ALEJANDRO LÓPEZ LAZ. -Álex López- -Jugador de baloncesto-

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ALEJANDRO LÓPEZ LAZ, conocido en el mundo del baloncesto como Álex López. La Laguna (Tenerife), 08/05/1991. Llegó a Burgos procedente de Breogán en la temporada 2016-17. Tras pasar un año en Leb con San Pablo Inmobiliaria; temporada en la que cuajó un gran trabajo consiguiendo el ascenso a ACB, fue en la primera en esta categoría en la que dio un rendimiento y una entrega excepcionales convirtiéndose en uno de los jugadores más queridos por la afición burgalesa.

Trayectoría.

Categorías inferiores. CB Nuryana.
2006-07. CB Unelco. Cadete.
2007-08. CB Unelco. Junior.
2008-09. La Caja de Canarias. Junior y EBA.
2009-10. La Caja de Canarias. EBA. Juega un partido en ACB con el Gran Canaria 2014
2010-11. UB La Palma. LEB Oro. Abandona el equipo en febrero
Feb. 2011. Gran Canaria 2014. ACB y Eurocup.
2011-12. UB La Palma, La Isla Bonita. LEB Oro. Disputa un partido en Liga Endesa con el Gran Canaria 2014
2012-13. Cáceres Patrimonio de la Humanidad. LEB Oro.
2013-14. Ribeira Sacra Breogán Lugo. LEB Oro.
2014-15. Ribeira Sacra Breogán Lugo. LEB Oro.
2015-16. Cafés Candelas Breogán. LEB Oro.
2016-17. San Pablo Inmobiliaria Burgos. LEB Oro.

Palmarés

2008-09. La Caja de Canarias. Nike International Junior Tournament Roma. Campeón
2014-15. Ribeira Sacra Breogán. Copa Príncipe. Subcampeón
2016-17. San Pablo Inmobiliaria Burgos. Copa Princesa. Subcampeón
2016-17. San Pablo Inmobiliaria Burgos. LEB Oro. Campeón del Playoff

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LA DECADENCIA DE BURGOS. -Por Francisco Blanco-.

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El año 1492 fue rico en acontecimientos transcendentales para el inmediato devenir de nuestra historia. Comenzó en la noche del 1 al 2 de enero con la definitiva toma de Granada por las fuerzas coaligadas de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, a los que se les empezaba a conocer como los Reyes Católicos. Era el  último reducto de la presencia árabe en España, que se había iniciado unos ocho siglos antes.

Unos meses después, el 31 de marzo, los reyes, instalados en el fastuoso recinto residencial de la Alhambra granadina, firmaban conjuntamente el “Edicto de Granada”, redactado por el Inquisidor General, el dominico fray Tomás de Torquemada,  por el que se decretaba la expulsión, sin ninguna excepción, de todos los judíos residentes en los reinos de Castilla y Aragón. Se les daba como fecha límite el 31 de julio, aunque finalmente se tuvo que prolongar hasta el 31 de agosto.

Por último, el viernes 12 de octubre una pequeña flota de tres carabelas, que enarbolaban la bandera de Castilla y que estaba dirigida por un marino italiano llamado Cristóbal Colón, después de una azarosa travesía anclaba sus naves en una pequeña y desconocida isla, que resultó pertenecer a un nuevo continente, absolutamente desconocido para todos los integrantes de la expedición, iniciándose así la gran aventura histórica conocida  como la Conquista de América (1).

Las consecuencias que semejantes eventos provocaron en el cotidiano quehacer de toda España fueron inmediatas y afectaron trascendentalmente a prácticamente todos los órdenes de la vida de nuestro país. Burgos, naturalmente, no fue una excepción.

Castilla se había convertido en una potencia económica, basada en la industria, la agricultura, la ganadería ovina, dominada por la Mesta (2), y la exportación de materias primas, que luego regresaban convertidas en productos manufacturados.

Burgos era uno de los puntos neurálgicos desde donde se controlaba la exportación de la lana a los países del norte de Europa, por lo que los comerciantes, entre los que abundaban los judíos, representaban uno de los pilares de la economía de la ciudad.

La comunidad judía burgalesa disfrutaba de un gran poder económico, una importante influencia política, especialmente a nivel municipal, ocupando además un alto estatus en el ámbito social, pero también ejercían oficios como los de zapateros, chapineros, juboneros, sastres, coqueros, ceramistas, plateros e incluso agricultores.

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Con el decreto de expulsión, alrededor de un tercio de esta comunidad tuvo que salir huyendo, abandonando o malvendiendo todo su patrimonio. El  resto pudo quedarse, acreditando primero la autenticidad de su conversión al cristianismo, aunque siempre permanecieron bajo la estrecha vigilancia de la terrible Inquisición. El resultado de esta acción de limpieza religiosa no podía ser otro que el fin de una etapa de relativa prosperidad, en la que el comercio y la industria alcanzaron un importante nivel de crecimiento, que impulsó a su vez el desarrollo de otra muchas actividades, dando paso a otra de crisis económica, con la consecuente decadencia del resto de los valores.

En 1493 los Reyes Católicos convirtieron la Universidad de Mercaderes de Burgos, creada en el año 1443 por Juan II de Castilla, en el Real Consulado del Mar, una casa de contratación mercantil integrada por comerciantes burgaleses, que controlaban el mercado de la lana, tanto en su fase de producción como su posterior exportación a los mercados europeos, donde disponían de sus propios factores o cónsules en las principales ciudades de Flandes y también en Londres, París, La Rochelle, Nantes y Florencia. Esta última fase se hacía principalmente a través de los puertos de Santander, Laredo y Bilbao, hasta que en el año 1511 se estableció en esta última otro Consulado similar al de Burgos, aunque su actividad se centró principalmente en la exportación de minerales y la importación de paños, sedas y otros productos manufacturados. El vacío originado por la expulsión de los judíos provocó la llegada de numerosos banqueros y agentes de comercio extranjeros, principalmente alemanes, franceses y genoveses, que establecieron Bancas y Casas de Comercio cuyos beneficios no generaban ninguna repercusión económica sobre la ciudad. La falta de mano de obra, tanto artesanal como agrícola e industrial, mucho más difícil de sustituir, también tuvo una alta incidencia negativa sobre la economía burgalesa.

Carlos de Habsburgo, el nieto de los Reyes Católicos, había nacido en la ciudad flamenca de Gante el año 1500; la conjunción de una serie de acontecimientos imprevistos, pero igualmente transcendentales, le convirtieron en muy pocos años en el personaje más poderoso de su época. Con tan solo 16 años, en 1516 se convierte en rey de Castilla, sin conocer siquiera nuestra lengua, nuestras costumbres, ni haber pisado nunca territorio español. El gobierno de su nuevo reino pasó directamente a manos de sus consejeros y colaboradores flamencos, que se colmaron de privilegios y entraron a saco en las arcas del reino. Castilla primero y el resto de España después, incluidas todas sus posesiones, que eran inmensas, y que se convirtieron en la caja provisora de fondos para las múltiples empresas políticas, religiosas y militares emprendidas por su nuevo y flamante monarca. Primero fue la compra de la corona del Sacro Imperio Romano Germánico, que había ostentado su otro abuelo, Maximiliano I de Austria; después llegaron la guerras contra los turcos de Solimán el Magnífico, la Francia de Francisco I, contra el que se enfrentó en cuatro ocasiones, para acabar enredándose en una interminable y agotadora guerra religiosa, en la que se erigió como el supremo defensor de la Fe Católica, amenazada por el discurso reformista de un sacerdote alemán, el agustino Martín Lutero; conflicto que acabó extendiéndose por toda Europa.

En Castilla, el año 1520 se levantó un movimiento comunero contra el centralismo, la arbitrariedad y los abusos de la Corte flamenca que gobernaba, pero fue sofocado por las armas y duramente reprimido posteriormente. Burgos, tras diferentes alternativas, acabó decantándose por el bando imperial, contribuyendo en la fase final a su victoria con una importante aportación de hombres y efectivos militares, al mando del condestable de Castilla D. Íñigo Fernández de Velasco (3).

