BURGOS MEDIEVAL: EL PALACIO DE CASTILFALÉ. -Por Francisco Blanco-


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En la “Crónica incompleta de los Reyes Católicos” se puede leer “que Burgos es de tan grandes mercaderes poblada, que a Venecia y a todas las ciudades del mundo sobrepasa en el trato así con flotas por la mar como por grandes negocios de mercaderías por la tierra, en estos reinos y en muchas partes del mundo…”.

El Burgos de los siglos XV, XVI y el primer tercio del XVII era una de las más importantes y florecientes ciudades del Reino de Castilla, que contaba con alrededor de cinco mil fuegos, lo que representaba una población aproximada de 25.000 habitantes.

Numerosos miembros de la alta nobleza, con títulos de Grandes del Reino y considerables fortunas; eminentes eclesiásticos, que disfrutaban de holgadas rentas y beneficios y un elevado número de importantes comerciantes, enriquecidos con el comercio de la lana y los negocios que se generaron a partir de la instalación en la ciudad del Consulado del Mar, propiciaron el gran auge alcanzado por Burgos, tanto en el aspecto económico como en el artístico y cultural. Especialmente la Arquitectura, la Escultura y la Pintura alcanzaron altas cotas de calidad, no repetidas posteriormente. El centralismo de los Austrias y su favoritismo por ciudades como Valladolid y Madrid, principalmente, fueron las principales causas de que el esplendor burgalés fuera apagándose lentamente.

Hacia finales de 1439 o principios de 1440, regresaba a Burgos para sentarse en su silla episcopal D. Alonso de Cartagena, tercer hijo y sucesor del anterior obispo D. Pablo de Santa María, judío converso de nombre Selemoh-Ha-Leví, que había sido el Rabino Mayor de la judería burgalesa antes de su conversión y su posterior brillante carrera humanística y eclesiástica.

  1. Alonso, que marchó siendo chantre de la catedral, llevaba seis años asistiendo al famoso Concilio de Basilea, del que había sido una de las figura más preeminentes. Su nombramiento le llegó tras la muerte de su padre en 1438 y, una vez finalizado el Concilio, emprendió el regreso a su ciudad natal convertido ya en obispo; entre su numerosa comitiva figuraba un tal Hans de Colonia, uno de los más insignes arquitectos del Renacimiento, que se afincó en la ciudad castellana, proporcionando un gran impulso a las obras de la catedral, paradas desde hacia algún tiempo.

Este arquitecto flamenco, pariente de los duques de Borgoña, se convirtió en Juan de Colonia y se casó con la burgalesa María Fernández, hija del también cantero burgalés Juan Fernández, instalándose en el barrio de la Vega, extramuros de la ciudad.

Según nos cuenta el cronista, “Este matrimonio contribuyó a que, en su persona, quedaran unidas dos grandes cuadrillas de canteros: la de su suegro, que representaría la tradición, y la suya, que se mostraría como ejemplo de renovación”.

Efectivamente, de este prolífico matrimonio nacieron nada menos que seis hijos, de los cuales Simón, el primero y Diego el segundo, también se convirtieron en grandes artistas que embellecieron con sus obras arquitectónicas y escultóricas diferentes templos y palacios de la ciudad.

Simón, el primero de sus hijos, casó a su vez con otra burgalesa, María Sánchez, matrimonio igualmente prolífico del que nacieron siete hijos, cinco varones y dos hembras. Francisco, el primogénito, escultor y arquitecto, fue el gran continuador de la dinastía de los Colonia, colaborando intensamente con su padre, principalmente en las obras de la catedral, e iniciando con las suyas  la transición del gótico burgalés, que tanto había impulsado su abuelo Juan, hacia el emergente estilo plateresco.

En 1482, siendo Simón de Colonia maestro de obras de la catedral de Burgos, el Condestable de Casilla, D. Pedro Fernández de Velasco le encargó  la construcción de la Capilla de la Purificación, más tarde conocida como del Condestable, una de las más bellas obras de todo el gótico europeo.

