BURGOS INÉDITO: TEODORO SAINZ RUEDA. UN BURGALÉS EN LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA. -Por Francisco Blanco-

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“Lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir” (Publicado en La Gaceta de la Universidad de Cervera el 3-5-1823)

Las dos Españas, antagónicas e irreconciliables, han chocado con demasiada frecuencia a lo largo de nuestra historia. Dos concepciones de nuestra sociedad, la “tradicional” y la “innovadora”, incapaces de encontrar un punto de encuentro desde el que intentar acercar posiciones sin tirarse los trastos a la cabeza, acabar a mamporrazo limpio, o algo peor todavía…

En 1881 se conmemoraba el 2º centenario de la muerte de nuestro gran Calderón. Uno de los actos de su celebración tuvo lugar en el madrileño parque del Retiro, y entre las personalidades presentes que hicieron uso de la palabra, se encontraban D. Marcelino Menéndez Pelayo y D. Francisco Giner de los Ríos, conspicuos representantes de las dos Españas, D. Marcelino de la tradicional y eterna, intocable en sus viejas esencias, y D. Francisco de la España que aspira a cambiar, a desprenderse de sus viejos y andrajosos ropajes, de sus trasnochadas e intolerantes tradiciones y vestirse con ropajes más modernos y adoptar posturas más abiertas y tolerantes. El choque se hizo inevitable y el erudito D. Marcelino, contrario a las tesis modernistas de su oponente, lanzó un feroz discurso, conocido como “el brindis del Retiro”, en el que salió en defensa de la doctrina de la “Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana”, a la que calificó como “el partido de Dios en la Tierra”, ensalzando también la labor purificadora realizada por la Santa Inquisición. En su intransigente paroxismo, llegó a exponer su teoría sobre el valor cristiano de la intolerancia, a la que calificó como “La ley forzosa del entendimiento humano en estado de salud es la intolerancia. La tolerancia es virtud fácil. Es la enfermedad de épocas de escepticismo o de fe nula. Tal mansedumbre no depende sino de una debilidad o eunuquismo del entendimiento”. Vamos, que el buenazo de D. Marcelino no estaba para que le vinieran con libertad de culto, educación laica u otras zarandajas por el estilo.

Claro que D. Marcelino estaba más en la línea de Pío IX y el Concordato que en 1851 firmó con Su Majestad Católica Doña Isabel II, Reina de las Españas, por el cual se establece que la religión católica, apostólica y romana sea “la única de la Nación española”, concediendo además, a la jerarquía eclesiástica, el control de la ortodoxia ideológica, y a los obispos y demás prelados libertad absoluta para “velar sobre la pureza de la doctrina de la fe, y de las costumbres y sobre la educación religiosa de la juventud, incluida la impartida en las escuelas públicas”.

Evidentemente, a partir de este trascendental momento de nuestra historia, la confrontación ideológica y religiosa será el origen de numerosos conflictos que irán abriendo, cada vez más profundamente, el abismo entre las dos Españas.

El krausismo, una nueva concepción filosófica del mundo moderno, se inicia en España con el discurso de apertura del curso académico 1857-1858 en la Universidad Central de Madrid, pronunciado por el catedrático de Filosofía, el soriano D. Julián Sanz del Río (1), que había permanecido dos años en Alemania estudiando los avances científicos desarrollados por dicho país, y el funcionamiento de sus Universidades. El “Sistema de Krause” pronto ganó un buen número de adeptos entre los intelectuales “innovadores” de nuestro país. Fueron discípulos de Sanz del Río personajes de la talla de Francisco Giner de los Ríos (2), Gumersindo Azcárate, Leopoldo Alas “Clarín”, Fernando de Castro, Laureano Figuerola, Emilio Castelar, Segismundo Moret, Nicolás Salmerón (3) y su íntimo amigo, el catedrático burgalés Teodoro Sainz Rueda (4). Por iniciativa de Salmerón y Sainz Rueda, muchos de estos “krausistas” se integraron en lo que llamaron el “Círculo Filosófico”, con el objetivo de desarrollar las nuevas corrientes filosóficas y pedagógicas, desde la base de una investigación crítica y rigurosa, pero abierta al diálogo y a la libertad de pensamiento.

