del pasado siglo, pertenece a los Duques de Salinas. En el conocido como barrio Grande se encuentra la Casa-palacio de los Garza, otro edificio blasonado levantada el siglo XVII por una familia de indianos originales del valle.

Pero aún queda otro edificio en las afueras del pueblo, prácticamente junto al puente a orillas del Ebro, que resulta imposible no mencionar, aunque su memoria resulte de lo más negativo, ya que en él tuvieron albergue, hace muy poco tiempo, el odio, el horror y la venganza.

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Se trata de un edificio que había sido una fábrica de sedas, que en el año 1938 pasó a convertirse en uno de los penales más siniestros del Régimen franquista, que en 1939 se apoderó de España y la dominó durante cuarenta años. Dentro de sus muros la vida se convirtió en tragedia para más de tres mil presos republicanos allí encarcelados, procedentes de casi todas las regiones de España, que tuvieron que sufrir toda clase de vejaciones, necesidades, enfermedades, torturas, ignominias y muchos hasta la muerte.

Por este penal pasaron políticos, sindicalistas, obreros, campesinos, maestros y simples ciudadanos, la mayoría de los cuales no habían cometido otro delito que no mostrar su sometimiento a la nueva ideología impuesta por la fuerza de las armas, que no estaba dispuesta a permitir la más mínima disidencia. Este ”penal de los inocentes o de los olvidados”, como también se le conocía, estuvo operativo hasta 1945, en que lo abandonó el último preso, después de haber pasado dentro de sus muros muchos años viviendo en condiciones infrahumanas. Todavía está pendiente recuperar su historia del olvido y devolverles la memoria y la honra a todos aquellos que allí perdieron su dignidad y su vida (1).

Hasta el año 2003 no entró en vigor la “Ley de la Memoria Histórica”, dando comienzo un duro y complicado trabajo, no sólo de de búsqueda e investigación documental, sino también de recuperación de los restos de tantos seres humanos vilmente asesinados, cuyo paradero aún se desconoce.

Actualmente, la antigua fábrica de sedas, convertida en penal, está prácticamente derruida.

Ha llegado a su fin la visita a este singular y atractivo Valle de Valdivielso, que tantas agradables sensaciones y satisfacciones causa a quienes lo visitan, le vamos a abandonar cruzando el desfiladero de La Horadada, para dirigirnos a la localidad burgalesa de Trespaderne, no sin antes pararnos a visitar el histórico castillo de Cillaperlata.

NOTAS:

  • Fernando Cardero Azofra y Fernando Cardero Elso, son los autores del libro “El penal de Valdenoceda”, fruto de diez años de exhaustiva investigación, en el que se detalla de forma pormenorizada la dureza de la vida cotidiana del penal y las numerosas calamidades que sufrieron sus reclusos.

POR EL VALLE DE VALDIVIELSO : QUINTANA DE VALDIVIELSO, EL ALMIÑÉ Y TOBA. -Por Francisco Blanco-.

El Ebro, al penetrar en el valle del Valdivielso abre la impresionante garganta de los Horcinos, que ofrece un extraordinario paisaje natural, en una zona que pertenece a la red ecológica europea, conocida como “Natura 2000”, refugio y hábitat natural de numerosas especies; su cielo, generalmente límpido y azul, lo surcan, entre otras, las águilas perdiceras, las águilas reales, los alimoches y los buitres leonados. También abundan centenarios encinares y robledales y la clásica vegetación de ribera, todo enmarcado por unas caprichosas formaciones rocosas, en las que no faltan las cuevas, los eremitorios y las ermitas rupestres medievales, que todavía conservan restos humanos y algunos utensilios y objetos de cerámica. Los pueblos del valle tienen fácil acceso, están conectados entre sí, por lo que se pueden visitar con bastante facilidad y disfrutar de su paisaje, de su arquitectura popular y de su importante patrimonio cultural y artístico, destacando especialmente unas cuantas joyas del arte románico castellano. Para abandonar este singular valle hay que atravesar el no menos pintoresco desfiladero de la Horadada. El valle limita al norte con la sierra de Tesla, al oeste con la sierra de Tudanca, mientras que al sur se encuentran las estribaciones del páramo de Masa. Los amantes del senderismo encontrarán en este atractivo valle unas rutas verdaderamente insuperables.

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La conocida como Merindad de Valdivielso está integrada por las siguientes 14 entidades locales: El Almiñé, Arroyo, Condado, Hoz de Valdivielso, Panizares, Población, Puente Arenas, Quecedo, Quintana de Valdivielso, Santa Olalla, Tartalés de los Montes, Toba de Valdivielso, Valdenoceda y Valhermosa, agrupadas todas en el Municipio de Merindad de Valdivielso, perteneciente al Partido judicial de Villarcayo. Fue repoblada en siglo IX por el conde Rodrigo, aunque pronto le siguieron un numeroso grupo de monjes, muchos de ellos eremitas, que se dispersaron por las numerosas cuevas de la zona, mientras que otros levantaron iglesias, creándose a su alrededor pequeños núcleos humanos formados por campesinos, que pronto pasaron a formar parte del incipiente Condado de Castilla. En el siglo XIII entra a depender de la jurisdicción del poderoso Monasterio de Oña, y sus regidores comienzan a celebrar sus reuniones en Quecedo, nombrada capital del Valle, bajo la sombra de una vieja encina que presidía las juntas bajo su escudo consistorial. En el siglo XIV el valle prácticamente se despobló  al ser asolado y diezmado a causa de una dura epidemia de peste que afectó al norte de la península. No se volvió a repoblar hasta los siglos XVI y XVII, en los que llegaron nuevas gentes que edificaron sus palacios y torres residenciales, en señal del poderío de sus dueños, que ahora podemos admirar dispersos por todo el valle (1). Hay que destacar especialmente el poderío que alcanzó en el valle la importante Casa de Velasco, que contaba además con el apoyo real, en especial por parte de Juan I de Castilla.

