FIDEL ALONSO DE SANTOCILDES. -General Español en Cuba-

FIDEL ALONSO DE SANTOCILDES nace en Cubo de Bureba (Burgos) en 1844 y fallece em Peralejo (Cuba) en 1895. Sus padres D. Fidel Alonso de Santocildes y Doña Demetria ejercían el  oficio de labradores en Cubo de Bureba, humilde pueblo situado al N.E. de la provincia de Burgos con Ayuntamiento propio separada 16 kilómetros de Briviesca, a cuyo partido judicial pertenece, a 55 de Burgos y a 7 de Pancorbo. Produce cereales y legumbres, vino, buen queso y lana.

Diez años los primeros de su vida, pasados en suelo natal, instruyéndose en las primeras letras, asistiendo a la escuela del pueblo, ejercitándose en los inocentes juegos y pasatiempos de la niñez, y ayudando a sus padres en las faenas agrícolas, bastaron para que en el niño Fidel, se arraigasen las virtudes castellanas, de las que había de hacer más tarde pública y valiente ostentación.

Quizás le viniese por herencia, pues militares, y muy distinguidos los hubo entre sus antepasados. Abuelo materno de nuestro héroe, fue D. José A. de Santocildes, segundo de Castaños, en el mando del 6to. Cuerpo de Ejército, a cuya organización contribuyó poderosamente , y que después de rescatar con sus tropas a Astorga de los opresores franceses, entraba en la ciudad, en medio de los aplausos y entusiasmo justamente debidos de aquel pueblo, que le había visto defenderla con gloria durante 28 días contra 40,000 hombres mandados por Junot. Este Santocildes llegó a ser Teniente Coronel y Capitán General de Cataluña, ha honrado tan limpio apellido, y legado eximios ejemplos de virtud y fortaleza, que en la persona de Fidel de Santocildes, han tenido cumplida imitación.

A la ciudad de Medina de Pomar, antigua residencia de aquel D. Bernardino de Velasco llamado en Castilla el Buen Condestable, fue enviado Fidel bajo la dirección de un reputado profesor a cursar estudios de latín y demás estudios preparatorios, antes de abrazar una carrera, que por entonces, aún no se había resuelto cual sería.

En poco estuvo que no se le iniciase en la eclesiástica; pues un tío suyo, Canónigo de la Santa Iglesia Metropolitana de Burgos, aconsejaba a sus padres matricularlo en el Seminario de San Jerónimo de dicha Diócesis; pero otro tío inclinó la voluntad de la familia, tomándose la determinación de enviarle a Toledo al Colegio Militar de Infantería, y que José, hermano de Fidel, ingresase en el Seminario. Mientras tanto, hizo los estudios preparatorios con notable aprovechamiento en el colegio de Almarza.

El joven Fidel ingresó en el Colegio de Infantería de Toledo el 7 de Junio de 1859. Con los codiciados galones de Alférez en Julio de 1861 regresó a su pueblo natal, que dejó pronto para incorporarse al batallón Cazadores de Antequera, al que había sido destinado hasta 1866.

Tres años más permaneció Santocildes, en situación de cuartel hasta el año 1869, en que con su batallón formó parte voluntariamente del ejército expedicionario de Cuba. El 29 de Marzo de 1869, desembarcaba con su batallón en Manzanillo, puerto importante al S.O. de Santiago de Cuba.

Al día siguiente a su llegada, salió, formando con su Compañía parte de una columna, a conducir un convoy de raciones destinado a Bayamo. En esta primera operación pudo instruirse en la clase de guerra que se hace en Cuba, y con que contrarios tenía que habérselas.

En el resto del año 1869, continuó operando en las zonas del Centro y Jiguaní, y en las costas del golfo de Guacanayabo, no se libró del todo de la maligna influencia y enfermedades palúdicas propias del clima, que causan más víctimas en las filas del ejército de Cuba que las balas enemigas, siendo reliquia de ellas la enfermedad reumática que en los últimos años le aquejaba.