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El 8 de diciembre de 1864 Pío IX publica su encíclica “Quanta Cura”, en la que detalla y anatematiza los principales errores en que ha caído la sociedad moderna, haciendo especial hincapié en el liberalismo y el laicismo. Junto con la encíclica aparece el “Syllabus Errorum”, una lista de las 80 proposiciones consideradas erróneas por la Iglesia y relativas a la ciencia, la libertad de pensamiento y la separación Iglesia-Estado. En España, 1864 es el año de la vuelta del general Narvaez y los moderados al poder, y con ellos llegan los primeros enfrentamientos ideológicos entre el ministerio de Fomento y los catedráticos universitarios.

Era la “Primera Cuestión Universitaria”, que se prolongó durante todo el año de 1864, hasta que explotó el 10 de abril de 1865, provocando los trágicos sucesos de la “Noche de San Damián”, primer enfrentamiento de los estudiantes universitarios, que se habían reunido en la Puerta del Sol en apoyo de su rector, con las fuerzas de orden público que el ministro de Gobernación, Sr. González Bravo, envió para reprimirlos, causando nada menos que catorce muertos y dos centenares de heridos.  La cuestión llegó a debatirse en las Cortes al día siguiente y en el transcurso de su agitado debate el ministro de Fomento, D. Antonio Alcalá Galiano, sufrió una angina de pecho que acabó con su vida a las pocas horas. Fue sustituido por D. Manuel Orovio (5), que puso fin a la cuestión mediante un decreto, por el que apartaba de sus cátedras a Castelar y Sanz del Río.

También en este año de 1865, se había incluido en el “Índice” de “Libros Prohibidos” por la Iglesia, el “Ideal de la humanidad para la vida”, obra fundamental de Sanz del Río y su doctrina krausista.  Desde “El Pensamiento Español” y otros órganos conservadores y ultra católicos, se desató una furibunda campaña, pidiendo la destitución de Sanz del Río y todos los catedráticos afines con el krausismo, catalogados como peligrosos heterodoxos.

En enero de 1866, el ministro Orovio, tratando de redondear la faena comenzada, publica un nuevo decreto, por el que prohíbe a profesores y catedráticos pertenecer a ningún partido político, considerando como causa de destitución de sus cargos el exponer en sus cátedras “doctrinas erróneas”, cortando de raíz la libertad de cátedra y de enseñanza. En realidad, estaba echando la simiente para que germinase la “Segunda Cuestión Universitaria”.

Liquidados ya el sexenio democrático y la I República, con Cánovas cómodamente aposentado en su sillón de Presidente del Consejo y el marqués de Orovio de nuevo como ministro de Fomento, el 26 de febrero de 1875 se promulga un real decreto por el que se derogan los artículos 16 y 17 de la democrática Constitución de 1869 y se restablece la reaccionaria Ley Moyano de 1857. Iba acompañado de una circular a todos los rectores, en la que se les advertía de la obligatoriedad de su cumplimiento. Se trataba, en realidad, de una puñalada trapera a la libertad de cátedra y de enseñanza. Orovio lo presenta como “el inicio de una nueva era dirigida por el rey, príncipe católico como los anteriores, reparador de las injusticias que ha sufrido la Iglesia en los últimos años. Es preciso, por lo tanto, que cuando casi la totalidad de los españoles es católica y el Estado es católico, la enseñanza debe atender a este principio. Es, pues, preciso que vigile V. S. con el mayor cuidado, para que en los establecimientos que dependen de su autoridad no se enseñe nada contrario al dogma católico ni a la sana moral, procurando que los profesores se abstengan estrictamente a la explicación de las asignaturas que les están confiadas, sin extraviar el espíritu dócil de la juventud por sendas que conduzcan a funestos errores sociales”.

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Finalmente, después de reafirmar la confesionalidad del Estado y el acatamiento de la monarquía constitucional vigente, el real decreto acaba coaccionando a los rectores para que cumplan con los principios en él establecidos: “A tres puntos capitales se dirigen las observaciones del ministro que suscribe. A evitar que los establecimientos que sostiene el Gobierno se enseñen otras doctrinas religiosas que no sean las del Estado; a mandar que no se tolere explicación alguna que redunde en menoscabo de la persona del rey o del régimen monárquico constitucional; y por último, a que se reestablezca en todo su rigor la disciplina y el orden en la enseñanza. Si V. S. consigue que en ese distrito universitario se observen los principios aquí consignados, habrá interpretado fielmente los propósitos del Gobierno de S. M.”