En la entrada del valle, sobre una pequeña loma, se encuentra el bonito pueblo de Quintana de Valdivielso, desde donde se domina una completa e impresionante panorámica del valle. En su entramado urbano, levantado en torno a su calle principal, se alternan las típicas viviendas montañesas de la zona, con otras luciendo escudos y blasones sobre sus fachadas de sillería. Entre estas últimas destacan la renacentista Torre-palacio de San Martín, mandada construir en siglo XVII por el Inquisidor del Santo Oficio en Logroño D. Juan Antonio Díaz Trechuelo y García de la Yedra, natural del municipio. Es de planta rectangular con tres cuerpos y en su fachada destacan hasta cinco escudos nobiliarios, el de los Inquisidores Díaz Trechuelo y Díaz de Rosas, el de la familia cántabra de los Zorrilla San Martín y otros dos del siglo XVIII, pertenecientes a familiares. Su nombre, no obstante, no es atribuible a la familia de los Zorrilla San Martín, sino por estar situada en el barrio de San Martín. Actualmente, después de una cuidadosa y costosa restauración, se ha convertido en una casa rural que dispone de varios y confortables apartamentos para alquilar, en los que poder pasar unos agradables días de turismo y descanso.

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También cabe señalar el Colegio de Huérfanos, construido en el siglo XIX, fundado y financiado por Doña Mª Carmen Andino y la familia de los Huidobro; la Casa Grande, también del siglo XIX, es una casona montañesa perteneciente a los Huidobro, y al final del pueblo se encuentra la Torre de la Loja, del siglo XV, con cuatro alturas, rematadas por una cornisa sobre la que luce un atractivo conjunto almenado, con cubos en las esquinas.

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También entre finales del XVI y principios del XVII se levantó la iglesia parroquial de San Millán Abad, se trata de un templo neoclásico de una sola nave con ábside y bóveda de crucería, dispone de cuatro pequeñas capillas, dos laterales y otras dos en el presbiterio, una de ellas  tiene un interesante retablo barroco.

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El Almiñé es otro pequeño y pintoresco pueblo del Valle de Valdivielso, muy cercano a Quintana, al que también se puede llegar  por una antigua calzada romana, construida hace unos dos mil años, que atraviesa el sinuoso Puerto de las Mazorras y acaba en el Páramo de Masa, esta ruta fue utilizada en la Edad Media para transportar el pescado de Cantabria a la llanura castellana y se la conocía como la Ruta del Pescado.

Su trazado urbano lo preside la calle principal, flanqueada por viejas casonas luciendo en sus fachadas escudos blasonados, aunque el edificio más destacado es su monumental iglesia parroquial de San Nicolás de Bari, una de las joyas románicas que atesora este singular valle y una extraordinaria muestra de la riqueza y esplendor que alcanzó el Arte Románico burgalés.

Su construcción se inició en el siglo XII, por lo que su origen es completamente románico, pero hasta su finalización, en el siglo XIV, se le fueron incorporando nuevos elementos que corresponden principalmente al gótico y al barroco. A partir de la acertada restauración de que fue objeto en el año 1996 se puede apreciar el imponente aspecto que hoy ofrece a sus visitantes.

De su primitiva estructura románica se conserva la nave y su espectacular torre campanario, muy similar a la de la cercana iglesia de San Pedro de Tejada. En el siglo XV se le fueron añadiendo el husillo de acceso a la torre y una capilla funeraria de estilo gótico, que mandó levantar la familia de origen judío Ruiz Beñe y Sarabia de Rueda, muy poderosa en toda la zona, quienes también construyeron la Torre de la Loja en la cercana Quintana y cuyos restos descansan en ella. Posteriormente, ya en la Edad Moderna, se le incorporó la actual portada plateresca de su fachada sur. También el primitivo ábside semicircular fue sustituido por una cabecera cuadrangular de estilo gótico.

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El interior es de una sola nave con dos tramos y un falso crucero con arco de medio punto que descansa sobre columnas con capiteles decorados con motivos vegetales, sobre los muros norte y sur también están adosados arcos ciegos de medio punto, descansando sobre pilastras. Esta magnífica iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural en marzo de 1983.

Desde El Almiñé, subiendo a pie por la bien conservada calzada romana, a más de 900 metros de altitud, sobre un verde prado desde el que se domina una amplia y bella perspectiva del valle,  nos encontraremos con la ermita de Nuestra Señora de la Hoz, también llamada de Santa Isabel, un amplio conjunto de edificios que se fueron construyendo anexos a la ermita, que habitualmente permanece cerrada, aunque por el mes de julio se celebra la popular romería de la Virgen de la Hoz, a la que acuden, además de los vecinos del valle, numerosos forasteros. Cerca de la ermita todavía existe un aljibe romano subterráneo, de unos 2000 años de antigüedad, que aún está en uso. Si el visitante viene en coche desde el Puerto de las Mazorras, puede llegar hasta la Ermita por una pista de tierra apisonada en muy buen estado de conservación. También existe un refugio de caminantes, para los aficionados al senderismo que quieran establecer la Ermita como centro de las numerosas y atractivas rutas que recorren este singular y fascinante Valle de Valdivielso.

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No muy lejos, después de dejar atrás la ermita, sobre una atalaya rocosa casi inaccesible y rodeada de espesa arboleda, se divisan los restos del castillo de Toba de Valdivielso, construido en el siglo XIV por el conde de Santa Gadea, que al parecer formaba parte de una línea defensiva contra la penetración musulmana, todavía se pueden ver restos de sus muros aferrados a las rocas. Para aquellos que se atrevan a encaramarse a los peñascos que lo rodean, el panorama del valle que aparece a sus pies es realmente impresionante.

