RUTAS BURGALESAS POR LA CUENCA DEL ARLANZA: DE SALAS DE LOS INFANTES A QUINTANILLA DE LAS VIÑAS. -Por Francisco Blanco-

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La zona de pinares y su capital, Salas de los Infantes, dejan siempre gratos recuerdos en la memoria del viajero que las visita, sea éste pescador, cazador, senderista o simple turista con ganas de disfrutar del clima, el paisaje, el paisanaje, el folklore y la gastronomía. Pero el que se decida a reemprender el viaje, siguiendo siempre el curso del Arlanza, camino hacia Covarrubias y Lerma, por ejemplo, se verá recompensado sobradamente por la abrupta y agreste belleza de los insólitos lugares que configuran la ruta.

La flora y la fauna de esta privilegiada comarca del Arlanza también han sufrido el acoso del tiempo y de los hombres, éste último mucho más feroz, pero, aún y con eso, los verdaderos amantes de la Naturaleza pueden todavía percibir en sus campos el aroma del tomillo, el romero, la salvia o el espliego y contemplar el impresionante espectáculo de las milenarias sabinas, alguna de las cuales supera los dos mil años de vida, que forman uno los más extensos y mejor conservados sabinares del mundo. El bosque se completa con encinas, aliagas, enebros, quejigos, las diferentes clases de pino, entre las que destaca el resinero, los acogedores álamos ribereños y los poderosos y altivos robles.

“Un buitre de anchas alas cruzaba en su alto vuelo
majestuosamente el puro azul del cielo”

En cuanto a la fauna, surcando su inmenso cielo azul se pueden ver planear majestuosamente numerosas especies, algunas protegidas como el águila perdicera, la real, la calzada y la culebrera; también tienen su habitat por estos contornos el buitre leonado, el halcón peregrino, el azor, el alimocho, la perdiz pardilla y abundantes aves acuáticas. Sus bosques ofrecen refugio al lobo, el jabalí y el gato montés, cada vez más difícil de encontrar en nuestros montes.
Una localidad digna de ser visitada muy cercana a Salas, aunque perteneciente a la cuenca del río Pedroso, afluente del Arlanza, es Barbadillo del Mercado, histórica villa, fundada posiblemente por los romanos, en cuya plaza tenía lugar el mercado medieval de la Lana de la Mesta, poderosa agrupación de ganaderos y pastores. En el Romance de los Siete Infantes de Lara aparece esta villa como el señorío de doña Lambra, tía de los Infantes a los que su marido D. Ruy, señor de Vilviestre, hizo decapitar. Se puede visitar su casa en ruinas, incendiada por su otro sobrino, Mudarra el Vengador, a las afueras del pueblo. También tienen interés el rollo o picota, la iglesia y algunas casonas de nobles familias burgalesas.

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Casi nada más abandonar Salas nos encontramos con el pequeño pueblo de Cascajares de la Sierra, del que buena parte de su término municipal pertenece a la zona conocida como Sabinares del Arlanza (ZEPA). En la Alta Edad Media perteneció al Alfoz de Lara y una leyenda nos habla de la Batalla de Cascajares, en la que los castellanos, al mando de Fernán González, derrotaron a los árabes; para su conmemoración el conde mandó edificar el Monasterio de San Pedro de Arlanza. Una copla popular hace referencia a dicha victoria:

“La rota de Cascajares
Es argumento evidente
Que vale más poca gente con Dios,
Que sin Dios millares”

A muy poca distancia, siguiendo el curso del río, nos encontramos con Hortigüela, en cuyo término municipal, precisamente a orillas del río, rodeado por las sierras de Mamblas y de Carazo, que encuadran uno de los más bellos parajes de Castilla, se encuentran las ruinas del famoso monasterio de San Pedro de Arlanza, una de las más bellas obras del arte románico español, que fundara el legendario conde castellano, Fernán González, convertido en el centro cultural, político y religioso del emergente Condado de Castilla, que acabaría por imponerse y absorber el resto de los reinos que configuraban la España Medieval y que hoy forman el Estado Español:

“D’un alcaldía pobre fyzieronla condado
tornaronla después cabeça de reynado”

Ahora sólo son ruinas que evocan pasadas glorias, pero que, contemplándolas, le vienen al recuerdo del viajero aquellos versos del poeta:

“¡Dejadme llorar aquí,
sobre esta piedra sentado,
castellanos!”

