NECROLÓGICA DEL EMPRESARIO BURGALÉS, MÁXIMO CUÑADO ALONSO.

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Máximo Cuñado Alonso nació en Mecerreyes (Burgos) el 3 de enero de 1931 y falleció en Madrid el 31 de julio de 2016.

Tras emigrar a Madrid en los años 50 del siglo XX, comenzó como empresario en una negocio de saneamiento. Ese solo fue el principio, pues luego crearía Cuñado y Cia, empresa dedicada a la tubería industrial  que suministró productos innovadores a la industria petrolifera y a  plantas nucleares. A partir de ese éxito, llega un periodo de expansión con filiales en Hispanoamérica, Europa, Asia y Africa. A su muerte, sus empresas dan trabajo a seiscientas familias y facturan quinientos millones de euros.

Fue enterrado en su localidad natal; la villa de Mecerreyes.

 

Fuente: ABC

POR LA RIBERA DEL DUERO: 6. ARANDA, LA CAPITAL. -Por Francisco Blanco-

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                                                   “Por las orillas del Duero
                                                              silba el viento,
                                                         cantan los álamos,
                                                           verdean las viñas,
                                                                y, a lo lejos,
                                                        suena el pitido del tren
                                                  y el tañer de una campana….”

En el siglo XV, después de la celebración del Concilio de Aranda en el año 1473, la villa de Aranda de Duero, capital de la comarca de la Ribera del Duero burgalesa, se puso del lado de Doña Isabel de Trastamara en la lucha dinástica que sostenía con su sobrina Doña Juana de Trastamara, hija del rey de Castilla Enrique IV, aunque buena parte de la nobleza y el pueblo llano la considerara hija ilegítima, de ahí su apodo de “La Beltraneja” y su rechazo a que heredara el trono de su padre. Finalmente Doña Isabel acabó ciñéndose la corona de Castilla y nunca se olvidó de quienes la habían ayudado a conseguirlo. Aranda se convirtió en una de sus villas favoritas, concediéndola numerosos privilegios que potenciaron su esplendor y su desarrollo, tanto monumental como económico.

Pero los orígenes de Aranda de Duero se remontan a las épocas pre romanas; es muy probable que los primeros asentamientos humanos se produjeran en la época megalítica, durante la Edad del Bronce, lo que supone entre unos 3000 y 2000 años a. d. C., aunque se trata solamente de un supuesto que se deduce por los escasos hallazgos arqueológicos encontrados. Unos cuantos siglos después, entre el VIII y VII a. d. C., estas tierras fueron conquistadas y colonizadas por tribus celtíberas, como los pelendones, a los que se atribuye “la cultura de los castros sorianos” y también de los arévacos, separados de los pelendones por el río Arandilla, que acostumbraban a construir sus poblados en lo alto de los cerros, desde donde podían vigilar posibles ataques extraños y organizar mejor su defensa. Sus poblados se extendieron principalmente por la franja sur del Duero. Es posible que en la actual Aranda de Duero estuviera enclavada la ciudad arévaca de “Aratza”. Los últimos arévacos sucumbieron ante el poderío de los romanos hacia la mitad del siglo I a. d. C. Los nuevos dueños de la Ribera del Duero dedicaron estas tierras a la siembra y recolección de toda clase de cereales, cuyas cosechas servían para alimentar al Imperio, por lo que se las conocía como “El Granero de Roma”. Según el “Itinerario de Antonino”, la actual Aranda estaba situada en la Calzada XXVI, que unía Rauda con Clunia, siendo Rauda una “mansio” romana o lugar de paso destinado a pasar la noche durante un viaje. Esto ha provocado una verdadera controversia sobre si el nombre de Rauda hay que adjudicársele a Roa ó a Aranda.

Los visigodos, derrotados y perseguidos por los francos, llegaron a nuestra península en el año 507, fundando el Reino Visigodo de Toledo, extendiéndose muy pronto por las actuales provincias de León, Palencia, Soria y Burgos. Tal vez el mayor logro de los visigodos fue conseguir la unidad religiosa del reino, desapareciendo el arrianismo e imponiéndose el imperio espiritual del cristianismo, que ya estaba presente en la Hispania romana. Establecieron la sede episcopal en la localidad soriana de Osma, antigua ciudad arévaca, y también levantaron diversas iglesias, ermitas o colegiatas.
En el año 711, con la invasión musulmana los visigodos tuvieron que someterse al mandato árabe ó emigrar, dispersándose por donde pudieron, algunos grupos se refugiaron por los montes astur-leoneses, de donde salió el pequeño núcleo que inició el proceso histórico que se conoce como “La Reconquista”.

Durante los primeros tiempos de la dominación musulmana, estas tierras ribereñas fueron uno de los principales objetivos de las numerosas aceifas de los árabes en busca de botín, de rapiña y de esclavos. Casi de forma simultánea a la aparición del Condado de Castilla, hacia los comienzos del siglo IX, dio comienzo también la repoblación de estos territorios por parte de los castellanos, que erigieron una línea defensiva de castillos para proteger a los nuevos colonos, que todavía tenían que salir a labrar la tierra con la azada en una mano y en la otra la espada. De esta forma se fueron creando nuevos núcleos de población y surgieron los Concejos, que se convirtieron en la auténtica base de la nueva sociedad, en la que la clase media, integrada por los labriegos, los menestrales y los infanzones, o pertenecientes a la segunda nobleza, alcanzó un notable desarrollo. El año 1088 la Iglesia Católica celebró en la localidad palentina de Husillos un concilio en el que, entre otras cuestiones, se configuraron las diócesis de Osma y la de Burgos, figurando Aranda de Duero en la primera. En el siglo XIII, durante el reinado de Sancho IV le fue concedida la condición de “Villa de Realengo”.

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                                            Iglesia de San Juan Bautista

El año 1473 el obispo Carrillo convocó el llamado “Concilio de Aranda”, en el que se trataron temas referentes a diversas reformas que afectaban a las costumbres del clero, pero que también tuvo un marcado cariz político, pues el propio obispo Carrillo se declaró partidario incondicional de la princesa Isabel como aspirante al trono de Castilla. Las sesiones del concilio tuvieron lugar en la iglesia de San Juan Bautista, situada en el centro de la ciudad. Se trata de un templo gótico construido entre los siglos XIV y XV, con una torre fortificada adosada y una magnífica portada gótica. En su interior es destacable su retablo renacentista y actualmente se encuentra el Museo de Arte Sacro de la Ribera. En el año 1982 fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC).