El pequeño pueblo de Toba, prácticamente deshabitado, debe su nombre a la abundancia de roca porosa caliza que se utilizó en la construcción del castillo y también de algunas casonas blasonadas que aún permanecen en buen estado. Su iglesia parroquial es de origen románico, pero fue completamente reconstruida en el siglo XVIII.

“El castillo de Toba se está cayendo

Una pulga y un piojo lo están teniendo

Si la pulga se muere, el piojo vive

El castillo de Toba siempre está firme” (2)

 

Entre Toba y El Almiñé se encuentra Santa Olalla, otro diminuto pueblo de apenas veinte vecinos, que en su origen fue un monasterio dependiente de San Salvador de Oña, su iglesia parroquial de San Isidoro es del siglo XVI, aunque en el XVII se le incorporó una portada barroca y una torre-campanario con espadaña; de su interior destaca un espléndido retablo barroco con tallas de bella factura.

Al otro lado del Ebro, que se puede cruzar por uno de los cuatro puentes que unen las dos riberas, al cobijo de la Sierra de la Tesla, esperan al viajero otros sitios tan atractivos como Quecedo, la capital del valle, Puente Arenas, San Pedro de Tejada, Hoz, Arroyo y otros lugares de gran atractivo turístico, que completarán la visita a este singular Valle de Valdivielso.

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NOTAS

  • Sobre la Historia y la Arquitectura del Valle se puede consultar la obra del P. Luciano Serrano “Apuntes descriptivos históricos y arqueológicos de la Merindad de Valdivielso”.
  • La poesía pertenece al escritor burgalés Inocencio Cadiñanos, autor entre otras obras de “Arquitectura fortificada de la provincia de Burgos”.

Autor Paco Blanco, Barcelona, marzo 2017

POR LOS CAÑONES DEL EBRO-EL VALLE DE SEDANO. -Por Francisco Blanco-.

En el siglo XIII se crea la Merindad de Burgos con Río Ubierna, a la que se incorpora en el 1352 el Alfoz de Siero, que estaba integrado por los siguientes pueblos y aldeas: Cartiguera, Covanera, Escalada, Gredilla de Sedano, Huidobro, Loma, Moradillo de Sedano, Mozuelos de Sedano, Noceda, Orbaneja del Castillo, Pesquera de Ebro, Quintanaloma, Quintanilla-Escalada, San Felices del Rudrón, Sedano, Tubilla del Agua, Turzo, Valdelateja y Villaescusa de Butrón.

Sedano, la capital y cabecera de este valle, es un pueblo señorial y acogedor, dominado desde lo más alto por su iglesia parroquial, a cuyos pies se extienden sus viejas calles y callejuelas, en las que abundan las señoriales casas de piedra blasonadas, como la de los Bustillo, los Guevara o los Huidobro.

El Valle de Sedano se enmarca dentro de este marco geográfico, abarcando un extenso territorio que ofrece al viajero unos extraordinarios enclaves paisajísticos y monumentales, con gran predominio del románico, que abarcan desde las desoladas y solitarias parameras, los profundos y misteriosos cañones excavados por su abundante cuenca fluvial, hasta los verdes y acogedores valles donde descansar y recrearse.

wsqwqwqwqwqwwqwwqwqwqLa iglesia de Santa María, está encaramada en lo alto de una roca, como una inexpugnable fortaleza, es de estilo gótico con una portada renacentista de la segunda mitad del XVII, rematada por un tímpano austeramente  decorado; en su interior destaca su retablo mayor, de estilo barroco, con tres calles enmarcadas por columnas salomónicas, en el que se venera una sencilla imagen de la Virgen, conocida popularmente como “La Morenita”, pues el color oscuro de la talla contrasta con el blanco ropaje con que está cubierta. Anualmente se celebra una popular romería en su honor, que tiene lugar por la Pascua de Pentecostés. Debajo de la iglesia, antes de llegar a la cima, se encuentra la “cueva de Emeregilda”, una señora que a pesar de tener casa y familia en el pueblo, prefirió vivir como una anacoreta, en la soledad de la cueva.u desperdigado caserío está integrado por los barrios de Lagos, Trascastro, Valdemoro, Barruelo y La Plaza, que ocupa el centro del pueblo, donde se levanta el Ayuntamiento, un edificio neoclásico con unos soportales formados por cinco arcos de medio punto. En el barrio de Valdemoro tuvo su casa el gran novelista vallisoletano Miguel Delibes, gran amante también de estas tierras, que visitaba con frecuencia y en las que practicaba sus deportes favoritos, que eran la caza y la pesca.

Los orígenes de Sedano son claramente medievales, aunque por esta zona también anduvieron visigodos y musulmanes. Desde el siglo XV el pueblo tiene jurisdicción de Señorío, concedido por los Reyes Católicos a favor del marqués de Aguilar de Campoo D. García Manrique de Lara, que fue su alcalde pedáneo con carácter sucesorio.

Para los viajeros curiosos está disponible el “Aula Arqueológica de Sedano” donde se explican los orígenes de los numerosos dólmenes funerarios, esparcidos por todo el valle desde el neolítico, que cuentan con una antigüedad que supera los 5.000 años.

Otro de los grandes atractivos de este singular valle, además de su belleza natural, es la presencia de numerosas joyas arquitectónicas del primitivo románico castellano, muchas de las cuales permanecen en un excelente estado de conservación, aunque, lamentablemente, otras muchas desaparecieron o están a punto de hacerlo.