Cuando en el mes de octubre de 1555 Carlos I de España y V de Alemania, agotado, viejo y enfermo, abdicó de la corona imperial a favor de su hermano Fernando, tres años más joven, que curiosamente era español, pues había nacido y se había educado en Alcalá de Henares, al tiempo que  cedía los reinos de España a su hijo Felipe, puede afirmarse también que España se encontraba prácticamente al borde de la ruina, famélica y esquilmada a pesar de los enormes recursos que llegaban periódicamente al puerto de Sevilla, procedentes de la explotación de nuestras colonias americanas. Burgos no era, ni mucho menos, ajena a esta situación de penuria general.

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La llegada de Felipe II, también conocido como el Prudente, no contribuyó precisamente a mejorar la situación, pues en las posesiones flamencas de la Monarquía Hispánica empezaron a surgir numerosos focos de descontento, cada vez más violentos, que acabaron convirtiéndose en una auténtica revuelta popular en lucha abierta por su independencia. Flandes se convirtió en otro campo de batalla para España, con la tremenda carga económica y de vidas humanas que suponía mantener los famosos tercios de Flandes, a lo que hay que añadir el consiguiente deterioro de las relaciones comerciales entre ambos países. Este enorme proceso de desgaste para la monarquía española finalizó el año 1581 con la destitución de Felipe II y la creación de la república holandesa.

Pero el heterogéneo y delicado edifico imperial español no solo se resquebrajaba en los Países Bajos, los turcos volvían a ser una amenaza, obligando a Felipe II a concentrar grandes recursos militares para proteger el Mediterráneo (4) y como remate, en 1588, Felipe II el Prudente emprende la desdichada aventura de la Invencible, en la que se deshizo prácticamente todo nuestro poderío naval y supuso un desmesurado coste económico.

Las arcas del Estado estaban vacías, lo mismo que los bolsillos de los españoles, sumidos en un generalizado estado de penuria. La inflación se disparó, los precios subieron y los alimentos escasearon. Los años del 1557 al  1566 fueron de crisis alimenticia por la escasez de las cosechas. En el imperio español no se ponía el sol, pero este no calentaba igual para todos.

En semejantes circunstancias, al igual que ocurriera con otras muchas ciudades españolas, el hundimiento económico de Burgos resultó completamente inevitable, colocando a muchos burgaleses en la triste coyuntura de verse obligados a abandonar su patria chica en busca de nuevos aires que les permitieran sobrevivir. Por si todas estas calamidades fueran insuficientes, en el año 1565 hizo su aparición la peste, que causó una terrible mortandad, pues según escribiera el historiador Hieronimus de Salamanca: “murieron en ella doze mil personas, que de allí començó su declinación”, causando además la huida enloquecida de otro gran número de ciudadanos.

Unos años más tarde, en el 1574, lo que quedaba del floreciente comercio burgalés sufrió un duro revés como consecuencia de la pérdida a manos holandesas del puerto de Middelburgo, en el que estaban ancladas numerosas naves castellanas cargadas de lana, procedente principalmente de Burgos y Segovia, consignada por comerciantes burgaleses, cuyo inmenso valor se perdió al negarse los aseguradores a asumir semejante riesgo.

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La repetición de las epidemias de peste y la pobreza generalizada se convirtieron en un verdadero azote para Burgos y su provincia, que hizo pensar al licenciado Mesa que se trataba de una maldición que “amenazaba a todas partes con las tres plagas de hambre, guerra y mortandad… de que Dios nos libre…”

En 1599, con el siglo XVI a punto de finalizar, la población de Burgos se había reducido a 2.247 vecinos, más de la mitad de la que existía a mediados de siglo, y un gran número de sus viviendas habían quedado deshabitadas o derruidas. Sin embargo, las alcábalas que la ciudad debía aportar a la hacienda pública no disminuyeron ni un maravedí, por lo que las cargas impositivas que tuvieron que soportar los vecinos se hicieron absolutamente insoportables. Por las calles de Burgos deambulaban numerosos grupos de personas desarrapadas y hambrientas en busca de cualquier sustento que llevarse a la boca.

El declive de la ciudad de Burgos continuó aumentando de forma imparable con los sucesivos Austrias que se sentaron en el trono de España. Hacia 1618, en tiempos de Felipe III, que pasaba largas temporadas de solaz y descanso en el palacio que su valido el duque de Lerma se había construido con dinero del erario público en la villa burgalesa de Lerma, los vecinos de la capital burgalesa se habían reducido a 915,  y con su sucesor, Felipe IV, el rey Planeta, apenas llegaban a los 800. A este rey los burgaleses le dirigieron un memorial de agravios, en el que le exponían la triste situación en que se encontraba la ciudad por culpa de los elevados impuestos que tenía que soportar: “…estos la tienen tan despoblada y sin gente, que la que hay se sale a vivir fuera por no se poder sustentar y están las casas y edificios casi todos caídos y arruinados por el suelo…”

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La cifra más baja de habitantes se alcanzó durante el reinado de Carlos II, el último de los Austrias, con tan solo 700 vecinos.

Recién estrenado el siglo XVIII, el año 1700 el rey Carlos II muere sin sucesión. Los Austrias son sustituidos por los Borbones y con ellos entra en España la Ilustración…..Pero es ya otra historia.

NOTAS:

  • Se da la contradictoria circunstancia de que la mayor parte de la financiación del viaje de Colón corrió a cargo del judío aragonés Luís de Santángelo, secretario y hombre de confianza del rey Fernando.
  • El Honrado Consejo de la Mesta alcanzó su máximo apogeo en tiempos de los Reyes Católicos y Carlos I, pero empezó a decaer a partir de la segunda mitad del siglo XVI, especialmente durante el reinado de Felipe II, como consecuencia de la progresiva disminución del número de cabezas trashumantes, que afectaba directamente a la producción de lana y su posterior exportación.
  • Desde el reinado de Enrique IV el cargo de Condestable de Castilla lo ostentaba un miembro de la Casa de Velasco con carácter hereditario.
  • En 1560 los turcos infligieron a los españoles una dura derrota en Djerba y en 1563 estuvieron a punto de conquistar Orán.

Autor Paco Blanco, Barcelona, Marzo 2018

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EN EL “ROJIPARDO” ESTADIO “EL PLANTÍO” LOS PENALTIS “MÁS LARGOS DEL MUNDO” Por: Jesús Ignacio Delgado Barriuso

Con motivo del inminente enfrentamiento del combinado pardicarmesí en Campeonato de Liga de Tercera División con el Real Ávila, volveré a recordar un legendario partido  -por su insólita resolución-, que disputó el Real Burgos con el club abulense hace casi 31 años. El referido encuentro, celebrado el día 29 de septiembre de 1987en el Estadio “El Plantío”, supuso un hito en la historia de la Copa del Rey por los 28 penaltis que tuvieron que lanzarse para resolver la eliminatoria. Circunstancia que solo se ha producido en otra ocasión, en la cual el Córdoba CF y el RCD Coruña el 11 de septiembre de 2003, en el Estadio “Nuevo Arcángel”, también dispararon el mismo número de penaltis, aunque los contendientes fallaron un mayor número de golpes fatídicos, lo que convierte prácticamente en irrepetible el episodio que estoy rememorando.

Aquella temporada 1987/88, el Real Burgos debutaba en Segunda “A”, tras el apoteósico ascenso en Salamanca y el Real Avila en Segunda “B”, gracias a la reestructuración de la citada categoría, que pasaba de un grupo único, a cuatro grupos. El Presidente Antonio Marañón Sedano –uno de los ilustres fundadores de la entidad rojipardilla y segundo presidente de nuestra historia-, había dimitido cinco días antes, y ya estaba convocada una Asamblea Extraordinaria para el día 9 de octubre de ese año 1987.  El entrenador pardicarmesí era el croata -entonces yugoslavo- Sergio Kresic Juric, que iniciaba en el Real Burgos su extenso bagaje como entrenador en España, prolongado durante 22 años, aunque como futbolista había militado tres temporadas en el auténtico y extinto Burgos CF blanquinegor. Se dilucidaba la segunda ronda de la Copa del Rey, habiendo eliminado la escuadra franjiparda en la primera eliminatoria a la CD Leonesa de Segunda “B” y  el conjunto abulense a la SD Ponferradina, igualmente de Segunda “B”.