Los entonces Capitán y Coronel respectivamente Bouza Cobreiro y Martínez Campos, bajo cuyas órdenes inmediata estuvo en 1870, fueron testigos del arrojo y serenidad del Teniente Santocildes, ya en las numerosas salidas contra el enemigo por el término de Baire, ya en la conducción de convoyes a Bayamo y toma de los campamentos de Cambute, Silencio, Lomas de Perucho, Fonseca y Guira, ya en fin, en las reñidas acciones de Piedra de Oro, Faldón y Las Cajitas.

Tanta actividad le fue premiada con la Cruz Roja de primera clase del Mérito Militar, y el ascenso a Capitán en 1871.

Se manifestaron en él las especiales dotes que tan apto le hacían para el mando, por la energía indomable de su voluntad comunicada a sus subordinados hasta arrastrarlos entusiasmados tras su valiente jefe que veían siempre el primero en el peligro, y por lo inexorable en el cumplimiento de la disciplina militar, que no le impedía ser llano y afable en su trato particular con el soldado.

Compensación a sus proezas fueron otra Cruz Roja y el ascenso a Comandante en el año 1875. Desde esta fecha hasta el año 1878, y en el Departamento Oriental, asistió a innumerables hechos de armas a las órdenes de los Generales Marín, Barges, Galbis y Polavieja, quienes en repetidas órdenes del día y alocuciones a las tropas, recomendaron y enaltecieron el valor de Santocildes, presentándolo como espejo de gallardía en el ataque, y de serenidad y constancia en el peligro.

En mayo de 1876 se incorporó al Batallón de San Quintín, con el que habían de identificar sus glorias y fatigas durante cuatro años, conduciéndolo cien veces a la victoria, haciéndolo temible a los enemigos el nombre de San Quintín, y digna su bandera de ostentar otra segunda corbata de la Real y Militar Orden de San Fernando.

Firmada la supuesta paz del Zanjón en 1878, dio Santocildes momentánea tregua a su incansable actividad, quedando de guarnición en La Habana.

En 1879 acudió Santocildes de nuevo al Departamento Oriental al mando del batallón Cazadores de Chiclana, con el que batió con su acostumbrado brío al enemigo en serios encuentros. Pacificado totalmente el Departamento Oriental aun permaneció en allí hasta finales de 1881, vigilando las costas, y desempeñando otros cargos políticos-militares de importancia en Baracoa y Guantánamo.

Tan pronto como la anhelada paz puso fin a la encarnizada lucha, enlazaron su suerte y sus destinos el bizarro burgalés, y la hermosa dama cubana Srta. Doña Dolores Miyares y Hernández perteneciente a una distinguida familia de Cuba, cerniéndose sobre tan envidiable matrimonio, días de placidez y de ventura. Vieron los jóvenes esposos premiado su amor con frutos de bendición: dos hembras y un varón, que con el tiempo salió de la Academia de Toledo con el grado de Segundo Teniente.

Por llevar más de nueve años de servicios en el ejército de Cuba, fue dado de baja, regresando a finales de 1881 a España. Dándosele el mando del primer Batallón del Regimiento de Infantería de Aragón, de guarnición en Tortosa.

Tres años aproximadamente permaneció en Cataluña, habiéndole tocado sofocar en esta región, operando por la comarca de la Seo de Urgel, el movimiento republicano que, en el verano de 1883, amenazaba turbar la momentánea paz de que disfrutaba la Nación.

Al ser nombrado Capitán General de Puerto Rico el Excmo. Sr. D. Ramón Fajardo, se le dio como ayudante al distinguido Teniente Coronel del Regimiento de Aragón. Llamado el General Fajardo a desempeñar el supremo mando en la Isla de Cuba, allí le acompañó también su ayudante Santocildes, continuando en el honorífico cargo, hasta el año 1886, en que obtuvo el mando de su querido batallón de San Quintín.

Por eso al mismo tiempo que regocijados, vieron llenos de tristeza los ejemplares soldados de San Quintín en 1889 el ascenso a Coronel de su amado Jefe, porque este merecido honor implicaba la separación del ascendido, del laureado batallón.