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Muy cerca de Sedano el viajero se encontrara con Moradillo de Sedano, cuya iglesia de San Esteban fue levantada en la cima del monte Castro. Fue acabada hacia el año 1188 y lo más destacado, además de su airoso y homogéneo conjunto, es el Pantocrátor de su portada, que constituye una joya única en el románico burgalés, digna de ser admirada detenidamente y en la que se pueden admirar los Veinticuatro Ancianos del Apocalipsis, junto con la Anunciación y la Visitación de Nuestra Señora, la Matanza de los Inocentes, la Huida a Egipto y otras escenas bíblicas; los capiteles de sus columnas, curiosamente construidas en geométrico zig-zag, únicas en el románico español, están profusamente decorados con leones, grifos alados, dragones, jinetes y centauros femeninos, éstos últimos muy poco frecuentes en la icono grafía románica.(1)

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Esta singular iglesia, perteneciente al Arciprestazgo de Ubierna, fue declarada Monumento Nacional en el año 1931 y la pequeña aldea de Moradillo, enclavada en el valle del río Moradillo, en 1970, con apenas 20 vecinos, fue anexionada al municipio de Gredilla de Sedano.

Gredilla se encuentra también en el valle del río Moradillo y su nombre parece que significa “pueblo en cuesta”. Sus orígenes actuales son medievales, estando fechada su fundación hacia el año 947, pero algunos historiadores, como Sánchez Albornoz, afirman que su origen se remonta a la Edad de Hierro y su emplazamiento corresponde al de la antigua ciudad de Moreca, capital de la tribu cántabra de los morecanos, habitada por pastores cántabros que utilizaban sus numerosos castros y riscos como elementos defensivos.

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Su vistosa iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo, del siglo XII, es otra de las joyas del románico de este monumental Valle; se trata de un templo de una sola planta, con elegante portada, está cubierta por bóveda de medio cañón y dispone de un ábside semicircular y torre campanario. La portada está rematada por un tímpano con bellas esculturas, en cuyo centro se encuentra la Virgen María sentada en su trono y coronada, acompañada de San José, a sus pies está el Arcángel San Rafael de rodillas, dándole la “Buena Nueva”, también aparecen San Pedro y San Pablo. (2)

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Los capiteles de las columnas de sus ojivales ventanas están profusa y bellamente decorados con abundantes y originales motivos de todo tipo: geométricos, vegetales, animales, como grifos, arpías, leones, dragones y aves con el cuello entrelazado, apareciendo también algunas cabezas humanas, caprichosamente repartidas. En su interior destaca también la delicada ornamentación de los capiteles de la nave y el ábside, en los que se repiten los mismos motivos zoológicos.
Según la “Enciclopedia del Románico en Castilla y León”, cuyo principal impulsor es el famoso arquitecto y escritor cántabro “Peridis”, en la Comarca de los Páramos y las Loras hay catalogados hasta 51 monumentos románicos, entre iglesias, ermitas y otros restos.
Quintanilla de Escalada es un pequeño pueblo perteneciente al valle de Sedano, fundado en el siglo X (3), con jurisdicción de señorío desde 1480, perteneciente, como tantos otros pueblos del Valle, al Marqués de Aguilar de Campoo, que era su alcalde pedáneo. Estuvo integrado en el Alfoz de Siero y actualmente pertenece al municipio de Valdelateja. Sus fronteras naturales son el cercano paramo de Masa y los valles de Zamanzas , Valdebezana y Manzanedo, pertenecientes al Alfoz de Arreba, situado en la comarca de las Merindades. Está bañado por las aguas del Ebro y lo atraviesa la carretera que une Burgos y Santander, que se encuentran a 60 y 95 kilómetros respectivamente.

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Se puede admirar su iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, construida a finales del siglo XIX bajo el mecenazgo de doña Manuela Díaz Bustamante, con el objetivo de reemplazar la antigua Abadía de San Martín de Escalada,  el primitivo templo románico del siglo XI, que en tiempos de Alfonso X el Sabio tenía jurisdicción de abadengo sobre Turzo, Cortiguera, Ayoluengo, Tubilla del Agua, Covanera y sus respectivos molinos. Con el paso del tiempo y el abandono a que fue sometida a partir del siglo XVI, en que fue anexionada a la Colegiata de Aguilar de Campoo, se fue deteriorando lentamente, hasta que en el siglo XVIII, acabó  convirtiéndose en un montón de ruinas, cuyas piedras fueron aprovechadas por los vecinos del pueblo para construir o reforzar sus casas. Actualmente, todavía se pueden apreciar en algunas de ellas restos de cornisas y canecillos románicos, igualmente, algunos capiteles fueron a parar a la cercana Ermita de San Roque. Su ubicación geográfica exacta corresponde a la zona donde se construyó la Estación de carga del petróleo de la Lora y durante su construcción, en los años ochenta del pasado siglo XX, también aparecieron algunas piedras y restos de adornos románicos que fueron a parar de forma incontrolada a diferentes manos.

A unos pocos kilómetros del casco urbano se encuentra la Ermita de San Roque, construida a principios del siglo XVII, cubierta con bóveda de piedra y madera, que aún se conserva en buen estado. En su interior destaca un retablo con la figura central de San Roque, acompañado de San Martín y San Sebastián sufriendo martirio. Poseía también una Cruz bizantina esmaltada, que actualmente se encuentra en el Museo de Burgos.

Siguiendo el curso del Ebro, a unos cinco kilómetros aguas abajo, en un recóndito y agreste paraje, rodeada de peñascos se encuentra la Ermita de Nuestra Señora del Ebro, que goza de una antigua y popular devoción por todo el Valle. Las primeras noticias documentadas sobre el templo datan del año 1244 y se refieren a una transacción entre la abadesa de las Huelgas y el obispo de Burgos, quien a su vez nombra a D. Rodrigo, un canónigo metropolitano, primer Abad de la ermita, quien a su vez dependía de la Abadía de San Martín. La Ermita ha sufrido numerosas transformaciones y en su interior hay un pequeño y abovedado retablo del siglo XVIII, en el que se conserva una preciosa talla medieval de la Virgen del Ebro; un pequeño altar lateral está presidido por la imagen de San Onofre. En el siglo XVI pasó a depender eclesiásticamente de la Colegiata palentina de Aguilar de Campoo. A la entrada de la ermita se yergue majestuoso un monumental y centenario olmo, cuyas medidas exceden con mucho lo normal, pues su grosor alcanza los cinco metros en su base y su altura se acerca a los veinticinco metros ¡todo un bello ejemplar!