En la ciudad amurallada el Real Burgos perdía por 2-1 y en el “El Plantío” doblegaba con enormes dificultades a los correosos abulenses por 1-0 con un gol de Antelo (que también marco en la ida) en el minuto 64. En aquella edición no se otorgaba valor doble a los goles fuera de casa y tuvo que celebrarse una prórroga improductiva.  Los penaltis se ejecutaron en la portería del mítico Fondo Sur, feudo de la carismática, espectacular e inolvidable “Peña Pacheta” (no está disuelta y cotinúa inscrita como asociación).  Lástima  que Emilio, Pedro y compañía no han desempolvado los bombos, las bufandas…  y han ayudado a remover el cariño y sentimiento de miles de burgaleses por los colores rojipardos… Como lo está haciendo Roberto con su bombo y su portentosa garganta, acompañado de SilviaFelipeRocíoChominAnaPabloJuan …  cada quince días en “San Amaro”, que precisan de la compañía de muchos más burgaleses en la entonación de aquellas míticas y originales canciones de respaldo al Real Burgos.

Los aficionados contemplábamos atónitos y extremadamente tensionados, como después de tres tandas de penaltis solamente erraron un lanzamiento cada equipo. A partir de ese momento, el primero que fallase quedaba eliminado. En el cuarto penalti de la tanda de muerte súbitaAntelo marcó y el visitante Patri estrelló su lanzamiento en el larguero.  Adiós a los nervios y el cuadro pardicarmesí seguía adelante en el Torneo del KO, registrando otra proeza impresionante: de 14 lanzamientos los jugadores del Real Burgos habían marcado todos, menos uno (solo Tamayo falló). Incluso Bastón anotó y repitieron en acierto Petrov, Cakic y Antelo.  Estos fueron los lanzadores por el Real Burgos. Primera tanda (5): Petrov (gol), Cakic (gol), Geni (gol), Antelo (gol) y Tamayo (detuvo el portero). Segunda tanda (4): Vilches (gol), Medina (gol), Castresana (gol) e Ibáñez (gol). Tercera tanda (2): Gregori (gol) y Bastón (gol).  Muerte súbita: Petrov (gol), Cakic (gol) y Antelo (gol). Balance final de los lanzamientos 13-12 favorables para el Real Burgos.

El Real Avila había despertado muy poca expectación en Burgos, y aquel martes de principios del otoño de 1987 solo se congregaron 2.000 espectadores en “El Plantío” que generaron una exigua taquilla de 1.100.000 ptas. (6.600 €).  Los precios de las entradas se fijaron en 300 pts. (1,8 €), 200 ptas. (1,20 €) y 100 pts. (0,60 €) para los socios. Y 1.500 pts. (9 €), 1.000 pts. (6 €) y 800 pts. (4,8 €) para los no socios.

Por el Real Burgos se alinearon: Bastón, Ibáñez, Tamayo, Blanco (Medina, m.56), Vilches, Geni, Gregori, Antelo, Castresana, Petrov y Mata (Cakic, m.46).  Arbitro: Barrenechea Montero (Colegio Castellano-leonés).

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EL MEJOR COEFICIENTE ANOTADOR DE PENALTIS EN PRIMERA LO TIENE EL REAL BURGOS  En el transcurso de los años la escuadra franjipardilla ratificó este acierto desde el punto de penalti, siendo el equipo que tiene un mejor coeficiente de penaltis transformadosen Primera División: un 90,91%. En sus tres temporadas en la élite los jugadores rojipardos lanzaron once penas máximas y solo fallaron una.  Balint (8) y Ayúcar (2) anotaron todos sus lanzamientos.

DATOS HISTÓRICOS DEL REAL AVILA CF·SAD

Fundado el 8 de agosto de 1923. Ostenta esta denominación desde el 17 de junio de 1925, cuando Su Majestad el Rey Alfonso XIII concedía la autorización para anteponer el nombre de Real.

Hasta enero de 1944 no se inscribe en la Real Federación Española de fútbol, quedando incluido en el Grupo VIII de Tercera División con los equipos siguientes: Real Valladolid, Deportiva Fábrica de Armas de Palencia, Gimnástica Burgalesa, Gimnástica Ferroviaria de Madrid, Imperio CF de Madrid, Gimnástica Segoviana, UD Salamanca, Atlético Zamora y UD Béjar.

En la temporada 1986/87 consigue el ascenso a Segunda División “B”, mayor logro deportivo del club encarnado hasta esa fecha, favorecido por la anteriormente mencionada reestructuración. En esta división permanecerá durante ocho temporadas, hasta 1995. En la temporada 1994/95 pierde la categoría y vuelve a Tercera División. Cuatro temporadas más tarde el club  recupera la Segunda División “B”, pero dos años después llegará de nuevo el descenso.

La campaña 2001/02 se proclama campeón del Grupo VIII de Tercera División y logra de nuevo ascender, aunque descendió a la temporada siguiente. En la 2003/2004, consiguió plaza para disputar la fase de ascenso a Segunda División “B” donde quedó eliminado por el Real Oviedo.

2014/2015 quedó 19º clasificado en el Grupo VIII de Tercera, con 33 puntos, sólo ganó 7 partidos lo que le condujo al descenso jornadas antes de concluir el Campeonato.

En Regional de Aficionados consiguió el Campeonato con 81 puntos y recuperó la categoría. La temporada pasada 2016/17 se mantuvo sin dificultades con 54 puntos, 16 partidos ganados, seis perdidos y 16 empatados, 65 goles a favor y 55 en contra.

Ha jugado 11 temporadas en Segunda División “B”, 33 temporadas en Tercera División y 19 temporadas en Regional.  Su mejor puesto en la Liga de Segunda División “B”, ha sido el 8º en las temporadas 1987/88 y 1989/90.

Registra su participación en 15 ediciones de la Copa del Rey, llegando hasta la cuarta ronda en la temporada 1990/91.

En competiciones oficiales, con el conjunto del Real Avila, hemos disputado dos enfrentamientos en Tercera División, dos en Primera Regional de Aficionados y dos en la Copa del Rey

Temporada 1995/96.- Tercera División

  • 05/11/1995. “Adolfo Suárez”: Real Ávila 0 – Real Burgos 0
  • 31/03/1996. “El Plantío”: Real Burgos 1  – Real Ávila 1; Gol de Alfaro (m.37)

Temporada 2015/2016.- Primera Regional de Aficionados

  • 28/11/2015. “ Pallafría nº 6”: Real Burgos 0 – Real Ávila
  • 24/04/2016. “Adolfo Suárez”: Real Ávila 5  –  Real Burgos 0

Temporada 1987/88.- Copa del Rey

  • 16/09/1987. “Adolfo Suárez”: Real Ávila 2 – Real Burgos 1; Gol de Antelo (m.78)
  • 29/09/1987. “El Plantío”: Real Burgos 1  – Real Ávila 0; Gol de Antelo (m.64)

SUCEDIÓ EN LA PRIMERA VUELTA: ENGAÑOSO 2-4 CON EL DEBUT DE REBOLLO Y JONATHAN

Por la sobradamente conocida y arbitraria decisión (obviando  los informes de los técnicos municipales y atendiendo el informe del Secretario del Ayuntamiento -¿pudo haber presiones institucionales, políticas, sociales y deportivas?-) del Consejo de Administración del Servicio de Deportes con Partido Popular, Ciudadanos e Imagina (cuyos representantes tendrían que haberse abstenido de votar pues se muestran en las redes sociales con banderas y bufandas del sucedáneo del extinto Burgos CF) no pudimos recibir en “El Plantío” a uno de los equipos con más entidad, historia, y potencial deportivo de los que militan este año en el Grupo VIII de Tercera, el Real Ávila. El día 01/10/2017  los abulenses se impusieron por un engañoso 2 a 4.

En un encuentro muy reñido, el Matagigantes estuvo a punto de hacer honor a su sobrenombre, demostrando que poco a poco las piezas del equipo iban encajando, lo que se trasladó al terreno de juego. El mexicano Miguel Rebollo y el colombiano Jonathan se incorporaron a las filas rojipardillas, dejando destellos de su gran calidad.

El partido comenzaba muy esperanzador marcando el primer tanto David Mota en el minuto 6, de cabeza a la salida de un corner. Sin embargo el abulense Eduardo Martín, corregía el marcador en el 12.  Aún así, el conjunto pardicarmesí dominó la primera parte de la contienda y pronto llegaba el segundo gol de penalti, que transformó el rojipardo con raíces serranas Juli en el minuto 17. Diez minutos después el Real Ávila por mediación de Rubén Ramiro anotaba su segundo gol, que dejaba el marcador en tablas antes de finalizar la primera parte. Tras una igualadísima segunda mitad, Iván Vila en el minuto 87 y Eduardo Martín en el 90 anotaron sendos goles, sentenciando el partido con el referido engañoso 2 a 4 en el marcador.