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En lo alto de la Sierra de las Mamblas, a más de 1.300 m. de altitud, se encuentra el histórico pueblo de Mambrillas de Lara, hoy casi deshabitado, pero en el que ya hubo asentamiento romano y, posteriormente, durante la alta y baja Edad Media, siempre vinculado al Alfoz de los Lara, tuvo sus momentos de esplendor y de importancia. El núcleo urbano, formado por manzanas de casas de piedra, que se agrupan en torno a la iglesia parroquial de San Juan Bautista, forman una interesante muestra de la antigua arquitectura civil castellana. Vale la pena acercarse a visitarlo y si se tienen ganas de andar, por su quebrada orografía todavía se pueden encontrar huellas de los dinosaurios que por allí habitaban allá por el Paleolítico.

Muy cerca del derruido monasterio se halla otro monumento, éste natural, conocido como el cañón de La Yecla, profundo y espectacular desfiladero por el que discurre el río Mataviejas, afluente del Arlanza, que horada las paredes calizas de las Peñas de Cervera y que una serie de puentes y pasarelas colgantes permiten atravesar en su totalidad. La visita a este paraje es obligada y se puede ampliar, saliéndose un poco de la ruta, con la visita al Parque Natural del Cañón del Río Lobo, a no mucha distancia.

Y, dejando Barbadillo atrás, nos encaminamos hacia Covarrubias, pero antes el viajero curioso deberá acercarse a la cercana localidad de Quintanilla de las Viñas y rendir visita a su ermita visigótica de la Virgen de las Viñas, para admirar los restos de una iglesia-basílica visigótica construida hacia el siglo VII: Se trata de la capilla mayor, a la que se accede por un arco toral, con su nave trasversal o transepto y un ábside al que se accede por un arco de herradura, sostenido por dos impostas; todo el conjunto está construido sobre grandes sillares de piedra granítica, probablemente procedentes de la cercana localidad de Hontoria de la Cantera, de acuerdo con el más ortodoxo estilo de la arquitectura visigótica.

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Si el viajero no va con prisas, que nuca son buenas para viajar, podrá deleitarse contemplando los increíbles relieves que decoran el ábside mediante dos grandes frisos, cuyos motivos representan los más variados elementos de la flora y la fauna, tales como racimos de uva, conchas de peregrino, animales y aves exóticas, así como un extraño conjunto de letras, cuyo mensaje, si es que lo hay, aun no se ha podido descifrar. Los sillares o impostas que sostienen el arco de herradura muestran dos motivos singulares en la iconografía religiosa, una está dedicada a la luna y la otra al sol.

También en una de ellas se puede leer la siguiente inscripción: “OC EXIGUUM EXIGUA OFFLO FLAMOLA VOTUM”, lo que, según la opinión de los expertos se puede traducir como: “Yo la pequeña llamita ofrezco este insignificante don. Flamola”. Resulta, también según los expertos, que la palabra latina FLAMOLA es el origen de Lambra, nombre femenino muy usado en la Alta Edad Media, lo que nos lleva a la conclusión de que una desconocida doña Lambra fue la fundadora y donante de esta singular basílica.

Camino de Covarrubias el Campo de Lara, ahora desierto pero preñado de historia, se extiende a la vista del viajero. Hacia el este, en lo alto de un cerro, se divisa el Picón de Lara, descarnadas ruinas de lo que fuera una fortaleza, probable cuna del legendario conde Fernán González.

“De tierra castellana, por adusto encinar,
percíbanse rumores de un recio galopar.”

HHFDH

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