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                                            Portada de San Juan Bautista

Situada prácticamente en el centro de la ciudad, muy cerca de la Plaza Mayor, se encuentra la verdadera joya arquitectónica de Aranda, se trata, sin duda, de la iglesia gótica de Santa María, construida sobre los restos de un templo románico, del que permanece la torre defensiva; las obras dieron comienzo hacia el año 1439 y finalizaron en el siglo XVI, hacia el año1515, que es cuando se da por finalizada su prodigiosa portada de estilo gótico isabelino, obra genial del arquitecto burgalés Simón de Colonia y su equipo, aunque la finalizó su hijo, el también arquitecto burgalés Francisco de Colonia. Esta bella portada constituye una magnífica muestra del esplendor que alcanzó Aranda de Duero mientras contó con el mecenazgo de la Reina Católica. La figura central representa la escena del Calvario y está coronada por una impresionante crestería. También aparecen los escudos de Aranda y los reales, destacando el del Yugo y las Flechas, símbolo de la unión entre Castilla Y Aragón. Contemplar esta monumental portada es uno de los grandes atractivos que ofrece esta visita a la capital arandina.

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                                                  Portada de Santa María

El interior es de planta de cruz latina con tres naves, a la que se añadió una cuarta, cubiertas por bóvedas de crucería, asentadas sobre columnas adosadas. Está iluminada por vidrieras y rosetones profusamente decorados. En toda la ornamentación interior predomina el estilo gótico flamígero, también llamado “isabelino”. El retablo principal es renacentista, de madera policromada, con una escalera mudéjar que conduce al coro, formada por tres tramos con diferente ornamentación, está atribuida al escultor Sebastián de la Torre. El interior se completa con otros cuatro retablos barrocos del siglo XVIII, el de S. Pedro, el de S. Miguel Arcángel, el de la Sagrada Familia y el de S. Cristóbal. En todos ellos se pueden ver diferentes tallas y pinturas.

La Virgen de las Viñas, patrona de Aranda, tiene su santuario sobre lo alto de una colina, situada en un parque al norte de la ciudad. En el interior de este templo del siglo XVII, mandado construir por el mecenas D. Pedro Álvarez de Acosta, obispo de Osma, se encuentra la talla de la Virgen de las Viñas, que según cuenta la leyenda, se le apareció a un labrador de la zona para indicarle donde se encontraba la imagen que había sido robada del monasterio visigótico de Quintanilla de las Viñas durante la invasión musulmana.

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                                                    La Virgen de las Viñas

Actualmente está al cuidado de la Cofradía de Nuestra Señora de las Viñas, cuyos cofrades se preocupan de mantener su culto y organizar anualmente las fiestas en su honor, que duran nada menos que nueve días, durante los cuales tienen lugar diversos festejos, como una misa solemne en honor de la Virgen, que se celebra en la Ermita, y por la Plaza Mayor y sus alrededores tienen lugar procesiones, pasacalles, desfiles de gigantes y cabezudos, además de varias corridas de toros. Estos festejos dan comienzo el domingo siguiente al 8 de setiembre.

En el barrio de Sinovas se puede visitar la iglesia de San Nicolás de Bari, declarada Monumento Nacional en el año 1964. Se trata de una iglesia románica del siglo XIII, de una sola nave con techumbre mudéjar, a la que posteriormente se le fueron añadiendo elementos góticos y renacentistas. Cuenta también con una torre defensiva con saeteras, que posiblemente se construyó durante los comienzos del siglo XII.

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                                            Iglesia de San Nicolás de Bari

El tejado descansa sobre un pórtico de ocho columnas con doble capitel labrado, de estilo renacentista del siglo XVI. En su interior destaca un retablo renacentista, con escalera que sube al coro del mismo estilo, todo ello completado por un magnífico artesonado bellamente decorado del siglo XVI, perteneciente sin duda a la escuela castellana de Juan de Juni. Esta iglesia fue objeto de una restauración que duró del año 2005 al 2010.

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                                           Bodega subterránea

Hemos hablado hasta ahora de la Aranda monumental, la que se ve, la que se levanta sobre su suelo, pero existe otra Aranda, una verdadera ciudad subterránea en la que llegaron a existir más de 300 bodegas metidas en sus entrañas, en las que los arandinos almacenaban el vino que cosechaban en sus viñas, que se conservaba perfectamente gracias a que en su interior se aunaban unos factores ideales de temperatura y humedad, que también facilitaban su óptima maduración. Fueron construidas entre los siglos XII y XVII y en la actualidad todavía quedan alrededor de 120, principalmente bajo su casco antiguo, que se pueden visitar y en las que se puede saborear el rico vino ribereño, actualmente está acogido a D. O. Ribera del Duero. Se trata sin duda de un legado que proviene de la época romana, que se ha conservado y mejorado a lo largo de los siglos, constituyendo uno de los más valiosos patrimonios de la ciudad de Aranda.

Claro que unida a la cultura del vino va unida la cultura gastronómica. La Gastronomía arandina, está basada fundamentalmente en el lechazo asado al horno de leña. Prácticamente es el buque insignia del sector hostelero arandino y son numerosos los restaurantes que tienen este plato como especialidad. La calidad y el servicio están garantizados en todos ellos. El más antiguo es el Asador Rafael Corrales, fundado en el 1902. Aranda es además la sede del la Indicación Geográfica Protegida (I.G.P.) del “Lechazo de Castilla y León”. Anualmente se celebran en los restaurantes arandinos las “Jornadas del Lechazo”, con el propósito de promocionar al máximo este producto estrella de nuestra gastronomía.

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                                           Gastronomía arandina

Tampoco se pueden desdeñar las chuletillas de cordero a la brasa, la morcilla de Aranda, la Torta de Aranda, las yemas y los empiñonados.
A principios del siglo XIX Aranda se convierte en una de las ciudades españolas protagonistas de la lucha que muchos patriotas españoles, convertidos en guerrilleros, mantuvieron contra el ejército francés que el Emperador Napoleón envió a España, con la clara intención de apoderarse de ella e incorporarla a su ya poderoso Imperio. Lucharon denodadamente por recuperar el trono español para el desterrado Fernando VII, al que consideraban su verdadero y legítimo Rey.

Tres figuras, relacionadas directamente con Aranda, destacaron especialmente en esta desigual lucha sin cuartel: el cura de Villoviado, D. Jerónimo Merino, el que fuera Regidor de la ciudad, D. Eugenio Aviraneta, de origen vasco y el curtido labrador castellano D. José Martín Díaz, que alcanzó la fama con el sobrenombre de “El Empecinado”. Los tres lucharon juntos en más de una ocasión por estas tierras ribereñas, sembrando el pánico y el desconcierto del ejército invasor, que se veía impotente para neutralizar sus sorpresivas acciones guerrilleras. Finalmente consiguieron que el invasor se retirara y con ello el regreso triunfal del desterrado rey Fernando VII, que no dudó en ceñirse la corona real.