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ACTUALIDAD DEL REAL ÁVILA CF·SAD

En el momento presente el Real Avila ocupa el 10º puesto, con 47 puntos, once partidos ganados,  14 empatados y ocho perdidos . Presenta 46 goles a favor y 45 en contra.

En Avila ha ganado al Atco.Bembibre (3-1), CD Becerril (2-1), SC Uxama (2-1), BP 2000 (2-1), SD Almazán (3-1) y CD Bupolsa (2-1). Ha  empatado con la Arandina CF (3-3), CD Cebrereña (0-0), Atco.Astorga (2-2), Atco.Tordesillas (1-1), CD Virgen Camino (1-1) y La Bañeza FC (0-0). Ha perdido con el CF Salmantino (1-2) y CD Numancia B (0-2).

El nuevo entrenador encarnado es Miguel Angel Miñambres, que sustituye a Cesar Jiménez desde el día 2 de enero de este año.  Se incorporó a la plantilla encarnada el lateral izquierdo Marcos Caballero, procedente del Leganés B del grupo VII de Tercera División.

Juega sus partidos en el Estadio Municipal “Adolfo Suárez”, con capacidad para 6.000 espectadores. Fue inaugurado el 12 de octubre de 1976 por el propio Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez (nacido en Cebreros, provincia de Ávila), que efectuó el saque de honor.

REAL AVILA CF·SAD – REAL BURGOS CF·SAD

Miércoles, 25/04/18;  “Adolfo Suárez”; 18:30 hrs.                                                                                                                                                                                Arbitro:   Jorge Lorenzo Torres  (DP Salamanca)                                                                                                                                                                                Asistente nº 1:  Jesus Rodrigo Gonzalo                                                                                                                                                                                                Asistente nº 2: Alberto Sánchez Ingidua

¡¡AUPA  REAL BURGOS!!                                                                                                                      ¡¡ADELANTE  MATAGIGANTES!!                                                                                                                      Texto y documentación: Jesús Ignacio Delgado Barriuso

 

RAMÓN BONIFAZ. ALMIRANTE DE CASTILLA. -Por Francisco Blanco-.

“Castilla no tiene mar,

pero tiene un Almirante

que se llama Bonifaz,

que una flota construyó

y Sevilla conquistó”. 

Fernando III fue rey de Castilla desde el año 1217 y de León a partir del año 1230, falleciendo en Sevilla, ciudad que había conquistado y en cuya catedral recibió sepultura, el 30 de mayo de 1252. Fue canonizado por el papa Sixto V en el año 1590.

Entre sus muchos méritos figura el de haber impulsado la marina castellana, para lo cual encargó al burgalés Ramón Bonifaz la construcción de una escuadra naval castellana, compuesta por diez galeras nuevas, cuya misión principal consistiría en vigilar las costas africanas para prevenir posibles incursiones árabes. Creó, además, dos almirantazgos, uno en Sevilla y otro en Burgos, encargados de controlar dicha flota. Su sucesor Alfonso X, fue un gran continuador de su labor, incrementando el poderío de la Marina española, que hasta entonces había estado integrada por naves cántabras y genovesas, que trabajaban a sueldo. Dedicó además un capítulo de sus “Partidas” a la “guerra que se faze por mar”.

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Ramón Bonifaz y Camargo, “rico hombre de Castilla y sabidor de las cosas de la mar”, nació en Burgos en el año 1196, según afirma el Padre Berganza, Fray Francisco de Berganza y Arce, cronista de Burgos y abad del  Monasterio de San Pedro de Cardeña. El mismo Almirante dejó escrito en su testamento su expreso deseo de ser enterrado en la ciudad de Burgos, cosa que se hizo en el antiguo Monasterio de San Francisco. La iniciativa de su fundación, a principios del siglo XIII, partió del mismo San Francisco de Asís, en una visita que hizo a la ciudad de Burgos.

Ramón Bonifaz fue además un importante colaborador en las obras de la construcción del monasterio, financiando la primitiva nave del centro, a cuya entrada hizo poner su escudo de armas, posteriormente, junto con otros altos dignatarios de la ciudad y algunos acaudalados mercaderes, financiaron el levantamiento de hasta veintidós  altares y capillas, que proporcionaron al interior del recinto una gran suntuosidad.

Sobre la gran lápida de piedra de su tumba figuraba la siguiente inscripción:

“Aquí yace el muy noble y esforzado caballero don Ramón Bonifaz, primer almirante de Castilla que ganó Sevilla. Murió el año MCCLVI”

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Lamentablemente de este Monasterio tan sólo quedan algunos restos, descarnados y ruinosos, de lo que fueron sus muros, en los que se puede ver una de sus puertas y un rosetón con la estrella de David.

Su ruina comenzó en el 1808, durante la ocupación francesa, durante la que fue saqueado y utilizado como cuartel, llegando a ser bombardeado desde las laderas del Castillo de Burgos en el 1813, durante el asedio a la ciudad del duque de Wellington, provocando un devastador incendio, que destruyó la bóveda y numerosas capillas con sus  altares y sepulcros, esparciéndose por sus aledaños numerosos restos óseos, reliquias y otros objetos de valor. La demolición final tuvo lugar en el 1836 durante la Desamortización de Mendizábal. En el 1844, aprovechando los restos de sus muros, se acondicionó para albergar el batallón de las Milicias provinciales, destinándose después a diferentes usos, hasta el 1877, en el que fue declarado en ruina.

En el “Libro Armorial” de la Cofradía de Santiago de Burgos, a la que solo podían pertenecer los caballeros, aparece con toda clase de detalles la genealogía del linaje de los Bonifaz y también de los Camargo, incluidos pequeños retratos ecuestres miniados de sus miembros,  con sus armas heráldicas. También cabe la posibilidad de que alguna rama de los Camargo se estableciera en Laredo, dando pie a algunas  teorías que defienden el origen cántabro de los Bonifaz. En Burgos los Bonifaz tenían su residencia en la aristocrática calle de San Lorenzo, en vecindad con otros miembros de la nobleza  local y de acaudalados mercaderes. También  eran  poseedores de una considerable fortuna, y también  tuvieron una casa familiar en Cameno, un pequeño pueblo burebano, situado en el valle burgalés de Oca-Tirón.

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Ramón Bonifaz fue nombrado alcalde de la fortaleza de Burgos en el año 1243, un cargo más de carácter militar que político, cargo que ocupó hasta su regreso a Burgos, unos años después de la conquista de Sevilla, en el 1252, siendo sustituido por su hijo Pedro. De sus datos biográficos, se sabe que estuvo casado en tres ocasiones: con la italiana doña Andrea Grimaldo, doña Luisa de Velasco y doña Teresa Arias, todas igualmente de ilustres familias, de estos matrimonios nacieron seis hijos, cuatro hembras y dos varones. Las hijas parece que tomaron el estado religioso, de los dos hijos, Luis y Pedro, solo se tienen datos biográficos del segundo, Pedro, que sustituyó a su padre a su regreso de Sevilla como alcalde de Burgos, cargo que volvió a ocupar en otras dos ocasiones, en 1263 y 1268, nombrado personalmente por Alfonso X. Al igual que su padre, fue un destacado prohombre de la ciudad de Burgos, dueño de numerosas propiedades y una considerable fortuna.

En el 1245 el rey Fernando III, en una de sus habituales visitas a Burgos, trabó amistad con su alcalde, quedando sorprendido y admirado de los grandes conocimientos de  que hizo gala Ramón Bonifaz sobre la navegación marítima y la guerra en el mar. Hay que tener en cuenta que en Burgos se encontraba por entonces la sede de todos los marineros castellanos que faenaban con sus barcos o como tripulantes por las costas cántabras.

Tal vez como consecuencia de la anterior visita real, a principios del año 1247 el rey encarga a Ramón Bonifaz la creación de una escuadra de guerra, con el fin de dirigirse a las costas sevillanas y ayudar al ejército en la conquista de la ciudad de Sevilla, que ya llevaba meses sitiada, pero en la que no pudo entrar por culpa de sus fuertes defensas marítimas, situadas en el cauce del Guadalquivir.