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Un kilómetro más lejos, siguiendo el curso del Ebro, en otro bello y solitario paraje se encuentra la llamada “Casa de Máquinas”, una pequeña central eléctrica construida en el año 1910 por la empresa burgalesa “El Porvenir de Burgos”, cuyos generadores se alimentan con el agua de un canal subterráneo que arranca en Quintanilla. Desde la década de los setenta su explotación está a cargo de Iberduero.

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En la vecina Escalada, situada a la orilla izquierda de carretera de Santander, el viajero se encontrará con la monumental iglesia románica de Santa María la Mayor, levantada a finales del siglo XII, aunque poco después se llevó a cabo una importante transformación, en la que predominaron los elementos tardo-góticos. De su primitiva estructura se conserva la espadaña y su atractiva portada, rematada por varios arcos de medio punto, que se apoyan sobre doce columnas, rematadas por artísticos y bellamente ornamentados  capiteles. En el primer arco, situado sobre la puerta, se pueden admirar veintidós esculturas que parecen relacionadas con los Ancianos del Apocalipsis.

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Su repoblación, como el resto de la zona, data de finales del siglo IX y principios del X, y fue hecha por gentes llegadas de la vecina Cantabria; eclesiásticamente dependía de la cercana Abadía de San Martín, en Quintanilla, e igualmente tenía jurisdicción de señorío, cuyo titular era el Marqués de Aguilar de Campoo, que era quien nombraba su alcalde pedáneo. Su aspecto urbanístico actual se fue perfilando entre los siglos XVI y XVII, pasada ya la amenaza musulmana, durante los que se construyeron, además de las ya existentes casas típicas montañesas, con solana y amplia balconada, otras casas de piedra con blasones heráldicos en sus fachadas, pertenecientes a miembros de la pequeña nobleza castellana. Cabe mencionar principalmente la Torre de los Gallo, un palacio-fortaleza con dos magníficas torres, que en siglo XVII mandó levantar D. Gregorio Gallo, obispo de Segovia, en el 1949 fue declarada Monumento Nacional. Otro edificio notable es la Casona de los Díez, construida en el siglo XIX por un indiano que hizo fortuna en el Perú, actualmente se ha convertido en un confortable hotel. Desde 1992 el pueblo está considerado  como Conjunto Histórico y Bien de Interés Cultural.

La gastronomía de esta atractiva comarca se basa, principalmente, en la utilización de sus productos naturales, tanto las verduras y hortalizas de sus huertas, como los derivados de la caza y la pesca, cuya abundancia es notoria, a esto hay que añadir los productos derivados de la matanza del cerdo, como chorizos, morcillas, lomos, jamones; son también dignos de mención la carne de bovino y de ovino: chuletones, chuletillas, cordero asado……, igualmente se elaboran exquisitos productos lácteos, como mantequillas, quesos y quesadas, en especial el famoso queso tierno de Burgos.

Dispone de numerosos y bien provistos restaurantes, donde el viajero podrá disfrutar de la tradicional cocina castellana, poco sofisticada pero abundante y de mucha enjundia. Platos tradicionales son las alubias rojas o la olla podrida, la sopa burgalesa, las manitas de cordero guisadas o las cabecillas asadas al horno, los riñones de ternera a la plancha, los callos,  y también la caza y la pesca, como codornices, perdices, conejos, liebres, truchas y cangrejos, sin dejar de mencionar la tradicional y apreciada cocina del bacalao. Los postres típicos tampoco escasean, sobresaliendo las yemas de canónigo, las almendras garrapiñadas, la miel, el arroz con leche, las torrijas……….; en cuanto a los vinos entre la variedad de tintos, blancos y claretes, jóvenes o con crianza, tanto de la cercana Rioja como los de la Ribera del Duero.

Toda una extraordinaria oferta paisajística, histórica, monumental y gastronómica, que se convertirá en una experiencia inolvidable para todos los visitantes de estas tierras:

Tierra encantada que refleja el alma

del recio pueblo castellano,

que sigue soñando con sus pasadas glorias,

que por estas tierras se fraguaron

NOTAS

  • La imaginativa y geométrica decoración de los capiteles de la iglesia de Moradillo, al igual que la cercana de Gredillo de Sedano y otros templos de la zona, recuerdan los del Monasterio de Santo Domingo de Silos y la posible intervención de su autor, “el Segunmdo Artista de Silos.
  • Parece ser que la cabeza actual de la Virgen, bastante desproporcionada, no es la original.
  • Según Fray Justo Pérez de Urbel en su “Historia del Condado de Castilla” fue fundado en el 866 por el conde Rodrigo de Castilla.

Autor Paco Blanco, Barcelona, marzo 2017

POR LOS CAÑONES DEL EBRO: VALDELATEJA, ORBANEJA DEL CASTILLO Y PESQUERA DE EBRO. -Por Francisco Blanco-.

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El Ebro, como España, nace en las entrañas de la cordillera Cantábrica y penetra en tierras burgalesas después de haber formado uno de los mayores embalses del país, que lleva su mismo nombre. Se encuentra después con los páramos calcáreos de la Lora, en los que abre una brecha de más de 200 metros de profundidad, dejando sus escarpadas riberas ocupadas por ejércitos de árboles centenarios, entre los que predominan las norteñas encinas, junto con abundantes robledales y hayales; por el inmenso y azul cielo castellano, vuelan majestuosas las águilas perdiceras y las reales, los buitres leonados, los alimochos y el halcón peregrino; abajo, las aguas siguen impetuosas su tumultuoso curso de oeste a este, en ellas abundaba el rico cangrejo de río, hoy lamentablemente desaparecido, en su lugar se puede pescar la trucha y el barbo principalmente, junto con otras variedades, también se puede ver la nutria, nadando a los pies de sus numerosas cascadas, cerca de sus cuevas.