Volvía a reabrirse la pugna  entre la concepción ultramontana y reaccionaria de la educación por parte del Gobierno, y la concepción krausita de los principios científicos y la libertad de enseñanza. Las reacciones en contra del desatino que suponía la circular de Orovio no tardaron en llegar procedentes de todas las Universidades españolas, siendo especialmente duras las de los profesores discípulos de Sanz del Río y Giner de los Ríos. La respuesta de casi todos los rectores consistió en aplicar al pie de la letra las consignas del decreto, expulsando a todos los discrepantes. Es de destacar la respuesta del catedrático D. Gumersindo Azcárate a su rector, en la que trata de impugnar la legalidad del decreto de Orovio: “Por una circular se ha venido a legislar, puesto que no puede apoyarse en ley, ni aún en decreto alguno, el intento de arrebatar al profesor la independencia en cuanto a la doctrina y al método de enseñanza”. También acusaba al ministro de intentar fiscalizar y someter a censura la labor docente del profesorado.

Pero el ministro Orovio se mantiene inflexible en su postura y el conflicto universitario le vuelve a estallar entre las manos. D. Francisco Giner de los Ríos es confinado en Cádiz y dos de sus discípulos, Calderón y González Linares, son apartados de sus cátedras por el Real Consejo de Instrucción Pública. Por su parte, el Gobierno suspende a Salmerón y Azcárate, lo que supone la renuncia en cadena de los catedráticos Figuerolas, Montero Ríos, Moret, Messía… , muchos de ellos acabaron exilándose voluntariamente, como el burgalés D. Teodoro Sanz Rueda, que marchó a Paris a reunirse con Ruiz Zorrilla, con el que colaboró activamente en la puesta en marcha del Partido Republicano Progresista.

Esta lamentable situación de la educación en España se normalizará en 1881, al cumplirse la primera alternancia en el poder impuesta por Cánovas y llegarle el turno de gobernar al liberal Sagasta. El 3 de marzo, el funesto decreto de Orovio queda derogado por otro, emitido por el nuevo ministro de Fomento D. José Luís Albareda (6), conocido como “La Circular Albareda”, dirigida a los rectores de Universidad, en la que se les indica. “Claramente se deduce de lo expuesto la intención de recomendar eficazmente a V. S. que favorezca la investigación científica, sin poner obstáculos, bajo ningún concepto, al libre, entero y tranquilo desarrollo del estudio, ni fijar a la actividad del profesor, en el ejercicio de sus elevadas funciones, otros límites que los que señala el derecho común a todos los ciudadanos, creyendo además el Gobierno indispensable anular limitaciones que pesan sobre la enseñanza, originadas de causas que afortunadamente han desaparecido”. Con respecto a aquellos catedráticos y profesores que habían sido destituidos, suspendidos, o presentaron su renuncia, volverán a “ocupar en el profesorado los puestos que a cada de uno de ellos pertenecían, y que legítimamente les corresponden, habiendo de ser reparados además en todos sus derechos, sin excepción alguna, y sin que pueda irrogárseles perjuicio de ningún género”.    

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La “Segunda Cuestión Universitaria” quedaba zanjada con la “Circular Albareda”; los intentos de Orovio para conseguir que la enseñanza oficial fuera confesional y controlada por la Iglesia, provocaron una gran desbandada de catedráticos y profesores que aspiraban a realizar una profunda renovación del sistema pedagógico español. Muerto Sanz del Río, los krausistas se agrupan en torno a la figura de D. Francisco Giner de los Ríos, quien decide poner en marcha dicha renovación pedagógica mediante la creación de una institución privada, dedicada a la educación general, comenzando por la primera y segunda enseñanza, pero con firme vocación universitaria.