Esta tarea fue realizada por Ramón Bonifaz con gran eficacia y rapidez, pues la flota de guerra estuvo lista en menos de seis meses. Para ello contó con la colaboración y ayuda de todos los astilleros y atarazanas de la costa cantábrica, en especial de las cuatro villas marineras de San Vicente, Santander, Laredo y Castro Urdiales, de donde también procedía la mayor parte de la tripulación, en la que además figuraban algunos marineros vascos.

La nueva flota, al mando de Ramón Bonifaz, partió rumbo al sur en el mes de noviembre del año 1247, aunque a su paso por Asturias y Galicia se le fueron incorporando nuevos navíos, uno de ellos al mando del marino de Avilés Ruy Pérez de Avilés, que jugaría un importante papel en el desarrollo de las posteriores operaciones militares.

Al llegar la flota a Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del Guadalquivir, se tuvo que enfrentar a la dura tarea de remontar el río rumbo a Sevilla, hasta llegar al puente de Triana, cosa que no consiguieron hasta bien entrado el año 1248. Pero cuando por fin tuvieron a la vista el puente de Triana, se encontraron con que las dos orillas del Guadalquivir, entre la Torre del Oro y su gemela de Triana, desde donde les hostigaban, estaban defendidas además por una línea de barcas, atadas entre sí fuertemente por gruesas cadenas de hierro.

Ante tan inesperada defensa, Ramón Bonifaz y sus jefes se pusieron a cavilar sobre la mejor manera de acometerla. Una brillante idea del marino asturiano Ruy Pérez de Avilés, les dio la solución. Se trataba de un artilugio de “fierros aserrados” acoplado a la proa del barco, capaz de cortar las dichosas cadenas. Se eligieron las dos naves más grandes de la flota, la “Carceña” y la “Rosa de Castro”, reforzaron las proas con el mayor peso posible y acoplaron a la proa el bélico artilugio. Ramón Bonifaz tuvo la calma necesaria para esperar el  momento oportuno para lanzar el ataque, éste llegó cuando subió la marea y el viento se puso a su favor. Las dos naves iban dirigidas por Ruy Pérez de Avilés y el propio Ramón Bonifaz, ambas se lanzaron contra las cadenas como un pesado ariete, la primera no consiguió romperlas pero la segunda las partió como si fueran de vidrio, dejando expedito el camino para que el resto de la flota entrara en Sevilla y facilitara la entrada de las tropas castellanas que la acosaban, que pudieron penetrar en la ciudad por varios lugares.

Este hecho, que ha pasado a la historia como una hazaña legendaria, ocurría el 3 de mayo del año 1248. La conquista definitiva de Sevilla no se finalizó hasta el 23 de noviembre de ese mismo año. El rey taifa de Sevilla, Axafat, tuvo que entregar la ciudad al rey castellano, quien le puso como única condición que, en un plazo de tiempo razonable,  la ciudad quedase vacía de todos los musulmanes que en ella vivieran, por lo que en los siguientes días la abandonaron más de cien mil musulmanes, camino de otras taifas cercanas y cargados con los escasos enseres que pudieron acarrear. Finalmente, la ciudad quedó en poder de los cristianos el día 22 de diciembre del 1248, precisamente el día en que la cristiandad celebraba la festividad de San Isidoro de Sevilla. A partir de aquí, en Sevilla tuvieron lugar grandes festejos, tanto religiosos como populares, para celebrar tan importante conquista de las tropas cristianas y el avance que esto significaba para la Reconquista. También llegaron las recompensas, pues Ramón Bonifaz y sus hombres, muchos de los cuales se establecieron en Sevilla, fueron premiados con honores y propiedades-.

En el 1250 el Rey Fernando III concede a Ramón Bonifaz el título de Almirante de Castilla, siendo la primera vez que se concedía dicho título en España, definido como “Cabdillo de todos los navíos que sirven para guerrear”, creándose de esta forma la primera Armada Española, a la que su almirante dotó de las correspondientes Ordenanzas Militares, recogidas posteriormente en el “Código de las Siete Partidas”, que redactó Alfonso X.

También recibió el Almirante el encargo real de dragar y limpiar el Guadalquivir, crear un nuevo puerto en Sevilla donde pudieran entrar naves de mayor calado y construir las “Reales Atarazanas”.

Después de finalizar con éxito todas estas importantes empresas, el Almirante Bonifaz regresó a Burgos, su ciudad natal, donde renunció a su cargo del alcalde, dedicándose exclusivamente a sus funciones de Almirante, con jurisdicción sobre todos los asuntos de la mar y administrador de todas las rentas reales de todos los puertos españoles.

Ya durante el reinado de Alfonso X, éste concedió numerosos privilegios a Burgos, extendiéndolos a las villas cántabras y vascongadas que habían participado en la expedición sevillana: “Esta merced les fago por el mucho servicio al Rey don Fernado,mío padre, e a mi, mayormente en la presión de Sevilla”.

En el año 1256, ejerciendo sus funciones de Almirante, falleció en Burgos D. Ramón Bonifaz y Camargo.

En el séptimo centenario de la conquista de Sevilla, en la ciudad de Burgos tuvo lugar un acto de homenaje a la figura del Almirante Bonifaz, en la que se descubrió una lápida en la entrada de la Torre de Santa María, en la que está grabada a siguiente inscripción:

 

A RAMÓN BONIFAZ “UN HOME DE BURGOS” Y ALCALDE DE LA CIUDAD, LE DESCUBRE LA GLORIA DE VIRILES PROEZAS, AL FRENTE DE LOS MARINOS DEL MAR CÁNTABRO EN LA CONQUISTA DE SEVILLA LOGRADA POR SAN FERNANDO, REY. 1248  10 – IX – 1948

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Para finalizar, queremos señalar que en el escudo de la ciudad de Santander se alude claramente a la conquista de Sevilla, con el barco embistiendo las cadenas sujetas a la Torre del Oro. En el de Laredo también aparecen tres navíos y la Torre del Oro protegida por las cadenas y en del Avilés se ve el barco con el artilugio adosado a la proa, a punto de embestir las cadenas.

En la Crónica General de Alfonso X se puede leer un poema dedicado a loar la hazaña del marino asturiano Ruy Pérez de Avilés.

 

“Reinando el ínclito rey don Fernando

El Santo, que llamaron en Castilla,

pasó el de Avilés con su nave serrando

la fuerte y gran cadena de Sevilla”

 

Autor: Paco Blanco, Barcelona, noviembre 2018

FERNANDO SÁNCHEZ I, CONDE DE CASTILLA Y REY DE LEÓN. -Por Francisco Blanco-.

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A estas alturas de la Historia, todavía existen discrepancias sobre si Fernando Sánchez I fue el primer monarca de Castilla ó si también lo fue de León, con el título de Fernando I Rey de Castilla y de León.

El ilustre historiador burgalés D. Gonzalo Fernández Díaz es muy rotundo cuando afirma: “Podemos y debemos afirmar con absoluta certeza el hecho de que Fernando nunca fue rey de Castilla, y que ésta nunca cambió su naturaleza de condado subordinado al rey de León, para convertirse en reino a su muerte, ocurrida en el año 1065”.

Sin embargo, otro historiador ilustre, el vallisoletano Julio Valdeón, en el año 2005 afirmaba todo lo contrario: “A partir del año 1037 ya están unidos los reinos de Castilla y de León; Fernando I es rey de Castilla y unos años después se incorpora León, intitulándose rey de Castilla y de León”, en este orden.

Si recurrimos a los datos históricos vemos que Fernando era el segundo de loa hijos del rey de Pamplona Sancho Garcés III el Mayor y de su esposa Muniadona de Castilla, hija del conde de Castilla Sancho García I el de los Buenos Fueros. Había nacido el año 1016, posiblemente en Pamplona, y en el año 1029, como consecuencia de la muerte de su sobrino, el conde García Sánchez, su padre le nombra Conde de Castilla aunque, eso sí, sin prerrogativas de gobierno, cosa que se reservó para él, conservándolas hasta su muerte.