Los Regimientos de la Reina y de Isabel la Católica y el Batallón de Orden Público de La Habana, se honraron desde el año de 1889 al 1895 con ser mandados por el Coronel Santocildes, que se esforzó por implantar en ellos el mismo espíritu de unión y subordinación, que hicieron famoso a San Quintín.

En estos doce años de su segunda estancia en Cuba, alternó con el mando de los citados Cuerpos, en el puesto de Comandante Militar de Holguín y Manzanillo.

El ascenso a Brigadier le fue comunicado a Santocildes el 22 de mayo de 1895 al regresar con su columna de operaciones en la zona de Manzanillo. 

El 25 de julio de 1895 tomó el mando de una Brigada del 2do. Distrito.

El 13 de julio de 1895 cae mortalmente herido en la batalla de Sabana de Peralejo el General de Brigada D. Fidel Alonso de Santocildes.

Dicen que en lo más recio de la lucha, multiplicándose en todos los lugares, y comunicando a los demás el ardor y coraje que le hacían irresistible en la pelea, recibió dos balazos en el pecho, a pesar de lo cual, y desoyendo las indicaciones de sus cariñosos soldados que le decían:

¡Que está usted herido, mi General! Retírese, que se desangra.

Respondió impertérrito:

No es nada hijos míos, dos arañazos.

¡Adelante! ¡Fuego! …

A poco una tercera bala le entró por encima de la ceja derecha, cayendo del caballo exánime, sin pronunciar más que estas breves y últimas palabras:

¡No me abandonéis, hijos míos!

Este su último deseo, fue cumplidamente satisfecho.

En los salones del Casino Español de Bayamo, estuvo expuesto al público en lujosa capilla ardiente, el cadáver de Santocildes: fuerzas de Isabel la Católica, le daban guardia de honor, y la población en masa acudió a tributar el último homenaje al héroe mártir del deber militar.

El sentimiento en Cuba, y especialmente en La Habana, Cienfuegos y jurisdicciones de Manzanillo y Bayamo, fue inmenso por pérdida tan irreparable. En Cuba, era el amigo de todos, y no había persona que no tuviese por él veneración. En los veinte años de su permanencia en la Isla, alcanzó una popularidad, que dudamos haya conseguido ningún otro militar o funcionario publico.

Los nobles descendientes del Cid, al fundar en La Habana la Sociedad Benéfica Burgalesa, estimaron que ninguno era tan merecedor de ser su primer Presidente, como su paisano Santocildes, y aun recuerdan con sentimiento las agradables juntas celebradas en los salones del Casino Español, en las que todo era fraternidad y comunión de sentimientos.

El 31 de Julio de 1895 el Ayuntamiento de Burgos tomó el acuerdo de que el nombre General Santocildes lo lleve a partir de este día una calle de la Ciudad de Burgos.

En cumplimiento de este acuerdo no una calle, sino la plaza llamada de Santander, se llama hoy en Burgos: Plaza del General Santocildes.

Puedes ver la calle que en Burgos lleva su nombre.

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3 Respuestas a “FIDEL ALONSO DE SANTOCILDES. -General Español en Cuba-

  1. Me encantó esta nota. En 2009 fui a Burgos de paso para málaga y llegue al Cubo de Bureba. Ahi vi la casa donde nació mi abuelo, sobrino de Fidel.

  2. Fernando Camareno Montañez

    La version digital del libro de Nicolas Estevanez y Murphy titulado “Fragmentos de mis memorias” (pp 127, 137, y 139) se encuentra disponible en la Internet (Google books). En las paginas 127, 137, y 139, del libro, el autor menciona al joven alferez del Batallon de Cazadores de Antequera num 12 (2a Cia) que partieron desde Santa Cruz de Tenerife para Puerto Rico en 1864. Al llegar a la bahia de San Juan, Santocildes fue levemente herido por astillas causadas por un cañonazo de aviso exclamando: “¡Mala entrada en America!, ¡Aun no he saltado en tierra y ya me han puesto fuera de combate!” En Puerto Rico, Santocildes cayo enfermo del “vomito” junto a otros oficiales del Batallon.

  3. La historia no miente…un oficial espanol de carrera,honorable,valiente…fue uno de los oficiales que combatieron en la guerra en cuba más recordado…

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