Es muy posible que la complejidad e importancia de la obra a realizar fuera el motivo que le impulsara a buscar una nueva vivienda para albergar su numerosa familia. La nueva casa de los Colonia, con fácil acceso a la catedral, se levantaba en la plaza de la Coronería, que debía su nombre a una de las puertas de la catedral vieja, construida en 1253, también conocida como de los Apóstoles. Esta plaza estaba situada en la calle de Fernán González, la arteria más importante de la ciudad, por la que transitaban los peregrinos de Santiago antes de abandonarla por la puerta del Arco de San Esteban. Dicha calle representaba igualmente la zona más lujosa de la ciudad y estaba jalonada por numerosos palacios señoriales, en los que habitaban, como ya se apuntó anteriormente, sus ciudadanos más ricos y poderosos, pertenecientes a la vieja nobleza castellana, la alta jerarquía eclesiástica, emparentada en su mayoría con la nobleza y los enriquecidos y poderosos mercaderes, que también aspiraban a conseguir títulos nobiliarios. Alguno de estos palacios todavía conserva las huellas de su antigua magnificencia y suntuosidad.


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En el año 1550, sobre el solar de la casa de los Colonia y otro colindante, propiedad del próspero comerciante D. Nicolás de Gauna o Gaona, el maestro cantero Juan de Vallejo y el maestro carpintero Juan de Aras, ambos prestigiosos artífices burgaleses, empezaron la construcción del que, con el paso del tiempo y de diferentes propietarios, acabaría conociéndose como el Palacio de Castilfalé, situado justo enfrente de la puerta catedralicia de la Coronería o de los Apóstoles.

Uno de los más importantes mercaderes de la ciudad, D. Andrés de Maluenda y García de Castro, que también llegó a ser Regidor, lo adquirió en 1565 a la viuda de D. Nicolás, pagando por ella nada menos que la suma de 6.500 ducados, una elevada cantidad para aquellos tiempos, ya que la casa era de las mejores de la ciudad. De esta forma se convirtió en la casa señorial  de la poderosa familia de los Maluenda, que hasta entonces habían residido en la calle de los Panderetes, situada en el barrio judío de la ciudad.

Los primeros Maluenda llegaron a Burgos a principios de siglo XV, procedentes de la ciudad aragonesa de Calatayud y posiblemente eran judíos conversos que contaban con la protección del obispo D. Pablo de Santa María, uno de los personajes más poderosos e influyentes del reino, con el que acabaron emparentando, pues hay referencia documental del matrimonio de D. Juan Rodríguez de Maluenda, llamado “el Viejo”, con Doña María Núñez, hermana del obispo D. Pablo.

Durante el transcurso de la primera mitad del siglo XVII, tiene lugar el matrimonio de D. Francisco Garcés de Maluenda con Doña Francisca de Brizuela y Cárdena, perteneciente a la familia de los Brizuela de Peñaranda de Duero. Se ignoran las causas, pero la fusión de ambas familias produjo un cambio de propiedad, pues hasta los finales del siglo XVIII, el palacio es conocido popularmente como la Casa de los Brizuela. Es muy posible que este cambio esté relacionado también con la crisis que a finales del XVII sufrió el comercio burgalés, que afectó a un buen número de sus mercaderes.

A finales del siglo XVIII estuvo habitada por la familia de D. Antonio Valdés y Fernández Bazán, insigne militar burgalés que en 1783, con sólo 38 años de edad, fue nombrado Ministro de Marina por el rey Carlos III, llegando posteriormente a Capitán General de la Armada.

El siguiente propietario fue D. Heliodoro Jalón Larragoiti, XI Marqués de Castrofuerte y senador por Palencia, casado con Doña Ernestina Finat y emparentado con los Maluenda y los Brizuela, que acabó convirtiéndola en casa de vecinos. Su hija, Mª del Rosario Jalón Finat, XII Marquesa de Castrofuerte, casó con D. José María Fernández-Cavada y Obanza, alcalde Burgos desde el 1 de julio hasta el 26 de noviembre de 1909.