El conde García Sánchez, también conocido como “El último conde”, que había nacido en el año 1009,  se había quedado huérfano siendo todavía un niño, ocupándose de la regencia del condado su tía Doña Urraca, que era además abadesa de Covarrubias; en el año 1028, con 19 años y siendo ya conde efectivo de Castilla, mediante un pacto matrimonial concierta su casamiento con la infanta Sancha, hija del rey Alfonso V de León; a tal efecto, acompañado por un nutrido séquito en el que figuraba su cuñado  el rey Sancho Garcés III de Pamplona, se traslada a León, donde tendría lugar la ceremonia nupcial. Pero el Destino tenía otros designios. Unos días antes de la boda, cuando se encaminaba hacia la iglesia de San Juan Bautista de León para proceder a las presentaciones rituales, fue asaltado y asesinado por una cuadrilla de asesinos que le estaban esperando (1). Sobre la autoría de este magnicidio todavía siguen barajándose diferentes teorías.

Lo que resulta evidente es que el gran beneficiado de este asesinato fue su cuñado, el rey de Pamplona Sancho Garcés III, quien no dudó en autoproclamarse conde de Castilla, alegando sus derechos como esposo de la hermana mayor del conde asesinado, Doña Muniadona de Castilla, aunque en el año 1029 nombró a su hijo Fernando conde de Castilla, mas bien como título honorario, como ya queda dicho.

Fernando I no fue conde efectivo de Castilla hasta la muerte de su padre, ocurrida en el año 1035 en unas circunstancias altamente sospechosas.

Sancho Garcés III, que se denominaba a sí mismo como “Rex Ibéricus”, había sido un rey anexionista que había hecho crecer territorialmente a Navarra incorporándola territorios de Aragón, Guipúzcoa, Vizcaya, Álava, La Rioja, el condado de Castilla entero e incluso parte del reino de León. En su testamento repartió este extenso territorio entre sus hijos de acuerdo con el derecho sucesorio navarro, implantado en el siglo X por Sancho Garcés I: A García, su hijo primogénito, le correspondió el reino patrimonial, que era Pamplona, al que también pertenecían algunas tierras de Aragón, a esto le añadió una buena parte del Condado de Castilla, como La Bureba, los Montes de Oca, Trasmiera y la parte oriental conocida como Castilla Vetula, muy cercana a Cantabria. Su segundo hijo, Fernando, siguió gobernando el Condado de Castilla, que ya le correspondía por herencia de su madre y su sobrino  y que además seguía estando bajo la autoridad del rey de León, pero al que le habían arrebatado los territorios arriba mencionados. Gonzalo, el benjamín, recibió los condados de Sobrarbe y Ribagorza y a Ramiro, un hijo bastardo que había tenido con Sancha Aibar antes de casarse con Muniadona de Castilla, le correspondieron los territorios que poseía en Aragón, llegando posteriormente a convertirse en el rey Ramiro I de Aragón (2). Su única hija, Jimena, estaba casada con el rey Bermudo III de León.

Casi un año después de su toma de posesión efectiva como conde Castilla, el 22 de junio del año 1038, Fernando  es coronado rey en la catedral de León por el obispo Servando, convirtiéndose en Fernando I, rey de León. A partir de esta fecha el título de conde de Castilla dejará de existir, pasando exclusivamente al dominio de la historia.

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Fue el propio rey Sancho Garcés III quien, en el año 1032, concertó la boda de su hijo Fernando con la infanta leonesa Doña Sancha, hija de Alfonso V y hermana de Bernudo III, que reinaba en León y que precisamente estaba casado con su hija Jimena, boda igualmente concertada por él, lo que convertía a Bermudo y Fernando en cuñados por partida doble.

Esta infanta leonesa en el año 1028 había estado a punto de convertirse en condesa consorte de Castilla, cosa que impidió el asesinato de su prometido el joven conde García Sánchez a la entrada de la iglesia de San Juan Bautista de León. Después de ver su boda frustrada, la infanta Doña Sancha estuvo unos años retirada en la abadía asturiana de San Pelayo en Oviedo, en la que ejerció de abadesa aunque conservó su condición seglar. A la muerte de su hermano, el rey Bermudo III, se convirtió en la heredera legítima del trono leonés, aunque el poder efectivo lo cedió a su esposo Fernando, pues, por aquellos, tiempos en León no se reconocía a las mujeres como reinas “de Facto”.  Fue la impulsora, junto con su esposo, de la fundación de la Real Colegiata  de San Isidoro de León, donde está enterrada.

A la muerte del poderoso rey de Pamplona se rompió el precario equilibrio en que se mantenían los reinos cristianos de la península y empezaron a aparecer las discordias familiares, que pronto provocaron la aparición de la violencia entre las familias reinantes.

El primero de estos enfrentamientos lo provocó precisamente el joven y belicoso rey de León Bermudo III, que estaba ansioso por resarcirse de los agravios que había tenido que soportar por parte de su suegro el rey de Pamplona, además de querer recuperar los territorios que éste le había arrebatado entre el Cea y el Pisuerga, y tampoco había digerido muy bien el matrimonio de su hermana la infanta Doña Sancha con el nuevo conde castellano. Para ello planeó una campaña militar contra Castilla, con el objetivo de recuperar los territorios arrebatados. Se puso al frente de su ejército y penetró en tierras castellanas con el objetivo de derrotar a su cuñado Fernando.

El conde castellano, que también aspiraba a hacer más fuerte su condado a base de ampliar su territorio, recuperando sobre todo los que le habían arrebatado, también era consciente de que para enfrentarse a su cuñado el rey leonés, necesitaba algún aliado, por lo que cuando se enteró de que Bermudo avanzaba hacia Castilla al frente de sus tropas, formó una coalición con su hermano el rey de Pamplona García Sánchez III, conocido como el Nájera.

El día 1 de setiembre del año 1037, cerca la localidad burgalesa de Tamarón de Campos, en el valle que se forma a orillas del arroyo de Penillas, se produjo el encuentro entre ambos ejércitos. El castellano-navarro comandado por Fernando I y el  leonés por Bermudo III. El rey leonés, de carácter impulsivo y belicoso, montaba un caballo llamado “Pelayuelo”, joven y fogoso como su dueño. A la vista del ejército castellano, Bermudo no se pudo contener y puso  su caballo a un desenfrenado galope, en busca de su cuñado Fernando. Esto fue su perdición, pues la velocidad de “Pelayuelo” pronto le hizo dejar atrás al grueso de sus tropas que no pudieron seguirle; rápidamente fue rodeado por caballeros castellanos y navarros, que le desmontaron y una vez en el suelo fue lanceado sin compasión, propinándole más de cuarenta lanzazos que lo convirtieron en un mortal guiñapo humano cubierto de sangre.

Aquí se terminó la batalla, pues las tropas leonesas, a la vista de su rey muerto recogieron su cuerpo y emprendieron el regreso a León. Los restos del rey Bermudo III, último rey de origen godo de Asturias y León, recibieron sepultura en la Real Colegiata de San Isidoro de León (3).

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Con esta fácil victoria, que además convertía a su esposa Doña Sancha en la legítima heredera del trono leonés, al conde castellano se le allanó el camino para proclamarse rey de León, siendo ungido como tal el 21 de junio del 1038, después de vencer la oposición de un buen número de caballeros leoneses, contrarios a su coronación.

Pero las rencillas familiares volvieron a tomar cuerpo, esta vez entre los dos reyes hermanos: García Sánchez III de Pamplona y Fernando I de León. Las causas de esta nueva desavenencia hay que volver a buscarlas en las anexiones territoriales hechas por su padre, el rey Sancho Garcés III, de buena parte de los territorios del Condado de Castilla. Las reclamaciones de devolución  realizadas por Fernando no fueron atendidas por García, posiblemente receloso ante el engrandecimiento territorial y el poder que estaba consiguiendo su hermano Fernando, a esto hay que añadir el miedo de ver disminuido el suyo propio.

Con estas posturas contrarias, el enfrentamiento entre hermanos se hizo inevitable y los dos reyes volvieron a coger las armas, en esta ocasión para enfrentarse entre ellos.

Esta vez el choque tuvo lugar el día 1 de setiembre del año 1045, en la burgalesa sierra de Atapuerca, muy próxima a la capital burgalesa, que todavía pertenecía al reino navarro. Fernando iba al frente del ejército castellano-leonés y García mandaba el navarro, en el que, según la “Crónica Silense”, participaban tropas moras, seguramente proporcionadas por su hermano Ramiro. En los “Anales Compostelanos” se puede leer el siguiente relato de la batalla: “En la era MLXXXII, el primer día de setiembre fue matado el rey García, luchando con su hermano el rey Fernando en Atapuerca, por un caballero  suyo llamado Sancho Fortún, a quien había injuriado con su mujer”.