Pero la situación política española no tardó en dar un giro de 180 grados y los liberales españoles, los que habían defendido, además de la independencia de la Patria la Constitución de 1812, se vieron acosados y perseguidos por el absolutismo de Fernando VII, el nuevo rey al que habían devuelto el trono que había entregado a Napoleón. De los tres, el cura Merino se convirtió en un fanático y furibundo absolutista, que no tuvo ningún reparo en volver a empuñas las armas, esta vez contra sus antiguos compañeros. En 1833, a la muerte de Fernando VII, pasó e engrosar las filas de los partidarios del aspirante Carlos María Isidro de Borbón, hermano del fallecido monarca. Perdida la primera Guerra Carlista, el cura Merino tuvo que exilarse a Francia, donde recuperó los hábitos, pasando el resto de su vida como director espiritual de un convento de monjas. Por su parte, El Empecinado, ferviente defensor de la Constitución, fue detenido y condenado por traidor, acabando públicamente ahorcado, de forma infame, en la Plaza Mayor de Roa. El liberal Aviraneta se convirtió en un astuto conspirador, que acabó exilándose al país vecino para salvar su vida. Sobre el estudio de estas tres figuras se han escrito numerosas obras literarias de carácter biográfico, destacando especialmente las del canario D. Benito Pérez Galdós y el donostiarra D. Pío Baroja.

La Aranda del siglo XXI es una ciudad moderna y dinámica, en la que se desarrollan numerosas actividades, tanto económicas, pues cuenta con varios Polígonos Industriales, como sociales, culturales y deportivos. Además de disponer de varios Museos, como el del Ferrocarril y el de Cerámica, a lo largo del año se celebran numerosos certámenes, ferias, concursos, festivales, eventos deportivos de todo tipo, jornadas gastronómicas y de ocio, siendo especialmente destacados el Festival Musical Sonorama, el Concurso internacional de guitarra Villa de Aranda o los premios ENVERO de Gastronomía o la Milla Arandina.
Después de todo lo expuesto, se puede llegar a la firme conclusión de que los visitantes de la capital de la Ribera del Duero nunca saldrán defraudados de su estancia en esta atractiva ciudad que se llama Aranda de Duero.

Autor Paco Blanco, Barcelona setiembre 2016

POR LA RIBERA DEL DUERO: 5. PEÑARANDA DE DUERO Y LA VID. -Por Francisco Blanco-.

La villa ribereña de Peñaranda de Duero está enclavada en la orilla derecha del río Arandilla, antes de su unión con el Duero en la cercana Aranda de Duero; se trata de un río de corto recorrido, pero rico en pesca, abundando  el barbo y la trucha, junto con el rico cangrejo autóctono, aunque, lamentablemente, esta especie está prácticamente extinguida.

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Castillo de Peñaranda

Esta histórica y pintoresca villa medieval está dominada desde lo alto por un castillo asentado directamente sobre la roca, levantado en el siglo X como parte de la muralla defensiva de castillos que protegían y marcaban las fronteras entre los musulmanes y el incipiente Condado de Castilla, en pleno periodo de repoblación. Este conjunto fortificado no se completó hasta el siglo XV, siendo su propietario el Conde de Miranda del Castañar (1), en el que se levantó la impresionante Torre del Homenaje, de planta cuadrada y cuatro pisos, rematada con almenas. También se construyó una muralla defensiva que rodeaba y protegía prácticamente toda la villa, de la que todavía se conserva la puerta de Las Monjas, bajo un imponente arco almenado. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931. Actualmente en la torre se alberga el Centro de Interpretación de los Castillos.

A sus pies, el casco urbano de la villa de Peñaranda ofrece un auténtico aspecto medieval, en el que se entremezclan las viejas casas de adobe y madera con los edificios religiosos, palacios y casas señoriales, que lucen escudos y blasones en sus fachadas de sillería. Las pintorescas casas populares de adobe y entramado de madera suelen disponer de dos plantas, con sótano y buhardilla. El sótano servía para comunicarse con las numerosas bodegas subterráneas que forman su subsuelo; la planta baja se utilizaba como lagar y en la primera, que solía disponer de grandes balcones de madera, se hallaba la cocina y los distintos aposentos familiares.

Desde el siglo XIV Peñaranda fue señorío de los Avellaneda, que posteriormente emparentaron con los Zúñiga, siendo D. Francisco de Zúñiga y Velasco, tercer conde de Miranda del Castañar y su esposa, Doña María Enríquez de Cárdenas, quienes, en el primer tercio del siglo XVI decidieron construir, en el centro de la villa, el Palacio de los Condes de Miranda, encargando la realización de las obras al famoso arquitecto burgalés Francisco de Colonia.

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Palacio de los Condes de Miranda.

Se trata de un amplio edificio renacentista de planta rectangular, que conserva algunos elementos tardo góticos, especialmente en uno de sus patios interiores. Su monumental fachada configura uno de los lados de la Plaza Mayor de la villa y su portada renacentista la preside un gran tímpano con los escudos de los Zúñiga y los Avellaneda. En su interior resalta una soberbia escalera de tres tramos, cubierta por un espléndido artesonado mudéjar. De sus amplios salones destaca el Salón de Embajadores, en el que lucen un delicado friso de yesería, un rico artesonado mudéjar y una espléndida chimenea de estilo francés.

El Conde falleció el año 1536, pero unos pocos años después, en el año 1540, su viuda, Doña María Enríquez de Cárdenas, mandó construir en la misma Plaza Mayor,  justo enfrente del Palacio, la Colegiata de Santa Ana, un templo barroco de una sola planta, con un retablo neoclásico en el que aparece la figura de la santa y un artístico coro de nogal. De esta forma, queda configurada una de las más monumentales y artísticas plazas de toda Castilla. En el centro de la plaza, para completar el conjunto, se alza el Rollo Jurisdiccional, esbelta columna de piedra, con picota rematada por una cruz, que representaba el régimen al que estaba sometida la villa: señorío real, concejil, eclesiástico o monástico.

Todo el conjunto de esta monumental Plaza Mayor de Peñaranda de Duero fue declarado Bien de Interés Cultural en 1931.

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Iglesia de Santa Ana

Otra visita obligada para los visitantes de esta villa ribereña es su famosa Botica, farmacia de principios del siglo XVIII, que ha pertenecido a diferentes miembros de la familia Jimeno durante ocho generaciones de farmacéuticos. Está situada muy cerca de la Plaza Mayor, precisamente en una calle llamada de la Botica.

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En el interior de la Botica se conserva una interesante colección de albarelos y tarros de cerámica de diferentes tamaños, dispuestos sobre estanterías, en los que se puede leer el nombre del producto que contenían y el respectivo propietario de la farmacia; también se pueden ver varias piezas originales de vidrio, en las que se conservan algunos de los antiguos medicamentos que se expendían en la farmacia para curar toda clase de males, como por ejemplo la famosa “Triaca Magna” (2), que lo curaba casi todo, o las píldoras de Bland, para despejar las vías respiratorias.

Detrás de la botica se encuentra la rebotica, que conserva todo el encanto de tantos siglos, repleta de cajoneras destinadas a conservar las numerosas plantas medicinales que se utilizaban como remedios contra todo tipo de achaques o dolencias. También dispone de un antiguo laboratorio en el que se conservan interesantes colecciones de morteros, alambiques, hornillos, crisoles, antiguas pesas y medidas y una nutrida biblioteca de antiguos libros de Medicina y Farmacología, siendo el ejemplar más antiguo el “Pedazio Dioscórides Anazarbeo”, traducido del griego por el doctor segoviano D. Andrés Laguna en el año 1565 (3). La Botica se completa con un pequeño jardín, que en su día fuera huerto donde se cultivaban diferentes plantas medicinales de las que se generaban en la comarca, como la adormidera, la belladona, el belenio, el estramonio, el jacinto, la violeta y otras. Actualmente sigue funcionando con total normalidad, como cualquier otra farmacia, y en el año 2007 fue declarada “Bien de Interés Cultural”.