El 29 de octubre de 1876, gracias al impulso de Giner de los Ríos y otros pedagogos e intelectuales como su hermano Hermenegildo, Azcárate, Labra, Carvajal, Moret, Pelayo Cuesta, Salmerón y Sainz Rueda, nace la “Institución Libre de Enseñanza” (7), puerta por la que se introducen en España las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas que se iban desarrollando fuera de nuestras fronteras y  cuya notable influencia se va a hacer patente en varias generaciones posteriores de intelectuales y estudiosos españoles. En sus estatutos se definía como: “La Institución Libre de Enseñanza es completamente ajena a todo espíritu de interés de comunión religiosa, escuela filosófica o partido político; proclamando tan solo el principio de la libertad e inviolabilidad de la ciencia y de la consiguiente independencia de su indagación y exposición respecto de cualquier otra autoridad que no sea la de la propia conciencia del profesor, único responsable de sus doctrinas”.

Giner y sus colaboradores consideraban la educación como una actividad formadora de hombres a través del conocimiento, que debía comenzar a impartirse con la enseñanza primaria, para continuar con la secundaria y la universitaria, cerrando de esta forma un ciclo continuado y progresivo.

Giner y sus institucionistas no tardaron en recibir descalificadores ataques de los grupos más conservadores y reaccionarios, principalmente por parte de la recién creada “Unión Católica”, que había acuñado la definición de que “el liberalismo es pecado”, y que les calificaron de “filosofastros”, “herejes impíos”,  “falsos maestros”, “corruptores de la juventud”, “panteístas” y otras lindezas por el estilo.

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El ex catedrático de Griego y Latín, D. Teodoro Sainz Rueda, que se había apartado de la docencia en 1876 como consecuencia del decreto del ministro Orovio, fue uno de los accionistas que, con su fortuna personal, contribuyó a que el proyecto de la “Institución Libre de Enseñanza” se convirtiera en espléndida realidad, perteneciendo además, durante los años 1882 y 1883, a su Comisión de cuentas. Este burgalés, nacido en Briviesca el año 1835, pertenecía a una acomodada familia de la Bureba. Estudió Griego y Latín en la Universidad Central de Madrid, llegando a ser un eminente latinista. Alternó la docencia con la política, llegando a ser diputado por Villarcayo en las Cortes Constituyentes de 1783, siempre al lado de su fiel amigo D. Nicolás Salmerón, que acabaría siendo el tercer presidente de la malograda I República española. Entre los años 1871 y 1872 fundó y dirigió “La Justicia”, un periódico republicano, federal y democrático, desde el que luchó por implantar la República Federal en España.

D. Ambrosio de Rueda, el abuelo materno de Teodoro, era natural de Gayangos de Montija, pueblo perteneciente a la Merindad de Montija, dentro del Partido Judicial de Villarcayo, por el que fue diputado su nieto. En este pintoresco pueblo D. Teodoro disponía de un chalet para veranear y durante el verano de 1884 escribió una crónica ensalzando la belleza de aquellos singulares parajes burgaleses, que fue publicada en “Las Dominicales del Libre Pensamiento”, semanario fundado y dirigido por su amigo y paisano D. Ramón Chíes, del que adjuntamos este extracto: “Montija, fue el seno de un vasto lago formado por los ríos Trueba y Cerueja, que brotan en la lata sierra de Pas. La cadena de peñascos se repliega y quiebra al Mediodía, volviendo suavemente a rehacerse hacia el Norte, formando como una hermosa ensenada. La región meridional de este valle es rica en minerales diversos, no explotados, y sobre todo en aguas sulfurosas, uno de cuyos manantiales surte a los baños de Gayangos. Establecidos ha mas de cincuenta anos, y cuya fama (pues son sus aguas acaso las mejores entre las mejores de España) le han mermado lentamente las fáciles comunicaciones a otros establecimientos análogos”.

Teodoro Sainz Rueda, casado en 1865 con doña Francisca Romillo Arena, persona de acomodada posición, de la que enviudó en diciembre de 1881. El matrimonio  tuvo tres hijos y numerosos nietos. Murió en Madrid el 28 de marzo de 1897.  

NOTAS:

(1)   Julián Sanz del Río (1814-1869), nació en Torrearévalo, provincia de Soria, en el seno de una modesta familia de labradores. Fue un brillante filósofo, jurista y pedagogo. Estudió durante dos años el “Sistema Krause” en Alemania y fue el introductor del krausismo en España. Catedrático de Derecho Romano y de Filosofía del Derecho en la Universidad Central de Madrid, fue apartado de su Cátedra en 1867, en 1868 el gobierno revolucionario se la devolvió, pero se negó a reincorporarse. Su labor docente y pedagógica fue continuada por numerosos discípulos.