Todo parece indicar que la muerte del rey navarro fue un crimen pasional cometido por el caballero navarro Sancho Fortún, como venganza del adulterio de su esposa Doña Velasquita, que se había convertido en la amante del rey García.

Finalmente, la batalla, que se alargó hasta el anochecer y fue encarnizada, causando numerosas bajas en ambos bandos, se decantó a favor del rey leonés.

Fernando I, muy afectado por el asesinato de su hermano, pues había dado órdenes de respetar su  vida, además de castigar al asesino, renunció al reino navarro y en el mismo campo de batalla proclamó rey de Pamplona a su sobrino Sancho Garcés IV, que apenas contaba quince años. El cuerpo del rey García fue trasladado por sus súbditos a Nájera, donde recibió sepultura en el monasterio de Santa María la Real.

Cabe también señalar que en las filas del rey Fernando luchaban el noble leonés Diego Laínez y su hijo Rodrigo Díaz, que no tardaría en ser conocido como el legendario Cid Campeador.

La batalla de Atapuerca y la total recuperación de los territorios del condado castellano, que aún pertenecían a los navarros, marcaron un antes y un después, tanto en Castilla, que empezó a consolidarse como el más poderoso reino cristiano, como en Navarra, donde dio comienzo una lenta decadencia, tanto territorial como política.

Fernando I firmemente asentado en lo que ya se podría llamar el reino castellano-leonés, pudo dedicar todos sus esfuerzos a consolidar la tranquilidad de sus reinos y dedicarse además a extender sus fronteras hacia el sur, aprovechando al máximo la incipiente desintegración del hasta entonces poderoso califato de Córdoba.

En el año 1055 inició su primera campaña contra el rey de la taifa de Badajoz Muhammad al-Muzaffar, apoderándose de las plazas de Viseo y Lamego en Portugal e imponiéndole su vasallaje y el pago de Importantes “parias”(5) .

Un año más tarde, en  1056, avanzó con su ejército por la calzada romana que unía Osma con Medinacelli, apoderándose entre otras plazas, de San Esteban de Gormaz, Berlanga de Duero y Aguilera, destruyendo a su paso todas las atalayas y torres defensivas que encontró y penetrando en el reino taifa de Zaragoza, conquistando la localidad manchega de Taracena y llegando hasta Medinacelli, en el valle del Jalón. El rey Sulayman al-Muqtdir le rinde vasallaje y se compromete al pago de las correspondientes “parias”.

En el año 1062 emprendió una nueva campaña, esta vez contra el reino taifa de Toledo, arrasando los campos de Alcalá de Henares y Guadalajara y devastando la plaza fuerte de Talamanca, en el curso medio del Jarama. El rey taifa de Toledo Ismail al-Mamun también le rinde vasallaje y paga las correspondiente “parias”.

Finalmente en el mes de julio del año 1064, tras seis largos meses de asedio, se apoderó de la importante plaza fuerte portuguesa de Coimbra, lo que significaba ampliar las fronteras con los reinos musulmanes hasta el río Mondego.

Con estas victoriosas campañas del rey leonés, éste asegura definitivamente las fronteras de Castilla y de León por el sur y por el este, obteniendo además el vasallaje de sus vecinos musulmanes, consiguiendo igualmente grandes beneficios económicos a través del cobro de las “parias”.

A finales del año 1064, el rey Fernando emprendió su última campaña, que dirigió contra Valencia, uno de los reinos de taifas más poderosos que quedaban en la península, donde reinaba Abd al-Malik al-Muzaffata. Sus tropas llegaron sin dificultad hasta las murallas de la ciudad, a la que pusieron cerco a comienzo del año 1065, pero la fortaleza de las murallas y la resistencia de los valencianos le impidieron penetrar en su interior. Mediante una estratagema, Fernando consiguió que las tropas musulmanas salieran a luchar en campo abierto. El encuentro se produjo en Paterna y las tropas castellano-leonesas salieron vencedoras, pero Abd al-Malik al-Muzaffata, que se había quedado en Valencia, recibió los refuerzos de su suegro al Mamum de Toledo, por lo que los vencedores  tampoco pudieron esta vez apoderarse de la ciudad. En esta situación, el rey Fernando se sintió enfermo, por lo que decidió regresar a León con su ejército, donde falleció poco después, el 27 de diciembre del año 1065, un año después de haber emprendido su última campaña militar.

En su testamento, el rey de León cometió el mismo error que su padre, el rey de Pamplona. Sin respetar el derecho de sucesión visigótico, vigente todavía en León, que prohibía la división del reino entre más de un heredero, dividió sus reinos entre sus cinco hijos: A Sancho, el primogénito, le correspondió Castilla; Alfonso recibió el reino de León; a García le tocó Galicia y los territorios de Portugal; a Urraca le correspondió el señorío de Zamora y a Elvira el de Toro. Todos ellos recibieron la herencia a título real, por lo tanto Castilla, como León y Galicia se convirtieron en reinos independientes.

Las“parias” de los respectivos reinos de taifas que le había rendido vasallaje únicamente las repartió entre sus tres hijos varones.

Este reparto no parece que satisfizo las ambiciones de Sancho, nuevo rey de Castilla, ni tampoco las de Alfonso, por lo que las diferencias entre ambos no tardaron en surgir, provocando un nuevo enfrentamiento entre hermanos, en el que todos estuvieron involucrados, ocasionando, además, la muerte de dos de ellos: Sancho y García.

NOTAS

  • Sobre este Crimen de Estado se puede consultar “El Romanz del Infant García”
  • A la muerte de su hermano Gonzalo en el 1045, se anexionó los condados de Sobrarbe y Ribagorza.
  • Tanto en la Crónica Silense, como en la Tudense, se hace referencia a la batalla de Tamarón.
  • En el año 1076 este rey fue asesinado por sus hermanos.
  • Las parias eran un tributo que pagaban unos reyes a otros por su protección y en reconocimiento de superioridad.

Autor Paco Blanco,  Barcelona diciembre del 2017.

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BASES DEL XX CERTAMEN NACIONAL DE PINTURA RÁPIDA CIUDAD DE PALENCIA

Descárgate las bases aquí

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LOS ORÍGENES DE CASTILLA-BARDULIA-MALACORIA-LOS FORAMONTANOS: -Por Francisco Blanco-.

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La invasión de la Península Ibérica por  árabes y bereberes a principios del siglo VIII provocó la rápida desestructuración del reino visigodo, que ya estaba afectado en sus estructuras de gobierno por una fuerte corrupción y el malestar social era latente en el resto de las capas sociales, lo que allanó el camino a los invasores en sus proyectos de conquista. Los primeros focos de reacción contra la rápida expansión musulmana surgieron en el Noroeste peninsular y estaban encabezados por un noble toledano de nombre Don Pelayo, que se convirtió en el primer rey de Asturias hacia el año 730.

Otro foco de resistencia contra los musulmanes se instaló en el ducado de Cantabria, cuya capital era Amaya, y cuyo líder era el duque Pedro de Cantabria, otro noble godo que casó a su hijo, el futuro rey de Asturias Alfonso I el Católico, con Ermesinda, una hija de D. Pelayo, sucediendo en el trono asturiano a su cuñado Fruela, que sólo reinó entre los años 737 y 739, en el que murió despedazado por un oso, según cuenta la “Crónica rótense”.

Alfonso I reinó hasta el año 757, en el que le sucedió su hijo Fruela I. Todavía se sentaron varios monarcas en el inestable trono asturiano, que empezó a consolidarse durante el largo reinado de Alfonso II el Casto (791-842), en el dieron comienzo las primeras repoblaciones de lo que después fue la primitiva Castilla.

Con anterioridad, entre el 741 y el 742, se había producido la retirada de las tropas bereberes, que regresaron a África del Norte, lo que propició la creación de una extensa zona despoblada en la cuenca baja del Duero, conocida como los “Campos Góticos”, que permitió reforzar y fortificar las fronteras cristianas, que lentamente se fueron desplazando hacia el sur. También se produjeron movimientos migratorios por el noroeste, protagonizados por los visigodos que se habían refugiado en Cantabria y también por los excedentes de población que se habían formado en el Ducado de Cantabria y que se vieron obligados a buscarse nuevos asentamientos.