Bajo los pórticos de su Plaza Mayor el viajero podrá recuperarse cómodamente sentado en uno de sus restaurantes, y al tiempo que disfruta de la magnífica perspectiva de esta plaza, disfrutar doblemente  con la apetitosa gastronomía ribereña. En uno de ellos, la Posada Ducal, de típica decoración medieval, el viajero podrá saborear la poderosa comida castellana, como los ricos embutidos castellanos, en especial la morcilla, el chorizo o el lomo, sin olvidarse del incomparable cordero lechal al horno y también con sus postres tradicionales como los Hojaldres de Avellaneda, todo ello acompañado con los majestuosos vinos de la Ribera, ya sean tintos o claretes.

La visita a Peñaranda de Duero se puede dar por concluida pero, para completarla, el viajero se dirigirá al cercano Monasterio de Nuestra Señora de la Vid, sede española de la Orden de los Agustinos.

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Monasterio de la Vid.

La Orden de los Canónigos Premonstratenses la introdujeron en Castilla dos monjes castellanos, pertenecientes a importantes familias de la nobleza, discípulos del fundador San Norberto, que habían profesado en Francia y habían sido cofundadores de la Abadía de San Martín de Laón. Se llamaban Sancho Ansúrez y  Domingo Gómez de Campdespina. Cuando, hacia el año 1140 regresaron a España, el primero, con la ayuda de la poderosa familia de los Ansúrez, fundó en Valladolid el Monasterio de Nuestra Señora de Retuerta y el segundo, en la localidad burgalesa de La Vid y Barrios, situada en la margen derecha del Duero, a medio camino entre Aranda y Peñaranda, fundó el Monasterio de Santa María de Monte Sacro, que acabaría convirtiéndose en el Monasterio Santa María de la Vid. Poco después, en el 1152, el rey Alfonso VII confirma a Domingo Gómez como abad del Monasterio, cediéndole, con carácter hereditario, la propiedad de los terrenos circundantes. El nombre de Virgen de la Vid se debe, según la leyenda, a que a finales del siglo XIII, se descubrió una  bella imagen de la Virgen de gran tamaño, tallada en piedra policromada.

Posteriormente, el Monasterio fue creciendo y ampliándose gracias, principalmente, al mecenazgo real, en especial durante los reinados  de Alfonso VIII y Sancho IV, finalizándose la de éste último en el año 1318.

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Un par de siglos más tarde, hacia el año 1522, siendo Abad del Monasterio el arandino D. Íñigo López de Mendoza y Zúñiga (4), nombramiento a perpetuidad hecho en el 1516 por el papa León X, se inició una nueva e importante reforma, añadiendo al complejo monacal la Capilla Mayor, un claustro y construyendo la actual iglesia. Las obras de esta nueva reforma, que contaron con el apoyo del Abad y sus hermanos, Francisco de Zúñiga y Avellaneda, III Conde de Miranda del Castañar y  Juan de Zúñiga y Avellaneda, comendador de la Orden de San Jaime de la Espada, concluyeron hacia finales del siglo XVI, pero posteriormente, a lo largo de los siglos XVII y XVIII, se le fueron añadiendo nuevas dependencias, como la Sala Capitular, la Sacristía, la Escalera Real, la Sillería de nogal del coro, la monumental Espadaña y la magnífica Biblioteca, cuyas obras finalizaron en el 1798. En esta Biblioteca se conserva uno de los incunables más valiosos que existen: el “Liber Chronicarum”, cuyo facsímil pueden admirar los visitantes.

En el 1836, como consecuencia de la desamortización de Mendizábal, se produce la expulsión de la Orden Premonstratense, quedando el gran complejo monástico abandonado durante treinta años, lo que trajo consigo su expolio y desolación, perdiéndose numerosas obras de arte, hasta que en el año 1865 se hace donación del Monasterio de la Vid a la Orden de San Agustín de Filipinas, que lo reacondiciona y lo convierte en Casa de Estudio y Formación para sus religiosos. En 1926 se creó la Provincia Agustiniana de España, convirtiéndose el Monasterio en la nueva sede del Noviciado Interprovincial de los Agustinos españoles.

Resultará de lo más interesante la visita al Museo del Monasterio, construido en el siglo  XVIII en lo que habían sido la despensa y el granero, al que se accede desde el claustro a través de un arco de medio punto. En su interior se podrá admirar una numerosa colección de piezas de  orfebrería religiosa, como cálices, custodias, relicarios, etc.

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También dispone de una amplia colección de figuras de marfil, la mayoría elaboradas en Filipinas y otra de ornamentos eclesiásticos, como casullas, dalmáticas y capas pluviales, bordados en seda o terciopelo con hilo de oro y adornados con pedrerías. Ambas colecciones pertenecen a los siglos XVI al XIX.
Entre las más de cien obras pictóricas, sobre lienzo o tabla, destacan algunas firmadas por Murillo, Ribera, Wensel, Hernando de Ávila ó el burgalés Mateo Cerezo, el Joven. También hay algunas tallas de la escuela de Gregorio Fernández, junto con algunas figuras de alabastro del siglo XV, de autor desconocido.
También existen dos salas dedicadas a Museo Numismático, en las que, en quince vitrinas, se exhiben una parte del fondo de moneda antigua que posee el Monasterio, fabricadas en cecas celtibéricas, romanas, visigodas y medievales.

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Después de recorrer las diferentes salas de este interesante y rico Museo, la visita a este monumental complejo monástico, que se puede realizar cualquier día de la semana, excepto el lunes, se puede dar por concluida, pero la comarca burgalesa de la Ribera del Duero sigue ofreciendo al viajero exigente muchas más alternativas, igualmente atractivas e interesantes.

NOTAS: 

  • En 1457 el rey Enrique IV concedió a D. Diego López de Zúñiga el título de Conde de Miranda del Castañar. Actualmente pertenece a la Casa de Alba.
  • La “Triaca Magna” la creó el médico griego Andrómaco y contenía hasta 70 sustancias diferentes, incluida la carne de víbora. Fue muy utilizada como remedio popular hasta el siglo XIX.
  • Andrés Laguna nació en Segovia el año 1499 y murió en Guadalajara el 1559. Fue médico de cámara del emperador Carlos V y también del papa Julio III, también fue profesor en varias Universidades, escribió numerosos tratados de Medicina y creó el Jardín botánico de Aranjuez.
  • En realidad se llamaba Íñigo de Zúñiga Avellaneda y Velasco, cambió de nombre cuando alcanzó la dignidad de Cardenal, para la memoria de su bisabuelo Íñigo López de Mendoza, I Marqués de Santillana.