El espectacular panorama que estas impresionantes hoces y acantilados ofrecen al viajero se puede contemplar desde el formidable mirador de Castrosiero, en lo más alto del pueblo de Valdelateja,, donde se encuentra la ermita visigótica de Santa Centola y Santa Elena, mártires burgalesas del siglo III, que sufrieron martirio en tiempos del emperador Diocleciano; en el 1317, por orden de Alfonso XI, sus restos fueron trasladados a la catedral de Burgos. Posteriormente, en la parte baja se construyó otra pequeña ermita, dedicada a Santa Eulalia; más recientemente, ya en el siglo XX, sobre esta ermita se levantó la actual iglesia parroquial, utilizando también algunos restos de la ermita de Castrosiero, como la espadaña y la puerta de entrada, además de algunas imágenes como las de Santa Centola, Santa Elena y Santa Lucía.

En Valdelateja, las agitadas aguas del Rudrón se unen a las del Ebro, que continúan atravesando desfiladeros, gargantas y cañones por el noroeste de la provincia de Burgos y forman el espectacular paisaje natural conocido como “Los Cañones del Ebro”.

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El singular pueblo de Orbaneja del Castillo, declarado Conjunto Histórico en 1993, limita prácticamente por el noroeste con Cantabria, a cuya diócesis llegó a pertenecer, y está situado a unos 90 metros sobre el cauce del Ebro y el arroyo de Horca Menor, su pintoresco casco urbano se levanta sobre una ladera formada por una serie de sucesivas terrazas que, de hecho, le convierte en un espectacular mirador natural; las aguas del arroyo que nace en la Cueva del Agua se deslizan por estas terrazas, formando unas espectaculares cascadas que dividen al pueblo en dos partes, Villa y Puebla, y que van a caer en las aguas del Ebro, formando otro espectacular torrente. En épocas de deshielo o de fuertes lluvias, el caudal de las aguas aumenta considerablemente, saltando de terraza en terraza y ofreciendo un espectáculo único e irrepetible. La causa de esta especie de prodigio acuático se debe al enorme acuífero que existe en el subsuelo del cercano páramo de Bricia.

El origen del pueblo es medieval y durante mucho tiempo en él convivieron las tres culturas, árabe, judía y cristiana, destacando especialmente la presencia mozárabe. Los caballeros Templarios construyeron el convento y hospital de San Antón, destinado a atender a los peregrinos que elegían la ruta alternativa al Camino Francés de Santiago, que se desviaba por San Martín de Elines y Santa María de Cervatos, ambos en tierras cántabras. Los Reyes Católicos le concedieron jurisdicción de realengo, por lo que sus vecinos se vieron liberados del pago de numerosos impuestos. En lo más alto del pueblo se pueden ver algunos restos de la muralla almenada que formaba parte de su medieval castillo defensivo. Sus restos tienen como fondo unas enormes estructuras calcáreas, que parecen fantasmales ruinas.

Su conjunto urbano, con casas de piedra típicamente montañesas, de poca altura, con rústicas solanas de madera que se asoman a las estrechas calles del pueblo, levantadas escalonadamente sobre las diferentes terrazas de piedra toba y tan apiñadas que producen la sensación de estar suspendidas en el aire. Algunas son edificios singulares, como la casa de los marqueses de Aguilar, la Casa de los Canes, decorada con artísticos canecillos románicos ó la Casa de los Pobres, donde se acogía a los peregrinos enfermos.

Actualmente sus escasos vecinos viven de la actividad turística que genera el gran número de personan que le visitan, atraídas por la singularidad y belleza natural de todo su entorno. Los meses de invierno el pueblo se queda prácticamente deshabitado.

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Pesquera de Ebro, como su nombre indica, es un lugar de pesca, se encuentra al sur del valle de Zamanzas, en el espacio natural conocido como las Hoces del Alto Ebro, en pleno cañón del Ebro. Se entra en el pueblo por un sólido puente medieval, perfectamente conservado, construido posiblemente a mediados del siglo X, coincidiendo con su fundación.

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Sus orígenes se remontan al siglo IX, siendo repoblado por orden del rey de Asturias Alfonso III el Magno, que lo destinó a lugar de pesca, donde parece que pasó algunas temporadas de descanso.

También se le conoce como “El Pueblo de los Escudos”, pues por sus dispersas calles abundan las casas de piedra blasonadas con escudos nobiliarios, pertenecientes a las familias hidalgas que las habitaron, destacando entre todas la calle de los Giles por su abundancia de casonas blasonadas; el origen de estas viejas mansiones corresponde principalmente a los siglos XVI, XVII y XVIII, en una de ellas, grabada en piedra se puede leer la siguiente leyenda: Iesús María. Esta es casa de placer i la gente de alegría. Año 1712”. Todo el entramado urbano confiere al pueblo un aspecto medieval que capta enseguida la atención y el interés del viajero. Por la calle de la Iglesia se sube hasta el centro del pueblo, donde se encuentra la iglesia parroquial de San Sebastián, un templo interesante para visitar, aunque parte de su contenido ha sido trasladado al Museo del Retablo de Burgos. En su exterior destacan su portada y su magnífica espadaña; en su explanada de entrada, dominando todo el entorno, se levanta la soberbia figura de un roble centenario totalmente petrificado.

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En su interior recibieron sepultura dos insignes naturales de la villa, el militar Pedro Merino, que en la célebre batalla  de San Quintín, donde los franceses fueron derrotados, hizo prisionero al Condestable de Francia, por lo que recibió una recompensa de 10.000 ducados. El otro fue el gran platero, también del siglo XVI, Lesmes Fernández del Moral, discípulo aventajado de Pompeyo Leoni y Juan de Arfe, que realizó varios encargos por cuenta de Felipe II, precisamente el vencedor de S. Quintín.