Según los “Anales Castellanos Primeros”: “In era DCCCLII exierunt foras montani de Malacoria et uenerunt ad Castiella”.  

En el año 814 salieron los foramontanos de Malacoria y llegaron a Castilla. Procedían de Mazcuerras, una población cántabra de la comarca Saja-Nansa y llegaron a Brannia Osoria (Brañosera), en la Montaña Palentina, donde se establecieron. En el año 824 el conde Munio Núñez, bisabuelo de Fernán González, y su esposa Argilo, concedieron la “Carta Puebla” de Brañosera, primera Carta de Población que se concedía en España, en la que se reconocía a los nuevos pobladores y se les concedía una serie de ayudas y privilegios. De esta forma nacía el pequeño campesinado libre castellano, embrión de la España posterior, que hizo desaparecer el arcaico sistema aristocrático galaico-leonés característico de los restos de la España visigoda que había iniciado la Reconquista. El papel de la monarquía asturiana se limitó únicamente a tomar posesión del territorio, pero su actividad económica la realizaron los nuevos campesinos llegados del norte, impulsados principalmente por su espíritu colonizador. Para ello realizaron presuras de terrenos, plantaron árboles, construyeron casas, restauraron iglesias y ermitas y recuperaron molinos, con el objetivo de crear una tierra donde vivir en adelante con sus mujeres, sus hijos, sus vecinos, sus ganados y sus enseres. También llegaron gentes del sur, los mozárabes, que aportaron sobre todo elementos culturales. Los jefes de estos nuevos asentamientos eran los llamados “señores solariegos”.

Además de ocupar las estribaciones de los Picos de Europa, los foramontanos se fueron extendiendo y asentando por los valles del norte de Burgos, en las tierras del alto Ebro, que constituían el territorio de la antigua Bardulia, que no tardaría en llamarse Castilla.

“Era toda Castilla sólo una alcaldía,
maguer que era pobre e de poca valía,
nunca de buenos omes fue Castilla vazía …”

La palabra Castilla aparece documentada por primera vez en el año 800, en la carta de fundación del monasterio de San Emeterio y San Celedonio de Taranco de Mena, llevada a cabo por el abad Vítulo y su hermano Ervigio, acompañados de Jaunti, Belastar, Azano, Munio y Lopino, que es el autor de la Carta fundacional, todos ellos familiares hispano-godos que procedían de la Trasmiera cántabra. Este grupo y sus familias llevaron a cabo la repoblación del burgalés Valle de Mena, que limita con las encartaciones vizcaínas y los valles alaveses, además de Cantabria.

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San Emeterio y San Celedonio eran dos jóvenes soldados romanos, martirizados en el siglo III, en Calahorra, por haber abrazado la fe cristiana. Sus restos se encuentran actualmente en la catedral de Santander.

Hasta el siglo VIII el nombre de Bardulia designaba territorios cercanos pero diferentes, Estrabón los sitúa ocupando la actual provincia de Guipúzcoa y parte de las de Álava y Navarra, en vecindad con caristios y valones. Según el historiador romano Idacio, a principios del siglo V Bardulia y las costas cantábricas fueron invadidas y saqueadas por los hérulos, una tribu germánica que el siglo anterior ya había asolado el tambaleante imperio romano, que acabaron invadiendo Galicia y uniéndose con los suevos y los alanos.

Pero a principios del siglo VIII las fronteras várdulas se desplazan hacia el noroeste, concretamente hacia el norte de la actual provincia de Burgos y el sur de Cantabria, las causas de este trascendental movimiento demográfico tal vez se debieron a la ocupación durante el siglo VI por los vascones de las actuales provincias de Vizcaya y Guipúzcoa, quedando independiente el territorio intermedio, correspondiente a la actual provincia de Álava. Esto ocurría durante la decadencia visigoda y poco antes de que árabes y bereberes invadieran la península, cosa que consiguieron gracias a la colaboración del conde godo D. Julián.

Por su parte, el rey asturiano Alfonso I y su hermano Fruela se encargaron de repoblar los territorios más al Este del reino astur, desde Saldaña hasta Amaya, Clunia y Osma, llegando hasta Oca. También, utilizando la calzada romana que unía Zaragoza con Astorga, pasando por La Bureba, hicieron incursiones por tierras de Miranda y La Rioja, aunque más bien fueron expediciones militares de expolio y saqueo.

En el año 759, en tiempos del rey Fruela,  con la sede episcopal de Oca abandonada y el territorio de los Montes de Oca ocupado por los musulmanes, cerca de la localidad burgalesa de Pancorbo la abadesa Nonna Bella funda el Monasterio de San Miguel del Pedroso, uno de los primeros monasterios femeninos que se crearon en España, según se puede leer en su carta fundacional (1):

“En el nombre de su santa e individua Trinidad. Yo, la abdesa Nuñabella propuse y cuidé de ofrecer y recomendar mi cuerpo y alma a este santo monasterio que proporcioné cerca del río Tirón y dispuse que fuese consagrado con las reliquias del Arcángel San Miguel, de los apóstoles San Pedro y San Pablo y de San Prudencio, y mis hermanas y yo prometimos, en presencia del gloriosos rey Fruela y del obispo Valentín en el día octavo antes de las calendas de mayo de la era setecientos noventa y siete, vivir aquí observando la regla”

Está firmado por el presbítero Luponio, pero no se hace referencia a la sede episcopal que ocupa el obispo Valentín, se supone que se refería al obispado de Oca, pero también es posible que se tratase de uno de los acompañantes del rey asturiano. También hay que tener en cuenta que la cercana amenaza musulmana convertían a la mayoría de los nuevos obispos en itinerantes, dado el peligro que suponía el hecho de permanecer mucho tiempo residiendo en su sede episcopal.

Pero en el año 767 el nuevo emir de Córdoba Abd al-Rahman I, fundador de la dinastía de los Omeya, volvió a invadir la zona repoblada, penetrando por La Rioja y la llanura alavesa, hasta casi llegar a la cabecera del Ebro, saqueándolo todo y  apoderándose de los puntos más estratégicos de la ruta, los que fortificó para facilitar nuevas aceifas. Entre ellos se encontraban Pancorbo en Burgos y Briones en La Rioja, ambos muy cercanos a los Montes de Oca. Su hijo y sucesor Hisam I continuó con la misma política agresiva de su padre, ahogando en sangre los intentos repobladores de la zona, emprendiendo una especie de “Guerra Santa” contra sus vecinos cristianos.

En el 804, durante el reinado de Alfonso II, Juan de Valpuesta y un grupo de repobladores fundan, aprovechando los restos de una vieja ermita dedicada a San Cosme y San Damián, el Monasterio de Santa María de Valpuiesta, cuya carta fundacional, conocida como el “Cartulario de Valpuesta” está fechada el 21 de diciembre del año 804, fundándose además el obispado de Valpuesta, cuyo primer titular fue el citado Juan, que según parce contaba con toda la confianza del monarca asturiano. Este grupo realiza presuras en el valle de Valdegobia, entre Burgos y Álava y en el burgalés valle de Losa, tomando posesión de los ríos y puentes que allí encontró, junto con varios molinos, alguna aldea abandonada y algunas ermitas que reconstruyó, fundando en Fresno de Losa la iglesia de San Justo y San Pastor. Todo ello igualmente  sancionado por el propio Alfonso II, aunque algunos historiadores, como el burgalés D. Gonzalo Martínez Díaz, consideran que la documentación en que se basan es apócrifa, por lo que ponen en duda su veracidad histórica, estableciendo la fecha de fundación del monasterio en el año 881, obra del obispo Felmiro.

Fue sin duda en los “scriptorium” de estos monasterios, en los que se redactaban toda clase de documentos relativos a las actas fundacionales, las donaciones, los litigios y las compraventas, donde aparecen las primeras palabras en lengua castellana.

En el año 2015 el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua organizó una exposición permanente sobre los orígenes del castellano, que se puede ver en su sede del Palacio de la Isla de Burgos.

NOTAS: 

  • Sacado del libro “Cuna del primer Monasterio de Monjas de Castilla” de D. Ignacio Manso.

Autor Paco Blanco, Barcelona diciembre del 2017