Autor Paco Blanco, Barcelona, julio 2016

CATALIBROS EN EL CAB. Miércoles 7 de Septiembre de 2016. Asociación de libreros de Burgos.

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PRECIO ABONOS TEMPORADA 2016-2017 CLUB BALONCESTO MIRAFLORES-INMOBILIARIA SAN PABLO

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POR LA RIBERA DEL DUERO: 4. LA VILLA DE ROA Y SU COMARCA. -Por Francisco Blanco-.

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Roa de Duero, tierra de vides y de granos, situada en el centro de la Ribera del Duero burgalesa, es también su balcón, el “Balcón del Duero” como se la llama también. Desde su paseo del Mirador ó del Espolón, se divisa una espléndida panorámica de estas tierras del Duero, desde la unión de las aguas del Riaza con las del Duero y el vetusto Puente Mayor, hasta las ermitas de San Roque y la Virgen de la Vega, sobresaliendo como fondo un extenso viñedo, que se extiende por los cuatro puntos cardinales.
Como dice una de las estrofas de su himno:

“Entre tierras de vides y espigas
que fecundan el agua y el sol
en la bella Ribera del Duero,
se alza Roa igual que una flor.”

Roa es tierra de buen vino, factores geográficos y climáticos confieren a sus caldos una singular y excepcional calidad, capaz de satisfacer al más exigente catador pero, además, Roa y su comarca han labrado un abrumador peso en nuestra historia, imposible de pasar por alto.

Los primeros asentamientos humanos por tierras de Roa se remontan hasta la Edad del Hierro, unos 1.300 años a. de C., en que se instaló un poblado cuyas huellas todavía se pueden ver actualmente en el Yacimiento de Carrasalinera.
Este poblado tuvo una gran continuidad en el tiempo, tomando el nombre de Rauda, (de donde procede el gentilicio de Raudense), hacia el siglo III a. C., en el que se instalaron los vacceos, una de las diversas tribus celtibéricas que poblaron nuestra península. La época romana abarca desde el siglo I a. C., hasta el III d. C., en que aparecen los visigodos, aunque de su supuesta estancia no existe ningún tipo de documentación, ni histórica ni arqueológica, a excepción de una necrópolis recientemente descubierta. Esta carencia de documentación histórica nos obliga a dar un salto hasta el siglo X, en plena ocupación musulmana, con la llegada de los repobladores del Duero, siendo ocupada por el conde de Castilla Nuño Núñez en el año 912, quien recientemente también había repoblado Castrojeriz y comenzado a construir los castillos que formaban una fuerte línea defensiva que protegía estas tierras ribereñas, recién repobladas, de las frecuentes incursiones musulmanas. Entre ellos se encontraba el de Roa, defendido por foso y muralla, de la que todavía quedan restos en buen estado. En el siglo XIII se le incorporó una gran torre defensiva, mandada levantar por doña Violante de Aragón, viuda del rey Alfonso X el Sabio, a la que se adosó el Palacio Real; también amplió la muralla, dotándola de seis puertas que todavía se conservan.

Anteriormente, en el año 1143, Alfonso VII concede fueros a la villa de Roa, que sirven de base para la creación, posteriormente, de la Comunidad de la Villa y Tierras de Roa, que actualmente conforma la comarca conocida como “Valle del Cuco”. Se la concedió jurisdicción de Señorío a favor del Conde de Siruela, que era quien nombraba su Alcalde Mayor. Posteriormente, este señorío pasó a poder de la Casa de Alba.

En 1464 el rey de Castilla, Enrique IV, entrega la villa de Roa a su favorito D. Beltrán de la Cueva, al que colmó de honores y privilegios, concediéndole varios títulos nobiliarios, como el Condado de Ledesma, el Ducado de Alburquerque y el Maestrazgo de la Orden de Santiago. De estas concesiones proviene el conocido refrán que aparece en el escudo de la villa: “Quien bien quiere a Beltrán, bien quiere a su can”. También le fueron concedidos a la villa un mercado semanal y dos ferias anuales, lo que dio paso a una época de cierta prosperidad.

También la historia de Roa está muy ligada a la del franciscano Fray Francisco Jiménez de Cisneros, el que fuera Cardenal Primado de Toledo y Regente de Castilla. Precisamente, sus primeros pasos en la carrera eclesiástica los dio en Roa, bajo la tutela de un tío suyo, clérigo de la villa, para continuarlos después en Palencia y Alcalá de Henares.

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noviembre comenzó su agonía, falleciendo al día siguiente, 8 de noviembre, al parecer mientras intentaba dictar una carta dando consejos a su nuevo Rey, por el que tanto había luchado, y al que nunca llegó a conocer personalmente. Sus restos mortales fueron trasladados a Alcalá de Henares, cumpliendo sus propios deseos. En el Paseo del Espolón se encuentra el monumento que en su honor levantó el pueblo de Roa.

Otro personaje, ligado de forma indisoluble a la historia de Roa, es el famoso, y casi legendario cura Merino. D. Jerónimo Merino Cob, cura de su pueblo, Viloviado, muy cerca de Lerma, que colgó los hábitos para convertirse en un feroz guerrillero, cuando los gabachos que invadieron España en el 1808 se atrevieron a entrar en su pueblo, profanar su iglesia, ofender la Religión, vejar a su persona e insultar a sus feligreses.

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Su cuadrilla, que se integró en el Regimiento de Húsares de Burgos (3), llegó a ser numerosa y disciplinada, contando con más de 200 caballos y convirtiéndose en una auténtica pesadilla para la caballería y las tropas regulares francesas, a las que sometían a incesantes ataques por sorpresa, que les llenaban de pánico y les causaban numerosas bajas. Su terreno de operaciones favorito era la zona de pinares, comprendiendo desde Neila y Quintanar de la Sierra hasta Salas de los Infantes, procurando no salir nunca a terreno descubierto. Sin embargo, el año 1813, en una de sus pocas salidas a campo abierto, logró conquistar y liberar la plaza de Roa, que estaba ocupada por tropas francesas, que habían saqueado gran parte del patrimonio artístico de la villa. Su valor y su patriotismo le valieron alcanzar el grado de General del Ejército Español.

En el año 1835, en plena guerra carlista, el cura Merino, convertido esta vez en un fanático defensor del aspirante D. Carlos y todo lo que representaba, volvió a empuñar las armas, en esta ocasión luchando contra la hija de Fernando VII, al que con tanto ardor había defendido años atrás. También pasó por Roa con sus tropas, pero esta vez para intentar incendiar la iglesia y varias casas del pueblo y castigar a los impíos liberales.

Otro héroe de nuestra Guerra de la Independencia, ligado a la historia de Roa por una ignominiosa ejecución, es el Mariscal de Campo D. Juan Martín Díez el Empecinado, un hombre fiel a su Patria y a su Rey, pero también a sus principios, por los que estaba dispuesto a morir. El pueblo de Roa, con su alcalde a la cabeza, fue su verdugo, ajusticiándole masiva y públicamente en su Plaza Mayor, el 20 de agosto de 1825. Pero Roa y los raudenses también han sabido rectificar, devolviendo su honor y su valía a este héroe castellano, hijo del pueblo, prototipo de las virtudes que honran a los hombres de Castilla. Roa honró su memoria dedicándole la antigua calle de las Armas, rindiéndole diversos homenajes y, posteriormente, en el año 1993, erigiéndole este monumento, obra del escultor burgalés José Ignacio Ruiz Martínez. También se ha creado la asociación raudense de “Amigos del Empecinado”.