En el tema gastronómico predomina la tradicional y recia cocina castellana, no faltando por la zona magníficos sitios donde el viajero podrá disfrutar ampliamente con los paltos típicos de la zona, en los que siempre estará presente la exquisita trucha de río. De pasada, sin querer ser selectivo, recuerdo el Asador de Centola, el Mesón del Rudrón y el Mesón del Cañón, aunque la oferta es mucho más amplia. También abundan las hospederías y sitios donde descansar y disfrutar de las plácidas y silenciosas noches castellanas, armonizadas únicamente por el susurro de las profundas aguas del Ebro.

El pueblo fue declarado Conjunto Histórico en 1993.

¡Buen viaje!

Autor: Paco Blanco, Barcelona, febrero 2017

POR LA CUENCA DEL ARLANZÓN.-De Estépar a Pampliega-. Por Francisco Blanco.

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El municipio de Estepar, perteneciente al Alfoz de Burgos y situado a unos 20 kilómetros de la capital, está formado por las siguientes 11 localidades: Arenillas de Muñó, Arroyo de Muñó, Estepar, Hormaza, Mazuelos de Muñó, Medinilla de la Dehesa, Pedrosa de Muñó, Quintanilla-Somunó, Vilviestre de Muñó, Villagutiérrez y Villavieja de Muñó. El origen del apellido Muñó se remonta al siglo IX, durante la repoblación de estas tierras iniciada por el Conde de Castilla, Munio Núñez, casado con Argilo de Trasmiera, quienes en el año 824 otorgaron la “Carta Puebla de Brañosera”, en la que se concedían numerosos privilegios a los primeros repobladores: “En el nombre de Dios, Yo, Munio Nuñez y mi mujer Argilo, buscando el Paraíso y hacer merced, hacemos una puebla en el lugar de Osos y Caza y traemos para poblar a Valerio y Felix, a Zonio, Cristuevalo y Cervello con todas su parentela y os damos para población el lugar que se llama Brañosera con sus montes y sus cauces de agua, fuentes, con los huertos de los valles y todos sus frutos”.

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En Arenillas de Muñó se puede admirar la torre defensiva de los Padilla, construida por esta familia en el siglo XV. Su esbelta torre del homenaje es de planta cuadrada y unos 18 metros de altura, rematada con una serie de matacanes almenados, con pequeñas aberturas en sus muros para los tiradores de ballesta. Muy cerca, en Mazuelo de Muñó, se levanta otra torre defensiva bastante bien conservada, levantada por el Marino Mayor de Burgos D. Pedro Carrillo de Toledo en el siglo XIV. La torre del homenaje, de planta cuadrada, tiene cuatro alturas y está rematada por un matacán con triple hilera de almenas caladas. Por tres de sus lados está rodeada por un recinto amurallado.

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En Arroyo de Muñó se encuentra el templo de Nuestra Señora de Muñó, de estilo románico, aunque posteriormente se le han ido añadiendo numerosas modificaciones, como la portada y el ábside, que han pasado a ser góticos. El ábside es rectangular con contrafuertes y en su remate aparece la estatua de San Martín obispo.  La iglesia es de una sola planta, con bóveda de yesería sostenida por columnas rematadas con arcos. En su interior destaca su retablo mayor churrigueresco del 1730 y otro barroco, presidido por la Virgen con el Niño. Se encuentran también un Crucificado románico y una pila bautismal renacentista. Otras tallas e imágenes, junto con otros objetos de culto, como cálices, custodias y diversas reliquias se pueden ver en el Museo Diocesano, instalado en la misma iglesia, que actualmente está dedicada a San Martín Obispo.

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La historia de Estepar se cubre de negras sombras a partir del 18 de Julio de 1936, fatídica fecha en la que España se partió en dos y la violencia se apoderó de sus pueblos y sus ciudades. En la provincia de Burgos, como en el resto, se cometieron muchas tropelías, muchas personas fueron perseguidas y asesinadas por el simple hecho de no coincidir con la ideología que imponía el bando que había resultado vencedor. En Burgos y provincia, todo hay que decirlo, una gran mayoría de burgaleses apoyaron sin reservas al bando anti republicano que se había sublevado y que impuso su voluntad por la fuerza de las armas, llevando a cabo una implacable y sangrienta represión, cometiendo numerosos crímenes, de los que muchos continúan impunes.

A Estepar le cayó el macabro honor de ser uno de los focos donde la represión franquista actuó con mayor intensidad y ensañamiento. El Monte Estepar se ha hecho tristemente famoso por ser el escenario de los numerosos e inicuos fusilamientos llevados a cabo durante la represión franquista de la pasada Guerra Civil, cuyos cuerpos fueron inhumados por las diferentes fosas comunes dispersas por este paraje de nuestra provincia. La memoria de las víctimas ha estado durante muchos años sometida al silencio, el oscurantismo y la indiferencia oficial, hasta que en la segunda decena del siglo XXI apareció la “Coordinadora para la Recuperación de la Memoria Histórica de Burgos”, dirigida por un experto grupo investigadores y apoyada por numerosos voluntarios, que han comenzado los trabajos de exhumación de los cuerpos de las víctimas, todavía no cuantificadas, y la recuperación de objetos personales y documentos, que permitan recuperar su memoria y devolverlas, a ellas y a sus familiares, una parte de su honra y dignidad, tan injustamente pisoteadas.

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Pampliega, la antigua Pampilica romana, está situada en una ladera sobre el Arlanzón, que la riega y atraviesa y que se cruza por un viejo puente medieval. Su paisaje urbano está presidido por la imponente figura de su iglesia parroquial.