(2)   Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), nació en Ronda, provincia de Málaga. Filósofo, pedagogo y escritor, fue el principal discípulo de Sanz del Río y el continuador de su obra en España. Catedrático de Filosofía del Derecho y de Derecho Internacional en la Universidad Central de Madrid, fue apartado de su Cátedra en 1875 por el marqués de Orovio y restituido en 1881. En 1876 creó la Institución Libre de Enseñanza, de la que fue director hasta su muerte.

(3)   Nicolás Salmerón Alonso (1838-1908), nació en Alhama de la Seca, provincia de Almería. Político, pedagogo, escritor y filósofo, discípulo de Sanz del Río y amigo y condiscípulo del catedrático burgalés Sainz Rueda, fue catedrático de Metafísica en la Universidad Central de Madrid, diputado, Presidente de las Cortes y tercer presidente del Poder Ejecutivo de la I República durante mes y medio, renunciando al cargo por negarse a firmar una sentencia de muerte. Durante la Restauración fue apartado de su Cátedra, exilándose a Paris junto con su amigo Sainz Rueda y otros catedráticos, colaborando con Ruiz Zorrilla en la creación del partido Republicano Progresista. Regresó a España al serle restituida la Cátedra en 1881, cuando Sagasta ocupó por vez primera la presidencia del Consejo de Ministro. Colaboró con Giner de los Ríos en la puesta en marcha de la I.L.E. de la que fue profesor hasta su muerte.

(4)   Teodoro Sainz Rueda (1835-1897), nació en Briviesca, provincia de Burgos, aunque su familia materna era natural de la Merindad de Villarcayo. Fue político, pedagogo y periodista. Fundó el periódico “La Justicia”, en el que también colaboró Salmerón. Discípulo de Sanz del Río, fue uno de los promotores del “Círculo Filosófico”,   desde el que se difundieron las teorías krausistas en España. Se solidarizó con los catedráticos suspendidos por el decreto de Orovio, exilándose a Paris, donde colaboró con Ruis Zorrilla y Salmerón en la creación del Partido Republicano Progresista. Fue uno de los impulsores y accionistas de la I.L.E. Fue diputado a Cortes por la jurisdicción de Villarcayo

(5)   Manuel de Orovio y Echagüe (1817-1883), nació en Alfaro (La Rioja). I Marqués de Orovio por nombramiento de D. Alfonso XII, fue ministro de Fomento durante los reinados de Isabel II y su hijo Alfonso XII. Perteneciente al Partido Moderado de Narvaez, su política conservadora en materia de enseñanza fue la causa de numerosos enfrentamientos con los sectores progresistas de la Universidad española.

(6)   José Luis Albareda y Sezde (1828-1897), nació en El Puerto de Santamaría, provincia de Cádiz. Fue ministro de Fomento en 1881 con Sagasta, haciéndose famoso por su “Circular Albareda”, que restituía a sus puestos a todos los catedráticos suspendidos o expulsados por Orovio. En 1887, también con Sagasta, ocupó la cartera de Gobernación.

(7)   La Institución Libre de Enseñanza (I.L.E.) fue fundada en 1876 por D. Francisco Giner de los Ríos y un grupo de catedráticos influidos por el krausismo, para defender la libertad de cátedra y como alternativa a la reaccionaria política educativa del marqués de Orovio. Fue clausurada por Franco en 1940, siendo incautadas todas sus propiedades.

Autor: Paco Blanco, Barcelona, diciembre de 2013

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Una respuesta a “BURGOS INÉDITO: TEODORO SAINZ RUEDA. UN BURGALÉS EN LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA. -Por Francisco Blanco-

  1. Alberto Mosca Wikipedia nikname :Albertomos

    Es una lastima que el autor Francisco Blanco no cite ninguna fuente pues los datos biograficos de Teodoro Sainz Rueda por el publicados tienen su origen en la pagina Wikipedia por mi dedicada en el 2008 a [https://es.wikipedia.org/wiki/Tepodoro_Sainz_Rueda Teodoro Sainz Rueda] el 15.2.2008 y son frutos de mi personal busqueda. Estos datos son publicos pero es buena norma citar siempre las fuentes o sea en este caso la pagina Wikipedia.

    En todo caso me gusta mucho el articulo publicado.

    Saludos

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