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Juan Martín había nacido el 5 de setiembre del año 1775 en el pequeño pueblo vallisoletano de Castrillo de Duero, de origen totalmente campesino, sus padres eran labradores con mediana hacienda, por lo que muy pronto tuvo que arrimar el hombro para ayudar en las tareas de labranza. Pero parece que aquello no era lo suyo, pues a los 16 años marchó voluntario a la guerra del Rosellón (4), donde tuvo sus inicios como guerrillero, luchando precisamente contra los franceses. En el año 1796, a su regreso, casó con la burgalesa Catalina de la Fuente, natural del pequeño pueblo ribereño de Fuentecén, muy cercano a Roa, donde se estableció y vivió como un vecino más, hasta que en el 1808 las tropas napoleónicas entraron en España con la firme intención de conquistarla, y llegaron hasta Roa y Fuentecén, de las que se apoderaron y donde cometieron numerosas tropelías.

El “Empecinado”, apodo que le viene precisamente por haber nacido en su pueblo, Castrillo de Duero, por donde discurre un pequeño riachuelo, denominado “Botijo”, en el que abundaban las bolsas de pecina, se convirtió en el guerrillero más eficaz, más astuto y más implacable de todos los que lucharon contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Su trayectoria, tanto política como militar, pues en ambas facetas destacó, fue de lo más brillante y su fama, así como su campo de acción, transcendieron su comarca, extendiéndose por casi todo el territorio peninsular. Su apodo de “El Empecinado”, temido y odiado por los franceses, se convirtió en paradigma de militar ejemplar, siendo hoy un adjetivo que enaltece a quien lo recibe. Al frente de sus hombres su movilidad y su audacia eran ilimitadas, llegando a conquistar Salamanca y hacer hasta tres incursiones por la Villa y Corte, sembrando el pánico entre la guarnición francesa. Sus ascensos por méritos de guerra son continuos, hasta que Fernando VII le nombra Mariscal de Campo a su regreso triunfal a España.

Pero los honores no tardan en esfumarse y su estrella en apagarse y ser perseguida, al oponerse El Empecinado a la política absolutista puesta en marcha por el restaurado Fernando VII y exigirle su vuelta al orden constitucional, acatando de nuevo la Constitución de Cádiz.
Los “Cien Mil Hijos de San Luis” invadieron España en abril de 1823 con el único propósito de afianzar a Fernando VII en su trono absolutista, e impedir que a España la siguiera gobernando un gobierno liberal; estaban dirigidos por Luis Antonio de Borbón, sobrino de Luis XVI, que le había nombrado Duque de Angulema y lo integraban cinco cuerpos del Ejército regular francés, al que se unieron numerosos voluntarios españoles, entre los que se encontraba el Cura Merino, un viejo compañero de armas del Empecinado en la anterior lucha contra los franceses, cuando juntos defendían, precisamente, la vuelta al trono de Fernando VII.

La invasión acabó con la derrota del Ejército constitucional español. A partir de este descalabro, que se consumó el mes de agosto en la batalla del Trocadero, con todo el poder en manos del rey absolutista, dio comienzo un sistemático e implacable proceso de eliminación de todos los líderes, tanto políticos como militares, que habían hecho posible el “Trienio Liberal”. Varios generales fueron eliminados de la escena política sufriendo diferente suerte, entre ellos el navarro Espoz y Mina consiguió exilarse a Europa, Rafael Riego fue apresado, ahorcado y decapitado (5), Torrijos fue fusilado (6), a Juan Martín el Empecinado, que se entregó voluntariamente en Olmos de Peñafiel para evitar represalias a sus hombres, el 19 de agosto de 1925 le conducen encadenado, entre el escarnio y la burla de la plebe, hasta la Plaza Mayor de Roa, donde se había preparado el patíbulo en el que debía ser ahorcado “por atentar contra los derechos del trono”. Pero el Empecinado se rebela y en un titánico esfuerzo rompe sus cadenas y arremete contra sus carceleros tratando de huir y refugiarse en una iglesia. Finalmente es reducido y el verdugo consigue ponerle la cuerda al cuello. De esta manera infame acaba la vida de un militar castellano, valiente y cabal, que dedicó lo mejor de su vida por devolver la corona de España a un rey ingrato que prácticamente la había regalado a Napoleón.

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¡A vendimiar voy! ¡De la vendimia vengo!
De la Ribera del Duero Roa es el centro
¡Y también es su balcón

Para los visitantes amigos del arte y sus monumentos, además de pasear por su espléndido Paseo del Espolón, auténtico mirador del Duero, y admirar la estatua homenaje a la Vendimiadora, situada en la Plaza Mayor, entre sólidas casas de piedra, muchas de ellas blasonadas, podrá visitar sus monumentos y edificios más emblemáticos, como el antiguo Hospital de San Juan Bautista, del siglo XVI, en el que actualmente se encuentra la sede del Consejo Regulador de la D.O. Ribera del Duero, a la que se accede por la Puerta de San Juan, una de las seis que dan acceso a la villa. También merece la pena ser visitada la ex Colegiata de Nuestra Señora de la Ascensión, una iglesia monumental que conserva una portada románica de cinco arcos, pero en la que predomina el gótico tardío con influencias renacentistas de finales del siglo XVI, destacando su portada principal, en la que aparecen los escudos de la villa y del obispo de Osma D. Tello de Sandoval, en su interior se puede admirar el magnífico grupo escultórico representando a los Reyes Magos, obra del genial artista burgalés Diego de Siloé. La construcción de la Colegiata fue costeada por los Siruela, los Velasco y los Mencía.

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Tampoco se puede dejar de visitar la Ermita de la Virgen de la Vega, situada a cinco kilómetros de la villa, en medio de un pinar milenario; la Puerta y la iglesia de San Esteban, o el emblemático edificio de la Alhóndiga, del siglo XVII, donde antiguamente se almacenaba el grano y también disponía de lagares para elaborar el rico vino de la Ribera, que eran la base de la economía de la comarca. Para los aficionados a la Arqueología está disponible el “Aula Arqueológica”, en la que se puede visualizar un vídeo interactivo sobre las principales civilizaciones que han configurado estas tierras, desde la Edad del Hierro a la Edad Media, gracias a la gran abundancia de sus vestigios, motivo por el cual ha sido declarada como Zona de Interés Arqueológico Nacional.
Todavía quedan muchos atractivos para los visitantes de la villa raudense, que sin duda les dejarán un imborrable recuerdo. Me estoy refiriendo, naturalmente, a la Roa gastronómica y su cultura del vino, pudiéndose calificar su oferta de insuperable.