Según Tolomeo, en el siglo II a. C. ya había presencia romana en este lugar, al que se llamó Pompeyica en honor al emperador Pompeyo, pero fueron los visigodos los que tuvieron una estancia más estable y duradera. Según parece, en el año 642 el noble Chindasvinto fue proclamado aquí rey de la España visigoda, después de que fuera depuesto su predecesor Tulga. También fue el lugar donde se retiró, después de ser destituido por Ervigio, el famoso rey Wanba, fallecido en el año 688, que la había concedido algunos privilegios. Ya por entonces se celebraba un mercado semanal que se mantuvo durante toda la Edad Media. La repoblación de estas tierras, después de la invasión musulmana, comenzó a finales del siglo IX, de forma prácticamente simultánea a la de la cercana Castrojeriz y otras localidades de la fértil vega del bajo Arlanzón. En el llamado Cerro del Castillo existía una fortaleza defensiva cuyas murallas rodeaban toda la localidad; actualmente del castillo tan sólo quedan algunas dispersas ruinas, mientras que de sus murallas se conserva la restaurada puerta de Presencio, pero han desaparecido las de Burgos, en el norte y la del Saetín en el oeste.

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Hacia el año 1150 el rey Alfonso VII la concedió jurisdicción de realengo, junto con  la carta de abadengo al monasterio  benedictino de San Vicente, hoy desaparecido, donde precisamente se encontraba la tumba del rey Wamba (1). Alfonso X, hacia el 1274 mandó trasladar los restos de Wamba a la iglesia toledana de Santa Leocadia, donde también reposaban los de su antecesor Chindasvinto, a cambio concedió al pueblo un mercado semanal, junto a generosos fueros y privilegios, finalmente, en el año 1845 los restos de ambos monarcas fueron introducidos en una arqueta forrada de terciopelo y trasladados a la sacristía de la catedral de Toledo, donde todavía se conservan. Sobre el traslado del rey Wamba se hizo popular una leyenda según la cual, ante la oposición de los pampliegueños al traslado, el rey les colmó de favores para que el día del traslado “se hicieran los dormidos”, por lo que a Pampliega se la conocía como “El Pueblo de los Dormidos”.

A principios del año 1297 el rey Fernando IV la convierte en señorío al cederla al magnate castellano D. García Fernández de Villamayor y su esposa Doña Mayor Arias , señores de Villadelmiro, Villamayor de los Montes y otras muchas localidades (2), todas pertenecientes a la vega del Arlanzón. Doña Teresa, al quedarse viuda, en el año 1331 la vendió a la ciudad de Burgos, pasando desde entonces a formar parte del Concejo burgalés, que no elaboró sus ordenanzas municipales hasta el año 1429. En el año 1562 se empezaron a construir las primeras bodegas subterráneas, en las que se elaboraba el vino que posteriormente se vendía en la capital burgalesa; estas bodegas, enclavadas principalmente en el subsuelo de la Plaza Mayor y la de las Verduras, han sido recientemente sometidas a una rigurosa investigación arqueológica. En el 1683 el concejo del pueblo fue encarcelado por negarse a depositar en el Ayuntamiento las armas de la ciudad.

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La imagen que primero impresiona a los que visitan Pampliega es su monumental iglesia parroquial de San Pedro ex Cátedra. Su origen es de finales del siglo XIII, del que tan sólo se conservan dos capillas laterales, la actual configuración la empezó a adquirir en el siglo XVI, estando su remodelación a cargo del arquitecto burgalés Juan de Vallejo, concluyéndose con la construcción de la torre, que recuerda la del Hospital del Rey de Burgos. La iglesia es de estilo gótico isabelino, con elementos renacentistas y consta de una sola nave con crucero y la torre dispone de un pórtico del siglo XVII, todo construido con piedra de sillería. En su interior destaca el retablo mayor con cuatro calles, obra del escultor Domingo de Amberes, en su calle central se encuentran las imágenes de San Pedro, la Asunción y el Calvario; en los laterales se encuentran las de San Roque y el rococó de Nuestra Señora del Rosario. También es de destacar su púlpito de piedra decorado con medallones, en los que aparecen San Pedro, San Pablo y San Andrés, obra del escultor vasco Martín de Ochoa, que también construyó el coro abovedado, con dos tribunas laterales. Actualmente dispone de un órgano y la Coral de Pampliega ofrece numerosas jornadas musicales.

Durante muchos años, la historia y el desarrollo de Pampliega ha permanecido ligado a su producción agrícola, además del comercio y las relaciones con la ciudad de Burgos. En la actualidad, después del masivo éxodo rural, se trata de una pequeña localidad castellana de unos 500 habitantes, cuya economía está basada en las pequeñas explotaciones agrícolas y algunas pequeñas empresas, como la Sociedad Ecológica Wamba, con 4,5 hectáreas de viñedos propios, cuya producción, que comenzó en el 2005, les permite embotellar unos vinos que no dejan de mejorar en calidad y que cada vez tienen mejor aceptación en el mercado. A esto hay que añadir su atractiva oferta turística, tanto en el tema histórico y monumental como en el gastronómico, en el que destacan los tradicionales productos de la recia cocina castellana. El benigno clima de los meses de estío y la natural hospitalidad de los pampliegueños convertirá la visita en una agradable experiencia.

El Arlanzón continua su curso de 131 kilómetros, hasta unirse con el Arlanza, otro río con historia, en la palentina localidad de Quintana del Puente.

NOTAS 

  • El Ayuntamiento de Pampliega y el Arzobispado de Burgos han realizado una reclamación conjunta a la Diócesis de Toledo de los restos del rey Wamba, que permanecen en la catedral de Toledo desde que fueran trasladados allí por orden del rey Alfonso XI.
  • En Villamayor de los Montes existe un monasterio cisterciense femenino, en el que conservan los archivos personales de D. García Fernández. Fue fundado en el 1223 y estaba bajo la jurisdicción del Monasterio de las Huelgas.

Autor Paco Blanco, Barcelona, enero 2017

 

EL BURGALÉS LUÍS ALBERTO HERNADO LOGRA LA MEDALLA DE ORO EN LOS JUEGOS MILITARES DE INVIERNO, SOCHI 2017.

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Fuente : ABC

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