Finalmente, el año 1920, ya en pleno siglo XX, fue adquirido por D. García Muñoz Jalón, I Conde de Castilfalé, nacido en Burgos el día 8 de febrero de 1874, casado en segundas nupcias con Doña Asunción Vinuesa y Bessón (hija del general Eladio de Vinuesa y de Sofía de Bessón y Mestre).

Los nuevos propietarios reformaron el palacio, abriendo nuevos vanos y convirtiendo ventanas en balcones. Lo legaron, junto con gran parte de su biblioteca y otras piezas de alto valor artístico, entre ellas varios cuadros  de importantes pintores burgaleses, como Marceliano Santa María, Isidro Gil y Dióscoro de la Puebla, al Ayuntamiento de Burgos, que lo recibió en 1969. En honor a sus últimos propietarios este palacio renacentista es conocido desde entonces como el Palacio de Castilfalé. (1)

“Como era habitual en la arquitectura civil burgalesa del siglo XV, el edificio fue construido en piedra y ladrillo, siendo objeto de transformación por sus sucesivos propietarios.

Del palacio primitivo aún conservamos la portada, el zaguán, el patio y la escalera monumental. Lo más significativo del conjunto es la bella portada principal, con arco de medio punto, de rosca moldurada, flanqueada por balaustres. En las enjutas aparecen dos bichas de extremidades drapeadas y sobre la cartela de la clave del arco se encuentra un jarrón con fruta. Encima de la cornisa se encuentra un escudo inclinado y rodeado de decoración vegetal a modo de lambrequines. Los símbolos heráldicos corresponden a los Maluenda de la Torre, apellidos del segundo propietario de la casa.

Las estancias se ordenan alrededor de un patio principal de pequeñas dimensiones. De forma cuadrada, los cuatro lados presentan soportes de ascendencia gótica. Del zaguán arranca una monumental escalera de dos tramos, con descansillo iluminado por una ventana de asiento. La escalera desemboca en el corredor y forma una tribuna sobre el zaguán. Al fondo del corredor se inicia la escalera de subida a la planta noble.

Destaca su artesonado, el más valioso de su época, en cuanto a arquitectura civil se refiere, en Burgos, denominado “la media naranja”. De base octogonal, el tránsito a la planta cuadrada del hueco de la escalera se realiza por medio de cuatro pechinas. El artesonado está formado por octógonos de tema mitológico, alternando con bustos, todo de gran relieve.

El Ayuntamiento procedió, a partir de 1985, a su restauración y rehabilitación como Archivo Municipal, que fue inaugurado en 1990”. (2)

NOTAS:

(1) En el siglo XV D. Pedro Barba de Campos ya era Señor de Castrofuerte y de Castilfalé, dos localidades situadas en la comarca leonesa de la Vega del Esla, aunque el título del marquesado fue concedido en junio de 1627 por Felipe IV a favor de Doña Francisca Sarmiento de Pesoa, hija de D. Luís Sarmiento de Mendoza y Barba y Doña Isabel de Pesoa, convirtiéndose en la I Marquesa de Castrofuerte, que también ostentaba el de Vizcondesa de Castilfalé. A partir de este nombramiento ambos títulos son ostentados por un sólo titular hasta que a finales del siglo XIX, al morir sin descendencia D. Miguel Jalón Larragoiti, X marqués de Castrofuerte y vizconde de Castilfalé, se separan las dos ramas. Su hermano D. Heliodoro Miguel Jalón Larragoiti se convierte en el XI Marqués de Castrofuerte y D.García Muñoz y Jalón pasa a ser el I Conde de Castilfalé. En la actualidad D. Mario Gutiérrez Fernández-Cavada es el XIV marqués de Castrofuerte, casado con Doña Blanca Rueda Muñoz de San Pedro.

(2) El texto en cursiva está sacado de Burgospedia.

Paco Blanco, Barcelona, marzo 2012


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