La cultura del vino es tan antigua como la propia historia de Roa, ya los romanos fueron grandes implantadores de cepas, cosecheros de uva y productores de vino que después se exportaba a diferentes ciudades del Imperio. Los visigodos también fueron unos excelentes viticultores, que cuidaron y mejoraron las cepas, obteniendo vinos de más calidad. San Isidoro, en sus famosas “Etimologías”, hace la siguiente definición del vino: “Al vino se le llama así porque, apenas terminado de beber, llena las venas con su sangre”.
La “tempranillo”, también llamada “tinta fina”, “tinto fino” o “tinta del país”, es la uva por excelencia cuyos viñedos ocupan alrededor del 85% de toda la extensión de la Ribera del Duero, otras variedades locales son la “garnacha” y la “albillo”, utilizadas sobre todo en la elaboración de los vinos claretes, blancos y rosados; últimamente se han incorporado variedades históricas, como la “merlot”, la “cabernet” y la “malbec”, cuyo cultivo es moderado y su uso, destinado principalmente a la elaboración de los reservas y los grandes reservas, está controlado por la “D.O. Ribera del Duero”.

Los claretes o rosados que se pueden saborear en Roa, así como los tintos jóvenes y con crianza son de una calidad envidiable,……….frescos, ligeros, afrutados, aromáticos, con cuerpo, equilibrados, con una graduación entre 13º y 15º, los paladares más refinados y exigentes encontrarán su vino y saldrán plenamente satisfechos con su degustación.

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Naturalmente el placer del buen beber se puede completar con el del buen comer. En Roa existen restaurantes donde elegir y también bodegas que disponen de restaurante propio para comer. Cualquiera que sea la elección, seguro que resulta un éxito. La estrella gastronómica de Roa, y casi me atrevería a decir que de toda la Ribera, es sin duda el cordero asado o “lechazo castellano”, preparado en horno de leña, previamente aromatizado con sarmientos ó matojos de los cercanos montes y acondicionado por el maestro asador, que es quien tiene la última palabra y decide cuando la blanca y tierna carne ha adquirido el dorado otoñal necesario para ser disfrutada por los comensales. En algunos restaurantes, como “El Chuleta”, regentado por el maestro asador Joaquín Alonso, el cordero se prepara a la vista de los que se van a sentar a la mesa; su amplio comedor ofrece además una amplia y panorámica visión de la vega de Roa y dispone también de una magnífica y antigua bodega subterránea muy bien provista.

Naturalmente destacan también otros ingredientes del cordero, como las chuletillas asadas en sarmiento, las patitas fritas o en salsa, las mollejas o criadillas, las cabecillas asadas……, completándose la oferta con los típicos productos del cerdo, como la famosa morcilla de Burgos, el picadillo, el lomo, el chorizo, la panceta y el jamón.
Otro plato típico de Roa, para las personas que prefieran el pescado, es el famoso bacalao al “Estilo Taberna”, que se elabora en cazuela de barro al fuego lento de leña.

Tampoco defraudarán los postres, destacando los quesos semi curados o curados, elaborados con leche de oveja churra, sin faltar los de elaboración casera y tradicional como los “empiñonados”, las “bolillas”, la torta de aceite o las pastas en general.

Finalmente, Roa es el punto de partida de un recorrido por su comarca conocido como la “Ruta del Vino”, que incluye los cercanos municipios de La Horra, Sotillo de la Ribera, Anguix, Olmedillo de Roa, Berlangas de Roa, Pedrosa de Duero, Haza, Guzmán, Fuentecén, Quintana del Pidio…..

Muy cercana a Roa se encuentra La Horra, un pueblo pequeño de poco más de 400 vecinos, pero que cuenta con una gran extensión de viñedos que se acerca a las 800 hectáreas, por lo que abundan las bodegas, creo que actualmente cuenta con catorce, en las que se elaboran excelentes caldos; son de destacar Sastre, Balbás y Monte Aixa. También cuenta con un Museo del Vino, instalado en una antigua bodega subterránea.

En el año 1143 Anguix ya pertenecía a la Comunidad y Tierra de Roa y el rey Alfonso VII la concede fueros similares a los de Sepúlveda, pasando, en tiempos de Enrique IV, a ser señorío del Conde de Siruela. Se trata, por tanto, de una población cargada de historia, que ofrece a sus visitantes interesantes atractivos.

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La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, dependiente del Arciprestazgo de Roa es un templo barroco del siglo XVIII levantado gracias a la contribución económica de los vecinos. Destaca la sobria plasticidad de su portada, con un amplio arco de medio punto y un segundo cuerpo formado por una sencilla hornacina, acabando en una torre campanario. También se puede visitar la Ermita de San Juan Bautista, situada en lo alto del cerro Torrejón, cuya ladera está perforada por numerosas bodegas subterráneas.

En el cercano pueblo de Berlangas de Roa el Riaza se une al padre Duero y, poco después, dentro de su término municipal lo hace el Gromejón, famoso río cangrejero. Semejante riqueza fluvial es el origen de numerosas fuentes y manantiales naturales, tanto subterráneas como en la superficie, que han convertido el entorno en una verde, fecunda y hermosa vega rodeada de yermos páramos. Hasta cinco fuentes públicas existen en el pueblo, siendo la más famosa la Fuente de los Caños que abastecía un antiguo lavadero de piedra; actualmente el conjunto está en fase de rehabilitación. A las afueras de la villa se encuentra la Ermita de la Virgen de Los Huertos, patrona de la villa, en la que se guarda una artística talla románica del siglo XII. El conde de Siruela tuvo jurisdicción de señorío sobre esta pintoresca villa ribereña.

Haza o Aza, por ambos nombres se la conoce, es una pequeña localidad de la Ribera del Duero, situada a 910 metros de altitud, en lo alto del Pico de la Buitrera y protegida en su lado sur por el río Riaza. Esta estratégica posición la convirtió en una adelantada plaza fuerte, primer obstáculo que encontraban los árabes en sus incursiones por las tierras de la recién creada Castilla. Todavía existen los restos de su primitiva torre defensiva, levantada en el siglo XII y convertida posteriormente en castillo, al que en el siglo XV, por iniciativa de los Condes de Miranda del Castañar, señores de la villa, se le añadió un recinto amurallado en el que se integró la iglesia parroquial de San Miguel, en la que se aprecian interesantes elementos góticos.

