POR TIERRAS DE PINARES. DE VILVIESTRE DEL PINAR A SALAS DE LOS INFANTES. -Por Francisco Blanco-

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Siguiendo el curso del río, a muy pocos kilómetros de Quintanar, también rodeado de pinares, nos encontramos con el pueblo de Vilviestre del Pinar, un buen lugar para la pesca, tanto de la trucha como  del cangrejo, que normalmente se realiza colocando los reteles en los márgenes de los ríos o los arroyos, donde suelen excavar sus guaridas. Este rico crustáceo fluvial, otrora muy abundante en todas las cuencas fluviales burgalesas, ocupa, por méritos propios, uno de los lugares más prominentes de la gastronomía burgalesa.

Recuerdo una copiosa y larga comida veraniega en el molino del pueblo, en la que además de la caldereta de cordero, (en realidad se prepara con carnero, también conocido como macaco), los chorizos, los jamones y las truchas, los cangrejos pasaban directamente de los reteles a la cazuela. Eran tan numerosos que muchos se escapaban y se paseaban tranquilamente, marcha atrás, mientras los comensales dábamos buena cuenta de los que ya estaban guisados.

En este pueblo, además de las truchas, los cangrejos y los productos del cerdo, se pueden encontrar vestigios de civilizaciones y culturas muy antiguas. Los romanos, por ejemplo, para no retroceder demasiado, hicieron pasar por sus tierras la famosa ruta de Escipión, que unía la ciudad romana de Clunia con la vecina Rioja, atravesando la Sierra. Esta calzada romana, que el general romano utilizó para dirigirse contra la rebelde Numancia al frente de 60.000 soldados, todavía es utilizada actualmente por los arrieros y madereros de la comarca. También el cura Merino, famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia,  anduvo por estas tierras hostigando a los soldados franceses, que andaban tras sus talones.

Pero lo que más fama le ha dado han sido los hechos acaecidos allá por las postrimerías del siglo X, con el condado de Castilla en plena expansión, que dieron origen a la conocida leyenda de “Los siete infantes de Lara”, o de Salas, como también se la conoció hasta muy entrado el siglo XIX.

Todo empezó con la boda del señor de Vilviestre, el infanzón D. Ruy Velázquez, (o Blazquez), con Doña Lambra de Bureba, prima del conde de Castilla, Garci I Fernández, el de las “Manos Blancas”. Lo cierto es que las fiestas de los esponsales, celebrados en Burgos con gran fasto y asistencia de numerosos ilustres invitados, acabaron como el rosario de aurora, con muerto incluido. A partir de aquí, como en las grandes tragedias griegas, se desató el odio, la venganza y la violencia entre ambas familias, acabando muchos de sus miembros, incluidos los siete infantes, pasados por las armas por sus propios parientes:

“Doña Sancha entró en Vilviestre, todos a recebirla salen,

Coberturas villtudas, bofordando van.

Mudarra a doña Sancha las manos le fue a besare

Diziendo a altas bozes: “¡Justicia el cielo faze!

Señor, d’este traidor tú me quieras vengar”.

(Del romance de los siete infantes de Lara) 

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En el ábside de la iglesia de Santa María, de estilo gótico isabelino, construida entre los siglos XV y XVI, dentro de una hornacina se puede contemplar el arca  que contiene los restos de las cabezas de los siete infantes y la de su ayo D. Nuño Salido. Las sepulturas, con el resto de sus cuerpos, se encuentran en el monasterio riojano de San Millán de la Cogolla.

Pero como no es mi intención volver a contar una leyenda tan conocida y cantada en prosa y en verso, vamos a seguir por la cuenca del río y llegarnos hasta  otra población histórica, Salas de los Infantes, fundada por el mismo conde de las “Manos Blancas”, Garci I Fernández y recibiendo los fueros de asentamiento en el año  974, de manos de D. Gonzalo Gustioz, señor de Lara y padre de los siete infantes de la leyenda. Muy posteriormente, en 1925, (casi en nuestros días), S. M. D. Alfonso XIII de Borbón, la concedió el titulo de ciudad, como bien consta en los carteles que anuncian su ubicación.

Esta ciudad, de apenas 2.500 habitantes, puede considerarse como un enclave de caminos, (incluida la ruta de Escipión), que la convierte en el centro de la actividad económica, comercial, cultural y humana de la comarca de pinares. La industria maderera y la chacinera, junto con un buen número de comercios, constituyen sus actividades más importantes, sin olvidarnos del turismo, que durante los meses de verano llega en gran número, dispersándose  por sus contornos para disfrutar de un extraordinario clima y una excelente gastronomía. Los aficionados a la montaña, la pesca o el senderismo podrán disfrutar a sus anchas por sus numerosos y  atractivos parajes.  

Como por toda la comarca de pinares, en Salas también existe gran afición por el juego de pelota, que aquí se practica en el frontón municipal, totalmente cubierto, en el que por sus fiestas patronales de la Virgen de Agosto y San Roque, se celebran grandes competiciones.

También abundan en Salas huellas y restos de gran importancia paleontológica, pues parece ser que hace unos cuantos miles de años por estas tierras campaba por sus respetos una colonia de traviesos y enormes dinosaurios. Igualmente, se pueden encontrar vestigios del paso de  celtas, romanos y visigodos. Todo ello se halla reunido y expuesto en un moderno Museo Arqueológico, al alcance de todo aquél que sienta interés por el pasado.

En cuanto a los alicientes gastronómicos, como en toda la zona de pinares, destacan los productos del cerdo, frescos o embutidos; la carne de bovino y ovino, las truchas, los cangrejos, las setas….. También elaboran, aunque no en grandes cantidades, un excelente queso curado de oveja y unas hogazas de pan blanco que, por sí solas, dan realce a una mesa. En lo referente al vino, tampoco  hay que complicarse la vida: clarete de la ribera, (es igual que sea del Duero o del Arlanza), joven y fresco.

Personalmente recuerdo haber estado de fonda durante una estancia de dos o tres meses en esta ciudad, por motivos de trabajo, y puedo asegurar que quedé plenamente satisfecho de cómo fui tratado. Tanto que, durante muchos años, en mi mes de vacaciones nunca dejé de pasar unos días por estas tierras de los pinares, tan atractivas.

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