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El año 1135, en la villa de Haza nació Juana Garcés, en el seno de una importante familia de la nobleza castellana. Su padre, García Garcés, fue tutor y mayordomo del rey Alfonso IX y su madre pertenecía a la Casa Trastamara, que unos pocos siglos más tarde se sentaría en los tronos de Castilla y Aragón. En el 1160 Juana casó con otro miembro de la nobleza castellana, Félix de Guzmán, señor de la cercana villa de Caleruega, “un hombre honrado y rico en su pueblo”, según sus paisanos, siendo este matrimonio el origen de una insólita familia de santos, pues a Félix, su marido, la Iglesia le concedió la dignidad de Venerable, ella misma fue elevada al rango de Beata, al igual que sus dos hijos mayores, Antonio y Mamerto, mientras que Domingo, el más joven, en cuyo nacimiento parece que se produjo la intervención de Santo Domingo de Silos, se convirtió en uno de los más grandes santos de la Iglesia Católica, gran defensor de la Fe, fundador de la Orden de los Dominicos y patrono de Burgos y su provincia. Juana falleció en Caleruega el 2 de agosto de 1205, por su biografía se sabe que fue una mujer piadosa, que ayudaba generosamente a los más necesitados. Se ha hecho popular su proverbial dadivosidad, que aseguraba a los peregrinos y los pobres que pasaban por su casa un buen pedazo de pan, se supone que acompañado de algo, y un buen trago de vino del que producían sus viñas. Ya en el terreno de la leyenda, parece ser que por mucho vino que llegase a repartir, las cubas de su bodega siempre estaban a rebosar. ¡Sin duda debía de ser un vino extraordinario y milagroso!.

En el extremo suroeste de la provincia de Burgos, lindando prácticamente con las provincias de Palencia y Valladolid, se encuentra Guzmán, otro pueblo ribereño rodeado de viñedos y cargado de historia. Según el historiador burgalés D. Canuto Merino Gayubas, el fundador de Guzmán fue un hijo del Rey de Bretaña, llamado Urbán, que llegó a España en el año 843 para ayudar al rey Ramiro I de Asturias en la lucha que mantenía por el trono con su cuñado Nepociano y al que se conocía por el apodo de “Goodman”, cuya traducción equivale a “hombre bueno”. En cualquier caso, de este lugar procede la ilustre estirpe de los Guzmanes, como Guzmán el Bueno, Santo Domingo de Guzmán ó la rama que pasó a Andalucía durante la Reconquista, como la sevillana Doña Leonor de Guzmán, amante del rey Alfonso XI, destacando también la figura del Conde-duque de Olivares D. Gaspar de Guzmán, válido de Felipe IV. En el Concilio de Burgos de 1136 ya se hace referencia a la villa de Guzmán y también aparece en el Fuero concedido a Roa por Alfonso VII en el año 1143.

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Uno de los edificios más emblemáticos de Guzmán es el Palacio barroco de dos torres, mandado construir a principios del siglo XVII por D. Cristóbal de Guzmán y Santoyo. Actualmente el Palacio ha sido restaurado y rehabilitado y es de propiedad municipal. Otro monumento digno de ser visitado, que ha sido recientemente restaurado, es la iglesia parroquial de San Juan Bautista, construida durante la primera mitad del siglo XVII a iniciativa del obispo de Palencia D. Cristóbal de Guzmán y Bertrán y con las aportaciones económicas de otros miembros de la familia.

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Se trata de un sobrio templo renacentista con tres naves, bóveda de crucería y una esbelta torre-campanario adosada, en la que destaca el escudo de armas de los Guzmán-Santoyo. De su interior sobresale el presbiterio barroco con la policromada imagen de San Juan Bautista, sobre la que aparece la representación de la Asunción de Nuestra Señora. También dispone de varias capillas como la de Santo Domingo de Guzmán y la de su coetáneo San Francisco de Asís. En lugar destacado de la primera se levanta la estatua yacente de su fundador el Obispo de Palencia vestido de pontifical, en la que se puede leer la siguiente inscripción: “Esta capilla fundó el Ilmo. Sr. Dn. Cristóbal de Guzmán y Santoyo, Obispo de Palencia, Conde de Pernía, del Consejo de S. M. para honra y gloria de Dios, para su entierro y el de los descendientes y sucesores dellos. Año de 1653”. En los muros laterales, bajo sendos arcos funerarios, se hallan las figuras orantes de D. Cristóbal de D. Guzmán y Santoyo y la de su esposa Doña María Bertrán, padres del Obispo.

Todavía, para los viajeros sin prisa, quedan numerosas localidades de estas atractivas Tierras de Roa, que merecen una espaciada y relajada visita. Para finalizar esta breve reseña, vamos a mencionar algunas como Sotillo de la Ribera, Pedrosa de Duero, Olmedillo de Roa, Quintana del Pidio, Quintanamanvirgo, Andrada, Nava de Roa, San Martín de Rubiales, Hontanga, Valdezate………………, en todas ellas tendrá el viajero una agradable acogida y una atractiva estancia. ¡Buen viaje para todos!

NOTAS

(1) El Monasterio de La Aguilera está dedicado a San Pedro Regalado y fue fundado por el franciscano Fray Pedro de Villacreces a principios del siglo XV, está ubicado en la localidad de La Aguilera, muy cercana a Aranda de Duero. Actualmente está ocupado por la Congregación Iesu Communio.
(2) El infante D. Fernando de Austria, era el cuarto hijo de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, más joven y único hermano del Carlos I de España y V de Alemania, al que sucedió en el puesto de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, cuando aquél abdicó en 1558. Era el nieto favorito de Fernando el Católico y había sido educado en Alcalá de Henares, bajo la tutoría del Cardenal Cisneros.
(3) El Regimiento de Húsares de Burgos fue fundado en 1811 por el Cura Merino y el lermeño Ramón de Santillán, que posteriormente llegaría a ser Ministro de Hacienda. Vestían pelliza azul con bordados blancos y solían actuar conjuntamente con el Regimiento de Arlanza, principalmente por la zona de pinares.
(4) La Guerra del Rosellón, también conocida como Guerra de los Pirineos o Guerra de la Convención, tuvo lugar entre el 7 de marzo de 1793 y el 22 de julio de 1795. Acabó con la derrota de las tropas de Carlos IV por el ejército de la Convención Nacional francesa y la firma de la Paz de Basilea.
(5) El general Rafael Riego Flórez fue derrotado por los “Cien Mil hijos de San Luis” en la batalla de Jódar, el 14 de setiembre de 1823. Traicionado y abandonado por sus tropas, fue trasladado a Madrid y declarado culpable de alta traición. El 7 de noviembre fue ajusticiado públicamente en la Plaza de la Cebada de Madrid, primero ahorcado y después decapitado.
(6) El General Torrijos, al frente de 48 voluntarios liberales, en los primeros días de diciembre de 1831 desembarcó en Málaga e intentó un pronunciamiento contra el absolutismo de Fernando VII. Hechos prisioneros, fueron fusilados sin juicio previo al amanecer del día 11 de diciembre de 1831 en la playa malagueña de San Andrés. Torrijos, que vestía de paisano, se puso a la cabeza de sus hombres para recibir la primera descarga.

Autor Paco Blanco, Barcelona, junio 2016

CALLE DE SANTANDER.

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Calle de Santander, antiguamente calle de Comparada y calle del Juego de Pelota.

En ella nacía el camino que conducía hasta Laredo y Santander. Hasta el siglo XIX fue mucho más estrecha que la actual, ensanchándose en esa centuria.

De aquí partían diligencias hacia las tierras del norte. En sus inmediaciones se celebraban juegos de pelota.

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